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martes, 28 de junio de 2011

RELECTURA - DOMINGO XIV DE ORDINARIO - La Felicidad en la sencillez

Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas un poco acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican con este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno). 








"… ha revelado a la gente sencilla lo que ha escondido a los sabios y entendidos" (Mt. 20, 25).

Trini fue una mujer como tantas otras mujeres del siglo XX: un siglo marcado por dos Guerras Mundiales y, entre nosotros, por la Guerra Civil, tan incívica. Un siglo de dolores abundantes para mucha gente. 

También Trini estuvo marcada por el dolor, sobre todo por el dolor más estúpido de todos: aquel que nos provocamos unos a otros. No gozó mucho del amor, excepto lo que ella dio, que fue muchísimo. 

Sin embargo, una peculiaridad suya, sobre todo en sus años de plenitud, era la alegría. No la alegría exultante de la risa sino la alegría contagiosa de la sonrisa, el rostro afable, los ojos de bondad. 

Una vez alguien le preguntó cuál era el secreto de su alegría permanente…

Trini era una persona profundamente religiosa. No era especialmente ilustrada. Como la mayoría de mujeres de su tiempo, había aprendido a escribir con letras los sonidos de las palabras, y sabía leer y entender lo que leía, si eran escritos de devoción. 

Su devoción era expresión de su fe. Experimentaba a Dios como apoyo, y sabía con toda seguridad que ella no habría podido aguantar su propia vida sin este apoyo. En ella, eso no era ninguna deducción sino una vivencia. 

Lo que más le horrorizaba era que algún familiar o ser querido, a causa de algún mal sobrevenido o desgracia, blasfemara contra Dios. Esto la llevó a hacer un ofrecimiento sorprendente: en torno a los 50 años, de forma explícita y formulada, se ofreció a Dios para sufrir ella lo que, si lo sufría alguien a su lado, le pudiera llevar a blasfemar o renegar. 

Y resultó que este "ofrecimiento para sufrir" se convirtió en el secreto en su alegría. Ella lo explicó así: Si sufro, pienso que Dios ha aceptado mi ofrecimiento, y eso me hace feliz, y si no sufro, también estoy contenta porque nada me duele. 

La mayoría de sabios y entendidos del siglo XX y actuales, si analizaran la religiosidad de Trini y su sorprendente ofrecimiento, encontrarían sin duda multitud de explicaciones: mecanismos de defensa, deseos reprimidos, ilusiones frustradas, miedos disimulados, intereses inconfesables, pulsiones de muerte, impulsos de vida, mecanismos de compensación…Y es que hoy conocemos tan bien la vida humana que, como hacen los físicos con la materia, podemos seccionar hasta descubrir los más íntimos componentes. Hoy, con la Antropología, la Psicología profunda, el Psicoanálisis, el Conductismo, … podemos discernir de tal manera cada acción y cada comportamiento humano, que todo quede científicamente explicado. 

Hemos creado la "Civilización del Conocimiento", y ya no queda ningún sentimiento o actitud humana sin la correspondiente explicación. Sobre el ser humano lo saben (casi) todo, y lo pueden explicar (casi) todo. 

Todo, menos una cosa: la alegría de algunas personas que sufren, la valentía de algunas personas débiles, la paz de algunos corazones humillados, la generosidad de algunos pobres… Quizá tampoco sepamos explicar la esperanza de algunos indignados. 





Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: