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lunes, 28 de febrero de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO IX DE ORDINARIO. CICLO A

Hoy leemos el final del largo y programático sermón de la montaña, el primero de los cinco sermones o discursos que forman la estructura básica del evangelio de Mateo, en paralelismo con los cinco libros de la ley de Moisés (Pentateuco). 

En una sociedad religiosa, la religión puede ser vivida como un simple hecho cultural, sin ser la expresión de una actitud profunda de escucha y respuesta. 

En una sociedad laica, la religión puede ser vivida como una manera de afirmar la propia singularidad, personal o de grupo, sin ser "respuesta" a un "escuchar" previo. Son engaños en que no debemos caer. 

En el evangelio que hemos leído, escuchar y responder (cumplir) deben entenderse de una manera totalmente activa: escuchar significa interpretar desde la propia visión; cumplir no significa sólo hacer, sino responder desde la propia libertad e iniciativa, según lo escuchado. Las "palabras de Jesús" no indican qué hacer en concreto, sino que quieren activar nuestra capacidad de respuesta. "No entrará en el Reino de los Cielos todo el que me dice: Señor, Señor; entrarán sólo quienes cumplan la voluntad de mi Padre del cielo". 

Conviene no contraponer "palabras" y "hechos". 

Las palabras son también hechos. El lenguaje es un hecho importante. Una palabra adecuada puede ser extraordinariamente constructiva. Una palabra inadecuada puede ser terriblemente destructora. En una sociedad de la información como la nuestra, de ninguna forma hay que infravalorar la eficacia de las palabras. 

Quizá por eso Jesús, para explicarlo, usa una expresión muy gráfica: "Construir". Se puede construir sobre la roca o sobre la arena. "Todo el que escucha estas palabras mías y las cumple es como un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca". "Pero todo el que, después de escuchar estas palabras mías y no las cumple, es como un hombre necio que edificó su casa sobre la arena". 

Todos construimos. La diferencia está en construir sobre roca o sobre arena. 

En una sociedad plural quizá alguien encuentre un poco exagerado (y pretencioso) que Jesús dé una importancia tan decisiva a sus palabras. Hay que entender bien. 

Notemos que en el relato se identifican "la voluntad de mi Padre del cielo" y "mis palabras". Las palabras de Jesús son "sus" porque las ha hecho "sus" escuchando el Padre. Y la voluntad del Padre es la creación y adopción del Hombre. 

Los evangelios no nos presentan a Jesús como un maestro o un profeta particular que predica sus doctrinas en competencia con otros maestros. Como explícitamente dice el evangelio de Juan, Jesús no habla por sí mismo sino que dice lo que oye decir (Juan 12, 49). Jesús es el Hombre. Por eso los evangelios nos presentan a Jesús como aquel en quien resuena la voz o el clamor de la Humanidad. Sus palabras son aquellas que todo el mundo, sea de la religión que sea o sin religión, puede oír escuchando a la Humanidad. 

Construir sobre la roca es, de hecho, construir Humanidad. Y haciendo Humanidad, cada uno construye también sólidamente su casa. En cambio, construir sobre la arena es pretender hacer la propia casa siguiendo un diseño al margen o en contra de la Humanidad, es construir una "Humanidad" según los propios intereses, sin haber escuchado y asumido previamente las palabras de los Humanos. 

Construir en la arena podría evocar aquellos juegos en la playa donde, sobre todo los niños, hacen sus fantásticas construcciones, que desaparecen cuando llegan las olas. Construir en la roca podría evocar aquellas construcciones hechas cortando directamente la roca, frecuentes en Palestina y famosas en la Capadocia (y que podemos admirar también en Guadix, junto a Granada), tan sólidas y que tan bien protegen del frío y del calor; del viento y de la lluvia, e incluso de los terremotos.  

Así, pues, escuchar y cumplir las palabras de Jesús, es escuchar y cumplir las palabras de la Humanidad, la cual, para la mayoría de nosotros, comienza con la propia familia, los vecinos de casa, el propio barrio, la propia ciudad, el propio país… Comporta trabajar para la convivencia desde el respeto a la iniciativa de todos. 

El evangelio de hoy constituye una denuncia de todos los dictadores, desde los más groseros a los más sutiles; de todos aquellos que pretenden "construir" pueblos o comunidades imponiendo las propias ideas, aunque sean buenas. El mal de los dictadores no está necesariamente en sus ideas o proyectos sino en el dominio con que las imponen. 

También en la Iglesia existe el peligro de imponer los propios programas decidiendo cómo deben ser las comunidades, señalando quien pertenece a una o a otra, qué diseños deben seguir, quien las ha de presidir, como deben funcionar…"Jesús llamó a los discípulos y les dijo:«Sabéis que los gobernantes de las naciones las dominan como si fueran los amos…Pero entre vosotros no debe ser así " (Mateo 20, 25). 

¡Cuánta construcción en la arena! ¡Cuanto lenguaje religioso sin cumplir la voluntad del Padre del cielo sino la propia! "… en tu nombre profetizábamos y sacábamos demonios y hacíamos muchos milagros… Pero yo les diré claramente: No os he conocido nunca. Apartaos de mí, vosotros que obráis el mal". 

MENSAJE

El Hombre, creado a imagen de Dios, es también creador. O mejor: constructor. Pero su construcción sólo es válida si se hace en la roca de la Humanidad. Escuchar a la Humanidad y hacer Humanidad. Todo otro intento sería construir en la arena. 
RESPUESTA

En la actualidad no es fácil escuchar a la Humanidad. Tenemos tendencia a hacer grandes proyectos de cómo debe ser el mundo, pero sin escuchar realmente al mundo. Muchos se hacen portavoces de la comunidad, sin darse cuenta de que así están enmudeciendo a la comunidad. ¿Tan incapaces de hablar son nuestras comunidades, que necesitan que alguien hable por ellas?

Cada vez que no escuchamos la voz del Hombre tenemos el peligro de sustituir la voluntad de Dios por la nuestra. Caemos en la tentación de convertirnos en "pequeños dioses" para los demás. Según la Biblia, este es el pecado original que aparece ya en los orígenes de la Humanidad: "La serpiente replicó (a los primeros humanos): “No, ¡no moriréis! Dios sabe que, si un día comierais, se os abrirían los ojos y seríais igual como los dioses, conoceríais (decidiríais) el bien y el mal" (Génesis 3, 4). El relato bíblico se refiere a comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, un fruto venenoso para los humanos de todos los tiempos, pero que todos pretendemos "comer" para dictar a los demás qué está bien y qué está mal. 

La estructura jerarquizada en la que han caído nuestras comunidades, ¿no es un ejemplo dramático de construcción en la arena?

PREGUNTAS para el diálogo

Estas preguntas no pretenden hacer descubrir la respuesta "correcta" sino simplemente provocar un diálogo que ayude cada participante a ir construyendo su respuesta. Puede haber varias respuestas correctas.
  1. En vuestra opinión, las comunidades de la Iglesia, y en concreto la vuestra, ¿están construidas, en mayor parte, en la roca o en la arena? ¿Que se derrumben las comunidades "edificadas en la arena", es realmente un mal?
  2. La Iglesia no puede ser democrática porque la democracia es una manera de legitimar el Poder, y en la Iglesia no debe haber Poder. En vuestra opinión, ¿qué formas de organización podrían darse a sí mismas, las comunidades cristianas?
  3. ¿Los medios de comunicación actuales son adecuados para ayudarnos a oír la voz del mundo?¿En qué sí, en qué no? 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de:

martes, 22 de febrero de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VIII DE ORDINARIO. CICLO A

Se entiende fácilmente que no podamos servir a dos señores a la vez. Quizá también se entiende que no podamos servir a Dios y las Riquezas, aunque es Dios quien nos ha ofrecido los bienes del Universo. En cambio, deducir de ello que no nos tengamos que inquietarse por la vida porque nuestro Padre celestial sabe muy bien las necesidades que tenemos, parece un poco exagerado. Y más cuando los hechos demuestran lo contrario. ¿No nos dicen los informativos que diariamente mueren de hambre miles de personas?¿Cómo se puede decir "no os pongáis nerviosos pensando qué comeréis, o qué beberéis, o cómo os vestiréis" si cientos de niños están muriendo a causa del hambre o de catástrofes naturales? ¿Tan poco atento está, Jesús, al fracaso de tantas vidas?!

La contradicción entre la propuesta de Jesús y la experiencia de cada día es tan evidente y trágica, que bien podemos pensar que todo esto debe tener algún otro significado. De hecho, el mismo evangelio expresa esta contradicción cuando nos presenta a Jesús en la Cruz clamando: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"(Mateo 27,46).

¿Qué nos quiere decir el evangelio de Mateo cuando pone en boca de Jesús unas palabras que serán contradichas tan crudamente por otras?

Los evangelios Sinópticos nos presentan a Jesús experimentando el hambre ya desde el comienzo de su vida pública, después de cuarenta días de ayuno en el desierto. Ante esta situación, el diablo le hace la propuesta más lógica y sensata: Convierte estas piedras en panes "(Mateo 4,3).

Esto es precisamente lo que hacemos cada día los humanos con nuestro trabajo: de las piedras hacer panes. La misma Biblia nos lo impone como una sentencia: "Te ganarás el pan con el sudor de tu frente", es decir: trabajando la tierra (Génesis 3,19).

Pero el evangelista pone en boca de Jesús una respuesta sorprendente a esta propuesta del diablo: "El hombre no vive sólo de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". ¿Qué quiere decir, esto? ¿De qué “vivir” se nos está hablando? La "palabra de Dios" se puede considerar realmente un alimento para nuestro hambre?

Reflexionemos un poco.

Los humanos no podemos simplemente "vivir". Sentimos la vida como fuerza, capacidad, acción, creatividad… Por eso, para los humanos, vivir significa "vivir para". Sólo "vivir", nos provocaría un aburrimiento mortal. Vivir de verdad es "vivir para". Esto hace posible que nuestra vida no sea un simple don recibido sino también una creación propia.

¿Para qué podemos vivir?

La respuesta más primaria e instintiva a esta pregunta es: vivir para vivir.Es decir: dedicar su vida a "ganarse la vida".

Pero la experiencia de cada día nos dice que vivir para vivir es un círculo cerrado que, además, siempre acaba rompiéndose. "Nadie es capaz de alargar, ni un minuto, el tiempo de su vida". Quizás sí que podemos manipular un poco nuestra fecha de caducidad desconocida, pero nunca podemos controlarla del todo o evitarla…

Ante este hecho, el evangelio nos hace otra propuesta: Vivir para el Reino.

¿Es buena una propuesta como esta? ¿No convierte nuestra vida en un simple medio para otra cosa? ¿No va contra nuestra dignidad? ¿La vida, no es la cosa más valiosa, tanto que no debe estar al servicio de nada, sino al contrario, todo debe estar al servicio de la vida?

Cierto: la vida es la cosa más valiosa, y no debe ser medio para nada. Ella es un fin en si misma. Pero nuestra vida no comienza en plenitud. Empezamos débiles, pequeños y desvalidos. La vida en plenitud nos queda en el horizonte. Es una llamada, una invitación, y también una búsqueda.

El Reino es el camino de la Plenitud, un Reino que no es exterior a nosotros sino que lo logramos en la medida que lo construimos. En la medida que construimos el Reino se va convirtiendo en el ámbito vital donde nuestra vida particular puede "vivir", y vivir en plenitud. "Vivir para el Reino" es como construir la propia casa (próximo domingo).

Vivir para el Reino tiene dos consecuencias importantes:

a) Nos libera de la desazón que comportaría vivir para vivir, entendiendo esto como el esfuerzo para superar la pequeñez y la inseguridad iniciales, confiando sólo en nosotros mismos.

b) En el Reino, nuestra vida individual se incorpora a la vida en plenitud, que tiene forma de comunidad. Pasando del yo al nosotros, no se pierde el yo. Al contrario: el yo encuentra su plenitud en el nosotros, como cada uno de nuestros huesos sólo puede vivir dentro del conjunto del cuerpo.


MENSAJE

No hay desconocimiento de la realidad en las palabras de Jesús. Al contrario: sus palabras son y quieren ser una buena noticia precisamente para todos aquellos que, como Jesús mismo, "pierden" o "han perdido" la propia vida por el Reino. En el Reino encuentran su apoyo pleno y seguro. Descubren que la suya no es una vida perdida sino dada, y que la vida dada vive en la VIDA. Darse es la manera normal y espontánea de vivir. Sólo un rechazo explícito de darse puede situarnos "al margen de la VIDA" que a todos se nos ofrece. Esto quiere decir que también la vida de quienes no han llegado a la capacidad de decidir sobre ellos mismos, no se ha separado nunca de la fuente de la vida, y por tanto de ninguna manera quedan fuera de la plenitud.

RESPUESTA

Vivir para el Reino conlleva no preocuparse por la propia vida sino por la vida, que se nos hace "encontradiza" sobre todo en la vida de los demás. Podría parecer que sólo se sustituye una desazón por otra. Pero en todo caso se trata de dos "preocupaciones" totalmente diferentes:

- La inquietud por la propia vida nace del miedo y de la inseguridad, y de la constatación creciente de que mantener nuestra vida no está en nuestras manos.

- La inquietud para los demás nace del amor hacia los demás y hacia la Vida. Incluye la Paz que nace de la certeza del Proyecto de Dios. El clamor de Jesús en la cruz "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? "Proviene de su sintonía con todos los oprimidos. Jesús hace suyo el clamor de los oprimidos, y lo presenta al Padre como una oración que tiene efectos inmediatos: … El centurión, viendo todo lo que había pasado, decía: realmente este era hijo de Dios (Mateo 27,54).

PREGUNTAS para el diálogo

Estas preguntas no pretenden hacer descubrir la respuesta "correcta" sino simplemente provocar un diálogo que ayude cada participante a ir construyendo su respuesta. Pueden haber varias respuestas correctas.
  1. ¿Vivís inquietos? ¿Habéis examinado alguna vez la verdadera causa de vuestras inquietudes? ¿Valen realmente la pena?
  2. Si habéis repetido alguna vez el grito de Jesús en la cruz ("Dios mío, por qué me has abandonado"), ¿lo habéis hecho como una oración confiada o como una acusación?
  3. ¿Recordáis alguna ocasión concreta en que, en vuestra opinión, sentisteis la presencia amorosa de Dios? ¿Habéis pensado en ello, alguna vez?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de:

lunes, 14 de febrero de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VII DE ORDINARIO. CICLO A


Se dijo: Ojo por Ojo...

Con la expresión "espiral de la violencia" se quiere indicar que la agresividad tiende a responder a la violencia con una violencia mayor. Esto acaba haciendo imposible la convivencia. "Ojo por ojo" sería una norma aparentemente justa, y buena para poner medida en la respuesta a las agresiones.

Pero, en la práctica, ni siquiera esta norma suele ser respetada porque los poderosos se han reservado el monopolio de la violencia, y a menudo la ejercen sin ningún tipo de control ni medida. Nuestra historia humana, desde este punto de vista, es extremadamente inhumana, y vergonzante comparada con otras especies animales.

Pero yo os digo…

La propuesta de Jesús también parece inhumana, pero por el otro extremo. Proponer que si te pegan en una mejilla pongas también la otra, o que si alguien te quiere robar el vestido le des también el manto, es realmente pedir demasiado. Es inhumano por exceso. Los humanos tenemos que vivir "humanamente".

Pero, pensamos en ello un poco más.

Para vivir "humanamente" primero nos tenemos que preguntar, ¿qué es el hombre?

Es aquí cuando nos llega la gran revelación - buena noticia de Jesús de Nazaret.

Ya desde los comienzos, la Biblia nos dice que el Hombre (hombre y mujer) fue hecho a imagen de Dios. Con la plenitud de los tiempos, los Evangelios nos desvelan que Dios nos invita a ser sus hijos, y nos muestran Jesús de Nazaret como el ejemplo perfecto de Hombre-Hijo de Dios.

Esto que nos propone el Evangelio es ciertamente "sobrehumano", o sobrenatural, si utilizamos el lenguaje clásico. Pero no es "inhumano", porque forma parte de la naturaleza humana crecer y superarse. Es un don que se nos ofrece, aunque podemos no aceptarlo.

Desde siempre Dios, que es Amor, nos ha llamado a ser hijos. Pero eso sólo lo vamos descubriendo poco a poco.

Pasa igual que en la vida puramente natural: nacemos pequeños, débiles e ignorantes, y hasta que no hemos crecido debidamente, no descubrimos qué quiere decir realmente ser hijos de nuestros padres.

Es admirable la sabiduría de la naturaleza haciéndonos, ¡nacer pequeños! Sólo así podemos crecer de una forma que nos permite ser, en buena parte, autores de nuestra vida. Así podemos ser personas. Si nuestros padres nos engendrasen "adultos", podríamos ser muy perfectos, pero seríamos robots. Naciendo pequeños nos podemos hacer a nosotros mismos, y experimentar y responder al amor de aquellos que decidieron vivir para nosotros haciéndose progenitores nuestros.

MENSAJE

Somos una historia. Empezamos pequeños, pero estamos llamados a ser hijos de Dios. No estamos anclados en una naturaleza humana fija. No hay "inhumanidad" por defecto o por exceso. Es inhumano no crecer o impedir el crecimiento de alguien o de la humanidad, pero lo extremadamente inhumano es la violencia que destruye la vida humana. El amor no puede ser nunca inhumano. Al contrario: el amor es lo único que nos hace crecer humanamente: crece quien ama, y crecen los amados.

RESPUESTA

Sed buenos del todo, como lo es vuestro Padre celestial. Esto implica amar a todos, incluso los enemigos.

Amar a los enemigos conlleva perdonar sus ofensas y, por tanto, dejar de considerarlos enemigos.

Esto no siempre impide que ellos sigan considerándonos enemigos suyos y usen violencia contra nosotros. El amor hacia ellos puede llevar a entornar esta violencia como una forma de neutralizarla. "Las bombas que han estallado son bombas vencidas". Otras veces, el amor hacia ellos y hacia los demás inspirará otras formas de reaccionar, que pueden ser muy variadas según las circunstancias.

PREGUNTAS para el diálogo

Estas preguntas no pretenden hacer descubrir la respuesta "correcta" sino simplemente provocar un diálogo que ayude cada participante a ir construyendo su respuesta. Pueden haber varias respuestas correctas.
  1. La violencia puede ser física o psicológica. Una simple palabra puede hacer más daño que diez bofetadas.¿Observa si progresivamente has ido superando aquello de "Ojo por ojo"? ¿Lo has intentado?
  2. Suponiendo que ya no veas a nadie como tu enemigo, ¿progresas en el amor hacia aquellos que te consideran enemigo suyo? ¿Cómo les muestras tu amor?
  3. A menudo se dan noticias o chismes que generan violencia en el corazón. ¿Cómo tratas estas noticias?¿Haces eco de ellas, ayudando así a generar más violencia?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de:

lunes, 7 de febrero de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VI DE ORDINARIO. CICLO A


“Completar” o “Cumplir”…

"No penséis que yo vengo a desautorizar los libros de la Ley y a los Profetas. No vengo a desautorizarlos, sino a completarlos".

"Completar la Ley". Seguramente la traducción que nos ofrece el Misal es correcta, pero la entenderíamos mal si pensáramos que la Ley y los Profetas son incompletos, de forma que Jesús habría venido a completarlos, añadiendoles más preceptos o más exigencias.

Lo que Mateo quiere decir, con las palabras que pone en boca del mismísimo Jesús, es que la Ley (cualquier Ley) es sólo un instrumento, y no un valor en sí mismo, es por esto que no se acaba en sí misma. 

Tenemos un ejemplo de ello en las leyes que los padres imponen a sus hijos pequeños. Con sus normas, los padres no pretenden que el niño sea obediente sino que crezca y se haga adulto hasta poder decidir por sí mismo sin necesitar normas de los padres. Igualmente ocurre con las normas que el maestro o la escuela dan a sus alumnos: tienen por finalidad que los alumnos maduren, y puedan convivir en libertad fuera de la escuela.

Así, en la Biblia, la ley es entendida también como promesa. El cumplimiento de la Ley tiene por finalidad hacer llegar a una situación más allá de la Ley. Por eso quizás sería más exacto utilizar la palabra "cumplir", en vez de "completar". Jesús lleva la ley a su cumplimiento. Más aún: Él visualiza en sí mismo el cumplimiento de la Ley, ya que es el hombre adulto y libre. En él se cumplen las promesas hechas por Dios en forma de Ley.

De siervos a hijos

En el evangelio de Mateo, cuando Juan Bautista se resiste a bautizar a Jesús, éste le responde: "Accede por ahora a bautizarme. Conviene que cumplamos así todo lo que Dios quiere. "Este cumplimiento de la Ley provoca su cumplimiento: el cielo se abre y Jesús es declarado" Hijo amado "(Mateo 3,17). En el bautismo de Jesús se visualiza lo que nos dice el evangelio de hoy: el cumplimiento de la Ley.

Cumplir la Ley nos permite pasar de siervos a hijos, aunque no por la eficacia de la propia Ley, sino porque Dios ha prometido adoptarnos como hijos.

Hay que reconocer que ser hijos resulta mucho más exigente que ser simplemente siervos. Pero esto sólo es así si se mira desde el punto de vista de los siervos. Visto desde la situación de hijos, las exigencias son Vida.

Jesús, el nuevo Moisés, nos llama a pasar de siervos a hijos, y ello conlleva unos cambios importantes en la manera de relacionarnos con el Padre y con los hermanos. "Ya sabéis que los antiguos los mandaron… Pero yo os digo…". Aquí "antiguos" quiere decir todos y cada uno de nosotros antes de sentirnos hijos.

En el evangelio de hoy se repite cuatro veces esta expresión. El próximo domingo se repetirá aún dos veces más. Se señala la diferencia entre la situación de servidumbre y la situación de filiación

"No matarás". Pero yo os digo…

Entre conciudadanos, como mínimo está prohibido matar. Pero, ser hijos del Padre nos convierte en hermanos, y entre hermanos el mínimo es no insultarse. El lenguaje está sacado del ámbito de las "leyes para la convivencia", pero el contenido nos habla de la vivencia de la hermandad.

"No cometerás adulterio". Pero yo os digo…

Las relaciones hombre-mujer a menudo se han regulado con criterios de posesión o de "propiedad privada". Esto ha dado lugar a abusos tan malos que las diferentes culturas han tenido que crear normas para limitar de alguna manera: contratos, certificados, expedientes, dotes, inscripciones, anillos,… En la Ley de Moisés (y en muchas otras) el adulterio está prohibido porque va contra la propiedad privada. Normalmente es la mujer la que es considerada propiedad del hombre. El adúltero obra mal porque "roba la mujer" a su propietario. La adúltera es condenada porque, dándose a otro, va contra la propiedad exclusiva que el marido tiene sobre ella.

Ser hijos de Dios y, consecuentemente hermanos, conlleva una forma de relación hombre-mujer dentro de un ámbito privilegiado de comunión. "Ya no son dos, sino una sola carne" (Mateo 19,16). Queda excluido cualquier sentimiento de propiedad privada entre ellos, sea cual sea el nombre que se le dé.

La comunión mutuamente nos hace personas, y personas libres, respetadas, independientes, nobles. En cambio, la posesión nos hace cosas, objetos, instrumentos… La "Ley" nace de la necesidad de frenar los abusos del deseo de poseer al otro. Este deseo es especialmente grave en la relación hombre-mujer por la proximidad entre ellos y por los vínculos naturales que los unen, aparte de los vínculos creados por la sociedad.

Notemos que el "deseo de posesión" o el "sentimiento de propiedad" también puede ser especialmente grave, por los mismos motivos, en relación a los hijos pequeños o los ancianos.

Nadie es propiedad de nadie. La propiedad sobre las personas es deshumanizadora, aunque sea aceptada por la persona "poseída".

Si alguien se divorcia…

El sentimiento de posesión o de propiedad puede tomar forma de contrato. Y los contratos se hacen y se deshacen.

Jesús nos lleva más allá de esta casuística. No acepta como válido ningún nivel de posesión, se llame como se llame. Todo lo que incluya "posesión", en las relaciones humanas es "porneia". Esta es la palabra griega que utiliza el evangelio, y no hay que buscarle significados técnicos o jurídicos especiales. En este caso quiere decir unión "deshumanizadora".

Los humanos estamos diseñados para realizarnos con relaciones mutuas de comunión. Esto es anterior a cualquier "Ley", incluidas las leyes religiosas o "cristianas" (Mateo 19,8). Toda relación posesiva (se llame como se llame) rompe la comunión interpersonal, es inhumana y no debe mantenerse.

"No rompas los juramentos". Pero yo os digo…

En nuestro afán posesivo, podemos caer en la pretensión de hacernos "nuestro" incluso el nombre de Dios, y utilizarlo como garante de nuestras afirmaciones. El juramento es un intento de utilizar a Dios. No es aceptable. "Decid sencillamente sí cuando es sí, y no cuando es no. Todo lo que decís de más, viene del Maligno ".

MENSAJE

Varios son los mensajes del largo evangelio de hoy. Quizás se podrían resumir así: La ley es para ayudarnos a llegar a la plenitud, donde la vida se hace comunión. En la comunión, la comunicación es normal y espontánea: sí, cuando es sí, no, cuando es no. Incluso el culto está sometido a esta exigencia. "A punto de presentar la ofrenda, si allí te acuerdas que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda, y vete primero a reconciliarte con él".

RESPUESTA

En una familia pueden haber padres, niños, adolescentes, ancianos… Las vidas de cada uno son muy diferentes entre ellas, pero entre todos crean un espacio donde los pequeños pueden crecer, los adolescentes pueden afianzarse, los padres pueden darse, los abuelos pueden destilar en dulzura,…

Parece que así debería ser también la Iglesia, con pequeños que necesitan leyes, con adultos que ya las hayan superado en muchos aspectos, con ancianos que exhalan el perfume de la libertad,…

Desde este punto de vista, es urgente un cambio: no entender la Iglesia en función de los sacerdotes o los religiosos sino en función de la vida de las comunidades y de su gran variedad. Las comunidades concretas, grandes o pequeñas, simples o complejas, deben poder ser ámbitos de vida, y no principalmente ámbitos de prácticas religiosas. En nuestra sociedad laica se han casi extinguido las vocaciones a ser sacerdote, en cambio, son muchísimas y variadísimas las vocaciones a servir a la vida. Esto puede facilitar las reformas necesarias y urgentes en nuestra Iglesia, si lo sabemos aprovechar.

PREGUNTAS para el diálogo

Estas preguntas no pretenden hacer descubrir la respuesta "correcta" sino simplemente provocar un diálogo que ayude cada participante a ir construyendo su respuesta. Pueden haber varias respuestas correctas.
  1. Repasando el proceso de tu fe, ¿puedes decir que ya has pasado de siervo a hijo? ¿Te parece más difícil ser hijo que ser siervo? ¿Preferirías volver atrás?
  2. En tus relaciones más próximas (pareja, familia, trabajo, parroquia…), ¿Que tiene más fuerza: las leyes o la comunión?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: