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martes, 16 de agosto de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXI DE ORDINARIO. CICLO A.

DOMINGO XXI DE ORDINARIO.
CICLO A
Por Cerezo Barredo

http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

El evangelio de este domingo 21 del tiempo ordinario también el leímos en la fiesta de San Pedro y San Pablo. En el Lenguaje de aquella fiesta se comenta sobre todo la respuesta dada por Pedro a la pregunta de Jesús. Hoy me fijaré sobre todo en la pregunta. Y es que hacerse la pregunta que Jesús hizo a sus discípulos también puede ser una manera de acoger su mensaje.
Jesús pregunta: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Quizás sería bueno que, dentro las comunidades cristianas, cada cristiano se hiciera también esta pregunta: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Porque una cosa es lo que somos y una otra lo que los demás dicen de nosotros. Lo que los otros dicen de nosotros puede ayudar o estorbar a saber lo que somos. No se trata de convertirse en el centro de referencia; pero nuestra fidelidad a Dios y al Evangelio empieza por saber y asumir lo que somos.
Este ejercicio de saber y asumir aquello que somos ha tomado hoy una urgencia extrema debido a que vivimos en una sociedad en la que otros pretenden injustamente decidir lo que somos.
Los Estados modernos tienen tanta influencia sobre los ciudadanos que marcan y determinan qué y quiénes somos cada uno de nosotros. Los Estados dictan nuestra identidad, y la fijan en unos papeles, que sólo ellos nos dan y sin los cuales ni siquiera existiríamos.
Siempre el Poder ha intentado ser el dueño de la identidad de sus súbditos. La diferencia entre ahora y antes está en el aumento, casi hasta el infinito, de esta capacidad de imponer identidad, anulando la propia de cada persona y de cada pueblo.
Si imponer la identidad es "normal" (¡por injusto que sea!) cuando se trata de los Estados o de los Poderosos, resulta mucho más sorprendente y decepcionante detectar este comportamiento en la Iglesia, ya que esto va directamente contra el Evangelio en el que creemos y que queremos encarnar. Es una muestra más de cómo, a pesar de las declaraciones en sentido contrario, continuamos rodeándonos de estructuras de poder. Quizás no se trate tanto de mala voluntad como de "seguir como siempre", dentro un lamentable mimetismo de la administración civil.
Afortunadamente, en la Iglesia actual hay una gran riqueza de identidades. Pero, lamentablemente, muchas de estas identidades no son asumidas por los demás ni por la jerarquía. La jerarquía continúa proponiendo para todos una especie "de identidad oficial" en forma de una sola Moral, una sola Teología, un solo Derecho, una única Pastoral, una sola "Comunión" …
Es cierto que, en la práctica, buena parte de las identidades no oficiales son toleradas e, incluso aceptadas como excepción. "Aceptar como excepción" puede dar una "imagen de tolerancia" (muy de moda), pero es una manera sutil y eficaz de anular la identidad de todo aquel que no coincide con una pretendida "normalidad oficial".
"Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?"
El próximo domingo, en el evangelio, leeremos que Jesús tuvo que enfrentarse a Pedro porque éste intentaba imponerle, con toda su buena voluntad, una identidad que no era la suya. Jesús compara  a Pedro con el propio Satanás (= el "tentador") que, también, al principio mismo de la misión de Jesús, quería indicarle cuál debía ser su identidad: "Si eres Hijo de Dios" …
"Si eres Hijo de Dios" … di que estas piedras se conviertan en panes "(Mateo, 4,3).
"Si eres Hijo de Dios" … tírate abajo (4,6)
"Si eres Hijo de Dios" … a ti eso no te puede pasar (16,22)
"Si eres Hijo de Dios" … baja de la cruz (27,40).
Durante toda su vida pública, Jesús tuvo que superar la tentación de apartarse de su identidadservicio.
MENSAJE
La situación jerarquizada de la Iglesia ha llevado a menudo a entender este evangelio de hoy en un sentido contrario a su significado. Esto explicaría que se haya escogido como 1ª Lectura para "acompañar" este evangelio un fragmento del Antiguo Testamento que no tiene nada que ver.
En la 1ª Lectura se contraponen "dos poderes", y se afirma que el segundo sustituirá al primero. En cambio en el Evangelio hay sólo "un poder" del que se dice que no conseguirá impedir la instauración del reino de Dios. El reino de Dios no es ningún "poder alternativo" sino un ámbito de libertad ofrecido a todo el mundo. (Leer> Mateo 20,24–28).
Y aquí está precisamente el mensaje: frente al "reino del Poder", que siempre es un "reino de la muerte" donde las personas y los pueblos pierden su identidad, se ofrece un "ámbito de libertad", que nos lleva a preguntarnos: ¿Quién soy yo? ¿Quienes somos nosotros? Preguntas que permiten desvelar y construir nuestra identidad, en la certeza de ser asumidos como ciudadanos del Reino.
Las "llaves" del Reino de Dios se contraponen a las "puertas" del Reino de la Muerte. Las Llaves nos son dadas, y no para cerrar o abrir sino para atar o desatar (unir o liberar). En cambio las puertas son impuestas, y se abren sólo para encarcelar y nunca para liberar.
Nota del traductor: La versión catalana del misal del cual parte esta reflexión, habla del “reino de la muerte”, en las traducciones en castellano de este pasaje evangélico se puede leer desde el “infierno”, el “abismo”, el “hades”, etc. He mantenido la traducción literal del catalán porque creo que hace el concepto más comprensible, aunque quizás a otros les resulte más fácil utilizar cualquiera de estas otras palabras.
RESPUESTA
Un libro conocido tiene por título "Atrévete a pensar". Aunque conlleve ir contracorriente, es de una gran urgencia que nos atrevemos a pensar y a tener nuestra propia identidad personal y de grupo. Y no aceptar ser simplemente "tolerados como excepción", porque una comunidad ("Iglesia") no se hace de excepciones sino de aportaciones en comunión entre todos.
La libertad y la identidad que nace de esto, no son para nosotros mismos, sino que son un servicio: son la aportación que cada uno hace para ir construyendo la comunidad.
¿Quien soy yo? ¿Cuál es la identidad de nuestra comunidad?
La respuesta no es indiferente. A Jesús, ser fiel –a ello–, le llevó a la cruz. A muchas comunidades cristianas, ser fieles –a su identidad– las está llevando a ser tenidas por sectas, grupos cerrados, parroquias un poco especiales,… ¡Excepciones!
Este peligro, en un sentido distinto, también va llegando, insensiblemente, a parroquias pequeñas o periféricas. Acostumbrados a que la identidad de cada parroquia viniera marcada por la personalidad del sacerdote de turno, ahora la falta de sacerdotes está dejando muchas parroquias sin "apoyo" a su identidad. 
La falta de sacerdotes podría convertirse en un momento propicio para que las comunidades o parroquias pequeñas redescubran su propia identidad, sabiendo que hacen un buen servicio a los compañeros del grupo, a la Iglesia (y a la Humanidad). 
Recuperar la identidad de cada comunidad ayudaría a los compañeros elegidos para el "servicio comunitario" a descubrir cuál debe ser su misión más propia: asumir las diferentes y variadas identidades para una comunión más ancha. No imitando el estilo de la sociedad civil sino según el estilo del Evangelio. En otro lugar Jesús dice a Pedro: "Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para sacudiros como se criba el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no falte tu fe. Y tú, cuando te habrás convertido, confirma a tus hermanos” (Lucas 22,31). 
PREGUNTAS para el diálogo
  1. "Atreveos a pensar", y preguntaos con actitud de servicio: ¿Quién soy? ¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestra aportación específica a la Comunidad y al Pueblo? 
  2. Dentro de vuestro mismo grupo o comunidad, ¿descubrís intentos de sacrificar, a una pretendida identidad de grupo, la identidad de cada uno de vosotros? Dicho de otro modo: ¿Las "exigencias de una estrategia de grupo" son utilizadas para no atender las ofertas de comunión de cada uno de vosotros?
  3. ¿Qué diferencias veis entre una secta y una comunidad?

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)