Traductor

martes, 7 de junio de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. PENTECOSTÉS. CICLO A.




FIESTA DE PENTECOSTÉS.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.


Este domingo, junto con el de la Ascensión, no tiene como núcleo inspirador un relato o texto de los Evangelios sino de los Hechos de los Apóstoles. Pero, como la lectura del Evangelio siempre es central en los encuentros del domingo, el análisis del lenguaje de hoy será sobre las dos Lecturas.
Hechos de los Apóstoles.
Los Hechos (o Actos) de los Apóstoles nos exhibe la presencia del Espíritu Santo en la Comunidad utilizando el marco de la fiesta judía de Pentecostés, (de forma similar a como todos los evangelistas nos presentan la muerte–resurrección de Jesús utilizando el marco de la fiesta judía de Pascua).
Este hecho es importante porque ya indica por sí mismo que no se trata de la crónica de un hecho objetivo sino de expresar un nuevo y más profundo significado, ya contenido en germen en las fiestas del pueblo. Es decir: las fiestas son utilizadas como lenguaje, un lenguaje conocido, al que se añade y se explicita una nueva dimensión o significado.
La fiesta de Pentecostés era la fiesta de los frutos o de la recolección. San Lucas quiere que nos demos cuenta de que el Espíritu Santo es el auténtico y definitivo "fruto" de la vida–muerte–resurrección de Jesús. O mejor aún: que la vida–muerte–resurrección de Jesús no deben entenderse sólo como una experiencia personal de Jesús, sino como una experiencia de todo el "pueblo", es decir, de toda la Humanidad.
Pentecostés significa "50". En el lenguaje popular los números están cargados de simbolismo. "50" manifiesta plenitud, una plenitud que provoca un nuevo y mejor comienzo. Los "frutos maduros" son también "semillas" de vida nueva.
"50" es el número que sigue a la plenitud expresada por el "7". Siete veces 7 son 49: la plenitud total. Luego viene el "50" para volver a empezar desde la plenitud alcanzada. Cada 50 años la vida del pueblo volvía a comenzar (Año jubilar.> Levítico, 25,10).
En el Pentecostés de los Hechos de los Apóstoles comienza el nuevo "pueblo de Dios" (la Iglesia), que tiene como característica destacada la universalidad, expresada por el simbolismo de las lenguas. "Había en Jerusalén judíos (hombres, en otras versiones) devotos de todas las naciones que hay bajo el cielo". Y todos se entendían. Es la corrección de lo que le había ocurrido a la Humanidad en su afán de "ser como dioses" que les impulsaba a construir "torres que llegaran hasta el cielo". (Relato de la Torre de Babel Génesis 11,5. También Génesis 3,5). Pero no se entendieron, y se dispersaron.
Las lenguas se posan sobre cada persona de la nueva comunidad. Son lenguas vivas, de fuego. Gracias a estas lenguas todos se entendían y sentían "proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios".
Evangelio.
El Evangelio está sacado San Juan. Aquí, para indicar el nuevo comienzo, no se utiliza la fiesta de Pentecostés sino la expresión "el primer día de la semana" (nuestro "domingo").
La Biblia comienza con la acción creadora de Dios, encajada en el marco de una "semana". El día 6º (nuestro "viernes") es el de la creación del Hombre "a imagen y semejanza de Dios". Esta "creación del Hombre" no queda terminada hasta que Jesús, en la cruz, no pasa de la vida–obtenida en la vida–entregada, parecido a la vida misma de Dios, y dice "se acabó" (→ Juan 19,30).
Después del reposo del sábado, comienza la Nueva Semana: la vida–entregada de Jesús crea, en aquellos que la acogen, la Nueva Humanidad.
El relato pone de manifiesto el vínculo directo entre la crucifixión y la resurrección. En la crucifixión Jesús "expira", "entrega el espíritu". En la resurrección Jesús "les mostró las manos y el costado" … "Entonces, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedaran perdonados; a quienes se los retengáis, les quedaran retenidos".
"Espíritu Santo" significa "impulso vital". Es lo contrario del "espíritu maligno", que es el espíritu de muerte. Por eso, los que reciben el Espíritu Santo o Espíritu de Jesús tienen la capacidad de "perdonar los pecados", que son el "producto" de la acción del espíritu maligno.
Aquí encontramos una frase conflictiva.
La traducción que ofrece el misal, siguiendo una interpretación muy difundida, dice: "a quienes se los retengáis, les quedan retenidos".
Parece imposible, desde el Evangelio, pensar en la posibilidad de no perdonar. Con todo, el mismo Jesús declara a los fariseos que "si fuerais ciegos, no tendríais pecado. Pero, como decís que veis, vuestro pecado persiste” (→ Juan 9,41). Sería lo que en el evangelio de Marcos se llama "pecado contra el Espíritu Santo", que no puede ser perdonado (→ Marcos, 3,28), porque es el pecado de oponerse directamente al perdón.
Dentro de esta interpretación, los discípulos reciben de Jesús la misión de perdonar los pecados como consecuencia directa de haber recibido el Espíritu Santo. El Espíritu Santo y el espíritu maligno se "relacionan" como la luz y la oscuridad: la primera anula automáticamente la segunda.
Pero, a pesar de que "la luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no ha podido ahogarla" (→ Juan 1,5), es posible rechazar la Luz. En este caso la Luz pone de manifiesto la "mancha tenebrosa" de aquellos "que no quieren la luz" ("los pecados quedan retenidos").
De todas formas hay otra forma de entender y traducir estas palabras del evangelio de Juan, propuesta, entre otros, por el biblista gerundense Miquel Gallart, y que parece mucho más coherente con el resto del Evangelio. En el evangelio de Juan, el "pecado" es una realidad dinámica (que mueve a "cometer pecados"). Pero el Espíritu de Jesús (que expulsaba los espíritus malignos) bloquea, reprime o anula esta dinámica del pecado. Según Miquel Gallart, la traducción sería así: "a quienes perdonéis los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los reprimáis les quedarán reprimidos ".
Se trataría, pues, de una forma de poner de relieve la importancia de una afirmación diciéndola dos veces con diferentes palabras, algo frecuente en los Escritos bíblicos (Paralelismo bíblico).
MENSAJE
Si no hay prejuicios que distorsionen el lenguaje, el mensaje de los textos de hoy resulta claro: así como la Creación comenzó por obra del Espíritu de Dios que se cernía sobre las aguas (→ Génesis 1,1: "Al principio, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era caos y confusión, las tinieblas cubrían la superficie del océano, y el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas "), así también ahora la presencia del Espíritu crea a la Nueva Humanidad. El hombre, que ya era "criatura de Dios", ahora pasa, si acoge el Espíritu Santo, a ser "Hijo de Dios". Somos hijos en el Hijo. Ha comenzado la Iglesia, entendida como la comunidad de los hijos de Dios; comunidad universal dentro de la cual "todos se entienden" porque hablan un mismo lenguaje (el lenguaje del Amor), aunque pertenezcan a diferentes lenguas, razas, culturas, religiones, …
RESPUESTA
A menudo se puede oír a personas que dicen: "yo creo en Dios pero no creo en la iglesia". Seguramente esto es una muestra de una gran deformación de la iglesia visible, que ha dejado de manifestarse como un ámbito de comunión y aparece como una "comunidad de religión". En la "comunidad religiosa" Dios es experimentado de una forma mediatizada a través de objetos externos: sacerdote, ritos, templo, altar … En cambio, en la "comunidad de comunión", la presencia de Dios es experimentada en la propia vivencia de la comunión, ya que Dios es COMUNIÓN.
Es urgente redescubrir y optar otra vez por comunidades que sean "espacios de comunión".
Necesitamos ir más allá de muchas "comunidades cristianas" sin comunión, sin lenguas, sin vida, demasiado "religiosas" y demasiado poco fraternales.
Sería importante aprovechar la "falta de vocaciones sacerdotales" para superar de una vez uno de los defectos que más han empobrecido a nuestras parroquias y comunidades: el clericalismo de clérigos y de laicos.
¿Nos creemos realmente aquellas palabras de Jesús: "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (→ Mateo 18,20)?
PREGUNTAS para el diálogo
  1. La actual disposición de los bancos y de la mesa ("altar") de nuestra iglesia o capilla, ¿facilita que nuestro Encuentro Semanal sea un encuentro de comunión? ¿Sería posible mejorarlo?
  2. El Espíritu Santo que hemos recibido, ¿qué frutos da en la forma de relacionarnos entre nosotros y con los demás? ¿Nos convierte en "perdonadores de pecados"?
  3. ¿Qué podríamos hacer para que en nuestros encuentros y reuniones sea posible "hablar y escucharnos mutuamente"?
  4. ¿Qué podríamos hacer para que nuestra comunidad se pareciera al cuerpo humano, como nos sugiere San Pablo en la 2ª Lectura? ¿No es verdad que a menudo nos parecemos más a los vagones pasivos de un tren movidos por una máquina?

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)