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martes, 26 de abril de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO II DE PASCUA. CICLO A.

DOMINGO II DE PASCUA.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.


Nota:
El evangelio de hoy es el mismo para los tres años del ciclo litúrgico. Por ello, sobre su lenguaje, puede encontrar otros apuntes a Año B y Año C.
Si tuviéramos que resumir el Evangelio y la 1ª Lectura de hoy en una sola palabra, ésta sería comunidad (En griego: iglesia). 
La palabra comunidad está muy de moda, pero tiene diferentes significados que pueden ser, incluso, opuestos. De hecho, al parecer, los primeros cristianos usaron la palabra "iglesia" ("comunidad") para diferenciarse de otra "comunidad" que terminó siéndole contraria: la sinagoga. "Sinagoga" y "iglesia" significan prácticamente lo mismo, pero, poco después de los inicios, eran usadas por los cristianos con significados completamente distintos. 
La palabra comunidad puede tener dos significados fundamentales:
A) Tener en común.
Son comunidad aquellas personas que tienen en común algo. En este caso la comunidad suele ser anterior a los miembros que la forman, y es independiente de ellos. Así, cada ser humano, por el simple nacimiento, entra a formar parte de comunidades ya existentes, que le darán la identidad: familia, pueblo, país, ámbito cultural y religioso… Podríamos decir que el flujo vital de estas comunidades va de arriba hacia abajo, de la comunidad al individuo. Si se trata de una comunidad organizada jerárquicamente, el individuo que forma parte es a la vez miembro y súbdito, a no ser que entre a formar parte de la propia jerarquía. El caso más evidente serían los Estados. 
B) Poner en común. 
También son comunidad aquellas personas que deciden libremente poner en común lo que tienen y, sobre todo, su propia vida. 
En este caso, la comunidad viene después, y depende de la libre decisión de los miembros que la forman. Su flujo vital va de los individuos a la comunidad; de abajo hacia arriba. Si la comunidad está organizada jerárquicamente, la autoridad es consecuencia exclusivamente de un encargo de los miembros y tiene exclusivamente forma de servicio. Por eso en esta clase de comunidades no hay nunca súbditos sino sólo servidores mutuos. El matrimonio, tal como se entiende en la actualidad entre nosotros (al menos teóricamente!), podría ser un buen ejemplo de esta segunda forma de hacer comunidad. 
La 1ª Lectura de hoy da a entender que las comunidades cristianas corresponden a este segundo modelo expuesto, aunque la descripción que se hace corresponde a una comunidad ideal. Seguramente las comunidades reales no eran tan "bonitas". Hacer comunidad según este modelo requiere una maduración constante y progresiva en cada uno de sus miembros, y no es fácil de conseguir, como la experiencia de cada día deja bien claro. 
También el evangelio, con un lenguaje diferente, nos propone esta segunda forma de comunidad. La expresión "Recibid el Espíritu Santo" es muy fuerte. El Espíritu Santo, es decir, el flujo vital, está en cada miembro. No de arriba hacia abajo sino que se instala abajo y capacita a cada miembro para obrar con iniciativa y responsabilidad en la tarea común. 
Jesús había dicho a sus discípulos: "Vosotros me llamáis maestro y señor, y lo soy". Con la donación del Espíritu Santo, Jesús derrama en cada discípulo este "ser maestro y señor", lo que conlleva la misión de servir (Juan 13, 3 ss. Lavatorio de los pies). El servicio es siempre el mismo: hacer humanidad, o dicho al revés: neutralizar las fuerzas deshumanizadoras. "Perdonad los pecados". 
El Espíritu Santo no se puede recibir como un don a poseer o como un bien a conservar. El Espíritu es fuerza, es dinamismo. El Espíritu se recibe como el molino de viento recibe la marinada, como la flauta recibe el soplo, como la bombilla recibe la electricidad. 
La situación de Tomás es un ejemplo concreto de ello: cuando no hace comunión, no ve a Jesús ni recibe su Espíritu, cuando hace comunión, ve a Jesús y recibe el Espíritu que lo lleva a comprender y decir al "crucificado": "Señor mío y Dios mío". 
"Tomás" significa "gemelo". Gemelo de cada uno de nosotros que estamos invitados a creer sin haber visto, siempre que no seamos tan exigentes como nuestro gemelo, del que Jesús critica precisamente que haya exigido ver primero para creer después. 
"Creer sin haber visto" supone saber que hemos recibido el Espíritu de Jesús, sin necesidad de meter el dedo en el agujero de los clavos, o de comprobar de antemano que los crucificados del mundo son vivientes

MENSAJE
Recibir el Espíritu Santo conlleva un cambio radical en la forma de ser comunidad. En el lenguaje que he usado antes, diríamos que conlleva pasar de la 1ª forma de comunidad en la segunda
Imaginemos una familia. Nace un hijo. Desde el primer momento este hijo forma parte de la comunidad familiar. Pero el hijo crece, y llegará un momento en que se sentirá impulsado y capacidad para poner en común su vida con alguien con quien formará otra clase de comunidad. Para el hijo, esto conlleva el paso de una comunidad no decidida a una comunidad voluntaria, libre y liberadora. 
Recibir el Espíritu conlleva recibir la capacidad de hacer comunidad desde la propia libertad e iniciativa. 

RESPUESTA
Parece que la Iglesia católica, nuestra iglesia, se ha solidificado excesivamente. Tiene tanta importancia la estructura, la historia, la jerarquía, la doctrina… que se hace difícil "hacer comunidad". Constantemente se nos recuerda que "somos comunidad" por todo lo que tenemos en común. Es una comunidad ya hecha, preexistente, decidida con anterioridad, jerarquizada… Con una jerarquía que viene "de arriba", que se reserva la exclusividad de la iniciativa, única "fuente" del flujo vital. Nuestra Iglesia actual se parece extraordinariamente a la Sinagoga del tiempo de Jesús. 
Quizá no vale la pena perder el tiempo lamentando las situaciones equivocadas o pedir reformas estructurales. Quizás lo que hace falta es simplemente que cada uno comience (o continúe) a ser adulto, libre y liberador, recibiendo y poniendo en común los dones recibidos. Y es que en la Iglesia, aunque resulte difícil de aceptar, el flujo vital comienza abajo, y va de abajo hacia arriba, en el caso de que haya un "arriba". "Allí donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18, 30). Y También: "… vosotros no os hagáis llamar "rabino", porque de maestro solo tenéis uno, y todos vosotros sois hermanos "(Mateo 23, 8). 

PREGUNTAS para el diálogo
  1. A menudo se pide que la jerarquía haga reformas. ¿Hay algo o alguna razón que os impida comenzar estas reformas ya en vuestra comunidad? 
  2. En el evangelio, por tres veces, Jesús dice: "Paz a vosotros". ¿Cómo lo entendéis, esto: como un deseo de Jesús, como un don o como un mandamiento?
  3. Según los Evangelios, está claro que el Espíritu Santo nos llega por Jesús. ¿Se puede interpretar esto como si el Espíritu nos viniera "de arriba"?Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)