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lunes, 11 de abril de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO DE RAMOS. CICLO A.

DOMINGO DE RAMOS - CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

DOMINGO DE RAMOS 

Los cuatro evangelios coinciden en hacer comenzar la Semana Santa con la proclamación de Jesús como "Rey mesiánico", es decir: como al Rey-libertador que esperan los Pueblos oprimidos. Con todo, hay una diferencia entre los relatos de los Sinópticos y el de Juan. 

En los Sinópticos, Jesús, proclamado Rey por el Pueblo, entra en la Capital. Lo hace montando un humilde pollino que estaba atado, y que, al poner al servicio del nuevo Rey, es desatado. Mateo habla de una asna y un pollino, destacando que la burra es un animal de carga. Esto le permite presentar este relato como el cumplimiento "de lo que había anunciado el profeta". Mateo además, con la expresión "animal de carga", insiste en presentar a Jesús como aquel que "carga sobre su lomo" la misión que Israel no había llevado a cabo hasta entonces. 

La insistencia en decir que el pollino (o la burra) estaba atado, y que el trabajo de los emisarios de Jesús era desatarlo, nos indica que se trata de un "detalle" especificado con toda la intención. Parece claro que aquí el pollino representa al Pueblo, que por unos momentos será "desatado", pero que enseguida volverá a la situación de antes porque no acoge la clase de libertad que Jesús le ofrece. 

En el Evangelio de Juan, es la multitud la que sale a recibir a Jesús. Jesús monta un pollino que ha encontrado. Se hace notar explícitamente el significado de este pollino según las Escrituras, a la vez que se hace notar que los discípulos no se dieron cuenta de este significado hasta después de que Jesús hubiera sido glorificado. 

Comienza la "semana" santa. 

Con este relato, más "religioso" que no "histórico", los cuatro evangelistas establecen una inclusión a través de la palabra "Rey". Esta palabra es el centro del relato de la Entrada de Jesús en Jerusalén, y la volveremos a encontrar "presidiendo" la escena de la Crucifixión, en forma de título sobre la Cruz: "El Rey de los Judíos" (Mateo 27, 37. Juan 19, 19). 

Esta inclusión enmarca la actividad de una semana, desde el domingo (primer día de la semana y primer día de la Creación. Génesis 1, 5) hasta el viernes (día sexto, día de la creación del Hombre. Génesis 1, 31). Después queda sólo el sábado, día de reposo. 

Este paralelismo entre la Semana de la Creación y la Semana Santa es muy significativo. Los cuatro evangelios sitúan la muerte de Jesús en el viernes (“día sexto "). Así nos quieren indicar que la realización del Hombre no termina hasta que llega el hombre-Jesús. En el hombre-Jesús, que da su vida (Juan 19, 30), podemos descubrir qué significa realmente que el Hombre haya sido creado a "imagen y semejanza de Dios". 



Relato de la PASIÓN, según San Mateo

La longitud del evangelio de hoy, la Pasión según San Mateo, supera las pretensiones de estos APUNTES, y también mi capacidad. Por eso, aquí comentaré sólo algunos de los episodios exclusivos de Mateo

El Evangelio de Mateo, escrito desde la experiencia de una comunidad cristiana formada sobre todo por judíos, está orientado también a dar respuesta a un problema religioso importante para los judeocristianos: ¿Es posible ser fieles a la Alianza de Dios con el Pueblo de Israel y ser a la vez discípulos de Jesús, teniendo en cuenta que este había sido rechazado y condenado por las autoridades religiosas judías? 

En el Evangelio de Mateo es precisamente Jesús quien mantiene y cumple, precisamente gracias a él, la Alianza. Es Jesús quien, cumpliendo plenamente la Alianza, hace posible que esta dé aquellos frutos para los que fue pactada. Por ello, de cada cosa que sucede, se dice que es "según decían las Escrituras". Lo más importante de estos frutos será la extensión de la Alianza a toda la Humanidad. 
La condena y muerte de Jesús no son consecuencia de ninguna infidelidad suya sino de la infidelidad de los Dirigentes del Pueblo, los cuales, en vez de ser servidores del Pueblo, se habían hecho sus dueños. Son ellos quienes desviaron al Pueblo, el cual así habría sido también culpable de romper la Alianza si no hubiera sido por la fidelidad absoluta de Jesús (Parábola de los vendimiadores homicidas. Mateo 21, 33 ss). 

Si Jesús es fiel a la Alianza y, por tanto, inocente de todo aquello de lo que le acusan, ¿cómo es posible que Dios haya permitido su pasión y muerte? ¿Tienen razón los sumos sacerdotes cuando le echan en cara: "Confiaba en Dios, que lo libere pues, si tanto le quiere, él que decía: Soy Hijo de Dios"? 

Que la Pasión y Muerte de Jesús (¡y de tantos otros!) hayan existido (y sigan existiendo) no significa que Dios lo permita. Aquello que Dios tolera es la acción injusta de los inhumanos. ¿Por qué lo tolera? El Evangelio de Mateo sugiere dos motivos: ofrecer a los inhumanos la oportunidad de humanizarse, y también porque la acción antihumana de los violentos no destruye a los justos, al contrario: más bien acelera su plena humanización. Es decir: la crueldad de los inhumanos catapulta a sus víctimas a la plena humanización. 

Esta afirmación puede parecer muy cínica. Ciertamente sería cínico pretender excusar la injusticia de los violentos diciendo que ofrecen a sus víctimas una ocasión para ser más virtuosas. Pero los Evangelios afirman con fuerza que este resultado sorprendente de la violencia, de ninguna manera la legitima ni la excusa. Al contrario: la condena de la violencia es absoluta, y se expresa con palabras duras puestas en boca del mismo Jesús: Al violento, si no se convierte, "más le valdría no haber nacido". 

El relato de la Pasión según Mateo "visualiza" este misterio en la actuación de "los Doce", representados por el primero y último de la lista: Pedro y Judas. Los dos son inhumanos porque niegan o traicionan al Hombre. Pero Pedro se convierte, en cambio Judas no, a pesar de reconocer su crimen.  

Remordimientos de Judas, y muerte.  

Parece claro que "Judas" (forma griega de Judá > Judaísmo) personifica aquellos Judíos que han rechazado al Mesías. 

Los Judíos son los herederos directos de las promesas de Dios. Pero, engañados por unas autoridades corruptas, han rehusado estas promesas. Judas "entrega" a Jesús; "entrega" la herencia. Este gesto tiene un doble significado religioso: por un lado manifiesta el rechazo de las promesas (el Reino) por parte de sus herederos más directos; por otro lado este rechazo provoca que la herencia (el Reino) pase a toda la Humanidad, la que, evidentemente, incluye también a los judíos que no se excluyan. (> Mateo 21, 33 parábola de los vendimiadores, que se lee el domingo 27 del tiempo ordinario A).
Judas, al ver las consecuencias de su acción, se arrepiente y devuelve las 30 monedas, declarando que ha entregado, o vendido, a un hombre inocente. Pero su arrepentimiento se queda corto: reconoce la inocencia de Jesús pero no acepta su bondad salvadora. Por eso no ve otra "salida" que suicidarse. 

Este final trágico puede ayudar a los judeocristianos a entender mejor su situación. "Judas se ha acabado". El rechazo de Judas, uno de los doce, no tiene salida. Jesús es el Inocente, y en él se han cumplido las promesas de Dios. La fe judía lleva a la comunión universal, que era el objetivo de la Alianza, previsto ya desde los inicios, y eso, por obra de Jesús. 

Por lo tanto, su opción de ser cristianos es buena, y viene demandada por su misma fe judía. 

¿Guardas para un sepulcro? 

La situación resulta realmente sorprendente. ¿Soldados para guardar un cadáver? 
Aprovechando habladurías que corrían entre los judíos, el evangelista utiliza el episodio de los Guardas para poner de relieve el punto más central de la fe cristiana. Las mismas Autoridades que han matado a Jesús se toman en serio su resurrección. Diríamos que "creen" más que los propios discípulos. Pero para ellos, que rechazan la universalización de la Alianza, la resurrección de Jesús constituye una mala noticia, e intentan esconderla como sea. Así, "comprarán" a los guardas para que mientan. "Los sumos sacerdotes se reunieron con los notables y tomaron la decisión de ofrecer mucho dinero a los soldados y darles esta consigna: “Haced circular que sus discípulos vinieron de noche y robaron su cuerpo mientras vosotros dormíais" (Mateo 28, 12). 

La mentira de los Guardas dará relieve a la verdad de la Resurrección. 

Pilatos se lava las manos. 

El rechazo de la herencia que han hecho los Judíos provoca que esta pase al resto de la Humanidad, es decir: a los Paganos. Pero los Paganos, representados aquí sobre todo por Pilatos, no son mejores que los Judíos. Pilatos "recibe a Jesús", pero, aunque le declara inocente (como también había hecho Judas), lo devuelve a los Judíos para ser crucificado. Él se lava públicamente las manos, siguiendo la indicación de su mujer: "No te metas con ese justo, esta noche, en sueños, he sufrido mucho por él". Esta intervención de la mujer de Pilatos hace que la injusticia de este no sea puramente individual sino que tenga también carácter representativo: Las autoridades paganas, como las judías, son responsables de la muerte del Inocente. 

Así pues, ni Judíos ni Paganos acogen a Jesús. Esto provoca su crucifixión: castigo pagano ejecutando una sentencia judía. Todos comentan una gran equivocación: Los Judíos "creen" en un Dios-Poder a favor sólo de ellos, los Paganos divinizan su propio Poder. Esto lleva unos y otros a ser inhumanos porque condenan al Inocente. ¡No son tan diferentes! Pilatos se lava las manos, que es un rito religioso judío. Los Judíos escogen como "libertador" a un "cautivo" (Barrabás) que les es ofrecido por aquel mismo que les esclavizaba. Todo el asunto no pasa de ser un juego macabro. 

En este juego macabro, Mateo pone un detalle, portador de esperanza: a la pregunta de Pilatos sobre qué debe hacer con Jesús, llamado Cristo, el Pueblo da una respuesta ciertamente cruel, pero que, a la vez, es una plegaria que anuncia la eficacia de la acción de Jesús sobre el Pueblo. Aquí la traducción que ofrece el Misal no es del todo correcta. Dice el Misal: "Que la responsabilidad de esta sangre caiga sobre nosotros…". Pero la expresión del Evangelio es: "Que su sangre caiga sobre nosotros y nuestros hijos". El evangelista quiere que, más que en la responsabilidad, nos fijamos en los frutos de la pasión y muerte de Jesús. 

En el lenguaje de los Evangelios, Jesús es el Cordero pascual, cuya sangre era liberadora y purificadora. Precisamente porque Jesús es judío, su muerte como judío realiza y visualiza la fidelidad de todo su Pueblo. Esto es lo que muestra el sorprendente rótulo puesto en la cruz: "Jesús el Nazareno, rey de los judíos". Por la fidelidad del judío Jesús, la Alianza que Dios hizo con el Pueblo de Israel ha cumplido su finalidad. Ahora puede empezar una "nueva Alianza" ofrecida a todos, como ha indicado el mismo Jesús a los Doce: "Bebed todos, que esto es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos los hombres para el perdón de los pecados". Esta nueva alianza perdona el pecado de los judíos, porque Jesús es "el Judío", y perdona el pecado de (todos) los humanos porque Jesús es "el Hombre". No se trata de ninguna fuerza mágica o sacrificial de la "sangre", sino de la eficacia de la solidaridad total y absoluta de Jesús con su Pueblo y con la Humanidad. Desde ahora, quien acepte ser realmente "humano", forma parte de la alianza. Es "aliado" de Dios. 


… los sepulcros se abrieron …

La muerte de Jesús (es decir: del Hombre) produce el gran cambio. El terremoto que sigue quiere indicar el derrumbe de un mundo caducado y el inicio de un mundo nuevo. En este mundo nuevo ya no será cuestión de Judíos o de Paganos sino de personas cada una de las cuales deberá decidir entre el Hombre (Jesús) o el Antihombre (Poder). El lenguaje que usa Mateo es extraordinariamente concreto y visual: "En ese momento la cortina que cerraba el santuario se rasgó en dos de arriba abajo, los sepulcros se abrieron y resucitaron muchos cuerpos de santos difuntos… Cuando el centurión y los soldados vieron el terremoto y todo lo que había pasado, dijeron aterrorizados: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios". 

MENSAJE

El terremoto, los guardas, los sepulcros abiertos… Mateo lo volverá a presentar en la resurrección de Jesús. Es una forma muy gráfica de decirnos algo muy importante: la muerte y la resurrección de Jesús se narran como momentos diferentes por exigencias del guión, pero son un único acontecimiento. En el evangelio de Mateo la muerte del justo y su resurrección son una misma cosa. En Jesús se nos muestra plásticamente que la resurrección es la vivencia de la vida que se da; y la vida que se da es la única vida de verdad, participación de la Vida de Dios. Por eso los Evangelios no "narrarán" la resurrección, sino sólo la experiencia que hacen las mujeres, primero, y los discípulos, después. 

RESPUESTA

En nuestro mundo de laicidad está resurgiendo con fuerza mucha religiosidad. Pero la experiencia de muchos siglos nos advierte que se puede ir contra el Hombre tanto desde la Religión como desde la Laicidad. Las víctimas, de un lado y del otro, han sido y siguen siendo muchas, muchísimas. 

Hay que romper esta dinámica perversa. Hay que tomar la decisión explícita de evitar cualquier actitud o comportamiento antihumano. "Lavarse las manos", o declararse "inocente" porque otros se hacen "responsables", no sirve de excusa. Cada uno es responsable de su actitud ante el Hombre. Los Sumos Sacerdotes y Pilatos son un mal ejemplo. Aquí el único ejemplo totalmente válido es Jesús. 

Pero a Jesús lo hemos deformado tanto, que la mayoría de nosotros también tendremos que imitar a Pedro. Es cierto: él negó al Hombre. "… se puso a echar maldiciones y a jurar que no conocía a ese hombre". Literalmente: "que no conocía al hombre". Pero luego "salió afuera" y lloró amargamente. Este "salir fuera" tiene un significado fuerte: salió fuera del ámbito del Poder en la que siempre se había movido y donde se había hecho merecedor del reproche más duro pronunciado por Jesús: "¡Vete de aquí, Satanás! Me quieres hacer caer, porque no ves las cosas como Dios, sino como los hombres"(Mateo 16, 23). "Vete de aquí", le había mandado Jesús. Hasta ahora no había obedecido la orden recibida. Le costó, pero al final lo hizo. 

Tomemos su ejemplo.  


Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: