Traductor

lunes, 22 de agosto de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXII DE ORDINARIO. CICLO A.


DOMINGO XXII DE ORDINARIO.
CICLO A
Por Cerezo Barredo

http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

"… que tome su cruz …"
La Cruz tiene dos significados diferentes pero complementarios.
En primer lugar representa lo más propio y característico de los discípulos de Jesús: su decisión de vivir la vida en forma de vida–que–se–entrega.
En este sentido la Cruz es vista como un árbol, y representa la recuperación del mítico árbol de la vida, cuyo fruto permite disfrutar de una vida vida, aquella que no sucumbe a la muerte.
Releed, si os parece, el maravilloso mito del Paraíso terrenal (Génesis 2,8–25). En el centro del jardín había dos árboles: el Árbol de la vida y el árbol del conocimiento (de la determinación) del bien y del mal. El Hombre queda advertido de que, si come del fruto del Árbol de la determinación del Bien y del Mal, morirá sin remedio. La muerte no será un castigo por una desobediencia, sino el efecto directo de un fruto mortalmente venenoso para los humanos.
Pero los humanos no hemos resistido la tentación de "comer del fruto" de este árbol porque "nos hace como dioses", y así hemos engendrado el Reino de la Muerte, y hemos perdido el Árbol de la vida.
La decisión de "determinar el Bien y el Mal" convierte a la Humanidad en una gran sala de juicios donde todos se enfrentan a todos como acusadores y acusados, jueces y juzgados, condenadores y condenados.
El Árbol de la determinación del Bien y del Mal no es ningún invento literario sino el reflejo, en forma de mito, de la experiencia más trágica que hemos generado y sufrido los Humanos. En nombre del Bien y del Mal que cada uno determina según el "poder" de que dispone, se han hecho guerras (incluso "santas"), genocidios, sacrificios humanos, matanzas, torturas, violaciones, esclavitudes, limpiezas étnicas, …
Sólo dejando de comer el fruto del Árbol del bien y del mal es posible recuperar el Árbol de la vida, cuyo fruto es toda persona que hace de la propia vida un alimento para los demás. Este es el significado de la vida de Jesús, el Nuevo Adán, primogénito de una nueva Humanidad. La cruz es el nuevo árbol de la vida. Jesús es el fruto que cuelga de él ofreciéndose como alimento.
"Tomar la propia Cruz" significa alimentarse del fruto del Árbol de la vida y, a la vez, hacerse también fruto para los demás, tal como hizo Jesús.
Pero la Cruz tiene un segundo significado. El nuevo Árbol de la vida coexiste con el Árbol de la muerte. Al Reino de la Muerte se juzga, se condena y se mata. La Cruz, en Jesús, fue también el cumplimiento de una sentencia: "Nosotros tenemos una ley y, según esta Ley, este hombre debe morir" (Juan 19,7).
"Tomar la Cruz" significa ser condenado y, a pesar de ello, continuar manteniéndose fiel a la Humanidad. "Si eres Hijo de Dios baja de la cruz, … y creeremos en ti", le dicen los grandes sacerdotes, junto a los escribas y los ancianos (Mateo 27,40–42). Si Jesús hubiera bajado de la Cruz habría corroborado el Reino de la Muerte y su forma de hacer. Si hubiera bajado de la Cruz ¿en qué "Mesías" habrían creído los que le increpaban? Bajando de la Cruz para salvarse, Jesús se habría hecho, él también, súbdito del Reino de la Muerte.
"Quien quiera salvar su vida la perderá.” Por eso Jesús se mantuvo fiel a entregar la vida. Y aquí aparece la gran novedad: esta vida entregada es acogida por Dios, que es Vida–que–se–entrega. En Dios la vida entregada es "resurrección". Gracias a Jesús el Árbol de la vida vuelve a estar a nuestro alcance.
"Tomar la Cruz" no es conformarse estoicamente al sufrimiento. El sufrimiento siempre forma parte del "todavía no …" de una vida que se está construyendo. "Tomar la Cruz" es abrirse a un horizonte que ilumina la vida y transforma el dolor en solidaridad con todos los que sufren, y convierte la muerte en plenitud de donación y paso ("pascua") a la Resurrección.
MENSAJE
El evangelio de hoy apunta directamente al núcleo del mensaje cristiano: Si alguno quiere venir conmigo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Este mensaje queda resaltado, por contraste, en la actitud de los discípulos, personalizada en la intervención de Pedro: "De ninguna manera, Señor: a ti eso no te puede pasar".
Pedro acababa de proclamar que Jesús es el Mesías, hijo del Dios vivo; pero él piensa todavía como "súbdito" del Reino de la Muerte. Él aún confía más en la espada que en la vida–que–se–entrega (Juan 18,10). Pedro personifica al "discípulo que todavía no sigue a Jesús, pero que acabará comprendiendo, y le seguirá".
RESPUESTA
El mensaje es una propuesta. Y la respuesta consiste en aceptar esta propuesta.
La actitud de Pedro es un toque de atención: tan próximo a Jesús y, sin embargo, su "respuesta" es totalmente equivocada. Existe el peligro de que lo sea también la nuestra.
Hay muchas maneras de "tomar la cruz". A veces se ha tomado porque tenía forma de espada; a veces se ha tomado como un amuleto o talismán; a veces se ha tomado como bandera para ir a la guerra; a veces se ha tomado para dictar sentencias; a veces se ha tomado para hacer un colgante de oro o plata para el cuello; …
Durante dos mil años los discípulos de Jesús hemos cometido tantas barbaridades en nombre de la Cruz, que necesitamos estar muy atentos para no volver a caer en errores pasados o nuevos.
Quizás nos puede servir aquello del Árbol de la vida en contraposición al Árbol de la muerte. Si da vida, es la Cruz de Jesús; si da muerte, es la cruz que impone Pilatos.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. ¿El Cristianismo es un mensaje triste?
  2. La actitud de Pedro que Jesús rechaza, ¿creéis que aún está presente en la Iglesia? ¿En qué aspectos?
  3. Hay muchas clases y estilos de crucifijos. Como apoyo simbólico y expresión de fe, seguramente que los hay más adecuados y de no tanto. ¿Qué opináis del crucifijo de vuestra parroquia o de vuestra iglesia o de vuestra habitación?

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)