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martes, 22 de febrero de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VIII DE ORDINARIO. CICLO A

Se entiende fácilmente que no podamos servir a dos señores a la vez. Quizá también se entiende que no podamos servir a Dios y las Riquezas, aunque es Dios quien nos ha ofrecido los bienes del Universo. En cambio, deducir de ello que no nos tengamos que inquietarse por la vida porque nuestro Padre celestial sabe muy bien las necesidades que tenemos, parece un poco exagerado. Y más cuando los hechos demuestran lo contrario. ¿No nos dicen los informativos que diariamente mueren de hambre miles de personas?¿Cómo se puede decir "no os pongáis nerviosos pensando qué comeréis, o qué beberéis, o cómo os vestiréis" si cientos de niños están muriendo a causa del hambre o de catástrofes naturales? ¿Tan poco atento está, Jesús, al fracaso de tantas vidas?!

La contradicción entre la propuesta de Jesús y la experiencia de cada día es tan evidente y trágica, que bien podemos pensar que todo esto debe tener algún otro significado. De hecho, el mismo evangelio expresa esta contradicción cuando nos presenta a Jesús en la Cruz clamando: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"(Mateo 27,46).

¿Qué nos quiere decir el evangelio de Mateo cuando pone en boca de Jesús unas palabras que serán contradichas tan crudamente por otras?

Los evangelios Sinópticos nos presentan a Jesús experimentando el hambre ya desde el comienzo de su vida pública, después de cuarenta días de ayuno en el desierto. Ante esta situación, el diablo le hace la propuesta más lógica y sensata: Convierte estas piedras en panes "(Mateo 4,3).

Esto es precisamente lo que hacemos cada día los humanos con nuestro trabajo: de las piedras hacer panes. La misma Biblia nos lo impone como una sentencia: "Te ganarás el pan con el sudor de tu frente", es decir: trabajando la tierra (Génesis 3,19).

Pero el evangelista pone en boca de Jesús una respuesta sorprendente a esta propuesta del diablo: "El hombre no vive sólo de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". ¿Qué quiere decir, esto? ¿De qué “vivir” se nos está hablando? La "palabra de Dios" se puede considerar realmente un alimento para nuestro hambre?

Reflexionemos un poco.

Los humanos no podemos simplemente "vivir". Sentimos la vida como fuerza, capacidad, acción, creatividad… Por eso, para los humanos, vivir significa "vivir para". Sólo "vivir", nos provocaría un aburrimiento mortal. Vivir de verdad es "vivir para". Esto hace posible que nuestra vida no sea un simple don recibido sino también una creación propia.

¿Para qué podemos vivir?

La respuesta más primaria e instintiva a esta pregunta es: vivir para vivir.Es decir: dedicar su vida a "ganarse la vida".

Pero la experiencia de cada día nos dice que vivir para vivir es un círculo cerrado que, además, siempre acaba rompiéndose. "Nadie es capaz de alargar, ni un minuto, el tiempo de su vida". Quizás sí que podemos manipular un poco nuestra fecha de caducidad desconocida, pero nunca podemos controlarla del todo o evitarla…

Ante este hecho, el evangelio nos hace otra propuesta: Vivir para el Reino.

¿Es buena una propuesta como esta? ¿No convierte nuestra vida en un simple medio para otra cosa? ¿No va contra nuestra dignidad? ¿La vida, no es la cosa más valiosa, tanto que no debe estar al servicio de nada, sino al contrario, todo debe estar al servicio de la vida?

Cierto: la vida es la cosa más valiosa, y no debe ser medio para nada. Ella es un fin en si misma. Pero nuestra vida no comienza en plenitud. Empezamos débiles, pequeños y desvalidos. La vida en plenitud nos queda en el horizonte. Es una llamada, una invitación, y también una búsqueda.

El Reino es el camino de la Plenitud, un Reino que no es exterior a nosotros sino que lo logramos en la medida que lo construimos. En la medida que construimos el Reino se va convirtiendo en el ámbito vital donde nuestra vida particular puede "vivir", y vivir en plenitud. "Vivir para el Reino" es como construir la propia casa (próximo domingo).

Vivir para el Reino tiene dos consecuencias importantes:

a) Nos libera de la desazón que comportaría vivir para vivir, entendiendo esto como el esfuerzo para superar la pequeñez y la inseguridad iniciales, confiando sólo en nosotros mismos.

b) En el Reino, nuestra vida individual se incorpora a la vida en plenitud, que tiene forma de comunidad. Pasando del yo al nosotros, no se pierde el yo. Al contrario: el yo encuentra su plenitud en el nosotros, como cada uno de nuestros huesos sólo puede vivir dentro del conjunto del cuerpo.


MENSAJE

No hay desconocimiento de la realidad en las palabras de Jesús. Al contrario: sus palabras son y quieren ser una buena noticia precisamente para todos aquellos que, como Jesús mismo, "pierden" o "han perdido" la propia vida por el Reino. En el Reino encuentran su apoyo pleno y seguro. Descubren que la suya no es una vida perdida sino dada, y que la vida dada vive en la VIDA. Darse es la manera normal y espontánea de vivir. Sólo un rechazo explícito de darse puede situarnos "al margen de la VIDA" que a todos se nos ofrece. Esto quiere decir que también la vida de quienes no han llegado a la capacidad de decidir sobre ellos mismos, no se ha separado nunca de la fuente de la vida, y por tanto de ninguna manera quedan fuera de la plenitud.

RESPUESTA

Vivir para el Reino conlleva no preocuparse por la propia vida sino por la vida, que se nos hace "encontradiza" sobre todo en la vida de los demás. Podría parecer que sólo se sustituye una desazón por otra. Pero en todo caso se trata de dos "preocupaciones" totalmente diferentes:

- La inquietud por la propia vida nace del miedo y de la inseguridad, y de la constatación creciente de que mantener nuestra vida no está en nuestras manos.

- La inquietud para los demás nace del amor hacia los demás y hacia la Vida. Incluye la Paz que nace de la certeza del Proyecto de Dios. El clamor de Jesús en la cruz "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? "Proviene de su sintonía con todos los oprimidos. Jesús hace suyo el clamor de los oprimidos, y lo presenta al Padre como una oración que tiene efectos inmediatos: … El centurión, viendo todo lo que había pasado, decía: realmente este era hijo de Dios (Mateo 27,54).

PREGUNTAS para el diálogo

Estas preguntas no pretenden hacer descubrir la respuesta "correcta" sino simplemente provocar un diálogo que ayude cada participante a ir construyendo su respuesta. Pueden haber varias respuestas correctas.
  1. ¿Vivís inquietos? ¿Habéis examinado alguna vez la verdadera causa de vuestras inquietudes? ¿Valen realmente la pena?
  2. Si habéis repetido alguna vez el grito de Jesús en la cruz ("Dios mío, por qué me has abandonado"), ¿lo habéis hecho como una oración confiada o como una acusación?
  3. ¿Recordáis alguna ocasión concreta en que, en vuestra opinión, sentisteis la presencia amorosa de Dios? ¿Habéis pensado en ello, alguna vez?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: