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lunes, 11 de julio de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XVI DE ORDINARIO. CICLO A.



DOMINGO XVI DE ORDINARIO. CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

Como el domingo pasado, también la liturgia de este domingo nos presenta una versión corta y una larga del Evangelio.
También como el pasado domingo, sólo la versión larga nos presenta el relato completo y nos permite captar su mensaje más directo.
En la versión larga del evangelio de hoy se pueden distinguir tres partes. También en esta ocasión, la tercera parte es como una repetición de la primera: así se consigue destacar lo que queda en el centro del relato.
En el centro de la parte central encontramos una parábola muy corta y sorprendente. Resulta sorprendente que Jesús compare el reino de los cielos a la levadura que una mujer "oculta" dentro de una cantidad considerable de harina.
En la valoración religioso–popular de Israel la levadura es considerada un agente de corrupción. ¿Quiere decirnos, pues, Jesús, con esta parábola que ocupa el centro del relato, que el Reino de Dios corrompe nuestro mundo? Evidentemente, no.
Entender bien esta parábola sería difícil si no se encontrara "rodeada" por otra parábola que nos prepara para entenderla tal cómo es necesario.
La primera y la tercera partes del relato nos presentan la parábola de la cizaña. El pasado domingo leíamos la parábola del sembrador en la que los oyentes eran el terreno, bueno o no tan bueno, que recibía la buena semilla. En el relato de hoy el "terreno sembrado" es el mundo entero. Y no ha sido sembrada sólo semilla buena sino que alguien (el enemigo) ha sembrado también semilla mala (la cizaña).
Así es nuestro mundo: con mucha semilla buena, y también con semilla mala.
¿Qué hacer?
El propietario del campo rechaza de plano la propuesta de los mozos que proponen "arrancar" la cizaña. El propietario les responde que de ninguna forma, porque si quitábais la cizaña, quizás arrencaríais también el trigo.
Antes de la cosecha final nadie puede separar la cizaña del trigo. En realidad, nadie conoce con seguridad la diferencia entre una y otro.
Ahora entendemos la intención, e incluso la ironía, de la parábola de la levadura. ¿La fuerza de la levadura es "corruptora" o "transformadora"? Hay cosas que cuando "fermentan" se dañan; pero hay otras que se hacen mejores. Para el culto, el pan debía ser ácimo (sin levadura). En cambio, para comerlo, la mujer pone levadura, y espera que toda la masa fermente.
Inmediatamente antes de la parábola de la levadura está la parábola del grano de mostaza. También es sorprendente; también tiene su ironía.
De acuerdo con las profecías, se esperaba el restablecimiento del "Pueblo de Dios" por obra del Mesías, considerándolo como un "rebrote de Cedro del Líbano" (Ezequiel, 17,23). Los cedros del Líbano eran famosos por su tamaño, fuerza y solemnidad.
En cambio Jesús no compara el Reino de Dios con un "cedro" sino con la "mostaza", un arbusto que sale de la más pequeña de todas las semillas y se hace mayor que las hortalizas, pero sin llegar a ser un árbol. En los huertos se convertía más en un estorbo que en algo útil porque no da frutos ni rinde el ciento por uno como el trigo. En realidad: ¿sirve o estorba?
Sirve… Sirve para que puedan asentarse en ella los pequeños pajaritos que se mueven entre los huertos!
Así es el Reino de Dios. ¡Quién lo diría!
Los mismos discípulos sienten (sentimos) la necesidad de que Jesús lo aclare un poco y le piden una explicación.
MENSAJE
El Reino de Dios no se impone; se ofrece. Sus "ciudadanos" convivimos con quienes podría parecer que son "ciudadanos del Maligno"; pero … ¡vete a saber!
Quizás, lo que parece cizaña, es otra clase de trigo
Quizás lo que parece corrupción es transformación que mejora …
Quizás aquellos que parecen inútiles sirven para acoger a los pájaros del cielo …
"No les hablaba sin parábolas …". Porque las parábolas nos ayudan a "ir entendiendo", sin llegar nunca a creernos lo suficientemente sabios como para arrancar a nadie del campo en el que todos crecemos tan bien como sabemos.
RESPUESTA
La respuesta parece clara: buenos son los dogmas, pero nada tan contrario al Evangelio como el dogmatismo.
En el campo del mundo hay semilla buena y semilla mala (y en el campo de cada uno de nosotros, también).
Discernir el bien del mal; señalar a quien destruye la iglesia y a quien la hace avanzar; determinar quiénes son sembrados por el maligno y quienes son sembrados por el Hijo del hombre … no es cosa nuestra: está reservado a los ángeles de Dios, al fin del mundo.
Recuerdo, cuando era estudiante, que un eminente profesor, José Mª Díez Alegría, nos dijo una vez: Karl Marx ha sido el último "gran padre de la iglesia".
Marx figura como uno de los enemigos más radicales de la Iglesia y de la Religión. Cien años después, nadie que conozca la evolución renovadora que ha tenido la Iglesia desde la segunda mitad del siglo XX, puede ignorar que, en buena parte, ha sido posible gracias a los "enemigos más grandes que ha tenido", como Marx, Freud, Nietzsche, y tantos y tantos otros …
Necesitamos refrenar nuestra tendencia a "arrancar" el mal. Permítanme decirlo con unos versos valientes de un científico–poeta actual, David Jou, en su poema Dios habla de los ángeles (traducido del catalán, es casi seguro que no rima):

No se puede dejar todo en manos de los ángeles:
ellos querrían intervenir a cada instante,
corregir continuamente,
interponerse entre el pecho y la bala,
evitar el accidente, 
eliminar la enfermedad, 
imponer la verdad…:
hay que creer mucho en el hombre para poder detener a los ángeles

Ellos siempre me lo piden:
se sublevan al ver la maldad, 
se enfadan en los cabezales de las camas de los hospitales, 
claman en el campo de batalla, 
se encienden por cada niño que muere, 
se indignan con las nubes que no manan
sobre los campos sedientos…

Hay que creer mucho en el hombre para poder detener a los ángeles:
no tienen suficiente paciencia para consentir el error, 
no tienen suficiente sangre fría para sufrir la libertad, 
no son lo suficientemente fuertes para morir con suficiente esperanza,
no comprenden a un Mesías muerto en cruz;
me exhortan a mostrarme con majestad irrefutable
sin ver cuanto sería de irresistible
este exceso de fulgurante realidad
para unos ojos que no han pasado
por el agua fresca de la muerte. 

Y me cuesta contenerlos;
a veces yo mismo les enviaría a poner orden:
me lo piden sus gritos anhelantes, 
su jadeo impaciente, 
sus ruegos desesperados y calenturientos;
me lo piden los humanos
en los tacos y en las oraciones, 
pero me asustó
de su mundo de autómatas infalibles,
de juguetes reverentes,
de mecanismos impecables,
de amores obligatorios. 

Oh, sí: hay que creer mucho en el hombre
(Más de lo que ellos creen en mí)
para poder detener a los ángeles
Quizás me he equivocado. 

(Lo resaltado es mío. Me parecen unas palabras lapidarias).
PREGUNTAS para el diálogo
  1. Si, según demuestra la Historia, los enemigos han hecho tanto bien a la Iglesia, ¡cómo será de grande el bien que podemos hacerle los amigos! ¿Como grupo o comunidad, qué bien, os parece, podríais hacer a la Iglesia actual?
  2. ¿Os ha pasado alguna vez que algo que creíais que era "cizaña" resultó ser "trigo", o al revés? Comentádlo.
  3. La Iglesia que soñáis para el futuro, ¿se parece más a los Cedros del Líbano o a la Mostaza del  ? ¿U os gustaría combinar las dos cosas?

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)