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martes, 7 de junio de 2011

RELECTURA - PENTECOSTÉS

(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas un poco acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican con este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno). 

Loli y Miguel son un matrimonio como tantos otros. Se casaron en el estallido del amor juvenil. De eso hace ya muchos años. Después, lentamente, se fue relajando aquel amor primaveral y un clima de otoño invernal iba agrisándolo todo. Más que convivir, coexistían. 
En ningún momento pensaron en separarse. No hacía falta: sus vidas caminaban paralelas, sin demasiadas injerencias mutuas. Cada uno con su genio; cada uno con sus centros de interés; cada uno con su orgullo impermeable. 
Pero la vida es buena pedagoga y nos va madurando, a veces suavemente, a veces a puñetazos. 
A Loli y Miguel se les ha ido haciendo difícil vivir independientes el uno del otro. Sobre todo Miguel se ha convertido en incapaz de ser autosuficiente, y Loli no ha dudado ningún momento sobre quién debía hacerse cargo de él. Es mi hombre, se dice a sí misma y a todo el mundo. Soy su mujer y mientras le pueda cuidar, él no irá a una residencia. 
Ahora Loli vive totalmente ocupada con Miguel. Todo lo que hace o deja de hacer es pensando en él. Incluso cuando se enfada, es para su bien. No se aburre nunca porque siempre tiene que estar pendiente de él. Sería muy exacto si alguien dijera que ahora, para Loli, Miguel es su vida. 
Y Miguel a veces le dice: Tengo suerte de ti. Si no fuera por ti, ¿qué pasaría conmigo?
La experiencia de la debilidad ha despertado un amor que estaba dormido. Un amor que ahora no nace de la fuerza exuberante de la primavera sino del calor casi imperceptible de un hogar de invierno. 
Las vidas de Miguel y Loli son como aquellos frutos de otoño, ya maduros y dulces, que están a punto de convertirse en semilla. 
Por extraño que pueda parecer, es la experiencia de la debilidad compartida lo que les ha hecho descubrir la belleza de un amor no posesivo, liberado y liberador, fruto sólo de una generosidad libremente decidida. 
Es como la brisa del Espíritu, que no sabes de dónde viene ni a dónde va, pero que hace posible vivir contento. 
Quizás ellos ni siquiera descubren ninguna presencia del Espíritu. Para ellos, eso es normal. 
Pero, precisamente porque a ellos todo esto les parece normal, los que nos los miramos desde fuera reconocemos la presencia del Espíritu, en forma de Amor, un amor limpio, no posesivo, liberado y liberador, generoso, que no perdona porque no ofende, incondicional. 
Pentecostés, para los Judíos, era la fiesta de los Frutos. Los Cristianos también la llamamos Pascua granada. Como Miguel y Loli.  

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: