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martes, 30 de agosto de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXIII DE ORDINARIO. CICLO A.


DOMINGO XXIII DE ORDINARIO.
CICLO A
Por Cerezo Barredo

http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

El evangelio de hoy es el final de un breve discurso con el que Jesús responde a una pregunta de los discípulos. 
Los discípulos le habían formulado una pregunta extraña: por sí misma ya demuestra que no habían entendido nada del mensaje de Jesús. Jesús les había dejado claro que le juzgarían y le matarían. Y, a pesar de que también les había dicho que resucitaría al tercer día, ahora a ellos les preocupa una cosa, y es lo que le preguntan: "¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?". 
La respuesta de Jesús es clara: llamó a un niño, lo puso en medio y les dijo: "Os lo aseguro: si no volvéis a ser como los niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así, pues, quien se haga pequeño como este niño es el más importante en el reino de los cielos” (Mateo 18, 2). 
El discurso sigue insistiendo en la importancia de los más pequeños y de cómo respetarles. En este contexto deben entenderse las palabras que hemos leído. 
Evidentemente, la pregunta (que no hemos leído en el evangelio de hoy) y la respuesta (de la que hemos leído sólo el final) se sitúan en el marco de una comunidad cristiana. Se da por supuesto que dentro de la comunidad cristiana también existe el pecado, como lo demuestra la misma pregunta que han hecho los discípulos. Con la pregunta que hacen, ya se ve claro que los discípulos, a pesar de formar parte del reino de los cielos, aún tienen las preocupaciones propias de los reinos de este mundo. Por eso Jesús les invita a ayudarse mutuamente para una conversión progresiva. Si tu hermano peca… no le juzgues, no le condenes, no le excluyas…, sino vete a él y habla con él en igualdad. Si esto no basta, hablad de ello con dos o tres. Si conviene, hablad con toda la Comunidad reunida. Si no hiciera caso de la Comunidad, la cuestión es grave porque él mismo se excluye del ámbito que le podría ayudar. Nótese que estas palabras de Jesús vienen inmediatamente después de la parábola de la oveja perdida
Si tu hermano peca… 
Aquí "pecado" no debe entenderse en el sentido individualista que solemos darle actualmente. Por su contexto, se refiere a aquel "pecado" que hace caer a los más pequeños (¡Qué son los más importantes!). Se trata del pecado que corrompe la comunión y rompe la comunidad
¡Atención con la palabra "comunión"! 
En nuestra iglesia jerarquizada, a menudo se habla de la comunión dentro de una relación vertical: los fieles de una parroquia vivirán en comunión si están en sintonía con su rector, los sacerdotes vivirán en comunión si están en sintonía con su obispo, los obispos vivirán en comunión si están en sintonía con el Papa. 
No parece que el evangelio se refiera a eso. "Si dos de vosotros en la tierra se avienen a pedir algo, mi Padre del cielo se lo concederá, porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos"
La comunión es horizontal, entre nosotros, entre hermanos. Y Dios se toma en serio esta comunión: "Todo lo que atareis en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desatareis en la tierra, quedará desatado en el cielo"
"Cielo" y "tierra" no son dos mundos inconexos: el mundo de Dios y el mundo de los hombres. Dios asume el mundo de los hombres. Es en nuestro mundo, allí donde vivimos y damos sentido a nuestra vida, y es esta vida en nuestro mundo la que es asumida por Dios "en el cielo". 
Y aquí en la tierra, tenemos ante nosotros dos opciones:
  • o dedicar nuestra vida a ser "los más importantes", 
  • o dedicarse a servir a los demás
Entender la vida como un servicio es vivirla en comunión. Y la comunión vivida da como fruto las comunidades: ámbitos de experiencia y de crecimiento de la vida vida: aquella que conecta con la misma vida de Dios. En este caso, el cielo comienza ya en la tierra. 
Las comunidades que son fruto de una actitud de comunión son múltiples, variadas, abiertas e implicadas entre sí. Hacemos y nos sentimos "comunidad" con la familia, con los compañeros de la parroquia, con los vecinos, con la escuela de nuestros hijos, con la gente del pueblo,…
Hacer comunidad es un servicio, sin dejar de ser también una fruición. Por eso, cuando un hermano peca, hay que ir a encontrarle con actitud de servicio, y no esperar a que primero él regrese. 
MENSAJE
La comunidad (cristiana), asumida por Dios, se hace desde una radical actitud de servicio o de comunión. En la comunidad cristiana la vida entregada de Jesús toma forma corporal en la vida recibida de la Comunidad, que continúa la entrega. "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos". Por eso San Pablo podía decir que somos el cuerpo de Cristo (1ª Corintios 12, 27. También Efesios 5, 23). 

RESPUESTA
Dado que en tiempos de Jesús la sociedad era religiosa, lógicamente su mensaje fue tomando la forma de una (nueva) religión, y así, en forma de religión, nos ha llegado a nosotros. Pero, en sí mismo, el mensaje de Jesús es anterior a la forma religiosa que podamos darle, y mira directamente a nuestra forma de vivir y de convivir. 
En contra de las relaciones de dominio (normalmente legitimadas en nombre de Dios en las sociedades religiosas), Jesús nos descubre que el único proyecto de vida que Dios asume y le garantiza el éxito, es aquel que conlleva hacer de la propia vida, desde el amor, un servicio a los demás
Seguramente esto conlleva, sobre todo hoy que estamos en una sociedad laica, cambiar el funcionamiento interno de la Comunidad Cristiana. El vínculo de la Comunidad ya no debe de estar solamente en un culto mediatizado por un sacerdote o persona sagrada que hace de "puente" entre Dios y los fieles reunidos, sino que el vínculo principal debe ser el comportamiento fraternal entre los hermanos. 
Propiamente, la Comunidad cristiana no es una comunidad de culto, sino una comunidad de fraternidad y de servicio (a la humanidad, presente en cada persona que está cerca de nosotros: "prójimo". Lucas 10, 36). En todo caso, esta fraternidad es el "culto" que Dios nos pide y acepta. 
Parece que esto es también lo que hemos leído en la 2ª Lectura de hoy: "Amar es toda la Ley". 
La providencial carencia de sacerdotes nos ofrece una buena situación para ir recorriendo este cambio. 
PREGUNTAS para el diálogo
  1. Cuando salimos de casa para ir a misa, ¿qué nos motiva: el deseo de ir al templo para dar culto a Dios, o el deseo de hacer comunidad sabiendo que, si no fuéramos, los demás nos echarían de menos, y nosotros a ellos? 
  2. ¿Consideráis que es indiferente ir a misa, cada domingo, a una iglesia o celebración distinta, o pensáis que es mejor participar habitualmente en una comunidad determinada? ¿Por qué? 
  3. Si un día en vuestra parroquia se hace una celebración sin sacerdote, ¿preferís ir a una misa con sacerdote porque es "más misa"? ¿Por qué?
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)