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lunes, 28 de febrero de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO IX DE ORDINARIO. CICLO A

Hoy leemos el final del largo y programático sermón de la montaña, el primero de los cinco sermones o discursos que forman la estructura básica del evangelio de Mateo, en paralelismo con los cinco libros de la ley de Moisés (Pentateuco). 

En una sociedad religiosa, la religión puede ser vivida como un simple hecho cultural, sin ser la expresión de una actitud profunda de escucha y respuesta. 

En una sociedad laica, la religión puede ser vivida como una manera de afirmar la propia singularidad, personal o de grupo, sin ser "respuesta" a un "escuchar" previo. Son engaños en que no debemos caer. 

En el evangelio que hemos leído, escuchar y responder (cumplir) deben entenderse de una manera totalmente activa: escuchar significa interpretar desde la propia visión; cumplir no significa sólo hacer, sino responder desde la propia libertad e iniciativa, según lo escuchado. Las "palabras de Jesús" no indican qué hacer en concreto, sino que quieren activar nuestra capacidad de respuesta. "No entrará en el Reino de los Cielos todo el que me dice: Señor, Señor; entrarán sólo quienes cumplan la voluntad de mi Padre del cielo". 

Conviene no contraponer "palabras" y "hechos". 

Las palabras son también hechos. El lenguaje es un hecho importante. Una palabra adecuada puede ser extraordinariamente constructiva. Una palabra inadecuada puede ser terriblemente destructora. En una sociedad de la información como la nuestra, de ninguna forma hay que infravalorar la eficacia de las palabras. 

Quizá por eso Jesús, para explicarlo, usa una expresión muy gráfica: "Construir". Se puede construir sobre la roca o sobre la arena. "Todo el que escucha estas palabras mías y las cumple es como un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca". "Pero todo el que, después de escuchar estas palabras mías y no las cumple, es como un hombre necio que edificó su casa sobre la arena". 

Todos construimos. La diferencia está en construir sobre roca o sobre arena. 

En una sociedad plural quizá alguien encuentre un poco exagerado (y pretencioso) que Jesús dé una importancia tan decisiva a sus palabras. Hay que entender bien. 

Notemos que en el relato se identifican "la voluntad de mi Padre del cielo" y "mis palabras". Las palabras de Jesús son "sus" porque las ha hecho "sus" escuchando el Padre. Y la voluntad del Padre es la creación y adopción del Hombre. 

Los evangelios no nos presentan a Jesús como un maestro o un profeta particular que predica sus doctrinas en competencia con otros maestros. Como explícitamente dice el evangelio de Juan, Jesús no habla por sí mismo sino que dice lo que oye decir (Juan 12, 49). Jesús es el Hombre. Por eso los evangelios nos presentan a Jesús como aquel en quien resuena la voz o el clamor de la Humanidad. Sus palabras son aquellas que todo el mundo, sea de la religión que sea o sin religión, puede oír escuchando a la Humanidad. 

Construir sobre la roca es, de hecho, construir Humanidad. Y haciendo Humanidad, cada uno construye también sólidamente su casa. En cambio, construir sobre la arena es pretender hacer la propia casa siguiendo un diseño al margen o en contra de la Humanidad, es construir una "Humanidad" según los propios intereses, sin haber escuchado y asumido previamente las palabras de los Humanos. 

Construir en la arena podría evocar aquellos juegos en la playa donde, sobre todo los niños, hacen sus fantásticas construcciones, que desaparecen cuando llegan las olas. Construir en la roca podría evocar aquellas construcciones hechas cortando directamente la roca, frecuentes en Palestina y famosas en la Capadocia (y que podemos admirar también en Guadix, junto a Granada), tan sólidas y que tan bien protegen del frío y del calor; del viento y de la lluvia, e incluso de los terremotos.  

Así, pues, escuchar y cumplir las palabras de Jesús, es escuchar y cumplir las palabras de la Humanidad, la cual, para la mayoría de nosotros, comienza con la propia familia, los vecinos de casa, el propio barrio, la propia ciudad, el propio país… Comporta trabajar para la convivencia desde el respeto a la iniciativa de todos. 

El evangelio de hoy constituye una denuncia de todos los dictadores, desde los más groseros a los más sutiles; de todos aquellos que pretenden "construir" pueblos o comunidades imponiendo las propias ideas, aunque sean buenas. El mal de los dictadores no está necesariamente en sus ideas o proyectos sino en el dominio con que las imponen. 

También en la Iglesia existe el peligro de imponer los propios programas decidiendo cómo deben ser las comunidades, señalando quien pertenece a una o a otra, qué diseños deben seguir, quien las ha de presidir, como deben funcionar…"Jesús llamó a los discípulos y les dijo:«Sabéis que los gobernantes de las naciones las dominan como si fueran los amos…Pero entre vosotros no debe ser así " (Mateo 20, 25). 

¡Cuánta construcción en la arena! ¡Cuanto lenguaje religioso sin cumplir la voluntad del Padre del cielo sino la propia! "… en tu nombre profetizábamos y sacábamos demonios y hacíamos muchos milagros… Pero yo les diré claramente: No os he conocido nunca. Apartaos de mí, vosotros que obráis el mal". 

MENSAJE

El Hombre, creado a imagen de Dios, es también creador. O mejor: constructor. Pero su construcción sólo es válida si se hace en la roca de la Humanidad. Escuchar a la Humanidad y hacer Humanidad. Todo otro intento sería construir en la arena. 
RESPUESTA

En la actualidad no es fácil escuchar a la Humanidad. Tenemos tendencia a hacer grandes proyectos de cómo debe ser el mundo, pero sin escuchar realmente al mundo. Muchos se hacen portavoces de la comunidad, sin darse cuenta de que así están enmudeciendo a la comunidad. ¿Tan incapaces de hablar son nuestras comunidades, que necesitan que alguien hable por ellas?

Cada vez que no escuchamos la voz del Hombre tenemos el peligro de sustituir la voluntad de Dios por la nuestra. Caemos en la tentación de convertirnos en "pequeños dioses" para los demás. Según la Biblia, este es el pecado original que aparece ya en los orígenes de la Humanidad: "La serpiente replicó (a los primeros humanos): “No, ¡no moriréis! Dios sabe que, si un día comierais, se os abrirían los ojos y seríais igual como los dioses, conoceríais (decidiríais) el bien y el mal" (Génesis 3, 4). El relato bíblico se refiere a comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, un fruto venenoso para los humanos de todos los tiempos, pero que todos pretendemos "comer" para dictar a los demás qué está bien y qué está mal. 

La estructura jerarquizada en la que han caído nuestras comunidades, ¿no es un ejemplo dramático de construcción en la arena?

PREGUNTAS para el diálogo

Estas preguntas no pretenden hacer descubrir la respuesta "correcta" sino simplemente provocar un diálogo que ayude cada participante a ir construyendo su respuesta. Puede haber varias respuestas correctas.
  1. En vuestra opinión, las comunidades de la Iglesia, y en concreto la vuestra, ¿están construidas, en mayor parte, en la roca o en la arena? ¿Que se derrumben las comunidades "edificadas en la arena", es realmente un mal?
  2. La Iglesia no puede ser democrática porque la democracia es una manera de legitimar el Poder, y en la Iglesia no debe haber Poder. En vuestra opinión, ¿qué formas de organización podrían darse a sí mismas, las comunidades cristianas?
  3. ¿Los medios de comunicación actuales son adecuados para ayudarnos a oír la voz del mundo?¿En qué sí, en qué no? 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: