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lunes, 13 de junio de 2011

RELECTURA - SANTÍSIMA TRINIDAD

(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas un poco acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican con este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno). 





Hoy  Ana, cuando ha llegado a su casa, ha dado un beso a su madre, que le esperaba para comer. 

 Ana no es especialmente besucona, pero tampoco se abstiene de besar a su madre de vez en cuando. Sabe que le gusta. 

Mientras comían,  Ana se ha dado cuenta de que su madre la miraba con una sonrisa diferente, cargada de complicidad. Como ella,  Ana, no decía nada, al final su madre le ha preguntado, como quien hace una pregunta cualquiera:

-¿Es más joven o mayor que tú?

 Ana, disimulando, le responde:

-¿De quién hablas?

-Yo no le conozco. Por eso te lo pregunto, si me lo quieres decir, claro. 

-Si no te explicas mejor…

-Vamos…  Ana…

A  Ana le daba un poco de rabia que su madre hubiera adivinado tan pronto que estaba enamorada. Por eso le preguntó:

-¿Cómo lo has sabido?

-Por la manera en como me has dado el beso. 

-Otra vez no te daré ninguno…

-¿No sabes que cuando una, o uno, está enamorado, derrama amor?

-No le digas nada al padre. 

-¿Prefieres que lo descubra por sí mismo o que se entere por otro? Estaría tan feliz si se lo dijeras tú misma…

-No lo sé… Es cosa mía. De momento no digas nada…

Terminó de comer y se fue en seguida a su habitación a escuchar música. Mucha música. Y mientras tanto soñaba... 

Todo soñando, había un pensamiento que no se le podía quitar de la cabeza: ¿Por qué el amor de verdad nunca es cosa sólo de dos sino de tres, y el tercero es multitud? ¿Será verdad que los enamorados derramamos amor?

Por la noche, hora de cenar, estaba también el padre, y lo primero que le dijo  Ana, dándole un beso, es que tenía prometido. El padre simplemente le dijo:

-Gracias por decírmelo. Y también gracias porque, si seguís adelante, nos habrás dado otro "hijo". Pero que sepas una cosa: eso es algo exclusivamente tuyo; nosotros sólo respetaremos lo que tú decidas. 

¡Que seco, este padre mío! -Pensó  Ana. Pero ella sabía perfectamente que aquellas sobrias palabras eran su manera de expresa un amor absolutamente respetuoso, que es lo que ella siempre había pedido. Es como si le hubiera dicho: "Nuestro amor por ti ahora consiste en aceptar lo que tú decidas sobre tu vida". Y recordó el interrogante impertinente de cuando estaba soñando: "¿Por qué el amor nunca es cosa sólo de dos?"

¡Qué misterio! Pero, le gustaba que fuera así.  



Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: