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jueves, 29 de octubre de 2015

Todos los Santos . Santoral. Palabras y Palabrejas: "Dichosos".

TODOS LOS SANTOS. SANTORAL.


Palabras y palabrejas

"Dichosos".
64. Dichosos. (… Dichosos los perseguidos por causa de la justicia …).
Los Evangelios usan la palabra "Dichosos" en dos relatos: este de hoy fiesta de Todos los Santos, del evangelio de Mateo, y el relato paralelo de Lucas 6, 20.
En otras ocasiones en que se utiliza la palabra bienaventurados o felices, su significado resulta bastante evidente. En cambio, en estos dos relatos, llamados también "Las Bienaventuranzas", el uso de esta palabra es tan sorprendente que puede provocar, incluso, una reacción adversa. Porque llamar "Dichosos" a los pobres, a los que están de luto, a los perseguidos … puede parecer una broma de mal gusto.
Para entender el relato de las Bienaventuranzas hay que tener en cuenta la finalidad de los Evangelios. Los Evangelios no son un tratado sobre sentimientos humanos (como la felicidad), ni un manual de autoayuda (tan frecuentes hoy). Los Evangelios nos presentan una experiencia de humanidad a partir de un hombre real y concreto: Jesús de Nazaret. Es una experiencia de humanidad ofrecida a todo el que acepte ser humano y construir Humanidad como un don de Dios (Juan 19, 35 y 21, 24). Los Evangelios no desarrollan ninguna teoría sobre las condiciones para ser dichosos, sino que nos presentan la realidad concreta de la convivencia humana desde la que cada uno decide qué sentido da a su existencia.
Experimentamos cada día y de múltiples formas que la realidad humana está marcada por una profunda división entre poderosos y oprimidos, entre enriquecidos y empobrecidos, entre perseguidores y perseguidos, entre hartos y hambrientos, entre burlones y burlados, … Esta es la situación concreta en la que se encuentra cada uno. Y es desde esta situación concreta que cada uno está invitado a "diseñar" su propia vida.
Las Bienaventuranzas son una enseñanza, pero son también una sentencia. No es indiferente estar en uno u otro de los dos grupos. Sólo quienes se encuentran en el grupo de los oprimidos entran en el proyecto de amor de Dios (que por ello se presenta también como un proyecto liberador). Por eso se les llama "dichosos", en el sentido de afortunados o bien situados.
Los pobres no son dichosos por ser pobres, sino porque forman parte de los amados por Dios. Los perseguidos no son dichosos por ser perseguidos, sino porque están en el grupo de los amados por Dios.
El relato de las Bienaventuranzas forma una gran inclusión con la escena paralela del Juicio final (Mateo 25, 31). Sería bueno leer las dos escenas juntas.
Así, pues, "Dichosos", en el relato de la Bienaventuranzas, no se refiere a una experiencia subjetiva de felicidad, de placer o de bienestar, sino a la situación objetiva en que se encuentra cada ser humano ante Dios. "Tenía hambre, y me disteis de comer". O bien: "Tenía hambre y no me disteis de comer". Todos preguntarán: ¿Cuándo fue eso? Y la respuesta es la misma para todos: "Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (o dejasteis de hacérmelo). 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


miércoles, 21 de octubre de 2015

Domingo XXX de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Bar–Timeo".

DOMINGO XXX DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Bartimeo".
63. Bar–Timeo. (… Un ciego llamado Bartimeo).
De Bartimeo sólo habla el evangelio de Marcos, y en este relato. El evangelista repite el nombre dos veces para indicarnos que le da un sentido especial e importante. La versión que ofrece el Misal no permite darnos cuenta de este detalle significativo. El texto original dice: "… el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego y mendigo, estaba sentado al borde del camino.".
¿Qué significa, en el evangelio de Marcos, Bartimeo? Literalmente, significa hijo de Timeo. Y, ¿qué significa Timeo? Timeo no es un nombre de persona sino un adjetivo que, en hebreo, significa impuro. Por lo tanto, Bartimeo vendría a significar "hijo impuro o hijo de la impureza", que expresa la forma en que eran vistos los paganos, por contraste con los "hijos de Dios" que correspondía a los miembros del Pueblo elegido.
El relato de Marcos quiere evocar, más en concreto, el episodio de la Conquista de Jericó por Josué (Josué, capítulo 6). Ahora, el nuevo "Josué" (Jesús = Josué en hebreo), corrige la situación creada en la terrible y cruel conquista de Jericó, en la que se exterminó toda forma de vida dentro de la ciudad de Jericó, a excepción de la prostituta que había acogido a los espías de los conquistadores. Los conquistadores respetaron la vida de la prostituta y de sus hijos, pero dejándolos al margen del camino, pobres y desvalidos. Ahora Jesús (el nuevo Josué) “llama" a Bartimeo. Más aún: hace que sea la misma multitud quien le llame. Esta "llamada" se repite tres veces seguidas: Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Ellos llaman al ciego y le dicen: «Animo, levántate, que te llama.»
¿Qué quieres que haga por ti?, le pregunta Jesús. Y la respuesta de Bartimeo es: Maestro, que pueda ver. Literalmente: Señor mío, haz que recobre la vista.
La pregunta que Jesús hace a Bartimeo es la misma que hace a los discípulos Santiago y Juan, justo en la escena anterior: ¿Qué queréis que haga por vosotros? Pero a los dos discípulos Jesús respondió: No sabéis lo que pedís. En cambio en Bartimeo le responde: Anda, tu fe te ha curado. Y es este "hijo del pecado" el único de quien el relato dice: Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
La multitud y los discípulos acompañan a Jesús hasta Jerusalén para proclamarle rey, pero sin aceptar ni entender la forma en que Jesús será "rey". Por eso después, ante Pilatos, ellos preferirán Barrabás a Jesús (Marcos 15, 6 ss).
Con este relato, tan corto como expresivo, el evangelista Marcos insiste en un punto muy central en los Evangelios: Los pecadores y las prostitutas son los primeros en entender a Jesús y en seguirle (Mateo 21, 31). En cambio, a los que se tienen por justos y privilegiados les cuesta creer en Jesús. Aquí Jesús pone de relieve la fe de este hijo del pecado, como antes había puesto de relieve la fe de una mujer pagana (Marcos 7, 29 Ver también: Mateo 15, 28).
Los Evangelios pretenden evitar que los seguidores de Jesús caigan en el mismo defecto en que habían caído muchos miembros del Pueblo elegido. Estos pensaban: si nosotros somos el pueblo elegido, el resto de los humanos no son elegidos; por tanto, son impuros. Pero eso es exactamente lo contrario de lo que dice la Biblia: El pueblo elegido es "elegido" para que a través de él se muestre el amor de Dios a toda la Humanidad.
Jesús no ha venido a juzgar a nadie (Juan 3, 17). El mensaje de Jesús no puede ser utilizado para juzgar quién es puro o impuro. Jesús, como hijo del hombre, nos muestra el camino para ayudarnos mutuamente a ser más humanos. En cambio, constituirnos en jueces unos de otros nos deshumaniza.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


miércoles, 14 de octubre de 2015

Domingo XXIX de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Rescate".

DOMINGO XXIX DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Rescate".
62. Rescate. (…dar su vida en rescate por todos).
¿La vida humana, debe ser rescatada?
Hay toda una serie de palabras religiosas que sugieren que la vida humana comenzaría en una situación negativa. Palabras como rescate, pecado original, redención, salvación, conversión…
Existe una crítica a la Religión que se expresa así: "Los predicadores, primero intentáis convencer a todos de que estamos perdidos; luego os presentáis como los únicos que pueden ofrecer la salvación. Sois como los mercaderes."
Es posible que haya predicadores que actúen como "mercaderes de salvación", pero el mensaje de la Biblia es muy diferente. Ya en la 1ª página de la Biblia, la Creación del Hombre (hombre y mujer) es narrada con estas palabras: «Dios dijo: ¡Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza!. Y añade después: Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo ello era bueno en gran manera.» (Génesis 1, 31).
¿Cómo es, pues, que Jesús habla de rescate?
Para entender esta y semejantes palabras hay que tener en cuenta que la Humanidad y cada ser humano tenemos forma de historia. Un niño pequeño es una auténtica maravilla, pero tiene que crecer. Un niño de dos años, por ejemplo, puede ser una criatura encantadora, pero todos nos preocuparíamos si a los doce años continuara como cuando tenía dos. Debe crecer. El crecimiento, la evolución, la historia … forman parte de la naturaleza de la vida.
Y el crecimiento de los humanos no es como el de los animales, que se hace siguiendo un programa genético. El Hombre es llamado a ser "a imagen y semejanza de Dios". Esto conlleva hacerse apto para una vida de comunión creciente, en Libertad creadora y en Generosidad.
La Libertad creadora y la Generosidad constituyen un salto cualitativo en el crecimiento humano. Conllevan una rotura en las estructuras de dominio–esclavitud creadas por los propios Humanos antes de llegar a la Libertad generosa.
Los Evangelios son tremendamente realistas. Tienen en cuenta que, a pesar de estar llamados a la Libertad, los humanos siempre comenzamos "bajo la ley" de los Poderosos. A pesar de ser capaces de disfrutar de la Generosidad, todos pasamos por el estadio del egoísmo. A pesar de ser llamados a vivir la Hermandad, todos experimentamos, de una manera u otra, el "sabor agradable" del dominio sobre los demás.
Es aquí donde aparece la necesidad de rescate.
Es el descubrimiento de la Libertad lo que nos hace sentir la esclavitud como un mal a superar. Es la llamada a ser hijos lo que nos hace descubrir que permanecer en la servidumbre nos haría infieles.
¿Cómo nos rescata, Jesús?
No es un rescate por sustitución sino por superación.
Todos conocemos o hemos oído hablar de personas libres que han ofrecido su libertad, o su vida, como rescate de la libertad o de la vida de otra persona (siempre que "el dueño de la situación" lo haya aceptado). Sería un rescate por sustitución.
No es el caso de Jesús. Ante la Ley y los Poderosos, Jesús forma parte de los encarcelados y condenados a muerte. En la Cruz, Jesús no sustituye a los compañeros de condena (Mateo 27, 15). (En el caso de Barrabás, los cuatro evangelios dejan muy claro que no es sustituido por Jesús sino que se le aplica una costumbre de Pascua).
El rescate de Jesús consiste en anular las sentencias de los Poderosos y desactivar sus amenazas. "No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma" (Mateo 10, 28).
La muerte de Jesús pone en evidencia (para quien lo quiera ver) que ni las sentencias ni las muertes dictadas por los Poderosos no son la última palabra. En el hombre–Jesús todos los humanos podemos "ver" que la vida entregada no es una vida perdida sino una vida resucitada. Jesús no muere como un héroe sino como un condenado a muerte. Y es precisamente por eso que su muerte resurrecciosa desvirtúa todas las sentencias contra el Hombre y los seres humanos. Es un rescate por superación. "Ahora será expulsado el príncipe de este mundo" (Juan 12, 31). "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56 Porque el pecado es el aguijón de la muerte, y la ley es la que da poder al pecado."(1Corintios 15, 55-56).  
La vida de Jesús rescata a los humanos mostrando la verdadera naturaleza de la vida humana a todo aquel que quiera verlo. La verdad os hará libres (Juan 8, 32).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


viernes, 9 de octubre de 2015

Domingo XXVIII de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Mirar con cariño".

DOMINGO XXVIII DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Mirar".
61. Mirar con cariño. (…Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo...)
"Jesús se le quedó mirando con cariño". ¿Cómo es la mirada de Jesús?
Esta pregunta resulta inútil si pretendemos encontrar la respuesta en los ojos del Jesús de hace dos mil años. Aquel Jesús entregó su vida a los humanos, y ahora nos mira a través de los ojos de cada ser humano. Y nos mira con cariño.
Es cierto: entre tantas miradas, pueden existir algunas que sean indiferentes o, incluso, de odio. Estas no son miradas de Jesús, porque Jesús solo mira con miradas humanas y humanizadoras. Cuando recibimos miradas indiferentes o de odio, quiere decir que nos toca a nosotros humanizarlas –en la medida en que seamos humanos (Mateo 5, 44).
En el sorprendente relato que hemos leído, Jesús mira a un hombre que ha cumplido desde joven todo lo que manda la ley. A menudo se pensaba en aquel tiempo que la riqueza era una bendición de Dios para quienes cumplían fielmente sus Mandamientos. La riqueza era como la "paga" de Dios en esta vida. Pero, ¿qué ocurre en la otra vida?
Nuestro hombre lo quiere asegurar todo. Por eso hace la pregunta a quien considera el mejor maestro: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
La respuesta de Jesús le resulta decepcionante. Nuestro hombre pretendía tenerlo todo: riquezas en esta vida y vida eterna en la otra.
Jesús se le quedó mirando con cariño y le propuso dar un paso adelante en la manera de entender la vida: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme»
No hay dos vidas: la de ahora y la de después. Sólo hay una única vida, que comienza puesta en nuestras manos y que se va transformando a medida que construimos comunión. Por eso las riquezas de ahora pueden convertirse en un tesoro en el cielo si son dadas. La donación de las riquezas tiene un doble efecto: construye comunión con los pobres y nos deja libres para seguir el camino de Jesús.
La mirada con cariño es una invitación a un nuevo nivel de humanidad, más allá del cumplimiento de la ley. Una invitación a la comunión.
El nivel de la Ley corresponde a los siervos; el nivel de la Comunión corresponde a los amigos (hijos) (Juan 15, 15).
En el mismo relato que hemos leído también se dice que Jesús miró a sus discípulos; los miró con cariño, ya que les llama hijos. Ellos, que no han entendido absolutamente nada de lo que había dicho sobre las riquezas, de repente se dan cuenta que, a diferencia del hombre rico, ellos lo han dejado todo para ir con Jesús. Seguramente los discípulos eran mucho menos cumplidores que el hombre rico; y en el Calvario todos abandonaron a Jesús. Sin embargo, lo habían dejado todo por él; y eso les hacía libres para poder volver. El evangelio de Lucas expresa con ternura la conversión de Pedro: "En ese mismo instante el Señor se volvió a ver a Pedro, y entonces Pedro se acordó de las palabras del Señor, cuando le dijo: «Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces.»” (Lucas 22, 61).
La mirada amorosa de Jesús invita a pasar del cumplimiento de la Ley a la comunión. Comunión con Jesús; comunión con el hombre. "Ven conmigo". Dejarse mirar por los ojos humanos, sobre todo por los ojos de aquellos que la sociedad "no ve", nos hace humanos y humanizadores.
El hombre rico, perfecto cumplidor de la Ley, prefirió las riquezas a la oferta amorosa que nos llega en toda mirada humana.
Este relato es un aviso a los seguidores de Jesús para que no caigamos en el peligro de entender el Evangelio como una Ley que sólo pide ser "cumplida". Un seguimiento que no nos lleve al Hombre, al hombre concreto que nos encontramos por los caminos de la vida, no sería auténtico. El camino de Jesús es hacerse hombre construyendo humanidad. El "tesoro del cielo" se gana mirando a los hombres aquí en la tierra, y acogiendo su mirada.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Domingo XXVII de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Moises".

DOMINGO XXVII DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Moisés".
60. Moisés. (El les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?»).
Los Evangelios nos hablan varias veces de Moisés. Es cierto que lo que intentan los Evangelios es presentarnos la figura de Jesús; o mejor dicho: la figura del Hombre. Pero no lo hacen de una forma teórica sino bastante concreta: a través de Jesús de Nazaret. Y para presentarnos el significado total de Jesús de Nazaret, evocan a otros personajes significativos en la Historia de la Humanidad o del Pueblo de Israel. Uno de estos personajes, de gran significado, es Moisés.
De algún modo, los Evangelios nos presentan a Jesús como un Nuevo Moisés. Lo que significó Moisés para el Pueblo elegido, lo representa Jesús para la Humanidad. Como Moisés guió su Pueblo para pasar desde una determinada Esclavitud a una determinada Libertad, también Jesús guía a la Humanidad hacia la Plenitud de la Libertad.
Moisés transmitió a la multitud (doce tribus) la Ley, que les convertía en pueblo; el Pueblo de Dios. También Jesús transmite a la Humanidad el Espíritu, que nos convierte en Comunidad, hijos de Dios.
La figura conocida y mitificada de Moisés sirve a los evangelistas para dibujarnos la figura de Jesús como primogénito de la Humanidad adulta.
Hay muchísimos paralelismos. Pero también hay importantísimas diferencias. Leemos en el evangelio de Juan: "La Ley fue dada por medio de Moisés, pero la Gracia y la Verdad vinieron por medio Jesucristo" (Juan 1, 17).
Moisés y Jesús son un regalo de Dios a la Humanidad. Pero responden a niveles diferentes. Moisés representa la Ley. Una Ley necesaria y útil cuando la Humanidad es todavía "menor de edad".
Jesús representa "la Gracia y la Verdad". Es decir: el Don, verdadero y definitivo, de Dios a los hombres, y que consiste en la plena Filiación. "A Dios nadie lo vio jamás; quien lo ha dado a conocer es el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre” (Juan 1, 18). En Jesús podemos visualizar el Proyecto Hombre en su plenitud. Una plenitud que se va contagiando a todos los humanos que la aceptan. "Ciertamente de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia". También: "Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios". (Juan 1: 12ss).
Es necesario no contraponer a Moisés y a Jesús. Moisés responde a la niñez de la Humanidad; Jesús, a su plenitud. Son dos etapas muy diferentes, pero no se da la plenitud sin antes pasar por la niñez.
Da igual que se haya nacido "después" de Cristo. Todos los humanos nacemos en la niñez, bajo la Ley (Lucas 2, 39; Gálatas 4, 4). Pero la Ley (toda Ley) es un tutor (Gálatas 3, 24). No es un fin en sí misma sino que tiende absolutamente a hacer crecer el hijo pequeño para que se haga adulto. Una vez adulto, ya no está bajo la ley, porque es el hijo.
Jesús es y visualiza al Hijo adulto; el Heredero en quien el Padre vierte toda su Vida.
Jesús no niega ni desautoriza la Ley de Moisés (Mateo 5, 18); pero la sitúa en su lugar. "El día de reposo (la Ley) se hizo por causa del género humano, y no el género humano por causa del día de reposo” (de la Ley). (Marcos 2, 27).
Los que hemos nacido "después de Cristo", comenzamos entendiendo a Jesús como nuestro Moisés; como un legislador. Pero la misma ley nos impulsa a descubrir al Hijo. Después, el encuentro con Jesús (es decir, el encuentro con el Hombre) se convierte en invitación constante a convertirnos y a crecer hasta sentirnos hijos en el Hijo, y hermanos con los hermanos. A pesar de todo, siempre deberemos estar atentos a superar la tentación de "matar al hijo" (aún "desconocido") movidos por una pretendida fidelidad a la ley. (Juan 19, 7 y Lucas 23, 34).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


jueves, 24 de septiembre de 2015

Domingo XXVI de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Nombre".

DOMINGO XXVI DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Nombre".
59. "Nombre". (… hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre …).
En la cultura hebrea el nombre hace la cosa. Por eso cuando alguien recibe una misión que cambiará su vida en relación con los demás, se le da un nuevo nombre. También es cierto que, en la Biblia, dado que Dios ya conoce de antemano la vocación de cada persona, a menudo no es necesario cambiar el nombre porque ya tiene el que le corresponde.
En los Evangelios vemos que Jesús tiene diferentes nombres. En primer lugar el mismo nombre de "Jesús", que significa "salvador", porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1, 21). También se llama "Emmanuel" porque significa "Dios está con nosotros" (Mateo 1, 23). También es llamado "Mesías", que significa "Ungido", porque es el Ungido, ungido con Espíritu Santo.
Dado que el nombre hace la cosa, fácilmente podemos pensar que, utilizando el nombre de una persona importante, podremos hacer también cosas importantes como ella. Pero aquí puede aparecer un conflicto de competencias. El relato que hemos leído hoy muy bien curioso: Juan, uno de los doce discípulos, explica a Jesús que alguien está usando su nombre para expulsar demonios, y que se lo han prohibidoporque no es de los nuestros”. ¡Sorprendente! Los Apóstoles se sienten propietarios en exclusiva del nombre de Jesús (aunque acababan de experimentar que ellos, los Apóstoles, eran incapaces de saber "utilizar" este nombre. Marcos 9, 18). La respuesta de Jesús es clara y concisa: No se lo impidáis.
¿Cuál es este "nombre" que, según en qué situaciones, permite expulsar demonios?
Evidentemente, estamos hablando del nombre de "Jesús". Sin embargo, cuando Jesús habla de sí mismo, suele utilizar la expresión "el hijo del hombre". Y cuando Jesús se llama el hijo del hombre, no habla en primera persona sino en tercera persona. No dice, por ejemplo, el hijo del hombre seré entregado … sino el hijo del hombre será entregado
Jesús, hablando de sí mismo en tercera persona, quiere indicar que su realidad desborda su simple individualidad. Jesús, el hijo del hombre, se va realizando en toda la Historia humana, e incluye a todos los Humanos. No es un personaje alegórico; es una persona cien por cien real. Pero los Evangelios hablan de él para mostrarnos los horizontes de vida que se abren ante cada ser humano que los acepta. Dicho de otro modo: Jesús, hombre real y concreto, es también el hombre–muestra para todos los que buscan ser plenamente humanos.
Es por esto que todo aquel que construye humanidad, esté adscrito o no como seguidor de Jesús, puede expulsar demonios. (Aquí "demonios" significa todo aquello que nos impide ser realmente humanos).
El verdadero nombre que nos permite expulsar demonios, es decir, construir humanidad, es Hombre. Este es el nombre que, izado como bandera que encontrará contradicción (Lucas 2, 34), indica en qué lado estamos situados: si a favor del Hombre, o en contra.
La trágica situación actual de la Humanidad sitúa ante nuestros ojos, con gran fuerza, la radicalidad de este dilema. Y cada uno, desde su situación personal y colectiva, debe elegir: o humanizarse construyendo humanidad, o deshumanizarse destruyendo humanidad.
Más allá de las etiquetas nacionales o internacionales; más allá de las diferentes religiones o culturas; más allá de solemnes proclamas de Derechos humanos o de Deberes, hoy, como siempre, cada uno debe decidir si se pone a favor o en contra del Hombre. A favor o en contra del hombre concreto, prójimo, que encontramos en nuestro camino de cada día –hoy que han desaparecido las distancias.
Hoy el reto de los discípulos de Jesús no es construir una sociedad más cristiana, o más religiosa, o más espiritual, … El reto de todos es construir una sociedad más humana. Crecer en humanidad construyendo humanidad, con todo aquel que quiera apuntarse, sea de los nuestros o no.
La Humanidad. Esta es la Obra de Dios, que Él ha decidido no hacer solo. “Hagamos al Hombre", se dijo (Génesis 1, 26). Hagamos al Hombre: Dios y nosotros. Porque sólo podríamos ser a imagen y semejanza suya si fuéramos coautores de nosotros mismos.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Domingo XXV de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Tres días".

DOMINGO XXV DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Tres días".
58. Tres días. (... después de muerto, a los tres días resucitará.)
Puede resultar sorprendente la expresión tan repetida en los Evangelios en referencia a la resurrección de Jesús. Alguien podría preguntar: ¿por qué eso de los tres días? ¿Qué ocurre con Jesús desde el momento de su muerte hasta que resucita al tercer día?
Hay que decir que, con la muerte, se acaba el tiempo de cada uno. Después de la muerte, el factor tiempo (para el difunto) ya no tiene aplicación. Con la muerte entramos en otra dimensión que no es temporal. En los Evangelios, a veces, a esta nueva dimensión se la llama "vida eterna". La eternidad no es un tiempo que no se acaba. Mientras vivimos en el tiempo no podemos conocer el significado de eternidad, pero podemos intuir que en la eternidad no hay ni antes ni después; ni sucesión de días y horas. Podemos imaginarla como una presencia de Plenitud o una plenitud de Presencia. Un "ahora" que no marcha por que lo contiene Todo.
Cuando los Evangelios nos hablan de la resurrección de Jesús a los tres días, quieren decirnos precisamente que su muerte fue real. Jesús murió, y murió al cien por cien.
En la mentalidad judía se considera que una persona no está realmente muerta hasta el tercer día. Esto todavía se aplica, de alguna manera, entre nosotros: cuando muere alguien, no se la entierra hasta pasadas 24 horas. Es decir, hasta el tercer día. Está el día de la muerte, las 24 horas siguientes, y, al tercer día, se hace el entierro.
Esto responde a un hecho de experiencia: no se pasa de vida a muerte de repente. Es un proceso. Aunque actualmente se puede detectar con precisión el instante en que se interrumpe la actividad cerebral, la muerte de una persona no es sólo un hecho cerebral.
Los Evangelios, diciendo que Jesús resucitó al tercer día, quieren indicar que murió del todo. Y esta afirmación es importante precisamente para entender la resurrección. No hay resurrección sin muerte. No hay resurrección real sin muerte real. ¿Por qué? Porque la resurrección es la vivencia de la muerte como vida plenamente entregada.
La resurrección no debe entenderse como un "volver a la vida" después de morir, sino como el "paso" a una nueva forma de vida que sigue a la entrega total de la vida recibida. La resurrección es el paso de la vida mantenida a la vida entregada; de la singularidad y soledad marcadas por un cuerpo físico, a la situación de comunión.
Mientras en nuestra vida corporal, el cuerpo es el soporte y la expresión de nuestra individualidad. Al morir, nuestra individualidad tiene como "soporte" (es una forma de decir o de imaginar) los vínculos de comunión que hemos ido creando y acogiendo en nuestra vida.
Gracias al cuerpo, podemos tener vida y entregarla. Y, al hacerlo, entramos en la comunión, que es plenitud de Presencia o presencia de Plenitud.
Por eso sería un error reducir la resurrección de Jesús en una experiencia puramente individual. Los Evangelios expresan esta dimensión “trans–individual" con los relatos de las apariciones de Jesús. El evangelio de Mateo ya la conecta explícitamente con su muerte (Mateo 27, 51). La muerte resurreccional de Jesús es descrita como un hecho cósmico, que afecta a todos los difuntos.
En el Credo del Catecismo se dice lo mismo con la frase "descendió a los infiernos”. Es un lenguaje poco adecuado para la mentalidad actual, pero indica de una manera muy gráfica que la resurrección de Jesús afecta directamente a la resurrección de todos los humanos, y a la Plenitud de la Creación. (Juan 1, 12 ss; 3, 14. Ver también Carta a los Efesios, o Colosenses 1, 12 ss).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)