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lunes, 31 de enero de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO V DE ORDINARIO. CICLO A


DOMINGO V DE ORDINARIO - CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
El evangelio de hoy es continuación del pasado domingo. Forma parte del sermón de la montaña, que comienza con las bienaventuranzas. Recordemos el escenario: "Al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y los discípulos se le acercaron. Entonces se puso a hablar, enseñándoles…"

Jesús enseña a las multitudes.¿Quiénes son, estas multitudes? El evangelista lo dice inmediatamente antes: "le presentaron a todos los que estaban enfermos, a los afectados por diversas enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y él los curaba. Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán "(Mateo 4,24).

Así pues, las multitudes están formadas por toda clase de enfermos, por las personas que los acompañan y por otros que se añaden. Las palabras de Jesús son realmente sorprendentes e, incluso, escandalosas. Primero les dice que los pobres, los hambrientos, los perseguidos…son Bienaventurados. Después, dirigiéndose directamente a quienes tiene delante, les dice: Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo. ¡Increíble! Seguramente muchos de ellos antes habían tenido que sentirse que eran "la vergüenza de la sociedad", "una mancha en la familia" o una "carga para la comunidad",… Y ahora resulta que este hombre que ha subido a la montaña (lugar de la presencia humanizadora de Dios) les dice que ellos son ¡la sal de la tierra y la luz del mundo!

Sois la Sal...

No les dice: "Deberíais ser la sal de la tierra" sino "Sois la sal de la tierra". Hay una diferencia importante entre las dos afirmaciones. Recuerdo que, en una conversación, un compañero hacía notar las muchas injusticias y males que hay en nuestra sociedad, otro hizo notar que también hay muchísimas personas buenas, sencillas, que se desviven por los demás. Entonces un tercero añadió: y son éstas las que sostienen el mundo.

Vosotros sois la de la tierra. Hay mucha corrupción en nuestro mundo, pero si aún es habitable es gracias a la multitud de empobrecidos y despreciados que, abnegadamente, han hecho de su vida un servicio a los demás.

Hay mucha amargura y mal gusto en las relaciones humanas, pero si aún no se han colapsado es porque hay una multitud de perseguidos que, a pesar de todo, ponen dulzura y buen gusto.

Como ocurre con la sal, las personas que hacen viable nuestro mundo no se ven ni salen en la tele ni son noticia en los Diarios, pero sostienen el mundo.

Sois la Luz…

Tampoco se dice, de entrada, que "deben ser la luz del mundo", aunque luego sí que se insinúa.

La metáfora de la Luz, en nuestro mundo de tantas luces, podría ser malentendida. En catalán distinguimos entre "la Luz" y "las luces". Las luces son objetos o instrumentos para hacer luz. Las luces se ven y, si las miras, te deslumbran. En cambio la Luz no se ve, pero nos permite ver a los demás y las cosas.

Jesús dice a las multitudes: vosotros sois la Luz del mundo. La multitud no es una gran cantidad de luces, es la realidad iluminada donde todo se hace visible, y donde las buenas obras muestran la presencia siempre activa de Dios.

Un pueblo sobre una montaña…

Literalmente, una "ciudad sobre una montaña". Es una referencia directa a Jerusalén, la ciudad construida sobre el monte Sión.

Igualmente, la "luz que alguien enciende", aparte de ser una acción doméstica diaria, es también una alusión a la menorá, candelabro de siete brazos que ardía continuamente en el templo de Jerusalén. De ellos (de la ciudad y su templo) se decía que eran la "Luz de los pueblos" (Isaías 60,3). La torre del santuario era dorada para reflejar con fuerza los rayos del sol (como ocurre todavía hoy con la cúpula dorada de la Mezquita de Omar, construida en el mismo lugar del antiguo Templo).

Las palabras de Jesús son realmente provocadoras para sugieren un cambio en lo que de verdad es la Sal y la Luz del mundo: ya no es la religión con el templo sino la multitud. O mejor: la comunidad, que es la misma multitud cuando sus miembros aceptan ser Sal y Luz

MENSAJE
Si la sal no sala…

Ser Sal y ser Luz no es ni un privilegio ni algo que nos desmarque de la multitud. La multitud es el ámbito de su acción. Cada uno de nosotros dejaría de "Sal" si abandonaba la multitud; dejaría de ser Luz si pretendía convertirse en una lámpara por encima de los otros. Aquí será bueno recordar que el mismo Jesús recibe el Espíritu Santo precisamente cuando se hace "multitud" mezclándose con los que hacían cola para ser bautizados (Mateo 3,13).


RESPUESTA

Ser multitud, o mejor, ser comunidad conlleva no ponerse ni por encima ni por debajo ni al margen de nadie. Dentro de la comunidad humana todos somos mutuamente, los unos para los otros, Sal y Luz. Y no pretendamos ser Luz para nadie si a la vez no nos dejamos iluminar por ese alguien.

Y si las circunstancias nos llevan a vivir la comunión formando comunidades concretas más pequeñas, hay que estar muy atentos para que esto sea para vivir y servir mejor a la comunión, que siempre es universal. Al margen de esta comunión sólo podemos ser "sal que no sala" o "luz puesta bajo una medida que la tapa".

PREGUNTAS para el diálogo

Estas preguntas no pretenden hacer descubrir la respuesta "correcta" sino simplemente provocar un diálogo que ayude cada participante a ir construyendo su respuesta. Pueden haber varias respuestas correctas.
  1. ¿Es posible que en nuestra sociedad, y en nuestra Iglesia, haya un exceso de exhibicionismo, que deslumbra en vez de ayudar a ver?
  2. ¿Es posible que en nuestra sociedad, y en nuestra Iglesia, haya un exceso de inhibicionismo, que se traduzca en falta de luz?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: