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lunes, 10 de enero de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO II DE ORDINARIO. CICLO A


DOMINGO II DE ORDINARIO - CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
Antes de comenzar la primera serie de domingos del tiempo ordinario con la lectura continua del Evangelio de Mateo (año a), el Misal intercala un fragmento del evangelio de Juan. Recordemos que el Cuarto Evangelio no tiene año propio porque es demasiado diferente de los otros tres, llamados sinópticos.

El Cuarto Evangelio, como los Sinópticos, hace comenzar la vida pública de Jesús con el testimonio de Juan Bautista, pero, a diferencia de los Sinópticos, no establece ningún contacto directo entre Juan y Jesús. Es su manera de expresar lo mismo que ya vimos en el evangelio de Mateo: el contraste, dentro de la continuidad, entre el Precursor y Jesús.

Este es el Cordero de Dios ...

El Cuarto Evangelio fue escrito en los inicios del siglo segundo, cuando las comunidades cristianas ya habían alcanzado una cierta consolidación y habían ido creando un lenguaje propio para expresar y celebrar su fe. Presentar a Jesús como el Cordero de Dios supone haber ya entendido y asumido el significado de su muerte resurrecciosa.

La expresión "Cordero de Dios", en el evangelio de Juan, debe entenderse en el sentido del Cordero pascual. El cordero pascual no es un "chivo expiatorio" sino el cordero que se hace alimento para un pueblo que ha aceptado caminar hacia la Libertad.

Jesús no "carga" con el pecado del mundo sino que lo "quita". Quita el pecado porque ha recibido la plenitud del Espíritu. Pecado y Espíritu se contraponen como la Oscuridad y la Luz. Así como la simple presencia de la Luz quita la oscuridad, también la simple presencia del Espíritu quita el pecado. Jesús es el primogénito de la Humanidad adulta porque tiene la plenitud del Espíritu. Esta plenitud no es un privilegio personal. Él no tiene el Espíritu para quedárselo en exclusiva sino para darlo.

El Espíritu es el Amor. Y la naturaleza del Amor es darse. Por eso aquellos que reciban el Espíritu, siempre será para darlo, y así quitar el pecado. El testimonio de Juan a comienzos del Cuarto Evangelio incluye las palabras de Jesús del final: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los desactivéis, les quedarán desactivados "(Juan 20,23. Traducción corregida).(Ver los apuntes del segundo Domingo de Pascua, 7. Año B).

Yo no sabía quién era ...

Es sorprendente esta declaración repetida que el evangelista pone en boca del Bautista. Contiene un mensaje extraordinariamente profundo, a menudo olvidado. Jesús no tiene rasgos humanos especiales que lo identifiquen. De entrada es "desconocido". Especialmente después de su muerte, el Resucitado se presenta en forma de "desconocido" (Lucas 24,16. Juan 21,4). Para reconocerlo hay que practicar la acogida hacia los desconocidos.

En el relato de hoy, Juan Bautista afirma y repite: "Yo no sabía quién era". Literalmente: "yo tampoco sabía quién era". Este "tampoco"hace referencia al profeta Samuel que había recibido el encargo de ungir (mesías = ungido) como rey de Israel uno de los hijos de Jesé, pero no sabía quién era. Desfilaron todos los hermanos ante el profeta, pero no encontraba el elegido. Por eso Samuel tuvo que preguntar: ¿No hay ningún hermano más? Entonces le hablaron del más pequeño, que había llevado el rebaño a pastar. Y resulta que él, David, era el elegido (1 Samuel 16, 1-13). El mismo relato dice: "Desde aquel día el espíritu del Señor se apoderó de David". David fue "el ungido" por antonomasia. Por eso, de Jesús, se dirá que es hijo de David.

Como Samuel, también Juan fue enviado para identificar al que había de bautizar en Espíritu Santo. "... vine a bautizar con agua para que él se manifestara a Israel". "Yo no sabía quién era, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre quien veas descender el Espíritu y permanece sobre él, ese es quien bautizará con Espíritu Santo ". Según esto, la "misión" del Bautista no es bautizar sino, practicando un bautizo de agua, señalar el que bautiza en Espíritu.

Este es el Hijo de Dios.

La expresión es fuerte, pero no hay que entenderla ni en un sentido mitológico ni en un sentido puramente individual. Los dioses de la Mitología son versiones agrandadas de sentimientos, pasiones y capacidades humanas. Ellos, como nosotros, tienen hijos, y esposas, y celos y amor o rencor. Pero el Dios del Evangelio "no lo ha visto a nadie", ni nos podemos hacer ninguna imagen.

Es la convivencia lo que nos permite hacer de la realidad humana una vivencia de comunión. Cada presencia humana es una invitación a hacer en nosotros un "hueco" para acogerla. La presencia acogida rompe nuestros "límites" y nos hace sentir conectados. Como dice un verso extraordinariamente sugerente de David Jou, en su "Cant espiritual", "Limito contigo, y no me acabo en ninguna parte ". Cada tú, cuando nos abrimos, se  nos vuelve TU.

Hijo de Dios quiere decir que, en Jesús, la Humanidad se siente inundada por la Vida, una Vida que "vive" derramándose hacia afuera, como tan materialmente se expresa en el pan y el vino puestos sobre la mesa. Es la "vida" del alimento, la cual es visible en la vitalidad de quienes lo comen..

MENSAJE

"Yo no sabía quién era". En el ámbito de la Iglesia, quienes tienen encomendado un servicio concreto son bien conocidos: sacerdotes, obispos, papas, ... Pero aquel a través del cual nos puede llegar el Espíritu no es conocido de antemano, y puede ser cualquier persona , sea cual sea la valoración que de ella haga la sociedad o la misma Iglesia: un pobre o un rico, un sabio o un ignorante, un niño o un adulto, un débil o un fuerte, un religioso o un ateo; ... El Espíritu es imprevisible cuando funcionamos con criterios sociales.

RESPUESTA

Estar atentos para saber ver y aceptar a aquel sobre quien va derramándose el Espíritu.

¿Cómo se hace esto? Cada uno debe irse entrenando. La experiencia nos dice que, si tenemos buena voluntad, nuestro "nariz" se va afinando progresivamente para descubrir la presencia activa del Espíritu en las personas. Confianza en las capacidades recibidas, junto con la humildad para corregir, si intuimos que nos hemos equivocado.

PREGUNTAS para el diálogo

Estas preguntas no pretenden hacer descubrir la respuesta "correcta" sino simplemente provocar un diálogo que ayude cada participante a ir construyendo su respuesta. Pueden haber varias respuestas correctas.
  1. ¿Crees posible que la llamada falta de vocaciones sacerdotales sea una gran oportunidad para la renovación de nuestras iglesias y de nuestra Iglesia?
  2. Repasando nuestra vida, ¿encontráis personas concretas que han sido para vosotros vehículos del Espíritu?
  3. ¿Qué querrá decir la expresión de Juan "Detrás de mí viene uno que ha sido colocado delante de mí, porque existía antes que yo"? ¿Antes y Después tienen un significado cronológico o se refieren a la misión de cada uno?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: