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lunes, 23 de mayo de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VI DE PASCUA. CICLO A.

DOMINGO VI DE PASCUA.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.


El evangelio de hoy es continuación del fragmento que leímos el domingo pasado. Aquí Jesús habla de otro Defensor. Para los discípulos, Jesús era el (primer) Defensor, dado que seguirlo conlleva a menudo ir a contracorriente, y esto es peligroso. Pero ahora "se va", y les promete otro Defensor. La palabra original "Paráclito" que, según los entendidos, puede tener diferentes traducciones: defensor, abogado, consolador, acompañante, guía, revelador, amigo ... Pero, cualquiera que sea la traducción más correcta, una cosa parece clara: este nuevo defensor no sustituirá a Jesús. Es cierto que la muerte de Jesús será experimentada por los discípulos como una ausencia; pero en realidad se trata de un cambio de presencia. Hasta ahora Jesús había estado presente entre ellos como maestro y señor. Era uno más: si ellos eran doce, con Jesús eran trece.
Pero, ¿qué pensaríais de un maestro que se mantuviera siempre necesario? El mejor maestro es aquel que logra que sus alumnos lleguen a no necesitarlo. Jesús ya les había advertido: "Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros; en cambio, si me voy, os lo enviaré” (Juan 16,7). La presencia del nuevo Defensor sólo es posible si Jesús se hace "ausente" como maestro, de una manera similar a como el heredero no se convierte realmente "heredero" hasta que el padre no se retira.
La retirada de Jesús no es un simple irse para dejar el protagonismo a sus discípulos. La acción de Jesús se asemeja a la de aquellos padres que reparten la herencia a sus hijos no cuando mueren sino cuando los hijos son capaces de recibirla, administrarla y disfrutarla. En estos casos, el reparto de la herencia se convierte en el acto de amor más importante y definitivo de los padres hacia los hijos. Estos se convierten en herederos para que los padres les dan todo lo que son y tienen, en un acto supremo de amor.
El nuevo Defensor que Jesús promete a los discípulos es precisamente el despertar en ellos mismos de lo que él les ha dado: su propia vida de comunión con el Padre. Recordémoslo una vez más: la muerte de Jesús en el Calvario es la visualización de su vida entregada. Y "discípulos" son todos aquellos que acogen esta donación. Para que esta vida entregada sea plenamente activa en ellos, Jesús se marcha "como Maestro y Señor". Entonces la vida entregada que los discípulos han acogido se hace plenamente activa. "Marcharse como Maestro y Señor" será la manifestación más clara y definitiva del amor de Jesús a los discípulos. "Él, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Juan 13,1).
Pero el Calvario no es sólo la manifestación máxima del amor de Jesús al Hombre, sino también la manifestación máxima de la inhumanidad del Poder y sus secuaces: el "mundo". Aquí "mundo" significa el conjunto de humanos que, creyendo en la eficacia del Poder, han creado una sociedad basada en relaciones de dominio-sujeción. Este es el "mundo" que ha dictado sentencia contra Jesús, y que no puede recibir el Espíritu de la verdad porque ha proclamado como "verdad" su propia mentira.
En nuestra vida de cada día, conviven la mentira del Poder y la verdad del Hombre. En los Doce ha quedado muy claro que el ser humano siente el impulso del mundo de la mentira y siente también el espíritu de la verdad. Aceptar ser discípulo de Jesús comporta optar por el espíritu de verdad, que permite vencer el impulso del "mundo". "Dentro de poco, el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis, porque yo vivo, y vosotros también viviréis".
Hay una única realidad: el Padre. Y, en Él, el Hombre. Y, en el Hombre, cada uno de los humanos en la medida en que somos solidarios con la Humanidad. Fuera de aquí, ninguna otra cosa es realmente real. "Por Él todo ha venido a la existencia, y nada ha venido sin Él" (Juan 1,3). La oscuridad y la muerte existen sólo como contrapunto de la Luz y de la Vida, como una sombra, que no tiene otra "realidad" que el hecho de señalar el espacio en donde no llega la luz por la opacidad del cuerpo iluminado.
Y sin embargo ...
El Padre os dará otro Paráclito ...
¿Para qué lo necesitamos otro Defensor?
La existencia del amor provoca, por contraste, la experiencia del desamor. Y podemos caer en la tentación de dar consistencia a este desamor. Dar consistencia al desamor: he aquí el peligro del que debemos ser defendidos, sobre todo cuando el desamor toma formas tan seductoras como el dominio sobre los demás, el triunfo, la fama, el prestigio, la arrogancia, ...
"Orad para no caer en la tentación", había insistido Jesús a sus discípulos (Lucas 22,40). Pero cayeron. Su fe era todavía demasiado "infantil". El nuevo Defensor les permitirá hacerse adultos. El Espíritu de Jesús dado a los discípulos, se encarna en ellos, y en cada ser humano que le acoge ("que guarda sus mandamientos"). Esta nueva situación conlleva la rica y gozosa experiencia de saber que "yo (Jesús) estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros". Aunque existe una sola y única realidad, es una realidad viva, diferenciada y vinculada por relaciones de comunión.
MENSAJE
Como en la vida natural se va pasando de la niñez a la adultez, así también la comunión con el Padre va pasando de una situación "infantil" a una adultez creciente por la acción del Espíritu, derramado abundantemente sobre nosotros (Titus 3,6). Comenzamos pequeños, necesitados de Leyes y Mandamientos. El cumplimiento de estos muestra nuestra disponibilidad a recibir la vida entregada de Jesús, hasta que ésta se hace activa en nosotros. Es el nuevo Defensor, aquel que nos defiende de la mentira de dar consistencia al Poder.
RESPUESTA
Actualmente muchas personas se han situado al margen de la Iglesia. ¿Es porque no necesitan ningún nuevo Defensor o porque no encuentran en la Iglesia el clima adecuado donde este nuevo Defensor pueda actuar en ellos? ¿No podría ser que muchos hayan abandonado la Iglesia precisamente impulsados por el Espíritu de verdad que les mueve a buscar una Libertad que no encuentran en la Iglesia?
En relación a las llamadas sociedades cristianas, ¿no podría ser que hubiera llegado el momento en que la "Iglesia" tenga que cambiar su forma de presencia retirándose "como maestra y señora", y haciéndose presente como fermento (seguramente no muy visible) de Humanidad? ¿La presencia institucional de la Iglesia no resulta a menudo demasiado pesada, formando parte de un Sistema básicamente opresor? ¿La llamada crisis de valores, no será una reacción contra la mentira de nuestro "mundo"? ¿No será que el otro Defensor que Jesús ha prometido continúa actuando en más personas de las que imaginamos?
PREGUNTAS para el diálogo
  1. La superación de la situación de cristiandad toma formas y maneras muy diferentes según cada lugar y cada ámbito sociológico. En vuestro ambiente ¿quedan rasgos de Cristiandad que, en vuestra opinión, deberían cambiar?
  2. Como personas, ¿experimentáis vuestra pertenencia a la Iglesia como una ayuda o como un obstáculo para la Libertad?
  3. ¿Conocéis personas que digan, de palabra o de hecho, Desde que he dejado la Iglesia (o la Religión) me siento más libre”? ¿Qué opináis?
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)