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martes, 26 de abril de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO II DE PASCUA. CICLO A.

DOMINGO II DE PASCUA.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.


Nota:
El evangelio de hoy es el mismo para los tres años del ciclo litúrgico. Por ello, sobre su lenguaje, puede encontrar otros apuntes a Año B y Año C.
Si tuviéramos que resumir el Evangelio y la 1ª Lectura de hoy en una sola palabra, ésta sería comunidad (En griego: iglesia). 
La palabra comunidad está muy de moda, pero tiene diferentes significados que pueden ser, incluso, opuestos. De hecho, al parecer, los primeros cristianos usaron la palabra "iglesia" ("comunidad") para diferenciarse de otra "comunidad" que terminó siéndole contraria: la sinagoga. "Sinagoga" y "iglesia" significan prácticamente lo mismo, pero, poco después de los inicios, eran usadas por los cristianos con significados completamente distintos. 
La palabra comunidad puede tener dos significados fundamentales:
A) Tener en común.
Son comunidad aquellas personas que tienen en común algo. En este caso la comunidad suele ser anterior a los miembros que la forman, y es independiente de ellos. Así, cada ser humano, por el simple nacimiento, entra a formar parte de comunidades ya existentes, que le darán la identidad: familia, pueblo, país, ámbito cultural y religioso… Podríamos decir que el flujo vital de estas comunidades va de arriba hacia abajo, de la comunidad al individuo. Si se trata de una comunidad organizada jerárquicamente, el individuo que forma parte es a la vez miembro y súbdito, a no ser que entre a formar parte de la propia jerarquía. El caso más evidente serían los Estados. 
B) Poner en común. 
También son comunidad aquellas personas que deciden libremente poner en común lo que tienen y, sobre todo, su propia vida. 
En este caso, la comunidad viene después, y depende de la libre decisión de los miembros que la forman. Su flujo vital va de los individuos a la comunidad; de abajo hacia arriba. Si la comunidad está organizada jerárquicamente, la autoridad es consecuencia exclusivamente de un encargo de los miembros y tiene exclusivamente forma de servicio. Por eso en esta clase de comunidades no hay nunca súbditos sino sólo servidores mutuos. El matrimonio, tal como se entiende en la actualidad entre nosotros (al menos teóricamente!), podría ser un buen ejemplo de esta segunda forma de hacer comunidad. 
La 1ª Lectura de hoy da a entender que las comunidades cristianas corresponden a este segundo modelo expuesto, aunque la descripción que se hace corresponde a una comunidad ideal. Seguramente las comunidades reales no eran tan "bonitas". Hacer comunidad según este modelo requiere una maduración constante y progresiva en cada uno de sus miembros, y no es fácil de conseguir, como la experiencia de cada día deja bien claro. 
También el evangelio, con un lenguaje diferente, nos propone esta segunda forma de comunidad. La expresión "Recibid el Espíritu Santo" es muy fuerte. El Espíritu Santo, es decir, el flujo vital, está en cada miembro. No de arriba hacia abajo sino que se instala abajo y capacita a cada miembro para obrar con iniciativa y responsabilidad en la tarea común. 
Jesús había dicho a sus discípulos: "Vosotros me llamáis maestro y señor, y lo soy". Con la donación del Espíritu Santo, Jesús derrama en cada discípulo este "ser maestro y señor", lo que conlleva la misión de servir (Juan 13, 3 ss. Lavatorio de los pies). El servicio es siempre el mismo: hacer humanidad, o dicho al revés: neutralizar las fuerzas deshumanizadoras. "Perdonad los pecados". 
El Espíritu Santo no se puede recibir como un don a poseer o como un bien a conservar. El Espíritu es fuerza, es dinamismo. El Espíritu se recibe como el molino de viento recibe la marinada, como la flauta recibe el soplo, como la bombilla recibe la electricidad. 
La situación de Tomás es un ejemplo concreto de ello: cuando no hace comunión, no ve a Jesús ni recibe su Espíritu, cuando hace comunión, ve a Jesús y recibe el Espíritu que lo lleva a comprender y decir al "crucificado": "Señor mío y Dios mío". 
"Tomás" significa "gemelo". Gemelo de cada uno de nosotros que estamos invitados a creer sin haber visto, siempre que no seamos tan exigentes como nuestro gemelo, del que Jesús critica precisamente que haya exigido ver primero para creer después. 
"Creer sin haber visto" supone saber que hemos recibido el Espíritu de Jesús, sin necesidad de meter el dedo en el agujero de los clavos, o de comprobar de antemano que los crucificados del mundo son vivientes

MENSAJE
Recibir el Espíritu Santo conlleva un cambio radical en la forma de ser comunidad. En el lenguaje que he usado antes, diríamos que conlleva pasar de la 1ª forma de comunidad en la segunda
Imaginemos una familia. Nace un hijo. Desde el primer momento este hijo forma parte de la comunidad familiar. Pero el hijo crece, y llegará un momento en que se sentirá impulsado y capacidad para poner en común su vida con alguien con quien formará otra clase de comunidad. Para el hijo, esto conlleva el paso de una comunidad no decidida a una comunidad voluntaria, libre y liberadora. 
Recibir el Espíritu conlleva recibir la capacidad de hacer comunidad desde la propia libertad e iniciativa. 

RESPUESTA
Parece que la Iglesia católica, nuestra iglesia, se ha solidificado excesivamente. Tiene tanta importancia la estructura, la historia, la jerarquía, la doctrina… que se hace difícil "hacer comunidad". Constantemente se nos recuerda que "somos comunidad" por todo lo que tenemos en común. Es una comunidad ya hecha, preexistente, decidida con anterioridad, jerarquizada… Con una jerarquía que viene "de arriba", que se reserva la exclusividad de la iniciativa, única "fuente" del flujo vital. Nuestra Iglesia actual se parece extraordinariamente a la Sinagoga del tiempo de Jesús. 
Quizá no vale la pena perder el tiempo lamentando las situaciones equivocadas o pedir reformas estructurales. Quizás lo que hace falta es simplemente que cada uno comience (o continúe) a ser adulto, libre y liberador, recibiendo y poniendo en común los dones recibidos. Y es que en la Iglesia, aunque resulte difícil de aceptar, el flujo vital comienza abajo, y va de abajo hacia arriba, en el caso de que haya un "arriba". "Allí donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18, 30). Y También: "… vosotros no os hagáis llamar "rabino", porque de maestro solo tenéis uno, y todos vosotros sois hermanos "(Mateo 23, 8). 

PREGUNTAS para el diálogo
  1. A menudo se pide que la jerarquía haga reformas. ¿Hay algo o alguna razón que os impida comenzar estas reformas ya en vuestra comunidad? 
  2. En el evangelio, por tres veces, Jesús dice: "Paz a vosotros". ¿Cómo lo entendéis, esto: como un deseo de Jesús, como un don o como un mandamiento?
  3. Según los Evangelios, está claro que el Espíritu Santo nos llega por Jesús. ¿Se puede interpretar esto como si el Espíritu nos viniera "de arriba"?Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)

miércoles, 20 de abril de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO DE RESURRECCIÓN. Ciclo A.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 

Nota.
Puede ver también otros comentarios a los APUNTES correspondientes del Año B y del Año C .
Como todo el Evangelio de Juan, también el relato de la experiencia del Crucificado–viviente tiene dos niveles de lenguaje: uno superficial, sorprendente e increíble, tan absurdo que mueve al lector a buscar y descubrir otro nivel profundo que, cuando se descubre, resulta extraordinariamente humanizador. Es un lenguaje esencialmente simbólico.
El lenguaje simbólico es entendido de forma distinta para cada persona que lo recibe, ya que cada persona debe completarlo desde su propia experiencia. Es, por tanto, un lenguaje también subjetivo.
¿Cómo es el lenguaje subjetivo?
Imaginemos un enchufe cualquiera de nuestra casa: si conectamos una bombilla, hace luz; si conectamos un ventilador, hace aire; si conectamos una nevera, hace frío; si conectamos una estufa, hace calor … La electricidad es siempre la misma, pero sus efectos dependen del aparato que conectamos.
Así también, el mensaje de la resurrección tiene efectos diferentes según el sujeto que lo recibe. Es una buena noticia, pero puede entenderse también como un absurdo, un engaño, un problema …; incluso puede ser visto como una noticia peligrosa, ¡que hay que prohibir severamente!
A partir de la muerte de Jesús, los diferentes evangelistas continúan el relato de formas muy diversas. Cada evangelista se expresa con el lenguaje de su entorno y según las vivencias de su Comunidad. Con estos relatos no nos quieren decir aquello que pasó materialmente con el cadáver de Jesús. Esto ya lo podemos imaginar desde la experiencia del día a día. Lo que pretenden los diferentes relatos evangélicos es hacernos descubrir y celebrar la realidad más profunda de la vida humana: que la vida–entregada no se pierde sino que "se enchufa" en la VIDA misma de Dios.
… El pañuelo estaba atado al "lugar" …
En el relato de hoy hay un "detalle" extraño. Se dice que la sábana de amortajar estaba aplanada; es decir: no había ningún cadáver debajo. En cambio el pañuelo que ataba la cabeza no estaba aplanado sino que continuaba lleno, atando un "lugar" (Nótese que la traducción que nos ofrece el Misal es bastante deficiente en este punto cuando habla del "mismo" lugar. "Mismo" es un añadido).
¿Qué "lugar"?
Según algunos comentaristas (Evangelio de Juan, de J. Mateos y J. Barreto. Pag. 848), "lugar" era una palabra usual entre los judíos para designar el templo de Jerusalén. De modo que el significado de este "detalle" sería que el sudario mortuorio con el que se había pretendido atar la "cabeza" de Jesús, ahora ataba el templo. Es decir: la resurrección de Jesús muestra que lo que está muerto de verdad es la "cabeza" de la institución que le condenó: el templo. Los grandes sacerdotes, condenando a muerte al Hombre, han provocado la muerte de su propia institución.
"… Debía resucitar de entre los muertos".
"Hasta ese momento no habían entendido que, según las Escrituras, Jesús debía resucitar de entre los muertos". Ahora, el discípulo amado ya lo ha entendido; Pedro aún no.
No hay resurrección sin pasar por la experiencia de la muerte. Esto no debe entenderse como un inconveniente. Si "resurrección" es "vida plenamente entregada", no es ningún inconveniente alcanzar esa plenitud. Lo descubrimos en la vida de cada día: disfrutamos de la vida sobretodo cuando la entregamos (cuando actuamos por amor). "Quien busca su vida, la pierde". Lo dice el Evangelio, pero es también una experiencia común. La vida se vive entregándola, y sólo desde una "vida que se entrega" ("que va muriendo") es posible tener la experiencia de una vida plena (Resurrección).
El simbolismo del "sepulcro vacío" no nos debe hacer creer como si el cuerpo físico de Jesús "recuperara" la vida que había entregado. La resurrección no es lo contrario de la muerte, como la muerte no es lo contrario de la vida. Para nosotros, el cuerpo físico es la muestra de una "vida obtenida"; pero, cuando se trata de una "vida entregada", sólo la comunidad de los que la "reciben" puede servirle de "cuerpo".
Por la comunión, todos los humanos formamos una única gran comunidad que incluye también, evidentemente, a todos aquellos que nos han precedido, y de los que hemos recibido la vida que tenemos. Ellos ya son "vida entregada". La resurrección de Jesús no tiene un significado puramente individual sino también y sobretodo representativo: representa la vida entregada de todos los que nos han precedido. Así Jesús se convierte en "el hijo del Hombre", cabeza de la vieja y de la nueva Humanidad. Como hijo del Hombre, él acoge el amor creador de Dios, y, respondiendo filialmente, lleva toda la Vida Humana en la Plenitud.
MENSAJE. 
"Yo no creo en la resurrección de la carne", nos dijo una vez una buena compañera que suele participar en la misa. Ella daba por supuesto que, diciendo esto, estaba negando una de las creencias más comunes de la Doctrina cristiana. Pero otra compañera le contestó: "Eso que tú no crees, los demás tampoco lo creemos".
La expresión "Resurrección de la carne" se ha convertido en poco adecuada para expresar aquello que los Evangelios nos quieren decir cuando hablan de la resurrección. En realidad, ningún lenguaje no es del todo adecuado. Pero, hablando de ello, podemos ayudar a encontrar palabras y expresiones que nos lleven a entenderlo cada día un poco mejor. Vamos comprendiendo la VIDA en la medida en que vivimos y crecemos. Y este crecimiento en la comprensión nos va cambiando también el lenguaje. El lenguaje es fundamental, pero hay que ir renovando al ritmo de nuestro crecimiento personal y de la evolución de la Sociedad.
RESPUESTA. 
"Mujer, ¿por qué lloras?", Pregunta Jesús a María Magdalena.
Hay mucho llanto en la Humanidad. Y son muchos los intentos por apaciguar ese llanto. Como discípulos de Jesús, nuestra forma de ayudar a apaciguar tanto llanto es vivir y anunciar a todos aquello mismo que tanto "consoló" a María Magdalena: "He visto al Señor". Es como si dijera: "He descubierto que la vida humana tiene horizonte de plenitud, y vale la pena dedicarse a su realización. Todo el mundo está invitado, y el éxito está asegurado por el propio Dios".
Nuestra Iglesia, con sus dos mil años de historia, ha ido acumulando mucha costra: artes, lenguajes, ritos, dogmas, papeles, fiestas, templos, vestiduras, … Muchas cosas que quizá podrían servir para hacer un buen museo, pero que hoy a menudo son obstáculo para sacar adelante el "trabajo" que se nos ha encomendado.
“¡Lázaro, sal fuera!", gritó Jesús a su amigo. “¡Iglesia, sal fuera!", Gritan una infinidad de personas en la actualidad. Hay mucha más fe de la podría parecer; una fe que pide crecer, hacerse adulta, liberada y liberadora.
Quizá no hay que perder tiempo desmontando viejas carcasas. Los apóstoles, una vez convertidos, no se dedicaron a reformar el templo. "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios", había dicho Jesús a uno a quién había invitado a seguirle (Lucas 9,60).
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Seguramente sin pretenderlo, los medios de comunicación están consiguiendo poner de moda la muerte. Si creéis en la vida, ¿habéis pensado en reaccionar de alguna manera? ¿De cual?
  2. El mensaje de la resurrección puede ayudarnos a entender esta crisis de la que tanto se habla, y dar respuestas válidas? ¿Cuáles podrían ser, según vosotros, estas respuestas válidas? ¿O quizás no tiene nada que ver una cosa con la otra?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)

lunes, 18 de abril de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. TRIDIUM PASCUAL. CICLO A



INTRODUCCIÓN general.
Los tres días del Tridium Pascual están pensados, litúrgicamente, como una única celebración. Por ello, al comienzo de la celebración del Jueves se da la bienvenida a los reunidos, y no son despedidos hasta el final de la celebración del Sábado. En medio, no hay ningún otro saludo de bienvenida o de despedida.
Considerar los Tres Días (Tridium) como una sola celebración tiene un significado importante: los tres momentos constituyen una única "acción" de Jesús.
La celebración del Jueves interpreta y muestra el significado profundo de aquello que ocurrirá el viernes: la crucifixión y muerte de Jesús. "Nadie me quita la Vida; yo la doy libremente". En la mesa de la Santa Cena, la vida entregada de Jesús se convierte en alimento (pan y vino) ofrecido a quien quiera alimentarse de ellos. La Santa Cena expresa ritualmente aquello que constituye la esencia misma de la vida: entregarse como alimento.
No es que el pan y el vino se conviertan en el Cuerpo de Jesús, sino que es Jesús quien se convierte en "pan y vino" para entregarse como alimento. No es ninguna acción milagrosa, ni exclusiva de Jesús; al contrario: es el camino de toda vida que quiera convertirse en auténticamente humana: "Haced esto en memoria mía". Lo saben muy bien los que son padres (y todos los que aman de verdad): todos ellos, cuando están en la mesa con sus hijos, también podrían tomar el pan y, enseñándolo a los hijos, decirles: "Esto es nuestra vida que vamos gastando por vosotros".
El Viernes, lo que se ha celebrado ritualmente, es vivido de forma real y efectiva en la Cruz. "Sin saber lo que se hacían", quienes han crucificado a Jesús y le han matado, han hecho visible para todos la realidad de la vida entregada plenamente. Los evangelistas presentan lo que ocurrió en el Calvario como un gran "espectáculo": un "espectáculo" visible para todos. Y en este "espectáculo" Jesús está acompañado por otros dos condenados, que representan a los miles y miles de "crucificados" de toda la Historia de la Humanidad. Su muerte, a la luz de la muerte de Jesús, ya no debe ser vista como una vida perdida sino como una vida entregada, acogida por las manos vivificadoras de Dios. Este es el núcleo de la fe cristiana.
El Sábado, celebramos explícitamente esta nuestra fe y nos asociamos a ella. La vida entregada se conecta a la propia Vida de Dios. Por eso precisamente no es una vida perdida.
La Vigilia Pascual es rica en símbolos de vida–que–vive–entregándose: la Luz, el Agua, el Pan y el Vino. Pero lo más importante es la comunidad.
Una vida entregada no cae en el vacío. Son multitud los que, explícita o implícitamente, la reciben como alimento de su propia vida, convirtiéndose, también ellos, en alimento para los demás. La comunidad se convierte en el cuerpo que muestra la vida entregada, empezando por la de Jesús. Él es la "cabeza del cuerpo" (Efesios 5,23).

Así, pues: tres días, pero una única celebración: celebramos que la vida vive entregándose, y así entra en la dimensión divina.












JUEVES SANTO - CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
COMENTARIO AL JUEVES SANTO.
(Podéis ver otros comentarios hechos para el año B ).
La Santa Cena, en los diferentes evangelios, se desarrolla en un clima tenso: aunque sea en un marco de gran serenidad, se respira aire de tragedia.
Se contraponen dos situaciones opuestas: por un lado Jesús, del cual el evangelista dice: "Él, que siempre había amado a los suyos en el mundo, ahora les demostró hasta qué punto les quería"; por el otro lado Judas, del que se dice que "cuando el diablo había puesto en el corazón de Judas, hijo de Simón, la resolución de traicionar a Jesús …".
El relato se centra en el lavado de los pies que, a pesar de ser un signo claro, Jesús siente la necesidad de explicarlo para insistir. Se pone en evidencia la falta de sintonía entre Jesús y sus discípulos, representados por Pedro. «Ahora no entiendes lo que hago; lo entenderás después».
El lavado de los pies manifiesta servicio amoroso. Pedro rechaza recibir este servicio de aquel a quien considera su maestro y señor. Para Pedro, "servidor" y "señor" se contraponen. Para Jesús, se identifican. Sólo juntando "señor" y "servicio", encontramos al Padre. "Jesús, consciente de que el Padre le había dejado en las manos todas las cosas, consciente de que venía de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ciñó una toalla” de servidor. Luego, retoma el manto de señor.
Os he dado ejemplo …
Jesús nos indica que en las relaciones humanas señor y servidor también deben ir juntos. "Servir" y "ser servido". Quien lo separe, no puede ser discípulo de Jesús. «Si no te lavo (los pies), tú no eres de los míos». La sentencia de Jesús tiene un doble sentido:
  1. Es necesario que Pedro acepte que su "maestro y señor" sea también servidor suyo.
  2. Pedro necesita ser lavado de pies.
¿Qué ocurre con los "pies"?
Los discípulos ya están limpios (excepto Judas). Pero los pies, según cuáles sean los caminos, se llenan de polvo y se ensucian especialmente.
Pedro, a pesar de ser discípulo de Jesús, no sigue el camino de Jesús. El camino que aún está siguiendo Pedro es extremadamente embrutecedor. En realidad, es un camino que va en dirección opuesta al de Jesús. El camino de Jesús realiza al Hombre; el camino de Pedro niega al Hombre y le hiere. El evangelio de Juan hace notar explícitamente que "entonces Simón Pedro sacó una espada que llevaba y de un golpe cortó la oreja derecha al criado del sumo sacerdote" (Juan 18,10. También 18,17).
En el evangelio de Juan, Pedro no seguirá el camino de Jesús hasta que, comprobando el mal resultado de sus propios caminos, estará preparado para recibir de Jesús la indicación pertinente: "Sígueme" (Juan 21,19).

Aceptar que Jesús nos lave los pies conlleva cambiar la decisión sobre nuestro camino. "Cuando eras joven te vestías tú mismo e ibas donde querías, pero cuando seas viejo extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras” (Juan 21,18).






VIERNES SANTO - CICLO A.
Por Cerezo Barredo
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COMENTARIO AL VIERNES SANTO.
(Podéis ver otros comentarios hechos para el año B ).
La liturgia de hoy nos sitúa ante el "crucificado". Y no un crucificado hace dos mil años sino ante los miles y cientos de miles de crucificados de todos los tiempos.
Quizás nuestra liturgia tiene poco en cuenta este hecho. Queda muy centrada en la Pasión de Jesús como hecho que recordamos. Todo puede quedar en un simple rito: hoy recordamos la muerte, y mañana celebraremos la resurrección. Podría parecer un juego.
Pero la celebración del viernes no es un juego, ni un simple rito ni un simple recuerdo. Jesús es el Hombre, y la pasión del Hombre desgraciadamente no ha terminado sino que continúa presente en cada ser humano juzgado y condenado. Pero digamos enseguida que tampoco se ha terminado la resurrección.
Esta dimensión abierta en el tiempo y en el espacio viene claramente sugerida por un "detalle" que ponen todos los evangelios y que demasiado a menudo descuidamos: Jesús es crucificado junto con dos condenados más.
Es posible que también nosotros, en algunas situaciones, nos sintamos juzgados, condenados o atormentados. Con todo, debemos ser conscientes de que, cuando se trata de nosotros mismos, es fácil equivocarse. Los psicólogos hablan del "complejo de perseguido". Es un complejo bastante frecuente.
En caso de una persecución real, el ejemplo de Jesús señala el camino a seguir. "Padre: perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lucas 23,34). O lo que anota Mateo: "Jesús, volvió a gritar con toda la fuerza, y expiró" (Mateo 27,50). Este "gritar" y "expirar" tienen un sentido pleno: significa dar la vida por completo, hasta el último aliento; hasta la última brizna de vida. El evangelio de Juan nos dice lo mismo con una expresión aún más gráfica: un lanza abrió el corazón de Jesús y enseguida salió sangre y agua (Juan 19,34). Son descripciones elocuentes para poner de manifiesto el significado de la muerte de Jesús: Jesús se entrega incluso a quien quiere venderlo (Juan 13,26).

Vivida desde Jesús, la vida entregada constituye su resurrección; vivida desde nosotros, esta vida entregada puede ser acogida; así nace la comunidad. En la comunidad, el Resucitado se hace de tal manera presente y visible que San Pablo puede escribir a los cristianos de Corinto: Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro (1ª Corintios 12,27). Y también: Ya no vivo yo; es Cristo quien vive en mí (Gálatas 2,20).









VIGILIA PASCUAL - CICLO A.
Por Cerezo Barredo
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INTRODUCCIÓN AL SÁBADO SANTO.
(Podéis ver otros comentarios hechos para el año B ).
El grano de trigo se ha hecho espiga. La vida entregada se ha convertido en comunidad.
En el modo judío de entender el tiempo, el día termina con la puesta del sol. El gran reposo (Sábado) terminó al ponerse el sol, y comienza una nueva semana. Comienza en plena oscuridad, y el Resucitado será la nueva luz, como en el primer día de la Creación: "Que se haga la luz" (Génesis 1,3).
La Comunidad es convocada por la chispa que sale de la piedra, o por la llama que sale de la brasa. Se enciende el Cirio Pascual, y su luz se va repartiendo entre los reunidos, y se canta un himno a la Luz y a la Vida.
La vigilia pascual es rica en símbolos. Después del Himno a la Luz se leen unas cuantas Lecturas. Aparte de lo que dice cada Lectura, su conjunto quiere sugerir que la obra de dios tiene forma de historia: comienza desde la nada, desde la oscuridad, desde el caos …, y camina hacia la Vida, y llega hasta la Libertad. Con la Libertad nace la posibilidad de respuesta y de diálogo; y de aceptar la oferta de Dios: ser hijos en el Hijo.
COMENTARIO AL SÁBADO SANTO.
Ninguno de los cuatro evangelios narra explícitamente la resurrección de Jesús como un momento distinto al de su muerte. Muerte y Resurrección coinciden. En cambio, los cuatro evangelios narran la experiencia espiritual que en nosotros genera la muerte resurrecciosa de Jesús: el sepulcro vacío y su presencia como luz, fuerza, camino, horizonte,
La narración de Mateo, que tiene especialmente en cuenta el choque que la muerte resurrecciosa de Jesús provoca en la espiritualidad judía, tiene unas características propias:
  1. Hay un gran terremoto provocado por la acción del Ángel del Señor que había hecho rodar la piedra y se sentó en ella. Con el terremoto, Mateo conecta este momento con el de la muerte de Jesús, y con la apertura de los sepulcros de los justos (Mateo 27,51). La acción sorprendente del Ángel de sentarse sobre la piedra quiere indicar que esta piedra, que separaba el mundo de los vivos del mundo de los muertos, queda definitivamente sacada. Las dos mujeres son invitadas a comprobar que el sepulcro no "cierra" ningún cadáver.
  2. Mateo pone de relieve el contraste entre los guardas y las mujeres. Los valientes guardas quedan "como muertos de miedo"; en cambio, a las temerosas mujeres se les dice directamente: "No tengáis miedo, vosotras", y se muestran plenamente activas.
  3. El Ángel del Señor que se ha sentado sobre la piedra, ¿quién es en realidad? Sin decirlo explícitamente, la descripción que hace Mateo sugiere que es el propio Jesús. "Resplandecía como un rayo y su vestido era blanco como la nieve". Esta descripción nos recuerda el relato de la Transfiguración. "Su cara se puso brillante como el sol, y sus vestidos blancos como la luz” (Mateo 17,2). Pero María Magdalena y la otra María no estaban en la Transfiguración; por tanto, ahora no le reconocen directamente. Ellas buscaban un cadáver … Por ello Jesús mismo se humaniza para que puedan verle y experimentar su nueva presencia, de tal manera que "ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y le adoraron".
  4. "Abrazarse a los pies" manifiesta un amor que todavía no se ha liberado de un componente posesivo. Abrazar los pies conlleva también impedirles irse. El relato de Juan dice expresamente que Jesús indica a María Magdalena que le "suelte" porque él todavía no ha llegado a su término: el Padre. En cambio, en el relato de Mateo, Jesús no pide que le "suelten". Son ellas mismas quienes "tienen que ir" a decir a los hermanos (discípulos) que vayan a Galilea, y allí le verán; pero para cumplir esta misión no necesitan "deshacerse" de Jesús; al contrario: a ellas y a ellos ya no les faltará nunca más su "presencia". "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mateo 28,20).
  5. ¿Galilea? ¿Por qué los discípulos deben volver a Galilea para ver a Jesús? ¿Acaso no es visible también aquí, en Jerusalén? Si lo han visto María Magdalena y la otra María, ¿por qué no le pueden ver también ellos?
Repitámoslo una vez más: la experiencia de la resurrección de Jesús no es un hecho objetivo, puntual y comprobable en un lugar y en un momento concretos. Aquí los lugares y los momentos son usados como lenguaje para expresar un proceso que se da en el interior de cada persona. Es un proceso de humanización (como en las mujeres y los discípulos), pero que también puede ser de deshumanización (como en Judas y los guardas).
Cada ser humano tiene sus "lugares" y de sus "momentos" para humanizarse humanizando. "El que conmigo no recoge, desparrama", había dicho Jesús (Mateo 12,30). La resurrección del Hombre no se impone. Es una oferta. Aceptarla o rechazarla provoca en cada uno de nosotros visiones y experiencias totalmente diferentes.
También es posible "convertirse". Vivimos conviviendo. Esta convivencia es una llamada constante a pasar del yo al nosotros. Pero debemos estar muy atentos para no confundir el "grupo que nos posee" con el "nosotros" que podemos construir.
Los "Doce" (ahora "Once"), en el relato de Mateo (y también en el de Marcos, en su versión original), todavía no sintonizan con el Crucificado de Jerusalén. Tienen que volver a Galilea si quieren "ver" a Jesús (Mateo 28,16). Volver a Galilea, a la montaña indicada por Jesús, es como para un estudiante repetir curso. Nótese que Lucas o Juan, en este punto, usan otras formas de lenguaje.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)