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jueves, 4 de agosto de 2011

RELECTURA - ¡Fantasmas!

"Cuando los discípulos le vieron, se asustaron pensando que era un fantasma".



Manolo, de carácter reflexivo, va descubriendo, con asombro y enojo, que él es un fantasma, solamente un fantasma. 

No vivimos sino que convivimos. Cada uno está rodeado de personas que tienen de él sus propias opiniones. Manolo se ha dado cuenta de que una parte de las personas que le rodean tienen de él una opinión negativa. Le acusan de intenciones y actitudes que él realmente no tiene. Esto no significa que Manolo se considere una persona perfecta, pero sabe que aquellas intenciones o actitudes negativas que en concreto le atribuyen, son fruto de la fantasía de sus detractores. Por eso sabe que, cuando habla o se relaciona con ellos, ellos no están hablando y relacionándose realmente con él, sino con el fantasma que se han creado. 

Otra parte de las personas que rodean a Manolo tiene de él una opinión positiva. A veces expresan su admiración por unas cualidades y méritos que él sabe que no posee especialmente. No es que Manolo se considere una mala persona, pero sabe que aquellos méritos y cualidades que en concreto le atribuyen, existen en la fantasía de sus admiradores. Por eso, es del todo consciente que cuando habla y se relaciona con ellos, en realidad ellos admiran y hablan al fantasma que se han creado. 

El pobre Manolo, cansado de ser sólo un fantasma, tiene ganas de gritar a todos: ¡Soy yo! ¡Soy un hombre! Pero sabe que eso no serviría de nada: sus detractores le acusarían de querer llamar la atención, y sus admiradores lo alabarían por su humildad… 

¿Cómo escapar de esta "prisión"? 

Ha hablado con algunos amigos. Estos, a medida que le escuchaban, se les iban abriendo los ojos, hasta que uno dijo: ¡Calla, calla…! ¡Todo esto que dices me pasa a mí también, exactamente lo mismo! Los otros corroboraron lo que había dicho el compañero. Y se preguntaron: ¿No será que todos hemos sido convertidos en "fantasmas", los unos para los otros? 

Y, solemnemente, tomaron una decisión: serían libres; serían ellos mismos, a pesar de unos y a pesar de otros. Porque realmente no eran fantasmas sino seres humanos con cualidades para potenciar y con defectos para corregir, exactamente como todo el mundo. Confirmaron su pacto con un apretón. Así se iniciaba entre ellos una clase de relación absolutamente nueva. 

Después de aquel compromiso solemne, notaron que les invadía una gran serenidad y bonanza, como el navegante que llega a buen puerto después de una tormenta. 

¡Por fin libres! Libres y liberadores. Sí: también liberadores, porque comprobaron que un hombre libre esparce libertad a su alrededor, con más eficacia con la que el siervo esparce servidumbre. 



Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
Extraído de: