Traductor

martes, 28 de junio de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XIV DE ORDINARIO. CICLO A.



DOMINGO XIV DE ORDINARIO. CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

Quizá alguna vez habréis oído a alguien que se expresaba así: "Mira, un día decidí dejar todo eso de la religión, y ahora vivo mucho más tranquilo".
Estoy totalmente de acuerdo con esta actitud, y por eso hago la siguiente propuesta: si la religión y sus prácticas no nos ayudan a estar más tranquilos (es decir: en paz con nosotros mismos) y a sentirnos más libres, deshagámonos de ellas.
Es pura consecuencia de aquella sentencia de Jesús: "No es el hombre para el sábado (para la religión) sino el sábado para el hombre" (Marcos 2,27).
También el evangelio de hoy nos conduce por este camino: si ser discípulos de Jesús no nos lleva a "encontrar el reposo", es que no hemos entendido nada. O cambiamos o lo dejamos.
Los sabios y entendidos ni saben ni entienden
El lenguaje del evangelio de hoy utiliza la contradicción para dar más relieve a lo que nos quiere comunicar. Según las palabras de Jesús, los “sabios y entendidos” “ni saben ni entienden”. Pero fijémonos que en el contrapunto de esto no habla de los “ignorantes” sino de los "sencillos". Son los "sencillos" los que reciben la revelación de Dios que les permite saber y entender.
Si los sabios y entendidos ni saben ni entienden, no es debido a sus conocimientos, sino porque consideran que sus conocimientos les sitúan por encima de los demás. Eso sí que impide conocer y entender los proyectos de Dios.
Desde cien metros de altura no se ve la vida de las casas; sólo se ven los tejados.
Mi yugo es suave y mi carga ligera …
¿Puede haber un yugo suave?
¿Es posible una carga ligera?
Es necesario dar a estas frases un significado activo: hablan de yugos que suavizan la vida, y de cargas que alivian el peso de la existencia.
Los que vivimos en la costa vemos a menudo los yugos pesados y las cargas pesadas que se cargan los buzos. Pero cuando están dentro del agua, ¡cuanto es de suave y ligero aquel atuendo que, fuera, les resultaba tan pesado!
¿No habéis visto cómo los niños en la playa o en la piscina se cargan de corchos o flotadores que, una vez en el agua, alivian su propio peso?
Los mismos evangelios nos hablan a menudo de la vida como de una travesía en barca. ¡Con lo pesante que es, una barca!; y, sin embargo, gracias a ella podemos pasar "flotando" a la otra orilla.
Para una inmensa mayoría de personas la vida es una carga pesada en algunos (o muchos) momentos. Es entonces cuando podemos comprobar la verdad de las palabras de Jesús: "… y hallaréis el descanso que tanto deseabais, porque mi yugo suaviza y mi carga alivia".
Y si no es así, dejémonos de religiones. Y seamos sencillos para poder captar la revelación del Padre.
Nadie conoce al Padre sino el Hijo …
Desde nuestras necesidades podemos llegar a Dios. El proceso sería más o menos así: todos intuimos que nuestra vida no tiene su fundamento en sí misma. Existimos, pero podríamos no existir. Por tanto, si no somos el fundamento de nuestra existencia, otra cosa hay que nos fundamenta y nos sostiene. A esta "otra cosa" le podemos dar el nombre de "Dios", u otros nombres.
Pero en Jesucristo los humanos hemos descubierto que Dios no se ha quedado en esta relación de creador–criatura, sino que nos ha llamado y destinado a ser hijos. Podría no haberlo hecho, pero lo ha hecho. No es una consecuencia de lo que somos, sino pura generosidad suya. No es exigido por nuestras necesidades ni podemos conseguirlo o merecerlo por nosotros mismos. Es un don gratuito. Estamos invitados a ser hijos en el Hijo.
Como explica San Pablo a los de Corinto, ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre sueña lo que Dios tiene preparado para los que le aman (1ª Corintios, 2,9).
NOTA:
A la hora de intentar entender las "palabras de Jesús", hay que tener muy presente que la vida de Jesús presenta dos situaciones diferentes.
Una primera etapa viene constituida por la vida de Jesús por los caminos de Galilea. Es una vida vivida de una manera individual y corporal como la nuestra, en espacios y tiempos concretos, y con unas relaciones humanas determinadas.
La segunda etapa comienza con su muerte en la cruz. La vida de Jesús pasa de ser vida obtenida a ser vida entregada y, como tal está presente, experimentada y visualizada en las comunidades cristianas (que han acogido su "donación").
En las dos etapas se trata siempre del mismo Jesús y de la misma vida. Por eso las comunidades cristianas no tendrán ningún inconveniente en poner en boca de Jesús aquellas "palabras" que expresan los sentimientos y la fe que su presencia genera en la comunidad.
Así nacerán una clase de Escritos, únicos en su género: los Evangelios. Los Evangelios nos presentan las palabras y las obras del Jesús real, el de las dos etapas, sin diferenciar lo que corresponde a cada una de ellas.
Es cierto que nuestra curiosidad actual nos hace preguntar qué dijo y qué no dijo el Jesús–galileo (el de la primera etapa). Pero los Evangelios no son ni quieren ser biografías del Jesús–galileo, sino el anuncio de la buena noticia del Jesús real (Marcos 1,1).
De acuerdo con esto, podemos decir que seguramente las palabras de Jesús que hoy hemos leído en el Evangelio no fueron pronunciadas por el Jesús–galileo. En cambio, expresan la acción de Jesús–resucitado tal como es experimentada en la comunidad cristiana.
MENSAJE
Es posible aligerar la "carga de la vida" acogiendo el mensaje de Jesús.
Pero sólo lo podremos hacer si no nos sentimos superiores a los demás ni nos consideramos autosuficientes (sabios y entendidos) para conseguir "por derecho de conquista" lo que nos es ofrecido como un don gratuito.
RESPUESTA
¿De alguna forma, escribir estos Apuntes de Homilía, no es un poco “hacer de sabio y entendido”?
Y si el evangelio nos dice que "todo esto lo ha escondido a los sabios y entendidos y lo ha revelado a los sencillos", ¿por qué perder el tiempo leyendo estos Apuntes?
Pienso que el evangelio de hoy nos ayuda a poner las cosas en su sitio.
Por ello, permitidme repetir aquí algo que a veces también he dicho en la parroquia: no os creáis nada de lo que os he dicho, hasta que no descubráis por vosotros mismos aquello que pueda haber de correcto o incorrecto. Hago mía una frase de San Pablo: "Examinadlo todo y quedaos con lo bueno" (1ª a los Tesalonicenses 5,21).
Y, como saber qué es bueno?
No hay otra solución que tener una cierta confianza en nosotros mismos. Es cierto que podemos equivocarnos, pero debemos reconocer que cada uno de nosotros está dotado de sensibilidad para saborear el bien y sentir la amargura del mal. En último término hay que fiarse de esta "sensibilidad" recibida y creciente.
Podemos recordar las palabras de Jesús: "Pero vosotros no os dejéis llamar 'maestro', porque de maestro sólo hay uno, y todos vosotros sois hermanos; ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque padre sólo tenéis uno, que es el del cielo; ni os dejéis llamar ‘guías’, porque uno solo es vuestro, que es el Cristo” (Mateo 23,8).
Entre nosotros no somos maestros, ni padres ni guías. Pero somos hermanos. Y nada nos ayuda tanto a entender los proyectos del Padre como el diálogo sincero entre todos los hermanos.
La pretensión de estos Apuntes es la de los "perros que levantan la liebre" y la hacen ir hacia el cazador. Cazarla o no cazarla ya no es cosa de ellos sino de su amo.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. Nuestro tiempo no es tanto de sabios como de especialistas; es decir: de personas muy entendidas en algo y bastante ignorantes en muchas otras cosas. ¿Qué consecuencias se pueden extraer de este hecho pensando en nuestra comunidad?
  2. Como a menudo las cosas de la religión nos resultan complicadas, tenemos tendencia a decir: "doctores tiene la Iglesia". ¿Qué opináis de esta actitud?
  3. ¿Qué proponéis para que aquello que Dios nos revela cuando somos sencillos, pueda ser compartido por todos?

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)