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jueves, 11 de agosto de 2011

REFLEXIONES DE FESTIVOS - ASUNCIÓN DE MARíA (15 de Agosto)


PROYECTO DE HOMILÍA 

Asunción de María
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
La Asunción de María no se encuentra directamente en la Biblia. No hay relato evangélico que nos lo cuente.
Por eso el "lenguaje" de hoy no será sobre el texto evangélico sino sobre el nombre de esta fiesta: "Asunción de María en cuerpo y alma al cielo".
Cuando decimos que María es "asunta en cuerpo y alma al cielo", ya vemos en seguida que no podemos imaginar el cielo como un ámbito habitado por Seres Espirituales y con dos cuerpos humanos, el de Jesús y el de María, flotando por allí el medio ...
¿Cómo entender eso de "en cuerpo y alma al cielo"?
Ante todo hay que decir que no se trata de un lenguaje científico sino mítico.
Dicho de otro modo: si un periodista hubiera estado presente en la muerte de María y hubiera ido filmando todo lo que pasaba con su cuerpo, no habría visto ni filmado nada de especial con relación a como suelen morir los humanos.
(Sobre el lenguaje científico y mítico, lea HABLEMOS DE ... (2) Milagros ).
La Asunción de María en cuerpo y alma al cielo, participando de la gloria de su hijo Jesús, pertenece al ámbito de la fe, y de entender de acuerdo con el lenguaje religioso o mítico.
Una comparación con lo que ocurre en otros campos como, por ejemplo, la música, quizá pueda ayudar a nuestra "imaginación".
Imaginad que habéis ido a un concierto que os ha gustado mucho. Desea poder escucharlo otras veces. No penséis en llevar la orquesta a vuestra casa… Por otra parte, "aquel concierto" ya no existe: la música es una realidad fugaz: unas simples vibraciones aéreas que coinciden un instante.
Pero, ¿qué pasa si alguien la ha grabado en un CD?
La música consiste en unas vibraciones del aire que pueden ser, de alguna manera, grabadas en un soporte distinto del que habéis podido escuchar en la sala del concierto. No hay música sin el apoyo del aire que vibra, pero podemos cambiar de soporte. Si compráis el CD y ponéis en un aparato reproductor en casa, allí no están ni la orquesta que os ha emocionado ni el aire de la sala del concierto que ha vibrado en vuestros oídos y, sin embargo, podéis volverlo a escuchar.
De hecho, el CD no reproduce la música, sólo provoca en el aire de vuestra habitación unas vibraciones aéreas similares a las que los instrumentos musicales habían provocado en el aire de la sala del concierto.
Que las vibraciones aéreas sean simplemente un fenómeno físico (ruido) o que sean también lenguaje (música) no depende sólo de los músicos, o de los instrumentos, o del aire de la sala, o el CD, sino también de vosotros.
Una "música", si nadie la escucha, es sólo "ruido". En cambio, si alguien la escucha, la acoge y la asume, se convierte en lenguaje musical. Sigue siendo cien por cien material, pero se ha añadido una nueva dimensión que ya no es puramente material.
La música, como toda clase de arte, es "materia" hecha lenguaje, comunicación, comunión. Pero sin alguien que la acoja, sólo sería ruido (vibraciones físicas del aire).
Los seres humanos somos cien por cien materiales. Somos "cuerpo". Somos corporales. El cuerpo forma nuestra vida y es el apoyo indispensable. No hay vida humana sin cuerpo, como no hay música sin vibraciones del aire.
No obstante, cuando vivimos ante alguien que asume nuestra existencia, seguimos siendo corporales, pero adquirimos una nueva dimensión. Ya no somos puramente corporales, somos también lenguaje, comunicación, comunión.
Con la expresión "María asunta en cuerpo y alma al cielo" queremos decir que su vida ha sido asumida por Dios: su vida real, de cuerpo y alma. Esto no quiere decir que su "cuerpo", que es el apoyo indispensable de la vida humana, esté flotando por los espacios celestiales. El apoyo de la vida puede cambiar.
Así como lo que convierte el ruido en música es el hecho de ser "asumida" por alguien que la escucha, así también nuestra realidad corporal pasa a ser realidad personal cuando es asumida por alguien, y subsiste en un nuevo soporte.
También puede ayudar a nuestra imaginación lo que nos dicen los entendidos. Un "cuerpo" es un flujo de impulsos energéticos coincidentes en un tiempo y en un lugar. El cuerpo nunca es igual, nunca está hecho de los mismos elementos.
Si veis una foto vuestra de veinte años atrás, podréis decir: yo soy este, a pesar de que en vuestro cuerpo de ahora no haya absolutamente nada de lo que había hace 20 años.
Según los entendidos, cada 8 años más o menos se renueva todo el "material" que constituye nuestro cuerpo. Los átomos que en este momento forman nuestro cuerpo pueden tener más de mil millones de años de existencia, y es totalmente seguro que antes de formar nuestro brazo o nuestro pie o nuestro bigote… ya habían formado parte de otros vivientes o de altas montañas o, incluso, de antiguas estrellas que quizá ya no existen… Como el aire de la sala del concierto que, antes y después, habrá servido para multitud de otros conciertos, y ruidos, y palabras, y gritos…
MENSAJE.
El mensaje de la fiesta de la Asunción es claro, y capaz de generar en nosotros un sólido optimismo.
Todos los humanos, en un momento u otro, nos hacemos esta pregunta: "¿Estamos solos en el Universo?"
Evidentemente, convivimos con muchísima gente. Pero la pregunta más a fondo: ¿Los humanos, globalmente, vivimos solos o estamos ante alguien? ¿Somos simples "sacos biológicos" aparecidos por casualidad, y que desaparecemos de la misma manera, o "interesamos" a alguien?
Imaginemos un locutor de radio que comienza un nuevo programa. Mientras está hablando, en un momento u otro se hará esta pregunta: "¿Hay alguien que me esté escuchando?" Porque la situación es muy distinta si hay alguien que escuche la radio o si no la escucha absolutamente nadie.
Igualmente, nuestra vida es radicalmente distinta si hay o no "alguien que nos mira", si hay o no "alguien que asume nuestra existencia".
Tienen razón los científicos cuando nos dicen que somos "un saco de reacciones químicas". Es verdad: tienen toda la razón. Se puede comprobar cada día y a cada instante.
Pero no es lo mismo si este saco de reacciones químicas está o no ante alguien. Todo es distinto si, cuando estamos contentos, hay o no alguien que nos mira complacido, si cuando sufrimos, hay o no alguien que nos mira con compasión, si cuando amamos, hay o no alguien que apoya nuestro amor; si cuando vivimos, hay o no alguien que asume nuestra vida.
Ciertamente no somos más que un saco de reacciones químicas, pero si estamos ante alguien que asume nuestra existencia, esta pasa a ser también lenguaje, comunicación, comunión, como el ruido de las cuerdas de un violín se vuelve música cuando alguien lo acoge y lo escucha con placer.
La fiesta de María asunta en cuerpo y alma al cielo, al igual que la fiesta de la Ascensión de Jesús, nos dice: tu vida, y la vida de la Humanidad, es asumida por Dios.
Y eso hace que todo sea distinto: más luminoso, interesante, estimulante.
El mensaje de la Asunción de María es el mismo que el mensaje de la Ascensión de Jesús. En Cristo personalizamos la experiencia más radical y positiva de la Humanidad: "Padre, encomiendo mi espíritu en tus manos" (Lucas 23,46).
Pero los cristianos nos hemos ido creando una imagen de Jesús cada vez más "solemne y divinizada". Por eso la fe del pueblo, espontáneamente, ha ido creando una nueva "personificación" más a nuestro nivel: María.
Y es perfectamente legítimo este proceso ya que, tal como la Biblia nos presenta a María, también ella puede ser tomada como "figura de la humanidad".
Los evangelios no nos hablan de la Asunción de María, pero expresan con claridad, la conciencia que ella tenía que ser asumida por Dios, como tan bellamente lo expresan las palabras que hemos leído: "Mi espíritu se regocija en Dios, mi salvador, porque ha mirado la pequeñez de su sierva. Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Poderoso ha hecho maravillas en mí”.
De hecho, este mensaje ya está contenido en el "nombre" con el que Dios quiere ser conocido. Cuando Moisés pregunta a Dios cuál es su "nombre", le responde: "Yo soy el que soy" (Yahvé, en hebreo. Éxodo 3,14). Es decir: Dios es "presencia", El-que-es, El-que-nos-mira, El-que-asume nuestra vida haciéndola algo más que un saco de reacciones químicas.
Bellamente expresa este sentimiento el canto espiritual, de David Jou, que podéis leer en el Apartado textos. 
(Nota: aquí os pongo el texto traducido, es posible que no mantenga ni la rima ni la métrica) 
La primera estrofa dice así:
Cuando me miras soy más, crezco, existo más rotundamente
que cuando, desvaneciéndome, me retiras Tu mirada:
sé, pues, clemente:
mírame, llámame, hazme ser en Tu mente
una plenitud en Tu amor salvada.
RESPUESTA
Evidentemente, la respuesta adecuada a este mensaje es un optimismo radical, expresado y celebrado. "Mi alma magnifica al Señor, mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la pequeñez de su sierva".
Con un lenguaje u otro, todas las Religiones expresan este optimismo que responde a la experiencia más profundamente humana: sentirse real. Notemos que no somos la fuente de nuestra existencia, pero existimos. Pues… , alguien nos aguanta.
Pero aquí será bueno decir también otra cosa.
Todos sabemos que hay "presencias" que nos hacen sentir más libres y otras que nos avasallan.
Recuerdo una persona que me decía en una ocasión: "No creo en Dios: no sería capaz de aguantar alguien que te mira continuamente. Me gusta la soledad".
Hay que reconocer que, en el marco de las Religiones, a menudo se ha aplicado a Dios una forma de "presencia" inspirada en las relaciones humanas de dominio. Más aún: a menudo se ha utilizado la "presencia de Dios" para dominar a los demás a través del miedo. Se ha ofrecido una "presencia de Dios" fiscalizadora y controladora.
Una presencia así, inspirada en la "vigilancia" de los dominadores sobre sus "súbditos", no es ningún apoyo en nuestra existencia sino más bien una losa que nos aplasta.
Por este motivo, en Occidente, sobre todo en los siglos XIX y XX, desde distintos puntos de vista, y sobre todo desde la Filosofía, se dio una denuncia creciente contra el Cristianismo y contra las Religiones en general.
Entendida la "presencia de Dios" como una presencia rival, muchos lo convirtieron en un argumento para negar la existencia de Dios. Se podría resumir así: "Si Dios existiera, su presencia sería tan arrolladora que nada podría existir con un mínimo de dignidad. Si Dios existiera, tendría una libertad tan absoluta que haría imposible la libertad de cualquier otro viviente. Si los hombres podemos ser libres, es precisamente porque no existe ningún Dios".
Jean Paul Sartre hace decir a uno de sus personajes (cito de memoria): "Dios no existe, pero si, por un imposible, existiera, tendríamos la obligación de matarlo para salvar mínimamente nuestra dignidad".
Estos filósofos predicaron el ateísmo con el fin de salvar al hombre.
Y tienen toda la razón. No existe ese "Dios" que ellos niegan, y si existiera, por dignidad deberíamos luchar en contra.
Pero no es esta la "presencia" que el ser humano de todos los tiempos, también de hoy, es capaz de descubrir en lo más profundo de sí mismo.
Lo que "salva al locutor" es que haya alguien que le escuche. Lo que "salva al ruido" que hacen las cuerdas de un violín es que haya alguien que la convierta en música, escuchándola. Lo que "salva" a este saco de reacciones químicas que somos cada uno de nosotros, es que hay una "presencia" que nos asume.
La libertad de Dios no compite con la nuestra. Al contrario: le abre horizontes para que sea posible.
¿Podría ser libre un locutor a quien nadie escucha? ¿No son precisamente los oyentes que le convierten en locutor y hacen posible su creatividad? Cierto: son los oyentes que hacen posible la libertad creativa de un locutor. Y también su responsabilidad.
La responsabilidad es la otra cara de la libertad.
La presencia que nos hace libres también nos hace responsables. La presencia de Dios no es una presencia neutra: "derriba a los poderosos de sus tronos y ensalza a los humildes". Dios no es rival del hombre. Pero el hombre que ha decidido hacer el mal se ha hecho rival de Dios y no acepta el apoyo de su mirada.
PREGUNTAS para el diálogo.
Estas preguntas no pretenden hacer descubrir la respuesta "correcta" sino simplemente provocar un diálogo que ayude cada participante a ir construyendo su respuesta. Puede haber varias respuestas correctas.
  1. Si el cielo fuera un "lugar", lo podríamos imaginar y hablar de él fácilmente. Pero no parece correcto imaginarlo como un "lugar". Por eso es difícil hablar de él. Sin embargo, es bueno intentarlo. ¿Qué os sugiere la palabra cielo? 
  2. En la tradición cristiana, sobre todo en Oriente, a la muerte de María se la suele denominar "dormición". ¿Qué os parece? ¿Pensáis que sería bueno decirlo también de las otras personas cuando mueren? 
  3. Los psicólogos, y la propia experiencia, nos dicen que "sentirse solo" es el peor de los males. ¿Os habéis sentido solos alguna vez? ¿Qué solución habéis encontrado?

    Por el Padre Pere Torras
    Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
    Sant Feliu de Guíxols (Girona)
    Extraído de:http://vilartaguesparroquia.org/