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martes, 28 de junio de 2011

RELECTURA - DOMINGO XIV DE ORDINARIO - La Felicidad en la sencillez

Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas un poco acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican con este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno). 








"… ha revelado a la gente sencilla lo que ha escondido a los sabios y entendidos" (Mt. 20, 25).

Trini fue una mujer como tantas otras mujeres del siglo XX: un siglo marcado por dos Guerras Mundiales y, entre nosotros, por la Guerra Civil, tan incívica. Un siglo de dolores abundantes para mucha gente. 

También Trini estuvo marcada por el dolor, sobre todo por el dolor más estúpido de todos: aquel que nos provocamos unos a otros. No gozó mucho del amor, excepto lo que ella dio, que fue muchísimo. 

Sin embargo, una peculiaridad suya, sobre todo en sus años de plenitud, era la alegría. No la alegría exultante de la risa sino la alegría contagiosa de la sonrisa, el rostro afable, los ojos de bondad. 

Una vez alguien le preguntó cuál era el secreto de su alegría permanente…

Trini era una persona profundamente religiosa. No era especialmente ilustrada. Como la mayoría de mujeres de su tiempo, había aprendido a escribir con letras los sonidos de las palabras, y sabía leer y entender lo que leía, si eran escritos de devoción. 

Su devoción era expresión de su fe. Experimentaba a Dios como apoyo, y sabía con toda seguridad que ella no habría podido aguantar su propia vida sin este apoyo. En ella, eso no era ninguna deducción sino una vivencia. 

Lo que más le horrorizaba era que algún familiar o ser querido, a causa de algún mal sobrevenido o desgracia, blasfemara contra Dios. Esto la llevó a hacer un ofrecimiento sorprendente: en torno a los 50 años, de forma explícita y formulada, se ofreció a Dios para sufrir ella lo que, si lo sufría alguien a su lado, le pudiera llevar a blasfemar o renegar. 

Y resultó que este "ofrecimiento para sufrir" se convirtió en el secreto en su alegría. Ella lo explicó así: Si sufro, pienso que Dios ha aceptado mi ofrecimiento, y eso me hace feliz, y si no sufro, también estoy contenta porque nada me duele. 

La mayoría de sabios y entendidos del siglo XX y actuales, si analizaran la religiosidad de Trini y su sorprendente ofrecimiento, encontrarían sin duda multitud de explicaciones: mecanismos de defensa, deseos reprimidos, ilusiones frustradas, miedos disimulados, intereses inconfesables, pulsiones de muerte, impulsos de vida, mecanismos de compensación…Y es que hoy conocemos tan bien la vida humana que, como hacen los físicos con la materia, podemos seccionar hasta descubrir los más íntimos componentes. Hoy, con la Antropología, la Psicología profunda, el Psicoanálisis, el Conductismo, … podemos discernir de tal manera cada acción y cada comportamiento humano, que todo quede científicamente explicado. 

Hemos creado la "Civilización del Conocimiento", y ya no queda ningún sentimiento o actitud humana sin la correspondiente explicación. Sobre el ser humano lo saben (casi) todo, y lo pueden explicar (casi) todo. 

Todo, menos una cosa: la alegría de algunas personas que sufren, la valentía de algunas personas débiles, la paz de algunos corazones humillados, la generosidad de algunos pobres… Quizá tampoco sepamos explicar la esperanza de algunos indignados. 





Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de:

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XIV DE ORDINARIO. CICLO A.



DOMINGO XIV DE ORDINARIO. CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

Quizá alguna vez habréis oído a alguien que se expresaba así: "Mira, un día decidí dejar todo eso de la religión, y ahora vivo mucho más tranquilo".
Estoy totalmente de acuerdo con esta actitud, y por eso hago la siguiente propuesta: si la religión y sus prácticas no nos ayudan a estar más tranquilos (es decir: en paz con nosotros mismos) y a sentirnos más libres, deshagámonos de ellas.
Es pura consecuencia de aquella sentencia de Jesús: "No es el hombre para el sábado (para la religión) sino el sábado para el hombre" (Marcos 2,27).
También el evangelio de hoy nos conduce por este camino: si ser discípulos de Jesús no nos lleva a "encontrar el reposo", es que no hemos entendido nada. O cambiamos o lo dejamos.
Los sabios y entendidos ni saben ni entienden
El lenguaje del evangelio de hoy utiliza la contradicción para dar más relieve a lo que nos quiere comunicar. Según las palabras de Jesús, los “sabios y entendidos” “ni saben ni entienden”. Pero fijémonos que en el contrapunto de esto no habla de los “ignorantes” sino de los "sencillos". Son los "sencillos" los que reciben la revelación de Dios que les permite saber y entender.
Si los sabios y entendidos ni saben ni entienden, no es debido a sus conocimientos, sino porque consideran que sus conocimientos les sitúan por encima de los demás. Eso sí que impide conocer y entender los proyectos de Dios.
Desde cien metros de altura no se ve la vida de las casas; sólo se ven los tejados.
Mi yugo es suave y mi carga ligera …
¿Puede haber un yugo suave?
¿Es posible una carga ligera?
Es necesario dar a estas frases un significado activo: hablan de yugos que suavizan la vida, y de cargas que alivian el peso de la existencia.
Los que vivimos en la costa vemos a menudo los yugos pesados y las cargas pesadas que se cargan los buzos. Pero cuando están dentro del agua, ¡cuanto es de suave y ligero aquel atuendo que, fuera, les resultaba tan pesado!
¿No habéis visto cómo los niños en la playa o en la piscina se cargan de corchos o flotadores que, una vez en el agua, alivian su propio peso?
Los mismos evangelios nos hablan a menudo de la vida como de una travesía en barca. ¡Con lo pesante que es, una barca!; y, sin embargo, gracias a ella podemos pasar "flotando" a la otra orilla.
Para una inmensa mayoría de personas la vida es una carga pesada en algunos (o muchos) momentos. Es entonces cuando podemos comprobar la verdad de las palabras de Jesús: "… y hallaréis el descanso que tanto deseabais, porque mi yugo suaviza y mi carga alivia".
Y si no es así, dejémonos de religiones. Y seamos sencillos para poder captar la revelación del Padre.
Nadie conoce al Padre sino el Hijo …
Desde nuestras necesidades podemos llegar a Dios. El proceso sería más o menos así: todos intuimos que nuestra vida no tiene su fundamento en sí misma. Existimos, pero podríamos no existir. Por tanto, si no somos el fundamento de nuestra existencia, otra cosa hay que nos fundamenta y nos sostiene. A esta "otra cosa" le podemos dar el nombre de "Dios", u otros nombres.
Pero en Jesucristo los humanos hemos descubierto que Dios no se ha quedado en esta relación de creador–criatura, sino que nos ha llamado y destinado a ser hijos. Podría no haberlo hecho, pero lo ha hecho. No es una consecuencia de lo que somos, sino pura generosidad suya. No es exigido por nuestras necesidades ni podemos conseguirlo o merecerlo por nosotros mismos. Es un don gratuito. Estamos invitados a ser hijos en el Hijo.
Como explica San Pablo a los de Corinto, ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre sueña lo que Dios tiene preparado para los que le aman (1ª Corintios, 2,9).
NOTA:
A la hora de intentar entender las "palabras de Jesús", hay que tener muy presente que la vida de Jesús presenta dos situaciones diferentes.
Una primera etapa viene constituida por la vida de Jesús por los caminos de Galilea. Es una vida vivida de una manera individual y corporal como la nuestra, en espacios y tiempos concretos, y con unas relaciones humanas determinadas.
La segunda etapa comienza con su muerte en la cruz. La vida de Jesús pasa de ser vida obtenida a ser vida entregada y, como tal está presente, experimentada y visualizada en las comunidades cristianas (que han acogido su "donación").
En las dos etapas se trata siempre del mismo Jesús y de la misma vida. Por eso las comunidades cristianas no tendrán ningún inconveniente en poner en boca de Jesús aquellas "palabras" que expresan los sentimientos y la fe que su presencia genera en la comunidad.
Así nacerán una clase de Escritos, únicos en su género: los Evangelios. Los Evangelios nos presentan las palabras y las obras del Jesús real, el de las dos etapas, sin diferenciar lo que corresponde a cada una de ellas.
Es cierto que nuestra curiosidad actual nos hace preguntar qué dijo y qué no dijo el Jesús–galileo (el de la primera etapa). Pero los Evangelios no son ni quieren ser biografías del Jesús–galileo, sino el anuncio de la buena noticia del Jesús real (Marcos 1,1).
De acuerdo con esto, podemos decir que seguramente las palabras de Jesús que hoy hemos leído en el Evangelio no fueron pronunciadas por el Jesús–galileo. En cambio, expresan la acción de Jesús–resucitado tal como es experimentada en la comunidad cristiana.
MENSAJE
Es posible aligerar la "carga de la vida" acogiendo el mensaje de Jesús.
Pero sólo lo podremos hacer si no nos sentimos superiores a los demás ni nos consideramos autosuficientes (sabios y entendidos) para conseguir "por derecho de conquista" lo que nos es ofrecido como un don gratuito.
RESPUESTA
¿De alguna forma, escribir estos Apuntes de Homilía, no es un poco “hacer de sabio y entendido”?
Y si el evangelio nos dice que "todo esto lo ha escondido a los sabios y entendidos y lo ha revelado a los sencillos", ¿por qué perder el tiempo leyendo estos Apuntes?
Pienso que el evangelio de hoy nos ayuda a poner las cosas en su sitio.
Por ello, permitidme repetir aquí algo que a veces también he dicho en la parroquia: no os creáis nada de lo que os he dicho, hasta que no descubráis por vosotros mismos aquello que pueda haber de correcto o incorrecto. Hago mía una frase de San Pablo: "Examinadlo todo y quedaos con lo bueno" (1ª a los Tesalonicenses 5,21).
Y, como saber qué es bueno?
No hay otra solución que tener una cierta confianza en nosotros mismos. Es cierto que podemos equivocarnos, pero debemos reconocer que cada uno de nosotros está dotado de sensibilidad para saborear el bien y sentir la amargura del mal. En último término hay que fiarse de esta "sensibilidad" recibida y creciente.
Podemos recordar las palabras de Jesús: "Pero vosotros no os dejéis llamar 'maestro', porque de maestro sólo hay uno, y todos vosotros sois hermanos; ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque padre sólo tenéis uno, que es el del cielo; ni os dejéis llamar ‘guías’, porque uno solo es vuestro, que es el Cristo” (Mateo 23,8).
Entre nosotros no somos maestros, ni padres ni guías. Pero somos hermanos. Y nada nos ayuda tanto a entender los proyectos del Padre como el diálogo sincero entre todos los hermanos.
La pretensión de estos Apuntes es la de los "perros que levantan la liebre" y la hacen ir hacia el cazador. Cazarla o no cazarla ya no es cosa de ellos sino de su amo.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. Nuestro tiempo no es tanto de sabios como de especialistas; es decir: de personas muy entendidas en algo y bastante ignorantes en muchas otras cosas. ¿Qué consecuencias se pueden extraer de este hecho pensando en nuestra comunidad?
  2. Como a menudo las cosas de la religión nos resultan complicadas, tenemos tendencia a decir: "doctores tiene la Iglesia". ¿Qué opináis de esta actitud?
  3. ¿Qué proponéis para que aquello que Dios nos revela cuando somos sencillos, pueda ser compartido por todos?

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)

lunes, 20 de junio de 2011

RELECTURA - CORPUS CHRISTI

(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas un poco acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican con este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno). 




Vanesa no quiere ir más a la catequesis de Primera Comunión. Iba contenta, pero de repente, dice que no quiere volver. 

- Entonces, ¿qué te ha pasado? -Le preguntan sus padres. 

- No quiero hacer la Comunión. 

Su madre entendió enseguida que su hija no estaba para dar explicaciones. 

Ha hablado con la catequista, ya que se conocen bien. Pero también ella se muestra muy sorprendida: 

- Pero, ¡si venía muy contenta! No sé qué puede haber pasado. Quizás algún compañero... Ya trataré de enterarme. 

Hoy Vanesa no ha ido a la escuela porque tenía que ir al médico a la capital. La madre, que la ha acompañado con el coche, volviendo, se da cuenta de que su hija tenía las defensas bajadas... y lo aprovecha. Sin dejar de mirar a la carretera, y como quien no quiere la cosa, pregunta:

- Así... lo de la comunión, ¿lo dejamos por este año?

- Sí. Ya os lo dije -responde ella también sin mirar a su madre. 

- Mira: eso es cosa tuya y sólo lo puedes decidir tú. Tu padre y yo, en este punto, haremos lo que tú quieras. Pero, sabes: nos gustaría saber por qué así, de repente, has tomado esta decisión. 

- Me da asco. No la haré nunca la comunión. 

La madre ha sentido como una punzada provocada por esta respuesta. Intentando disimular, ha mirado brevísimamente a su hija, y ha repetido:
- ¿Asco? No te entiendo. 

- La maestra de catequesis dijo que la comunión es comer el cuerpo del niño Jesús... No sé cómo podéis hacer esto, la gente... 

La madre se calmó, pero comprendió que debía responder con mucho tacto. Para su hija, aquello no era ninguna tontería. 

- ¿Estás segura de que no lo has entendido mal? La comunión no es eso. 

- La maestra lo dijo bien claro, y lo repitió muchas veces... 

- De acuerdo, de acuerdo. La maestra lo dijo, pero seguramente ella pensaba que lo entenderíais bien. Como hay tanta gente que toma la comunión... Seguramente lo dijo pensando que ya lo sabríais entender. 

- Si la comunión no es eso, ¿por qué no me lo explicas tú?

- ¡Hombre! Yo no soy catequista... Pero, si quieres, hablamos. 

- Te escucho. 

La madre se miró a la niña con gran ternura y con cara de complicidad. Después dijo:

- Mira: para que no me pase como a la catequista, déjame pensarlo un poco. -Y luego añadió:- ¿Sabes qué? Te lo explicaré a la hora de comer. Hoy, para comer, sólo estaremos tu padre, tú y yo.

- ¿Tan complicado es?

- Ni lo más mínimo. Pero, como en la comunión se come, la mejor forma de hablarlo será cuando estemos en la mesa. 

Cuando llegó el padre, la madre lo puso secretamente en antecedentes. Él encontró muy acertada la decisión de su mujer, y rápidamente diseñaron la estrategia. 

Sentados a la mesa, enseguida Vanesa "reclamó" la explicación prometida. Sobre la mesa, había unas rebanadas de pan, como siempre. Comenzó el padre, preguntando a Vanesa:

- ¿Te gusta este pan?

- Siempre comemos. Claro que me gusta. Ya lo sabes. 

- Pero nosotros no lo hacemos este pan, lo tenemos que comprar. Y eso cuesta dinero. 

Vanesa se miró la madre como diciéndole: "Y ahora, ¿qué le pasa a mi padre?" Pero la madre respondió:

- Creo que tu padre te quiere decir algo importante. 

- Desde luego -replicó el padre. Y, dirigiéndose a su hija, continuó: -¿Sabes una cosa? Cuando yo era pequeño, cuando caía un trozo de pan al suelo, lo recogían, lo soplaban algo por si se había ensuciado, y le dábamos un beso. 

- ¿Un beso? ¿Por qué?

- Tu abuela siempre decía que eran los sudores del abuelo. ¿Sabes qué quería decir con eso?

- Supongo que el abuelo tenía que trabajar mucho para poder comprar el pan y las cosas de comer. 

- ¡Exactamente! ¡Qué hija más inteligente que tenemos! -Proclamó, mirando a su mujer- Mira Vanesa: Este pan, y todas las cosas que compramos para poder comer y vivir, son "los sudores" de tu madre y míos. ¿Te da asco todo esto?... 

Vanesa se quedó un momento en silencio. Acababa descubrir muchas cosas a la vez. 

Luego, mirando a su madre, dijo:

- ¿Es así la comunión?

- Se parece mucho -respondió la madre. Y continuó:- Sólo hay una pequeña diferencia: esta es nuestra mesa. Tu padre y yo gastamos nuestra vida por vosotros: tú y tu hermano que ahora está en la escuela. Y también por nosotros mismos. Por eso somos una familia. Una familia más bien pequeña. Pero la mesa de la comunión es la mesa de todos los hombres y mujeres que trabajan para que el mundo sea también una gran familia. 

- Pero la maestra dijo que el pan de la comunión es el cuerpo de Jesús... 

- En cierto modo, sí. Representa la "vida" de Jesús, y la vida de todas las personas que, como Jesús, la van gastando para "alimentar" a la gran familia de todos los hombres. 

- Así, dentro del pan, ¿no hay la carne y los huesos de Jesús?

- ¡Claro que no! Pero el pan de la comunión, al igual que éste, cuando es puesto sobre la mesa, representa el esfuerzo de tanta y tanta gente que vive para los demás. Y "hacer la comunión" significa que nosotros les estamos agradecidos, y que también queremos hacer como ellos. 

Y aquí intervino el padre, dirigiéndose a su hija con un tono serio y solemne a la vez:

- Vanesa: hace unos días, tú nos dijiste que no querías hacer la comunión. Ahora soy yo -somos nosotros- que te decimos: no hagas la comunión a menos que quieras, tú también, ayudar, a tu manera, claro está, a que todo el mundo seamos como una gran familia, empezando por nuestro pueblo. 

Vanesa puso cara de sorpresa, y enseguida respondió:

- Yo quiero hacer como vosotros. Vosotros muy a menudo trabajáis para los demás, y gratis. También lo hace la maestra: hace catequesis, y lo hace gratis. Yo sé que lo hace gratis. Y no es nuestra madre... 

Después puso cara de preocupada y dijo:
- Quisiera hacer la comunión, pero me da vergüenza volver a catequesis... 

- No hace falta que vuelvas -dijo la madre. Y añadió-: Si hicieras la comunión después de faltar tantos días, los otros niños pensarían que la catequesis no es importante. Si lo deseas, puedes hacer la comunión con nosotros. 

A Vanesa si le abrieron los ojos. Pero aún le quedaba una duda:

- ¿Lo querrá, el sacerdote?

- Claro que sí -respondió la madre.- Ya hablaré con él. Tampoco debemos ponerle en un compromiso... Mira: Para que nadie vea nada raro, podríamos hacer la comunión yendo a Montserrat, como hemos hecho alguna vez. Pero esta vez vamos a comulgar todos. 

- ¡Que chulo! -Gritó Vanesa. Y dio un largo beso a su madre y a su padre. 




Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de:

REFLEXIONES DOMINICALES. EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO. CICLO A.



Fiesta del Corpus Christi. CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

Esta fiesta tiene un nombre realmente extraño. Quizá por eso popularmente continúa utilizándose su nombre latino "Corpus", ya que así no suena tan raro.
El lenguaje en torno al "cuerpo y la sangre de Cristo" ha pasado a ser tan retorcido que o no dice nada o provoca rechazo. Todavía recuerdo el gesto espontáneo de un niño que su madre llevó a la parroquia con el objetivo de acabar de convencerle para que hiciera la Primera Comunión. Ante mí, y con un lenguaje tomado por el hecho de estar hablando con un "cura", la madre le dijo: "Hijo, haciendo la comunión, Jesús vendrá a tu corazón". El niño cruzó enseguida los brazos ante su pecho, por un simple instinto de autoprotección.
La fiesta del Corpus constituye una cierta repetición del Jueves Santo. En las discusiones del Concilio Vaticano II algunos propusieron suprimirla, pero se mantuvo en atención a su gran popularidad.
Los orígenes de la fiesta hay que buscarlos en el siglo XII como reacción a algunos teólogos que ponían en duda la presencia real de Jesús en el pan y el vino eucarísticos. Se optó por la exuberancia de las formas. Se consideraba una forma de ayudar a la fe impactando los sentidos. Por ello, lo más popular de la Fiesta de Corpus era la Procesión, cuanto más espectacular mejor y con la participación de los prohombres de la ciudad.
Hoy cuesta encontrar sentido a esta fiesta. Seguramente ha sido un muy buen acierto convertirla en el "Día de Cáritas". (→ mensaje).
El evangelio de hoy resulta expresamente provocador, como se reconoce en el propio texto cuando dice: "Los judíos se pusieron a discutir …". "Comer la carne y beber la sangre" …
A veces se ha insistido tanto en el realismo de estas palabras que se han entendido en un sentido antropofágico o canibalesco.
De entrada, permitidme hacer una doble consideración:
1ª. Estas palabras fueron escritas más de 50 años después de la muerte de Jesús. Por lo tanto, era imposible comer su carne…
2ª. Es prácticamente seguro que no se trata de unas palabras de Jesús, recogidas en el evangelio de Juan, sino de unas palabras que el evangelista pone en boca de Jesús, y que pretenden expresar la realidad más profunda de la VIDA: de la vida de Jesús y de la vida de cualquier persona auténticamente humana.
También el evangelio de Lucas utiliza un lenguaje similar cuando dice que, al nacer Jesús, María le puso en un pesebre. No se trata de ninguna forma de canibalismo. Se trata de afirmar, con un lenguaje extremadamente claro, que los humanos podemos hacer de nuestra vida un alimento para los demás. Cualquier padre o madre, sentado en la mesa, podría coger el pan y, enseñándoselo a sus hijos, decirles: esto es mi vida.
Los padres "gastan" o "dan" su vida convirtiéndola en todo lo que necesitan sus hijos para poder vivir y crecer. No es una cuestión de "milagros" sino de amor.
"Mi carne es verdadera comida". Esto es verdad en cualquier persona que ama de verdad.
Es la experiencia de que nuestra vida puede pasar de "vida obtenida" a "vida entregada", y que ésta es la vida auténtica, aquella que ya no incluye la "muerte", la Vida eterna o vida divina.
La vida entregada de Jesús se muestra visible cuando hay alguien que la recibe. Los que la reciben se convierten así en el nuevo "cuerpo de Cristo".
La comunidad cristiana no debe querer retener sólo para ella misma la vida entregada de Jesús. Toda la razón de ser de la Comunidad cristiana es disfrutar, celebrar y ser testigo de la bondad y de la maravilla de la vida entregada.
Los discípulos de Jesús nos encontramos cada semana para comer este alimento. "Comer", aquí, significa también asumir, hacer nuestra, esta forma de vivir. Ir a comulgar sin asumir que nuestra vida se haga también alimento para los demás, sería un engaño peligroso, como ya lo advirtió San Pablo a los Corintios (→ 1ª Carta a los Corintios, capítulo 11,27).
MENSAJE
Prescindiendo de los textos y volviendo a la fiesta del Corpus, su mensaje tradicional era muy "humano" para la exhibición que permitía, pero no era demasiado cristiano.
Actualmente, la vinculación de esta fiesta con lo que representa CÁRITAS nos permite recuperar el mensaje profundo y radical de la Eucaristía.
  CÁRITAS nos lleva a redescubrir el significado real del "Cuerpo de Cristo".
"Tanto amó Dios al mundo que le ha dado a su Hijo Único". En Jesús se muestra el amor del Dios encarnado. Se ha hecho "carne de nuestra carne". En el hombre–Jesús, toda la humanidad es "cuerpo de Cristo". Sólo quedamos excluidos si "salimos de la humanidad", situándonos por encima de ella. Todo lo que signifique "dominio sobre los demás" queda excluido del "cuerpo de Cristo".
Cabe recordar aquí aquel texto maravilloso del Concilio: "Alegrías y esperanzas, tristezas y angustias de los hombres de hoy, los pobres sobretodo y de todos los que sufren, son también las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo, y no hay nada verdaderamente humano que no tenga que encontrar eco en sus corazones.” (Inicio de la Constitución pastoral).
El evangelio de Mateo es aún más contundente: "Os aseguro que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mateo 25, 40).
RESPUESTA
El cambio que ha experimentado la fiesta del Corpus puede orientar nuestra propia respuesta y la de la parroquia.
Se trata de irnos apartando del frecuente y variado exhibicionismo religioso e ir redescubriendo la única imagen de Dios y de Jesús que el propio Evangelio nos propone: el rostro del otro, sobretodo cuando ese "otro" es víctima de alguna forma de poder.
Los evangelios han querido que la imagen venerable de Jesús en la Cruz fuera, para siempre, inseparable de la de los demás "condenados" que le acompañaban.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. Cuando escuchamos la expresión: "El cuerpo de Cristo", ¿qué nos imaginamos realmente?
  2. Si conocéis o recordáis el lenguaje que se utiliza para la Primera Comunión de los niños, ¿creéis que es adecuado comunicar su verdadero significado?
  3. Cuando la nuestra era una "sociedad cristiana", eran consideradas normales ciertas formas de exhibicionismo religioso. ¿Qué dosis de exhibicionismo queda todavía entre nosotros especialmente inadecuado en una "sociedad laica"?

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)