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lunes, 1 de agosto de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XIX DE ORDINARIO. CICLO A.

DOMINGO XIX DE ORDINARIO. CICLO A.
Por Cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

Solemos decir que la vida es un camino.
Sobretodo en los ámbitos marinos, como eran los alrededores del "Mar de Galilea", también suele decirse que la vida es un viaje, o, incluso, una travesía. En este caso, el éxito de la vida es "alcanzar la otra orilla".
Pero los pueblos de costa saben, por dramática experiencia, que el mar es cruel: siempre existe la posibilidad de ser engullido por el mar y no alcanzar la otra orilla. Por eso el mar es también un símbolo de la muerte. Como el mar, la muerte también engulle nuestras vidas.
El centro del relato de hoy es la figura sugerente del Hombre–Jesús caminando sobre las aguas del mar. No se trata de una "exhibición de divinidad" para demostrar que él es el Hijo de Dios. El relato va acompañado de un grupo de detalles que nos llevan a pensar en una visión avanzada del Resucitado. En los evangelios, Jesús sólo provoca miedo, momentáneamente, cuando, después de haber muerto, se presenta "viviente" a sus discípulos, y ellos lo toman por un fantasma. Evidentemente, lo primero que el Resucitado les dice es: "No tengáis miedo, que soy yo" (Mateo 28,10. Lucas 24,37).
La expresión "soy yo" tiene una doble intención:
  • Soy yo; es decir: soy Jesús; el compañero que ha estado con vosotros, y que mataron, pero que no ha sido engullido por la Muerte. Mi paso por la Muerte es como el de ahora que paso por encima del agua sin ser engullido.
  • Pero la expresión "Yo soy" es también el nombre propio de Dios (en hebreo "Yahvé". Éxodo 3,14). Jesús, que ha pasado por la Muerte sin ser engullido, se ha situado en la otra orilla, el espacio propio de Dios, que es Vida.
No es un privilegio exclusivo de Jesús; es la llamada que Dios mismo hace a todos los hombres. Los discípulos lo han entendido ya un poco (no del todo) y, por boca de Pedro dicen a Jesús: "Señor, si eres tú, mándame que venga caminando sobre el agua". Podría parecer un capricho de la vanidad de Pedro. No lo es; es la expresión del anhelo más vivo del corazón humano: no ser engullido por el Mar; no ser engullido por la Muerte; no ser engullidos por la Nada.
Pedro lo consigue, aunque no del todo porque, de momento, "no tiene suficiente fe, a causa del viento contrario".
Tres veces aparece la palabra "viento" en este relato: una forma de subrayar el su significado. Es el viento contrario lo que impide a la barca avanzar; y que hace perder la confianza de Pedro; y que desaparece cuando Jesús está en la "barca".
También la barca es muy significativa. Cuatro veces aparece la palabra "barca". La barca simboliza la comunidad que aún no ha llegado a la otra orilla. Jesús ya no necesita barca; los discípulos, sí. La barca les permite no ser tragados por el mar, pero no logran vencer el viento contrario.
De dónde surge este “viento contrario”?
La escena es continuación de la que leíamos el pasado domingo: la partición de los panes. ¡Cinco panes para cinco mil "hombres" es todo un éxito! Y este éxito, que los discípulos no saben digerir, es el viento contrario que les impedirá conseguir la otra orilla. No han entendido el significado de lo que ha pasado con la multitud. Se han emborrachado de éxito, y Jesús les ha tenido que obligar a irse solos.
El mesianismo de Jesús no va en la dirección que ellos creen. El lenguaje usado en este evangelio nos indica que es un momento clave, delicado, que Jesús "supera" yendo a la montaña "a orar a solas", como hará también antes de la pasión–resurrección, en el huerto de Getsemaní.
(Se podría comparar y completar la lectura del evangelio de hoy con el mismo relato que se encuentra en el evangelio de Juan, capítulo 6).
¡Con cinco panes y dos peces no se alimentan cinco mil hombres!… Allí hubo algo más que los discípulos no supieron descubrir; los panes partidos y repartidos son algo más que simples "panes". Es la misma vida de Jesús (y la de los discípulos de verdad) la que se da y se reparte: "Mi cuerpo es pan … Mi vida (sangre) es bebida …" (Mateo 26,26).
Ahora podemos entender la escena del Resucitado caminando sobre las aguas. La resurrección es la vida–entregada que toma forma de pan, de alimento. Esta vida–entregada no es engullida por la Muerte sino que es acogida por las manos bondadosas del Padre. Esto conlleva entrar en la vida misma de Dios. Realmente Jesús, hecho pan para los demás, puede decir "Soy yo", que es el nombre de Dios.
Por eso, cuando Jesús sube a la barca, el viento contrario amaina, y los discípulos se postran y expresan su fe incipiente: "Realmente eres el Hijo de Dios".
La fe incipiente de los discípulos no es aún madura. En el momento de la verdad, en el Calvario, no habrá presente ninguno de ellos. En aquel momento la fe será expresada, ni más ni menos, que por el centurión romano, que no tiene la escapatoria de pensar en "milagros". (Mateo 27,54).
Pero finalmente, gracias al testimonio de las mujeres, que nunca han tenido dificultad para entender esto de la "vida–entregada", los discípulos verán realmente al resucitado y renovarán, ya más madura, su profesión de fe en Él (Mateo 28 , 17). Y podrán recibir el encargo de anunciar el Evangelio (= buena noticia), bautizando.
En el bautismo se repite la escena del evangelio de hoy: Pedro se hunde (muere, entrega la vida) en el agua y resucita agarrándose a la mano que le tiende el resucitado.
MENSAJE
Vivir es compartir; pero compartir de verdad significa compartir la propia vida.
Una vida compartida no es engullida por la Muerte. La muerte se convierte en paso, travesía, que nos lleva a la otra orilla y nos introduce plenamente en el Reino de Dios, donde somos hijos en el Hijo.
Esta es la fe de los que estamos en la barca: "pescados" y "pescadores" a la vez.
RESPUESTA
Hay una gran diferencia entre la multitud de los cinco mil que han comido, y que Jesús despide, y los discípulos que suben a la barca para pasar a la otra orilla. Los cinco mil, al parecer, querían aclamar a Jesús como mesías–rey, con poder suficiente para liberar al pueblo de sus opresores. Esta forma equivocada de entender al mesías provocó la anticipación de su muerte. En cambio, los de la barca acogen a Jesús y le adoran como Hijo de Dios.
De la multitud a la barca hay todo un camino a hacer: pasar de la vida–obtenida, necesitada de alimentación permanente, a la vida–entregada, no sujeta ni siquiera a la Muerte.
¡Es conmovedora la paz y la serenidad de la barca, cuando Jesús ya ha subido! "No tengáis miedo, que soy yo".
Vivimos en una sociedad que, al menos externamente, va bastante aturdida. Hay demasiados fantasmas, y de muchas clases. También los hay de "religiosos". Un buen servicio a nuestro mundo sería ser testigos de la paz y de la serenidad que nos ofrece el Resucitado, que no es ningún "fantasma" sino el "primogénito" de muchos (todos los que lo deseen) hermanos.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. ¿El encuentro semanal con la comunidad os ayuda a alimentar y hacer crecer vuestra paz?
  2. A menudo ante peligros y fantasmas se crea un clima de agitación colectiva, autoinducida entre todos, y mantenida entre todos. Una especie de histeria colectiva … ¿Hacéis algo individual o conjuntamente para mantener un clima de paz activa en vuestros encuentros?
  3. En vuestras eucaristías, ¿los diferentes servicios que hace cada uno provocan recelos, envidias o incomprensiones entre vosotros? ¿Os veis capaces de superarlo?

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)