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martes, 7 de junio de 2011

"Pentecostés", una revolución en profundidad.

Juntar Pentecostés y Revolución puede parecer un poco exagerado. Con todo, pienso que Pentecostés es la madre de todas las revoluciones. 
Una vez más, Lucas demuestra ser un escritor extraordinario que con sus relatos es capaz de hacer caer las murallas más sólidas con las que pretendemos protegernos del Amor del Padre. Imaginémonos por un momento que el alcalde de Barcelona enviara este mensaje a Indignados acampados en la plaza de Cataluña:
"Queridos conciudadanos: 

Sé que tenéis toda la razón y el derecho a pedir una democracia real, porque es verdad que la democracia que de hecho tenemos es sólo formal, y que sirve sobre todo para cerrar el paso a la verdadera. 

Estoy contento de que en nuestra ciudad haya ciudadanos como vosotros, preocupados por una convivencia más justa. Por eso os pido que elaboréis un Programa y un Proyecto de democracia real para presentarlo a la ciudad. 

Si resulta mayoritariamente aprobado, mi equipo y yo nos retiraremos para dejar paso al nuevo Programa. 

Entretanto, sabed que sería un orgullo y un honor para mí poder colaborar, si os pareciera oportuno ". 
Huelga decir que una carta así conllevaría para los Indignados un reto importante, un reto que no es seguro que fueran capaces de superar debido a su dificultad intrínseca, y también porque, muy probablemente, antes de cinco minutos ya aparecerían divisiones y luchas entre ellos, sin contar con la inmediata presencia de una gran variedad de aprovechados de turno. 
El relato de Pentecostés es como esta hipotética carta del alcalde, pero con algunas diferencias. La primera y más importante es que no viene de ningún alcalde (que sería destituido inmediatamente por sus superiores por excederse en sus atribuciones) sino de Dios mismo. Otra diferencia es que no va dirigido a los Indignados sino a los perseguidos y esclavizados. Una tercera diferencia es que no se les pide un Programa destinado a ser aprobado por la Mayoría sino que ya es en sí mismo una invitación directa a vivir en Libertad. Esto no quiere decir que, si lo hacen, dejarán de ser perseguidos, de hecho, lo serán más que antes. Pero la persecución no podrá impedir el ejercicio pleno de su Libertad. 
Para entender la revolución de Pentecostés sólo hay que fijarse en el cambio que conlleva. Hasta ahora se suponía que el flujo de la vida va de arriba abajo pasando por los intermediarios. Por ejemplo: en sociedades religiosas (que son la mayoría) se considera que todo tiene su inicio en Dios, y llega al pueblo a través de los sacerdotes, los escribas, los reyes, las autoridades… En sociedades no religiosas simplemente se ha sustituido la "idea Dios" por la "idea de Pueblo". 
Pero, de repente, "todos (los reunidos) quedaron llenos del Espíritu Santo". ¡Todos! No se dice que el Espíritu descendió sobre María, o sobre los Doce, o sobre unos líderes elegidos, o sobre los que se habían bautizado, los que habían seguido un cursillo de preparación, etc. Se dice: ¡Todos! 
Esto lo cambia todo. "Dios está en la base" decía el título de un famoso libro de González Ruiz. A partir de aquí, si existen papas, cardenales, obispos, sacerdotes, diáconos… deberá ser por alguna otra cosa bien distinta que hacer de intermediarios entre "arriba" y "abajo", porque Dios se ha ido abajo. 
Y ahora, a todos estos que están llenos del Espíritu Santo, ¡¿quien les podrá controlar?!
El relato de Lucas es más "realista" de lo que podría parecer: aquí están Pedro y los Once, que hacen un discurso. 
Pedro y los Once "entienden" que ha llegado el momento de actuar porque tienen una responsabilidad importante: poner orden…
 (Pero comentar este discurso, hoy no toca…). 



Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: