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lunes, 4 de julio de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XV DE ORDINARIO. CICLO A.



DOMINGO XV DE ORDINARIO. CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

La liturgia de hoy nos presenta una versión corta y otra larga del Evangelio. Sólo la versión larga contiene el relato completo, y nos permite descubrir su mensaje central.
El relato de hoy, la Parábola del sembrador, está muy bien estructurado. Consta de tres partes: la tercera es prácticamente la repetición de la primera, y es una estrategia literaria para resaltar la parte central, donde se encuentra el núcleo del mensaje que se nos quiere trasmitir.
Aunque a esta parábola se la llama la del Sembrador, en realidad no habla del sembrador sino de los terrenos sembrados. No nos quiere presentar a un sembrador inexperto que siembra donde no puede cosechar. Lo único que nos quiere decir sobre el sembrador es que siembra en abundancia y por todas partes su semilla. La semilla es óptima. Con todo, tampoco quiere hablarnos de la semilla sino del terreno que la recibe: es decir: los oyentes.
Cada oyente es el terreno que recibe la semilla, la cual dará fruto según la forma de ser recibida.
Y aquí está el mensaje de esta parábola: con relación a la "semilla–palabra" que es sembrada con abundancia, cada oyente puede ser impermeable, como la tierra del camino; superficial, como el terreno pedregoso; agobiado por mil otras cosas, como el terreno lleno de cardos; o receptivo, como la tierra buena.
En la parte central del relato encontramos tres frases:
  • (A todos) "El que tenga oídos (para escuchar) que oiga".
  • (A los discípulos) “Dichosos vuestros oídos, porque oyen! …”
  • (Anteriormente) "Muchos muchos profetas y justos desearon oír … y no oyeron".
Ojos y oídos. Ver y oír.
Por extraño que parezca, es frecuente, muy frecuente, no usar los ojos para ver (sino para mirarse) y no usar las orejas para oír (sino para escucharse). Y es que "ver" y "oír" pueden ser cosas muy peligrosas. "Ver" y "oír" nos puede transformar, como la semilla transforma el terreno; y a menudo no queremos ser transformados.
Es peligroso recibir la palabra–semilla cuando ya tenemos y preferimos nuestros propios planes. La dureza del camino o el terreno pedregoso son una estrategia para defendernos de la palabra–semilla. Las muchas ocupaciones y preocupaciones son una estrategia para contrarrestar la dinámica de la semilla.
Dios nos habla de mil maneras.
En Jesús descubrimos que nos habla sobre todo a través de la vida de las personas. De forma intensa e insistente nos habla a través de los gemidos de los oprimidos. No es nada cómodo oírlos. Nos desinstala de nuestra "tranquilidad", sobretodo si formamos parte del mundo de los opresores o de alguna manera somos beneficiarios de la opresión que ellos practican. Quien tenga oídos para oír, que oiga.
El centro del relato de hoy es una bienaventuranza para los discípulos:
“¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!”.
En varias ocasiones los evangelios dejan claro que "los discípulos" eran gente muy humilde: miedosos, incapaces de entender, envidiosos, pendencieros … Pero tenían una virtud: sus ojos los tenían para ver y sus orejas para escuchar. Esta virtud permitió que la palabra–semilla fuera eficaz en ellos, y les fuera transformando hasta hacerles capaces de dar el ciento por uno.
No siempre es "tiempo de siembra".
Estamos en una Gran Historia: la Historia sagrada de la realización de un proyecto amoroso de Dios: su proyecto "Hombre".
El hecho "Jesús" marca el momento en que la palabra creadora de Dios, después de haberse hecho "ley" (Moisés), se ha hecho "carne", y ha plantado su tienda entre nosotros (Juan 1, 14).
Antes de eso, muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Casualmente, la 2ª Lectura de este domingo se presta a ser vista como una aplicación solemne de la parábola del evangelio. El Universo creado es como un terreno fecundado por la Palabra de Dios, y sus dolores, podemos convertirlos en dolores de parto. La vieja sociedad ha quebrado por todas partes, pero nunca como hoy hemos tenido tantos medios a nuestro alcance para hacerla nueva.
Si no construimos un mundo nuevo desde la generosidad, tendremos que construir otro desde la necesidad; y seguramente no nos gustará.
Esto también es válido para la Iglesia. Aunque ya poseemos el Espíritu como primeros frutos de la cosecha que vendrá, gemimos igualmente en nuestro interior. También la Iglesia está grávida y sufre dolores de parto. Cuanto más retrasemos el nuevo nacimiento, más sufrimiento para muchos … Pero, afortunadamente, no parece posible impedir el estallido renovador.
MENSAJE
Nosotros vivimos cuando "ya ha llegado el tiempo de poder ver y oír" porque el proyecto "Hombre" ya ha tomado forma visible; ya disponemos de "el hombre muestra" en quien podemos descubrir a qué somos llamados.
Dichosos si aceptamos que nuestros ojos vean y nuestros oídos oigan.
RESPUESTA
Todo hace pensar que hoy vivimos en un momento importante de la siembra de la palabra de Dios.
¡Nosotros no somos los sembradores! ¡Nosotros somos el terreno que recibe la semilla!
¿Qué clase de terreno somos?
Es posible que el futuro de las Comunidades Cristianas ya no sean grandes (y ambivalentes) reuniones sino encuentros de diálogo. Es tiempo de escuchar y de escucharnos.
El mundo, la humanidad, cada ser humano, se han convertido en palabra.
Seguramente todos hemos podido comprobar, en los debates de la tele o en las tertulias de la radio, lo difícil que resulta tener oídos para escuchar. Seguramente también habremos vivido esta experiencia participando en los muchos "grupos de diálogo" que, afortunadamente, se están poniendo de moda en nuestra Iglesia.
Saber escuchar. Dejar hablar a los demás sin interrumpirlos. Estar atentos a lo que dicen para que nuestra palabra sea "respuesta" a la suya; y la suya, a la nuestra.
El diálogo no es sólo respetar el turno del otro. El diálogo es escuchar e intentar entender lo que dice el otro y hacerle llegar el eco que sus palabras encuentran en nosotros.
El diálogo de sordos no es diálogo.
Demasiado a menudo las tertulias, incluso las públicas (radio, tele, …) son una exhibición de prepotencia y de intolerancia más o menos "civilizadas" (?).
En nuestros grupos de diálogo tenemos que ir aprendiendo a escucharnos.
Escucharnos entre nosotros para aprender a escuchar al mundo.
Pero no se trata sólo de aprender. Hay una actitud previa: estar dispuestos a recibir la Palabra, como la buena tierra recibe la semilla.
No obstante, si ya tenemos la actitud correcta, preocupémonos también de aprender a dialogar, y aplicar las técnicas que nos sean útiles.
Si las Comunidades Cristianas fuéramos realmente espacios de diálogo, seguramente que, sólo por eso, ya haríamos uno de los servicios más grandes y urgentes que necesita hoy nuestra sociedad. En nuestra sociedad se habla demasiado del imperio de la ley en vez de dialogar. Se rechaza el diálogo porque parece un signo de debilidad. Y hay demasiada gente, incluso aquellos que se autodenominan "servidores del pueblo", que sólo creen en la fuerza. Ni han entendido el Evangelio ni han entendido las lecciones de la Historia.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. El dogmatismo ha desbordado el tradicional ámbito de la "religión" y ha inundado muchos otros campos: la política, la economía, la cultura, el deporte, … ¿Os creéis capaces de convertir vuestra comunidad en un espacio de diálogo, y poder así contrarrestar el espectacular empuje de un dogmatismo creciente? ¿Cómo se podría hacer?
  2. Si participáis en grupos de diálogo, tras la reunión, ¿os preguntáis si habéis sido dialogantes, o pasivos, o avasalladores? Es decir: ¿hacéis de vez en cuando revisión de vuestro nivel de diálogo?
  3. Si habéis practicado el diálogo, ¿os ha ayudado a sentir y acoger mejor la palabra de Dios? O sea: ¿habéis experimentado en vosotros la "bienaventuranza" que Jesús aplica a sus discípulos en el evangelio de hoy? (“¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!").

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)