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lunes, 13 de junio de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. SANTÍSSIMA TRINIDAD. CICLO A.



SANTÍSSIMA TRINIDAD. CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.


Con Pentecostés termina el Tiempo Pascual y se reanuda el llamado Tiempo ordinario. Pero, para los dos domingos siguientes a Pentecostés, la liturgia nos propone dos fiestas que son como el resumen final de todo el tiempo pascual: la Santísima Trinidad y el Corpus.
Hablar de la Santísima Trinidad no es fácil. Podríamos recordar una anécdota ya clásica: un cura pregunta a un fiel si cree que en Dios hay tres personas realmente distintas. ─ "Sí, padre, sí; lo creo. Mientras no las tenga que mantener, yo … ".
La anécdota quiere indicar como el misterio de la Santísima Trinidad suele quedar en la superficie más superficial de nuestra fe, a pesar de ser su punto central y más característico.
Las primeras comunidades cristianas pronto se dieron cuenta de como era de importante y novedosa la experiencia de Dios que Jesús tenía y nos ofrecía. Desde los inicios, los cristianos sabían que podían hacerlo todo "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", y terminarlo todo con el "gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo".
Sin embargo, nos hemos acostumbrado tanto a decir que la Trinidad es un "misterio", que renunciamos a tratar de entenderla. Continuamos utilizando el lenguaje, pero aceptando que no nos dice absolutamente nada "porque es un misterio …".
Ahora bien: si un lenguaje no dice nada, no es ni siquiera "lenguaje"; y, entonces, nuestra profesión de fe en la Trinidad resulta totalmente vacía.
El evangelio de hoy nos sitúa en el buen camino: "Dios ama tanto al mundo …".
Dios ama. Es famosa la frase de Blaise Pascal: "El corazón tiene razones que la inteligencia no comprende".
Todo el que ama auténticamente sabe que el "centro" de su propia vida está en la persona amada. Esta afirmación es intelectualmente absurda e imposible, y, sin embargo, la experimentamos con tanta fuerza que no podríamos dudar.
Ciertamente: querer a alguien conlleva que nuestra vida se centra fuera de nosotros mismos. Y sentirse querido por alguien conlleva darse cuenta y aceptar que nos hemos convertido en el centro de la vida de quien nos ama.
Con el amor, la vida sigue siendo individual, pero toma forma de comunión y de comunidad.
Dentro de esta comunidad adquirimos un vigor tan extraordinario que nos supera a nosotros mismos. Imaginemos a una madre, quizás débil y enfermiza, pero con un hijo en el regazo. Si se acerca a este su hijo alguna clase de amenaza, veréis qué valentía y fuerza (espíritu) invade a la madre. ¿Viene de sí misma esta fuerza inesperada? Preguntadle y veréis qué os dirá …
Jesús experimentaba, y nos lo comunicó, que "Dios ama tanto al mundo, que ha dado a su Hijo único". Dios nos ha convertido en el "centro" de su vida, y, si le aceptamos, entramos en comunión con Él; formamos comunidad con Él y participamos de su "Vida Eterna".
Pero, por absurdo que parezca, también podemos no aceptarlo …
Hay que evitar entender las palabras "los que no creen ya han sido condenados, por no haber creído en el Hijo único de Dios" en un sentido meramente intelectual. Aquí "creer" manifiesta sobre todo una actitud del corazón.
A nosotros, el mensaje de Jesús nos ha llegado en forma de "religión" con dogmas y doctrinas. Las doctrinas y los dogmas son un lenguaje intelectual que nos puede ayudar porque el hombre es también inteligencia, pero también puede ser un obstáculo.
El mensaje de Jesús se dirige "al corazón"; es decir: a lo más íntimo y profundo de nosotros mismos: donde cada uno se encuentra con el dilema de "ser bueno" o de "ser bueno si así me va bien".
Cada ser humano va encontrándose progresivamente con esta disyuntiva radical. Si acepta "creer" ("ser bueno"), sea cual sea su religión, su lenguaje, sus dogmas, su carácter … entra en sintonía con la propia vida del Dios–Bueno, que, en nuestro lenguaje, es Comunión, Filiación, Trinidad, Padre, Padre–Madre
MENSAJE
El mensaje de esta fiesta y de las Lecturas que se leen es tan simple como radical. Podríamos expresarlo con las mismas palabras de San Pablo a los Corintios, leídas en la 2ª Lectura: "Saludaos unos a otros con el beso de la Paz".
Dios nos ha convertido en el "centro" de su Vida. Si aceptamos, pasamos a ser hijos en el Hijo y hermanos en el Hermano. El resto viene por sí solo.
Cada uno verá cómo cambia su vida. Cada Comunidad Cristiana verá cómo celebra y exhibe esta sorprendente realidad.
RESPUESTA
La respuesta positiva de cada uno de nosotros al amor de Dios no siempre se visualiza con claridad en el estilo y en las formas que toman las reuniones de la Comunidad Cristiana.
Si alguien no iniciado entrara en nuestras iglesias cuando está reunida la Comunidad, ¿podría intuir que Dios es comunión, y que nosotros estamos celebrando y participando de esta maravilla?
¿Una asamblea en la que nadie se mira a la cara (excepto el cura que "preside"), puede ser entendida como un encuentro de hermandad?
La nuca y el trasero son partes muy dignas del cuerpo humano; pero cuando queremos comunicarnos, ¡nos vemos de caras! Tal vez no sería tan difícil girar los bancos de la mitad delantera de la iglesia o los de un lado para que miraran hacia el centro. Así, al menos una mitad de los "hermanos" estaría de caras con la otra mitad.

PREGUNTAS para el diálogo
  1. Cuando vamos misa, ¿es para "encontrarnos con Dios" o para "experimentar y favorecer su Presencia en el amor mutuo"? (→ Mateo 6,6).
  2. Alguna vez que no teníais ganas de ir a misa, ¿habéis terminado yendo por atención a los demás, pensando que os echarían de menos?
  3. ¿Querríais explicar y compartir con los demás algún momento u ocasión en que os habéis sentido "amados por Dios"?

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)