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lunes, 20 de junio de 2011

RELECTURA - CORPUS CHRISTI

(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas un poco acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican con este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno). 




Vanesa no quiere ir más a la catequesis de Primera Comunión. Iba contenta, pero de repente, dice que no quiere volver. 

- Entonces, ¿qué te ha pasado? -Le preguntan sus padres. 

- No quiero hacer la Comunión. 

Su madre entendió enseguida que su hija no estaba para dar explicaciones. 

Ha hablado con la catequista, ya que se conocen bien. Pero también ella se muestra muy sorprendida: 

- Pero, ¡si venía muy contenta! No sé qué puede haber pasado. Quizás algún compañero... Ya trataré de enterarme. 

Hoy Vanesa no ha ido a la escuela porque tenía que ir al médico a la capital. La madre, que la ha acompañado con el coche, volviendo, se da cuenta de que su hija tenía las defensas bajadas... y lo aprovecha. Sin dejar de mirar a la carretera, y como quien no quiere la cosa, pregunta:

- Así... lo de la comunión, ¿lo dejamos por este año?

- Sí. Ya os lo dije -responde ella también sin mirar a su madre. 

- Mira: eso es cosa tuya y sólo lo puedes decidir tú. Tu padre y yo, en este punto, haremos lo que tú quieras. Pero, sabes: nos gustaría saber por qué así, de repente, has tomado esta decisión. 

- Me da asco. No la haré nunca la comunión. 

La madre ha sentido como una punzada provocada por esta respuesta. Intentando disimular, ha mirado brevísimamente a su hija, y ha repetido:
- ¿Asco? No te entiendo. 

- La maestra de catequesis dijo que la comunión es comer el cuerpo del niño Jesús... No sé cómo podéis hacer esto, la gente... 

La madre se calmó, pero comprendió que debía responder con mucho tacto. Para su hija, aquello no era ninguna tontería. 

- ¿Estás segura de que no lo has entendido mal? La comunión no es eso. 

- La maestra lo dijo bien claro, y lo repitió muchas veces... 

- De acuerdo, de acuerdo. La maestra lo dijo, pero seguramente ella pensaba que lo entenderíais bien. Como hay tanta gente que toma la comunión... Seguramente lo dijo pensando que ya lo sabríais entender. 

- Si la comunión no es eso, ¿por qué no me lo explicas tú?

- ¡Hombre! Yo no soy catequista... Pero, si quieres, hablamos. 

- Te escucho. 

La madre se miró a la niña con gran ternura y con cara de complicidad. Después dijo:

- Mira: para que no me pase como a la catequista, déjame pensarlo un poco. -Y luego añadió:- ¿Sabes qué? Te lo explicaré a la hora de comer. Hoy, para comer, sólo estaremos tu padre, tú y yo.

- ¿Tan complicado es?

- Ni lo más mínimo. Pero, como en la comunión se come, la mejor forma de hablarlo será cuando estemos en la mesa. 

Cuando llegó el padre, la madre lo puso secretamente en antecedentes. Él encontró muy acertada la decisión de su mujer, y rápidamente diseñaron la estrategia. 

Sentados a la mesa, enseguida Vanesa "reclamó" la explicación prometida. Sobre la mesa, había unas rebanadas de pan, como siempre. Comenzó el padre, preguntando a Vanesa:

- ¿Te gusta este pan?

- Siempre comemos. Claro que me gusta. Ya lo sabes. 

- Pero nosotros no lo hacemos este pan, lo tenemos que comprar. Y eso cuesta dinero. 

Vanesa se miró la madre como diciéndole: "Y ahora, ¿qué le pasa a mi padre?" Pero la madre respondió:

- Creo que tu padre te quiere decir algo importante. 

- Desde luego -replicó el padre. Y, dirigiéndose a su hija, continuó: -¿Sabes una cosa? Cuando yo era pequeño, cuando caía un trozo de pan al suelo, lo recogían, lo soplaban algo por si se había ensuciado, y le dábamos un beso. 

- ¿Un beso? ¿Por qué?

- Tu abuela siempre decía que eran los sudores del abuelo. ¿Sabes qué quería decir con eso?

- Supongo que el abuelo tenía que trabajar mucho para poder comprar el pan y las cosas de comer. 

- ¡Exactamente! ¡Qué hija más inteligente que tenemos! -Proclamó, mirando a su mujer- Mira Vanesa: Este pan, y todas las cosas que compramos para poder comer y vivir, son "los sudores" de tu madre y míos. ¿Te da asco todo esto?... 

Vanesa se quedó un momento en silencio. Acababa descubrir muchas cosas a la vez. 

Luego, mirando a su madre, dijo:

- ¿Es así la comunión?

- Se parece mucho -respondió la madre. Y continuó:- Sólo hay una pequeña diferencia: esta es nuestra mesa. Tu padre y yo gastamos nuestra vida por vosotros: tú y tu hermano que ahora está en la escuela. Y también por nosotros mismos. Por eso somos una familia. Una familia más bien pequeña. Pero la mesa de la comunión es la mesa de todos los hombres y mujeres que trabajan para que el mundo sea también una gran familia. 

- Pero la maestra dijo que el pan de la comunión es el cuerpo de Jesús... 

- En cierto modo, sí. Representa la "vida" de Jesús, y la vida de todas las personas que, como Jesús, la van gastando para "alimentar" a la gran familia de todos los hombres. 

- Así, dentro del pan, ¿no hay la carne y los huesos de Jesús?

- ¡Claro que no! Pero el pan de la comunión, al igual que éste, cuando es puesto sobre la mesa, representa el esfuerzo de tanta y tanta gente que vive para los demás. Y "hacer la comunión" significa que nosotros les estamos agradecidos, y que también queremos hacer como ellos. 

Y aquí intervino el padre, dirigiéndose a su hija con un tono serio y solemne a la vez:

- Vanesa: hace unos días, tú nos dijiste que no querías hacer la comunión. Ahora soy yo -somos nosotros- que te decimos: no hagas la comunión a menos que quieras, tú también, ayudar, a tu manera, claro está, a que todo el mundo seamos como una gran familia, empezando por nuestro pueblo. 

Vanesa puso cara de sorpresa, y enseguida respondió:

- Yo quiero hacer como vosotros. Vosotros muy a menudo trabajáis para los demás, y gratis. También lo hace la maestra: hace catequesis, y lo hace gratis. Yo sé que lo hace gratis. Y no es nuestra madre... 

Después puso cara de preocupada y dijo:
- Quisiera hacer la comunión, pero me da vergüenza volver a catequesis... 

- No hace falta que vuelvas -dijo la madre. Y añadió-: Si hicieras la comunión después de faltar tantos días, los otros niños pensarían que la catequesis no es importante. Si lo deseas, puedes hacer la comunión con nosotros. 

A Vanesa si le abrieron los ojos. Pero aún le quedaba una duda:

- ¿Lo querrá, el sacerdote?

- Claro que sí -respondió la madre.- Ya hablaré con él. Tampoco debemos ponerle en un compromiso... Mira: Para que nadie vea nada raro, podríamos hacer la comunión yendo a Montserrat, como hemos hecho alguna vez. Pero esta vez vamos a comulgar todos. 

- ¡Que chulo! -Gritó Vanesa. Y dio un largo beso a su madre y a su padre. 




Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: