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jueves, 7 de julio de 2011

RELECTURA - Pulso de fuerza


"… vuestros ojos y  oídos sí que son dichosos de poder ver y poder escuchar…"



Por casualidad, dos antiguos amigos se han encontrado hoy en un restaurante, y han comido juntos. Después de hablar de recuerdos pasados, la conversación ha tomado calado. 

Martín, que es médico, ha hablado de su colaboración en la asociación proyecto hombre. Comenzó a participar a causa de un hijo suyo que pudo desengancharse de la droga. 

Jorge, que es arquitecto, comenta:

-Lo del proyecto hombre debe ser un buen asunto, pero ahora yo ya estoy de vuelta de todo. Mira: en realidad los humanos somos como las nubes que no llevan lluvia: igual que se hacen se deshacen. No sabemos de dónde venimos ni a dónde vamos… En realidad, no venimos ni vamos a ninguna parte. No somos, simplemente existimos durante un tiempo, y cada uno se lo va "aliñando" con el aceite que tiene: dile su droga, religión, trabajo, deporte, política, viajes…

-Quizá sí-respondió Martín-. Pero yo no miro tan lejos. Si miras lo que puedes ver, queda claro de dónde venimos. De hecho, somos un producto: padres, abuelos, bisabuelos… y puedes ir retrocediendo tanto como quieras. No sé cómo empezó todo, ni si hubo un comienzo. No importa… Pero no puedo dudar de que estoy aquí, y soy heredero de millones de años de "construcción". Y eso lo encuentro muy interesante. 

-De acuerdo-replica Jorge-: Somos herederos de una larga historia. Pero todo ello no pasa de ser una simple "casualidad".  

-Mira: yo no la conozco a esta "señora"-respondió Martín-. Muchos hablan de la casualidad como si fuera la explicación de lo que no sabemos explicar… Yo no tengo ningún problema para aceptar que hay cosas que no sé. Pero hay muchas cosas que sí las sé, porque las tengo delante de las narices. 

-Pero eso no cambia nada-replicó Jorge-. Una vez hice los planos de un bloque de pisos. Puse trabajo e ilusión porque era una obra importante. La Constructora se fue a pique, y todo se ha perdido. Lo que cuenta son los resultados. ¿Y cuál es el resultado de todo ello? Todos acabamos en el "archivo"…

-Te entiendo, te entiendo…-Respondió Martín-. Pero tu caso es distinto al mío. Tú trabajas con casas, en cambio yo tengo la suerte de trabajar con personas. ¿Sabes una cosa? Cuando recuperas un hijo que estaba enganchado… te aseguro que te das cuenta de cómo todo ha valido la pena. Aunque en ese momento se acabara el mundo… Da lo mismo. Cuando te das cuenta de que has ayudado a reconstruir a una persona, ya no necesitas mirar más lejos. Lo que tienes en primer término te resulta más que suficiente. 

-O sea que, según tú, lo más importante es no mirar más allá de la nariz…-Murmuró escépticamente Jorge. 

-Mira Jorge: He ido aprendiendo algo: como te he dicho antes, somos un producto: el producto de millones de años de evolución. Pero también somos constructores: constructores de personas. Y, ¡es maravilloso! Quizás sea una deformación profesional porque soy médico… Pero cuando tengo ante mí un enfermo que confía en mí para recuperar la salud, no sé mirar lejos. Lo tengo ahí, en primer término. Y si consigues curarlo, esto solo te llena del todo, aunque no hubiera nada más… No se trata de "lejos" o "cerca", sino de lo que ves o lo que no ves. Es a partir de lo que veo que intuyo que debe haber más cosas…

-Lo que yo veo son "casas", te aseguro que son lo más vulgar que te puedas imaginar-refunfuñó Jorge-. ¿Sabes que la mayoría de casas son para especuladores que valoran lo que hago sólo por el dinero que podrán ganar especulando?

-Reconozco que tu caso es distinto-aceptó Martín-. Pero, en el fondo, todo depende de ti. Los humanos no somos "ángeles": necesitamos casas para vivir. Y nos afecta mucho la casa concreta en que vivimos. La casa es como una parte de nuestro cuerpo. Durante un tiempo me tocó hacer visitas domiciliarias. ¡Qué panorama! Me daban ganas de hacerme arquitecto… Tú puedes diseñar casas pensando en las casas, o lo puedes hacer pensando en las personas que las habitarán. Detrás de todo lo que hacemos, siempre hay personas. 

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Habían pasado algunos minutos, y los dos antiguos compañeros debían regresar a sus ocupaciones. Se despidieron con un largo y fuerte apretón. No fue tan efusivo como al principio. Este apretón tenía algo de pulso de fuerza. Y mirándose fijamente, con los ojos se decían el uno al otro: si nos volvemos a encontrar, esta conversación tendrá que continuar, y nos hará amigos para siempre, o extraños para siempre...







Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: