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lunes, 16 de mayo de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO V DE PASQUA. CICLO A.

DOMINGO V DE PASCUA.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.


Este fragmento del evangelio que hemos leído hoy, de entrada, parece el juego de los disparates. Jesús dice a sus discípulos cosas del todo incomprensibles y, encima, les dice que lo entienden. Tomás replica: «Señor, no sabemos a dónde ir. ¿Cómo podemos saber cual es el camino?». Al final parece que los discípulos intuyen que Jesús está hablando del Padre. Por eso Felipe se atreve a pedir una cosa: «Señor, muéstranos al Padre, y nos basta». Pero tampoco acierta. Con esta petición sólo pone de manifiesto, ¡que no han entendido absolutamente nada! Ahora es Jesús quien replica a Felipe: "Felipe, hace tanto tiempo que estoy con vosotros y no me conoces?".
Realmente, ¡parece el juego de los disparates!
La verdad es que el evangelio de Juan ya nos tiene acostumbrados a esta forma de hacer. Y es que lo que el evangelio de Juan nos quiere hacer descubrir sólo se puede entender desde una cierta experiencia. Es como preparar a un ciego para que desee los colores antes de ver; o como ayudar a pre–gustar la libertad a alguien cuando aún tiene el corazón de esclavo.
Creed en Dios, creed también en mí.
En una sociedad religiosa las personas confían en Dios, a pesar de no haberle visto nunca. En realidad es fácil "confiar" en alguien que no se ha visto nunca y que te puedes imaginar a tu manera … En cambio, Jesús pide a sus discípulos algo más difícil: que confíen en él. Esto es más difícil porque a él le ven pero todavía no le entienden.
Si bien la liturgia nos propone este relato como una preparación para la próxima fiesta de la Ascensión, la verdad es que el evangelio de Juan lo sitúa en el marco de la cena de despedida que Jesús hizo con los discípulos antes de su pasión–muerte–resurrección.
La situación era tensa. Jesús acababa de decir que sería traicionado por uno de ellos, y que Pedro le negaría tres veces esa misma noche. Es sorprendente la "tranquilidad" con que comentan entre ellos estos comportamientos, y la no–reacción de los otros apóstoles … ¿Quiere sugerir con ello una cierta "normalidad de hecho" en la acción de traicionar al Hombre y negarle?
El relato tiene como dos partes: la 1ª centrada en la idea del "camino". La 2ª está centrada en la idea del "Padre". O sea: se habla del camino que lleva al Padre.
Pero el Padre no está lejos, y el camino para llegar a él no se hace caminando sino creyendo. Cuatro veces se repite el verbo "creer". Aquí está el desatascador de todo.
Todo el Evangelio de Juan tiene como eje unificador la invitación a creer. Su autor afirma de manera explícita a la finalización: Lo que se ha escrito "ha sido escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y, creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20 , 31).
En el Evangelio de Juan, creer es un descubrimiento y una respuesta progresivos. Ocurre como en la vida: cuando tenemos dos meses ya somos seres humanos, pero todavía no somos plenamente humanos. Vivimos creciendo. Así también: creemos creciendo. Los discípulos ya creen en Jesús, pero no lo suficiente como para no abandonarle esa misma noche, y luego volver con él.
"A casa de mi Padre …"
Cuando Jesús dice a los discípulos que se va a casa de su Padre, se está refiriendo al Calvario. Será en el Calvario, entregando por completo su vida, cuando Jesús entrará en el ámbito del amor total, que él llama "la casa de mi Padre". Por ello, es en el Crucificado, vida del todo entregada, donde los discípulos podrán ver al Padre. “A Dios no le ha visto nadie" (Juan 1,18), pero se nos hace visible en Jesús y en cada ser humano según la medida de nuestro amor. Ser discípulo significa haber aceptado vivir "donde Jesús vive", es decir: en el ámbito del amor.
¿Quién es Jesús?
Podría parecer que esta es la pregunta más importante, y, sin embargo, esta pregunta puede convertirse en el obstáculo que más  nos impida creer en Jesús.
"¿Quién es Jesús?" Es una mala pregunta porque puede hacer que nos quedemos anclados en la idea de un Jesús individual, singular, único, extraordinario … y separado del resto de los humanos, ajeno a nuestras vidas.
Imaginaos que alguien pregunta qué forma tiene el agua. Sería una mala pregunta por que el agua no tiene forma propia sino que siempre toma la forma de lo que la contiene. Algo parecido ocurre con Jesús: él es según cada persona y cada situación personal. Jesús, como el agua, toma la "forma" que responde a nuestra situación. Es alimento para quien tiene hambre, es luz para quien no ve; es puerta para quien está cerrado; es pastor para quien es oveja; …
Notamos que esto ocurre también con las personas que amamos; por ejemplo los padres. Para el hijo pequeño y débil, los padres son mucho; si el hijo está enfermo, le son médico; si no habla, le son palabra; si está solo, le son compañero; le son contrapunto cuando es adolescente; son sus raíces cuando está en la plenitud; … Por eso, el amor entre personas que se quieren no se basa en "quién es" cada uno sino en que se hace para mí ahora y aquí. Quedarse en "quién es" el otro haría imposible el verdadero amor. Definir al otro sería congelarlo, endurecerlo, cosificarlo … Sería como el agua convertida en hielo.
Creer en Jesús no es definirle sino acoger su presencia hecha respuesta a nuestra situación. Pero eso no es todo: la presencia–respuesta de Jesús hace visible la presencia–respuesta del Padre Invisible.
"Yo soy el camino, la verdad y la vida".
El Evangelio de Juan no "define" a Jesús sino que nos lleva progresivamente a sentir su presencia amorosa ("Creer"). La expresión "Yo soy el camino, la verdad y la vida" expresa la relación de Jesús con los discípulos. Jesús nos es camino porque la llamada del Padre nos invita a hacernos caminantes; nos es verdad porque el proyecto del Padre sobre los humanos, visualizado en Jesús, es el horizonte real que se abre ante nosotros, y todo otro proyecto sería mentira y alienación; nos es vida porque con él conectamos con la única "fuente" de vida: el PADRE.
La expresión "Yo soy" no es para definir a Jesús sino para indicarnos la forma que toma su presencia ante nosotros.
En la Biblia, Dios se presenta con el nombre de "Yo soy" (Yahvé, en hebreo). Tampoco es una definición de Dios (que es indefinible) sino la afirmación de su presencia salvadora. Seguramente la traducción más correcta del nombre "Yahvé" sería "Yo estoy", mejor que "Yo soy".
MENSAJE
El relato de hoy de ninguna forma es el juego de los disparates. Se trata de un lenguaje muy elaborado a través del cual el evangelista nos va preparando gradualmente para poder descubrir y disfrutar de la presencia del Padre, visualizada en la presencia de Jesús y en la de todos los que viven como él: vida que se entrega. Por eso el Calvario nos es presentado por todos los evangelistas como el momento del "gran espectáculo" que vuelve visible el amor de Dios a todos los humanos. La vida entregada (resurrección) de Jesús nos afecta más directamente de lo que podría parecer, ya que nos es entregada a nosotros, y para nosotros se hace camino, verdad, vida, puerta, pastor, luz, pan, agua, … Y todo esto no comienza en Jesús sino en la fuente de todo: el PADRE. "Las palabras que yo os digo no vienen de mí mismo. Es el Padre, que permaneciendo en mí, hace sus obras”.
RESPUESTA
Dios se nos presenta convertido en respuesta. No es que Dios dependa de nosotros; somos nosotros que somos fruto de su proyecto. Y en este proyecto estamos "diseñados" como personas libres. Esto conlleva que podemos aceptar la oferta, o rechazarla. Aceptarla nos permite sentirnos hijos, gracias a que Dios se nos presenta como Padre. Sólo Él puede ser el agua para la sed que Él mismo ha generado en nosotros. La oferta a participar de su VIDA hace nacer en nosotros el deseo de Él. "Nos has hecho para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti" (San Agustín).
Pero, para los humanos del siglo XXI, no sólo el Padre es invisible sino también Jesús …
Jesús, ¿invisible? Ciertamente que no. Jesús es el Hombre. Allí donde hay un ser humano, allí "vemos" a Jesús. Recordemos el relato de los discípulos de Emaús que leíamos hace dos domingos: ellos no reconocen a Jesús hasta que acogen en su casa a un forastero. Para "ver" a Jesús necesitamos acoger al Hombre, aunque nos resulte un forastero.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. ¿Cuál de estas dos frases parece más coherente con los Evangelios:
  • Debemos ser buenos, y así Dios nos premiará con el Cielo.
  • Dios es bueno, y nos invita a convivir con Él, si aceptamos.
  1. Jesús dice a Felipe: Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Esto es valido sólo para los que vieron a Jesús hace dos mil años, o es valido también para nosotros? ¿Cómo?
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)