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lunes, 4 de abril de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO V DE CUARESMA. CICLO

DOMINGO V DE CUARESMA - CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
Una vez, en el dentista, la enfermera que trataba mi muela me preguntó si yo, que soy sacerdote, también hacía (misas de) entierros. Antes de que le respondiera, ella me dijo que estaba muy enfadada con el cura que había hecho el entierro de una amiga suya muy querida. Era irritante que el cura, en una situación tan dramática como aquella, se enredara hablándonos de un muerto que salía de una cueva y corría por allí… Fue una gran falta de respeto para todos los que estábamos llorando, dijo. 

El sacerdote de quien se quejaba la chica es un compañero que yo conocía muy bien. Sé que sus homilías estaban muy bien preparadas, siempre bien dichas, delicadas y ricas en contenido evangélico. Por lo que pude deducir, la gran "equivocación" de mi admirado compañero había sido hablar de resurrección en una celebración en la que la amable enfermera estaba tan abrumada por la muerte, que no podía soportar oír hablar de Vida. 

Lo que tanto irritó a aquella chica era una parte de la narración evangélica de esta semana. Un relato realmente extraño, casi absurdo si no supiéramos que el evangelio de Juan, a través de historietas sorprendentes y extrañas como esta, quiere ofrecer un mensaje profundamente humanizador. 

El relato habla de la experiencia de la muerte en la comunidad cristiana. Que se trata de la comunidad cristiana se deduce claramente por la relación de hermanos que tienen los diferentes protagonistas, además de la afirmación repetida del amor de Jesús. "Jesús amaba a Marta y su hermana y a Lázaro". 

Si hubieras estado aquí…

Destaca en este relato la acusación que, primero Marta y después María, hacen a Jesús. "Señor, si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto". Es una acusación muy extraña porque es también un acto de fe. Jesús es acusado de la muerte del hermano por "no haber estado allí". ¿Es que Jesús está ausente de la "comunidad cristiana" cuando esta más lo necesita?

Y la cosa es aún más grave si antes se ha dicho que Jesús, al recibir la noticia de la enfermedad de aquel que él ama, decidió no presentarse de inmediato. "Después de recibir la noticia de la enfermedad, se quedó aún dos días en el lugar donde estaba". 

Resulta sorprendente el llanto de Jesús, si tenemos en cuenta la resurrección que sigue. Este llanto provoca dos comentarios entre la gente: Los judíos decían: “Mirad cómo le amaba.” Otros decían: “Este hombre que abrió los ojos al ciego, ¿no habría podido hacer que Lázaro no muriera?”

Los dos comentarios se complementan. El punto de partida es el amor de Jesús a Lázaro, pero un amor que no le lleva a evitar que muera. En cambio se destaca que Jesús "puede abrir los ojos a los ciegos". Juntando los dos comentarios, diríamos que Jesús no evita la muerte de los humanos sino que nos abre los ojos para que podamos ver la Vida que se esconde tras la experiencia de muerte. Él hace que veamos el significado real de lo que nosotros llamamos "morir", y que Jesús dice "dormirse". Lo recuerda explícitamente a Marta: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?"

La muerte-resurrección de Lázaro anuncia la muerte resurrecciosa de Jesús, como muestra la reacción de los discípulos, y en concreto de Tomás: "Tomás, llamado el Mellizo, dijo a sus compañeros: Vayamos también nosotros; moriremos con él". Pero hay un detalle importante: los discípulos y Tomás hablan sólo de muerte; de la muerte como un destino fatal y definitivo. En cambio Jesús nos enseña la estrecha vinculación entre muerte y resurrección. "Los que creen en mí, aunque mueran, vivirán". 

Jesús corrige nuestros puntos de vista con relación a la Muerte. 

En nuestra Cultura solemos ver la Muerte sólo como un mal, y intentamos protegernos de ella separando con una losa el mundo de los muertos del mundo de los vivos. Jesús corrige la mentalidad que se manifiesta en estos comportamientos. "Quitad la losa". La obediencia de los hermanos permite a Jesús anular la separación entre los dos mundos, y llamar a Lázaro. 

Jesús agradece al Padre (generador de Vida) su capacidad para hacer quitar la losa. Esta losa o gran piedra volverá a ser mencionada en la sepultura de Jesús cuando María Magdalena va al sepulcro y ve que "la piedra había sido quitada". En el caso de Jesús, nadie la quita, simplemente está quitada. (Mateo dice que la quita "el ángel del Señor"). 


Desatadlo y dejadle andar…

En cierto modo se han invertido los papeles: Jesús, que era acusado de la muerte del hermano, ahora corrige a los hermanos que han vendado al hermano difunto y lo han recluido en el imaginario mundo de los muertos. “Desatadlo y dejadle andar ". La muerte no es un final: ni el final de la Vida ni el final del Camino. La muerte no existe como victoria sobre la Vida, sino como un camino hacia la Plenitud.

MENSAJE

Retirad la losa…
Vida y Muerte no se excluyen. Como dice la sabiduría popular: La muerte es ley de vida. La muerte es el paso ("Pascua") de una vida inicial a la Vida en plenitud. La vida inicial es recibida como un regalo puesto en nuestras manos, y que podemos merecer haciendo también un regalo de ella (vida dada). Así la Vida en plenitud es, a la vez, don recibido y mérito nuestro. 

Una vida dada no cae en el vacío (No existe "el vacío") sino que es acogida en la Comunión de Vida con Dios. 

"Dejadlo caminar", dice Jesús refiriéndose a Lázaro. "Suéltame", repite Jesús a María Magdalena cuando ésta, abrazando sus pies, quería retenerlo. Nuestra vida no termina en sí misma sino que tiene un horizonte abierto: la vida en el Padre. “Jesús dice a María Magdalena: Suéltame que aún no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es vuestro Padre, a mi Dios, que es vuestro Dios" (Juan 20, 17).

RESPUESTA

La muerte de un ser querido es siempre una ruptura de la propia alma. Con ella muere también una parte de nosotros mismos. Lo experimentamos como una situación injusta, sobre todo si se trata de la muerte de una persona joven, y parece que nos consuele poder señalar culpables. La fe en Dios puede llevarnos a hacerlo culpable. Y lo sería, si la muerte sólo fuera lo que "vemos" nosotros. 

Es cierto que la Muerte, vista y experimentada sólo desde sí misma, es incomprensible, y sentida como el peor de los males. En realidad, también la Vida es incomprensible cuando no es entendida como un darse. 

"Darse", de alguna manera, es morir. Por eso podemos ver la muerte como una forma de Vida, la cual crece y llega a la Plenitud dándose plenamente. 

La cosa injusta y culpable es ir contra la Vida y su crecimiento. Somos injustos cuando atentamos contra la Vida de personas y de pueblos, ya que la muerte como donación de la vida sólo puede ser fruto de la propia y libre decisión. Pero cuando hay esta decisión nacida de la generosidad, la muerte es simplemente la otra cara de la Vida. 

PREGUNTAS para el diálogo

Estas preguntas no pretenden hacer descubrir la respuesta "correcta" sino simplemente provocar un diálogo que ayude cada participante a ir construyendo su respuesta. Puede haber varias respuestas correctas.
  1. ¿Pensáis que nuestra sociedad sigue poniendo una gran "losa" entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos? ¿Qué "ventajas" e inconvenientes tiene, esto?
  2. El próximo domingo comenzaremos la Semana Santa "polarizada" en la muerte resurrecciosa de Jesús. ¿Habéis pensado qué haréis para entrar en sintonía?
  3. El lenguaje popular y folclórico de la Semana Santa, ¿ayuda más a entender la Vida o a lamentar la muerte?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: