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martes, 31 de mayo de 2011

AMOR ENTRE CRISTIANOS



Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros. Como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros. (Jn 13,34)
Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos. (Jn 13,35)

lunes, 30 de mayo de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. FIESTA DE LA ASCENSIÓN. CICLO A.


FIESTA DE LA ASCENSIÓN.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.


NOTA.
Para el lenguaje referente a la fiesta de la Ascensión en sí misma y a la 1ª Lectura, común a los tres años del ciclo litúrgico, podéis ver los apuntes correspondientes a Año B y Año C
Jesús, ¿se va o se queda?
La 1ª Lectura y el Evangelio de hoy parecen contradictorios, ya que la 1ª Lectura dice que Jesús "se elevó delante de ellos, y una nube se lo llevó, y le perdieron de vista", y en cambio el Evangelio de Mateo termina con unas palabras del mismo Jesús que dice: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo".
El lenguaje de la Ascensión es exclusivo de Lucas, y lo utiliza tanto al final de su Evangelio como al comienzo de su segundo libro, llamado Hechos de los Apóstoles.
El relato más detallado es el de los Hechos de los Apóstoles que hemos leído como 1ª Lectura y que es el relato que dio origen a la Fiesta de hoy. Por eso este relato es leído los tres años del ciclo litúrgico. En este relato hay un detalle importante. Dice al final: "Este Jesús que ha sido llevado de entre vosotros al cielo, volverá de la manera como le habéis que se iba al cielo". Este regreso de Jesús no se refiere (como a veces se ha pensado) a su venida al Final los Tiempos sino a la "venida" del Espíritu Santo (que es el Espíritu de Jesús) "dentro de pocos días" (Pentecostés).
En realidad, esta venida de Jesús como Espíritu coincide con la presencia de Jesús de que nos habla el Evangelio de Mateo. No hay, pues, ninguna clase de contradicción sino, solamente, deferencia de lenguajes.
… Se fueron a Galilea …
Centrándonos en el relato de Mateo, lo primero que sorprende es el lugar: Galilea. "Galilea" se contrapone a "Jerusalén". La geografía, una vez más, es utilizada como lenguaje para indicar dos formas opuestas de entender la Obra de Dios. Galilea comporta apertura al mundo para construir Humanidad ("Galilea de los paganos", según 4,15) Jerusalén comporta apertura al mundo para construir Judaísmo (o Cristianismo, o cualquier otra religión exclusivista).
En relación a los discípulos, "Galilea" también incorpora otro significado: volver al comienzo. En el lenguaje escolar diríamos "repetir curso". Los discípulos han acompañado a Jesús hasta Jerusalén, pero en el momento decisivo le han abandonado. No han entendido la muerte–resurrección de Jesús en Jerusalén. Por ello, en Jerusalén, sólo las "mujeres" han visto a Jesús. Ellas sí estaban, tanto en el Calvario como en el Sepulcro (Mateo 28,9).
… En el monte que Jesús les había indicado …
Jesús no se aparece a los discípulos junto al lago de Galilea, como al comienzo (Mateo 4,13), sino en la Montaña. Los discípulos, de alguna manera, tienen que repetir curso, pero la situación, después de la muerte–resurrecciosa de Jesús ya no es la misma. La "montaña" es el ámbito de Dios que se acerca. Hasta ahora, la montaña por excelencia era la montaña del Templo. Condenando a Jesús, el Templo se ha convertido en lugar de muerte. Ahora hay otra montaña: la montaña de Jesús. (Nótese que, en el Evangelio de Juan, esta montaña alternativa será el monte de los Olivos, donde está "Betania", la casa de los hermanos).
Yo estaré con vosotros todos los días …
Con esta expresión, Mateo establece una gran INCLUSIÓN que comprende todo su Evangelio; una especie de capicúa formado por la idea de la presencia de Dios entre los humanos. Al comienzo del Evangelio, después de presentarnos la Genealogía de Jesús, nos habla del nacimiento de un niño que tendrá por nombre "Emmanuel", que significa Dios con nosotros (Mateo 1,23). Y ahora, al final de todo, son las mismas palabras de Jesús que nos dicen: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo".
Esta gran inclusión resume el significado de todo el Evangelio de Mateo, y corresponde al núcleo mismo del mensaje de la Biblia. Recordemos que el nombre de Dios en la Biblia es "Yahvé", que significa "Yo soy".
Hay también otra gran inclusión que recoge toda la vida publica de Jesús. En este caso se trata de una inclusión invertida entre la tercera tentación, donde Satanás es presentado como "el amo del mundo", y este encuentro del Resucitado con los discípulos. Comparad los dos extremos de la inclusión:
  • el diablo le lleva a una montaña muy alta, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: "Te daré todo esto, si te postras y me adoras». (Mateo 4,8).
  • los once discípulos se fueron … a la montaña que Jesús les había indicado. Al verlo se postraron … Jesús se acercó y les dijo: «Me ha sido dado pleno poder en el cielo y en la tierra …»
Esta inclusión invertida es muy significativa, ya que manifiesta un cambio de Amo: ser adoradores de Satanás (que significa "Enemigo") a ser adoradores de Jesús (que significa "Salvador"). En realidad, no es ningún cambio de Amo sino el paso de estar sometidos a un Amo dominador a una situación de libertad plena, ya que Jesús personifica al Hombre.
La soberanía de Jesús ya ha sido explicada en el mismo Evangelio de Mateo con aquella solemne y sorprendente escena del Juicio Final, presidido precisamente por el Hijo del Hombre (Mateo 25,31). También hace referencia la 2ª Lectura de hoy. Se trata de una soberanía que no sitúa a nadie por encima de los demás sino que manifiesta la plenitud a la que todos estamos llamados. "… Él (Jesús) que tiene en todas las cosas su plenitud". La soberanía de Jesús no sería plena sin nosotros y toda la Creación.
Bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Este cambio de situación viene expresado visualmente por el símbolo de bautismo. "Bautizar" significa sumergirse en el agua. En realidad esta acción tiene dos momentos: ser inmerso y salir. Nos sumergimos sucios, y salimos limpios; nos sumergimos cansados, y salimos repuestos; nos sumergimos sujetos a Satanás y salimos en comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El bautismo no es ningún rito mágico sino un lenguaje simbólico para expresar una realidad profunda: que Dios invita a todos los humanos a "sumergirse" ("bautizarse") en su propia Vida, que es Vida en comunión.
Conviene no entender estas palabras de Jesús en sentido confesional.
En otros tiempos se hablaba del bautismo como del rito de entrada a la Iglesia. En una situación de Cristiandad, seguramente era un lenguaje correcto.
Pero hoy vivimos en una sociedad religiosamente plural, y no sería legítimo entender el bautismo como un entrar en una religión determinada, excluyendo las demás.
Dada la pluralidad de religiones, quizás hoy sería más correcto hablar de salir a la Iglesia, entendiendo por "Iglesia", no una comunidad religiosa concreta, contrapuesta a otras comunidades religiosas, sino como aquella comunidad formada por todos los humanos que no se autoexcluyen, y que viven sus peculiaridades y diferencias no como algo que separa sino como vínculos de comunión entre personas diferentes.
La expresión es propia del lenguaje escolar. En las escuelas, cuando es la hora del patio, nunca se dice que los niños entran en el patio sino que salen al patio. En el patio cada alumno mantiene sus diferencias (pertenecen a diferentes cursos …), pero las diferencias no sirven para separar sino al contrario: en el patio pueden jugar juntos, ayudarse, colaborar … Las diferencias aparecen como vínculos. En cambio, cuando entran a las clases, las diferencias separan, y hacen que cada alumno tenga que ir a su aula, separado de los que pertenecen a otros cursos.
Por el bautismo dejamos nuestros espacios cerrados y salimos al patio, a la gran Comunidad de todos los humanos donde las diferencias se vuelven vínculos enriquecedores.
MENSAJE
Atendiendo a lo que hemos leído en el evangelio de hoy, el mensaje es claro y directo: Id a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
No es una llamada al proselitismo sino a hacer llegar a todos los pueblos la invitación universal de Dios a participar de su propia vida. Los discípulos (todos nosotros) no son enviados a hacer "cristianos" (en sentido confesional) sino a hacer "humanos en plenitud", según el proyecto de Dios.
RESPUESTA
La respuesta tiene dos caras. Por un lado, aceptar, agradecidos, la sorprendente y maravillosa invitación de Dios de sumergirnos en su Vida, que es vida de comunión. Por el otro, prepararnos para esta inmersión haciendo ya comunión con los demás. Dicho con un lenguaje más directo, se trata de humanizarnos construyendo Humanidad.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. ¿Habéis experimentado, con relación a alguna persona muy querida, un cambio de presencia en el sentido de "subir al cielo"? ¿Sabríais explicarlo? ¿Os ha ayudado a sumergiros más en la comunión con ella y con Dios?
  2. ¿Más allá de los gestos rituales, como creéis que podemos hacer llegar a todos la oferta a "ser bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo"? ¿Qué significa esto en concreto, hoy y aquí?
  3. Después de unos años de materialismo práctico, está reapareciendo una creciente sed de espiritualidad. ¿Cómo deberíamos responder a esta sed para que nuestra oferta (el mensaje de Jesús) fuera realmente liberadora? Dicho de otra manera: En una sociedad laica y plural, ¿la oferta de la Iglesia debe tender sobretodo a aumentar el número de "fieles", o liberar a los demás?
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)

lunes, 23 de mayo de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VI DE PASCUA. CICLO A.

DOMINGO VI DE PASCUA.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.


El evangelio de hoy es continuación del fragmento que leímos el domingo pasado. Aquí Jesús habla de otro Defensor. Para los discípulos, Jesús era el (primer) Defensor, dado que seguirlo conlleva a menudo ir a contracorriente, y esto es peligroso. Pero ahora "se va", y les promete otro Defensor. La palabra original "Paráclito" que, según los entendidos, puede tener diferentes traducciones: defensor, abogado, consolador, acompañante, guía, revelador, amigo ... Pero, cualquiera que sea la traducción más correcta, una cosa parece clara: este nuevo defensor no sustituirá a Jesús. Es cierto que la muerte de Jesús será experimentada por los discípulos como una ausencia; pero en realidad se trata de un cambio de presencia. Hasta ahora Jesús había estado presente entre ellos como maestro y señor. Era uno más: si ellos eran doce, con Jesús eran trece.
Pero, ¿qué pensaríais de un maestro que se mantuviera siempre necesario? El mejor maestro es aquel que logra que sus alumnos lleguen a no necesitarlo. Jesús ya les había advertido: "Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros; en cambio, si me voy, os lo enviaré” (Juan 16,7). La presencia del nuevo Defensor sólo es posible si Jesús se hace "ausente" como maestro, de una manera similar a como el heredero no se convierte realmente "heredero" hasta que el padre no se retira.
La retirada de Jesús no es un simple irse para dejar el protagonismo a sus discípulos. La acción de Jesús se asemeja a la de aquellos padres que reparten la herencia a sus hijos no cuando mueren sino cuando los hijos son capaces de recibirla, administrarla y disfrutarla. En estos casos, el reparto de la herencia se convierte en el acto de amor más importante y definitivo de los padres hacia los hijos. Estos se convierten en herederos para que los padres les dan todo lo que son y tienen, en un acto supremo de amor.
El nuevo Defensor que Jesús promete a los discípulos es precisamente el despertar en ellos mismos de lo que él les ha dado: su propia vida de comunión con el Padre. Recordémoslo una vez más: la muerte de Jesús en el Calvario es la visualización de su vida entregada. Y "discípulos" son todos aquellos que acogen esta donación. Para que esta vida entregada sea plenamente activa en ellos, Jesús se marcha "como Maestro y Señor". Entonces la vida entregada que los discípulos han acogido se hace plenamente activa. "Marcharse como Maestro y Señor" será la manifestación más clara y definitiva del amor de Jesús a los discípulos. "Él, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Juan 13,1).
Pero el Calvario no es sólo la manifestación máxima del amor de Jesús al Hombre, sino también la manifestación máxima de la inhumanidad del Poder y sus secuaces: el "mundo". Aquí "mundo" significa el conjunto de humanos que, creyendo en la eficacia del Poder, han creado una sociedad basada en relaciones de dominio-sujeción. Este es el "mundo" que ha dictado sentencia contra Jesús, y que no puede recibir el Espíritu de la verdad porque ha proclamado como "verdad" su propia mentira.
En nuestra vida de cada día, conviven la mentira del Poder y la verdad del Hombre. En los Doce ha quedado muy claro que el ser humano siente el impulso del mundo de la mentira y siente también el espíritu de la verdad. Aceptar ser discípulo de Jesús comporta optar por el espíritu de verdad, que permite vencer el impulso del "mundo". "Dentro de poco, el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis, porque yo vivo, y vosotros también viviréis".
Hay una única realidad: el Padre. Y, en Él, el Hombre. Y, en el Hombre, cada uno de los humanos en la medida en que somos solidarios con la Humanidad. Fuera de aquí, ninguna otra cosa es realmente real. "Por Él todo ha venido a la existencia, y nada ha venido sin Él" (Juan 1,3). La oscuridad y la muerte existen sólo como contrapunto de la Luz y de la Vida, como una sombra, que no tiene otra "realidad" que el hecho de señalar el espacio en donde no llega la luz por la opacidad del cuerpo iluminado.
Y sin embargo ...
El Padre os dará otro Paráclito ...
¿Para qué lo necesitamos otro Defensor?
La existencia del amor provoca, por contraste, la experiencia del desamor. Y podemos caer en la tentación de dar consistencia a este desamor. Dar consistencia al desamor: he aquí el peligro del que debemos ser defendidos, sobre todo cuando el desamor toma formas tan seductoras como el dominio sobre los demás, el triunfo, la fama, el prestigio, la arrogancia, ...
"Orad para no caer en la tentación", había insistido Jesús a sus discípulos (Lucas 22,40). Pero cayeron. Su fe era todavía demasiado "infantil". El nuevo Defensor les permitirá hacerse adultos. El Espíritu de Jesús dado a los discípulos, se encarna en ellos, y en cada ser humano que le acoge ("que guarda sus mandamientos"). Esta nueva situación conlleva la rica y gozosa experiencia de saber que "yo (Jesús) estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros". Aunque existe una sola y única realidad, es una realidad viva, diferenciada y vinculada por relaciones de comunión.
MENSAJE
Como en la vida natural se va pasando de la niñez a la adultez, así también la comunión con el Padre va pasando de una situación "infantil" a una adultez creciente por la acción del Espíritu, derramado abundantemente sobre nosotros (Titus 3,6). Comenzamos pequeños, necesitados de Leyes y Mandamientos. El cumplimiento de estos muestra nuestra disponibilidad a recibir la vida entregada de Jesús, hasta que ésta se hace activa en nosotros. Es el nuevo Defensor, aquel que nos defiende de la mentira de dar consistencia al Poder.
RESPUESTA
Actualmente muchas personas se han situado al margen de la Iglesia. ¿Es porque no necesitan ningún nuevo Defensor o porque no encuentran en la Iglesia el clima adecuado donde este nuevo Defensor pueda actuar en ellos? ¿No podría ser que muchos hayan abandonado la Iglesia precisamente impulsados por el Espíritu de verdad que les mueve a buscar una Libertad que no encuentran en la Iglesia?
En relación a las llamadas sociedades cristianas, ¿no podría ser que hubiera llegado el momento en que la "Iglesia" tenga que cambiar su forma de presencia retirándose "como maestra y señora", y haciéndose presente como fermento (seguramente no muy visible) de Humanidad? ¿La presencia institucional de la Iglesia no resulta a menudo demasiado pesada, formando parte de un Sistema básicamente opresor? ¿La llamada crisis de valores, no será una reacción contra la mentira de nuestro "mundo"? ¿No será que el otro Defensor que Jesús ha prometido continúa actuando en más personas de las que imaginamos?
PREGUNTAS para el diálogo
  1. La superación de la situación de cristiandad toma formas y maneras muy diferentes según cada lugar y cada ámbito sociológico. En vuestro ambiente ¿quedan rasgos de Cristiandad que, en vuestra opinión, deberían cambiar?
  2. Como personas, ¿experimentáis vuestra pertenencia a la Iglesia como una ayuda o como un obstáculo para la Libertad?
  3. ¿Conocéis personas que digan, de palabra o de hecho, Desde que he dejado la Iglesia (o la Religión) me siento más libre”? ¿Qué opináis?
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)

martes, 17 de mayo de 2011

A los 40 años de inaugurarse el Vaticano II


El CV II fue final de la contrarreforma, ocaso de la era tridentina, transición de la Iglesia hacia el futuro, inicio de un movimiento eclesial de gran calado, consagración de los movimientos eclesiales innovadores y aparición de una nueva conciencia de Iglesia.


Juan XXIII
Poco antes de ser convocado el Concilio Vaticano II, los teólogos pensaban unánimemente que, después de la declaración de la infalibilidad del Papa por el Vaticano I en 1870 y del ejercicio del magisterio pontificio, los concilios eran innecesarios. De ahí la sorpresa, entusiasmo y recelos que despertó la convocatoria de Juan XXIII de un "concilio ecuménico", el 25 de enero de 1959, cuatro meses después de ser elegido papa. El papa Roncalli captó inmediatamente las simpatías de todo el mundo por su autenticidad, humor, audacia y sencillez. Sugirió perspectivas nuevas, nunca impuso consignas, respetó la libertad de todos y dijo palabras decisivas en tono coloquial.

El Concilio fue inaugurado el 11 de octubre de 1962 por Juan XXIII, hace exactamente cuarenta años, con un discurso redactado por él mismo, que causó viva impresión. Sus palabras ayudaron a buscar la identidad de la magna convocatoria. No sería una reunión de obispos para condenar errores por medio de anatemas o proclamar afirmaciones dogmáticas sabidas, sino un concilio "eminentemente pastoral" que debía centrarse en la unidad de las Iglesias, la paz del mundo, la Iglesia de los pobres y la renovación de la vida cristiana. Al mismo tiempo denunció Juan XXIII a los "profetas de calamidades, que siempre están anunciando infaustos sucesos".

El acto se retransmitió a todo el mundo por televisión. Acudieron a la cita conciliar 2.540 obispos, mientras que en el Vaticano I hubo 744 y en Trento 258. Los obispos del Vaticano I eran de raza blanca y en su mayoría europeos; en el Vaticano II hubo padres conciliares de todos los continentes y razas. Fueron nombrados peritos del Concilio teólogos hasta entonces sospechosos por su progresismo, a los que se sumaron otros partidarios de la reforma de la Iglesia. El influjo de los expertos fue decisivo. Se usó el latín como idioma del concilio. No fue fácil para los 700 periodistas de todo el mundo dar cuenta del evento. El Concilio había despertado la atención de la Asamblea del C o n s e j o Ecuménico de las Iglesias, celebrada en Nueva Delhi en 1961, pero apenas interesó en el mundo islámico y en los medios religiosos judíos, al menos en un principio. Hubo observadores ortodoxos, anglicanos y protestantes.

Los meses anteriores a la inauguración del Concilio suscitaron una gran esperanza en el mundo católico y en el mundo cristiano en general. Juan XXIII había manifestado, recién elegido Papa, anhelos de paz, unión y renovación a todos los niveles. Al mismo tiempo había en los sectores progresistas desconfianza, dado el inmovilismo doctrinal reinante. En líneas generales faltó preparación y se advirtió, lógicamente, escasa experiencia conciliar.

A lo largo del verano de 1962 recibieron los Padres del Concilio siete esquemas, de un total de setenta proyectos. Pude examinarlos porque fui nombrado perito del episcopado español. Advertí, como otros expertos, una diferencia notable entre el documento sobre liturgia (renovador y bien elaborado) y los otros seis (inmovilistas y deslabazados). Antes de que los obispos se reunieran en la asamblea el 11 de octubre de 1962 se habían emitido juicios severos sobre el valor de estos textos. De hecho, la mayor parte de todo el trabajo preparatorio, como se vio enseguida, fue casi inútil. La primera congregación general del 13 de octubre no duró ni una hora. Varios cardenales franceses y alemanes pidieron que se levantase la sesión y se diera tiempo a los obispos de conversar entre sí para proponer nuevos miembros de las comisiones.

El Vaticano II es el acontecimiento católico más importante del Siglo XX. Teólogos e historiadores de la Iglesia reconocen que el Vaticano II es el acontecimiento católico más importante del siglo XX. Ocurrió en un momento propicio social y cultural, en pleno desarrollo de la década de los sesenta y en una coyuntura mundial prometedora. Los movimientos de renovación anteriores al Vaticano II, en lucha contra fuerzas inmovilistas, propiciaron su feliz realización. El Concilio suscitó poco a poco en la Iglesia un enorme entusiasmo. Aunque limitado por el propósito de sus objetivos, ambiguo por los consensos exigidos entre dos tendencias teológicas opuestas y provisorio por su inmediata cercanía a los problemas de su tiempo, revisó un catolicismo anterior postridentino dominado por el clericalismo, el eurocentrismo, la apologética y la teología de la controversia. No propuso el aislamiento sino la apertura; no decidió condenar a nadie sino dialogar con todos.

Contribuyó a un cambio profundo de la cosmovisión cristiana, ya que fue final de la contrarreforma, ocaso de la era tridentina, transición de la Iglesia hacia el futuro, inicio de un movimiento eclesial de gran calado, consagración de los movimientos eclesiales innovadores, reconocimiento de los valores de la modernidad y aparición de una nueva conciencia de Iglesia. Algunos teólogos piensan que el concilio se convocó muy tarde; otros creen que se celebró demasiado pronto. Lo cierto es que el Vaticano II es un Concilio de transición, aunque no hay coincidencia en señalar de qué transición se trata. 

Ciertamente, es un final y un comienzo. Sin embargo, si se comparan los propósitos conciliares con lo ocurrido en la Iglesia cuarenta años después, los juicios son divergentes. Hay quienes descalifican al Vaticano II como decisión peligrosa y equivocada; otros juzgan negativamente el posconcilio por la mala aplicación de las decisiones conciliares. Por el contrario, algunos afirman que nos estamos desviando, por involución, del espíritu conciliar. La batalla se libra dentro de la Iglesia en torno a una interpretación global del espíritu y de los contenidos del Vaticano II, el "acontecimiento fundamental de la vida de la Iglesia contemporánea", según el parecer de Juan Pablo II.


Casiano Floristán
Catedrático de teología pastoral en 
el Instituto Superior de Pastoral. 
Consultor del Vaticano II y perito en 
la reforma litúrgica conciliar.
 Miembro de la revista FRONTERA


Artículo extraído de:


lunes, 16 de mayo de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO V DE PASQUA. CICLO A.

DOMINGO V DE PASCUA.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.


Este fragmento del evangelio que hemos leído hoy, de entrada, parece el juego de los disparates. Jesús dice a sus discípulos cosas del todo incomprensibles y, encima, les dice que lo entienden. Tomás replica: «Señor, no sabemos a dónde ir. ¿Cómo podemos saber cual es el camino?». Al final parece que los discípulos intuyen que Jesús está hablando del Padre. Por eso Felipe se atreve a pedir una cosa: «Señor, muéstranos al Padre, y nos basta». Pero tampoco acierta. Con esta petición sólo pone de manifiesto, ¡que no han entendido absolutamente nada! Ahora es Jesús quien replica a Felipe: "Felipe, hace tanto tiempo que estoy con vosotros y no me conoces?".
Realmente, ¡parece el juego de los disparates!
La verdad es que el evangelio de Juan ya nos tiene acostumbrados a esta forma de hacer. Y es que lo que el evangelio de Juan nos quiere hacer descubrir sólo se puede entender desde una cierta experiencia. Es como preparar a un ciego para que desee los colores antes de ver; o como ayudar a pre–gustar la libertad a alguien cuando aún tiene el corazón de esclavo.
Creed en Dios, creed también en mí.
En una sociedad religiosa las personas confían en Dios, a pesar de no haberle visto nunca. En realidad es fácil "confiar" en alguien que no se ha visto nunca y que te puedes imaginar a tu manera … En cambio, Jesús pide a sus discípulos algo más difícil: que confíen en él. Esto es más difícil porque a él le ven pero todavía no le entienden.
Si bien la liturgia nos propone este relato como una preparación para la próxima fiesta de la Ascensión, la verdad es que el evangelio de Juan lo sitúa en el marco de la cena de despedida que Jesús hizo con los discípulos antes de su pasión–muerte–resurrección.
La situación era tensa. Jesús acababa de decir que sería traicionado por uno de ellos, y que Pedro le negaría tres veces esa misma noche. Es sorprendente la "tranquilidad" con que comentan entre ellos estos comportamientos, y la no–reacción de los otros apóstoles … ¿Quiere sugerir con ello una cierta "normalidad de hecho" en la acción de traicionar al Hombre y negarle?
El relato tiene como dos partes: la 1ª centrada en la idea del "camino". La 2ª está centrada en la idea del "Padre". O sea: se habla del camino que lleva al Padre.
Pero el Padre no está lejos, y el camino para llegar a él no se hace caminando sino creyendo. Cuatro veces se repite el verbo "creer". Aquí está el desatascador de todo.
Todo el Evangelio de Juan tiene como eje unificador la invitación a creer. Su autor afirma de manera explícita a la finalización: Lo que se ha escrito "ha sido escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y, creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20 , 31).
En el Evangelio de Juan, creer es un descubrimiento y una respuesta progresivos. Ocurre como en la vida: cuando tenemos dos meses ya somos seres humanos, pero todavía no somos plenamente humanos. Vivimos creciendo. Así también: creemos creciendo. Los discípulos ya creen en Jesús, pero no lo suficiente como para no abandonarle esa misma noche, y luego volver con él.
"A casa de mi Padre …"
Cuando Jesús dice a los discípulos que se va a casa de su Padre, se está refiriendo al Calvario. Será en el Calvario, entregando por completo su vida, cuando Jesús entrará en el ámbito del amor total, que él llama "la casa de mi Padre". Por ello, es en el Crucificado, vida del todo entregada, donde los discípulos podrán ver al Padre. “A Dios no le ha visto nadie" (Juan 1,18), pero se nos hace visible en Jesús y en cada ser humano según la medida de nuestro amor. Ser discípulo significa haber aceptado vivir "donde Jesús vive", es decir: en el ámbito del amor.
¿Quién es Jesús?
Podría parecer que esta es la pregunta más importante, y, sin embargo, esta pregunta puede convertirse en el obstáculo que más  nos impida creer en Jesús.
"¿Quién es Jesús?" Es una mala pregunta porque puede hacer que nos quedemos anclados en la idea de un Jesús individual, singular, único, extraordinario … y separado del resto de los humanos, ajeno a nuestras vidas.
Imaginaos que alguien pregunta qué forma tiene el agua. Sería una mala pregunta por que el agua no tiene forma propia sino que siempre toma la forma de lo que la contiene. Algo parecido ocurre con Jesús: él es según cada persona y cada situación personal. Jesús, como el agua, toma la "forma" que responde a nuestra situación. Es alimento para quien tiene hambre, es luz para quien no ve; es puerta para quien está cerrado; es pastor para quien es oveja; …
Notamos que esto ocurre también con las personas que amamos; por ejemplo los padres. Para el hijo pequeño y débil, los padres son mucho; si el hijo está enfermo, le son médico; si no habla, le son palabra; si está solo, le son compañero; le son contrapunto cuando es adolescente; son sus raíces cuando está en la plenitud; … Por eso, el amor entre personas que se quieren no se basa en "quién es" cada uno sino en que se hace para mí ahora y aquí. Quedarse en "quién es" el otro haría imposible el verdadero amor. Definir al otro sería congelarlo, endurecerlo, cosificarlo … Sería como el agua convertida en hielo.
Creer en Jesús no es definirle sino acoger su presencia hecha respuesta a nuestra situación. Pero eso no es todo: la presencia–respuesta de Jesús hace visible la presencia–respuesta del Padre Invisible.
"Yo soy el camino, la verdad y la vida".
El Evangelio de Juan no "define" a Jesús sino que nos lleva progresivamente a sentir su presencia amorosa ("Creer"). La expresión "Yo soy el camino, la verdad y la vida" expresa la relación de Jesús con los discípulos. Jesús nos es camino porque la llamada del Padre nos invita a hacernos caminantes; nos es verdad porque el proyecto del Padre sobre los humanos, visualizado en Jesús, es el horizonte real que se abre ante nosotros, y todo otro proyecto sería mentira y alienación; nos es vida porque con él conectamos con la única "fuente" de vida: el PADRE.
La expresión "Yo soy" no es para definir a Jesús sino para indicarnos la forma que toma su presencia ante nosotros.
En la Biblia, Dios se presenta con el nombre de "Yo soy" (Yahvé, en hebreo). Tampoco es una definición de Dios (que es indefinible) sino la afirmación de su presencia salvadora. Seguramente la traducción más correcta del nombre "Yahvé" sería "Yo estoy", mejor que "Yo soy".
MENSAJE
El relato de hoy de ninguna forma es el juego de los disparates. Se trata de un lenguaje muy elaborado a través del cual el evangelista nos va preparando gradualmente para poder descubrir y disfrutar de la presencia del Padre, visualizada en la presencia de Jesús y en la de todos los que viven como él: vida que se entrega. Por eso el Calvario nos es presentado por todos los evangelistas como el momento del "gran espectáculo" que vuelve visible el amor de Dios a todos los humanos. La vida entregada (resurrección) de Jesús nos afecta más directamente de lo que podría parecer, ya que nos es entregada a nosotros, y para nosotros se hace camino, verdad, vida, puerta, pastor, luz, pan, agua, … Y todo esto no comienza en Jesús sino en la fuente de todo: el PADRE. "Las palabras que yo os digo no vienen de mí mismo. Es el Padre, que permaneciendo en mí, hace sus obras”.
RESPUESTA
Dios se nos presenta convertido en respuesta. No es que Dios dependa de nosotros; somos nosotros que somos fruto de su proyecto. Y en este proyecto estamos "diseñados" como personas libres. Esto conlleva que podemos aceptar la oferta, o rechazarla. Aceptarla nos permite sentirnos hijos, gracias a que Dios se nos presenta como Padre. Sólo Él puede ser el agua para la sed que Él mismo ha generado en nosotros. La oferta a participar de su VIDA hace nacer en nosotros el deseo de Él. "Nos has hecho para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti" (San Agustín).
Pero, para los humanos del siglo XXI, no sólo el Padre es invisible sino también Jesús …
Jesús, ¿invisible? Ciertamente que no. Jesús es el Hombre. Allí donde hay un ser humano, allí "vemos" a Jesús. Recordemos el relato de los discípulos de Emaús que leíamos hace dos domingos: ellos no reconocen a Jesús hasta que acogen en su casa a un forastero. Para "ver" a Jesús necesitamos acoger al Hombre, aunque nos resulte un forastero.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. ¿Cuál de estas dos frases parece más coherente con los Evangelios:
  • Debemos ser buenos, y así Dios nos premiará con el Cielo.
  • Dios es bueno, y nos invita a convivir con Él, si aceptamos.
  1. Jesús dice a Felipe: Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Esto es valido sólo para los que vieron a Jesús hace dos mil años, o es valido también para nosotros? ¿Cómo?
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)