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viernes, 26 de agosto de 2011

Relectura - Historia de una vela


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno). 
"Quien quiera salvar su vida la perderá, 
pero el que la pierda por mí, la reencontrará "
Se sentía preocupada y decepcionada. Ella, que había nacido de un chorro de cera fundida, ahora sentía la propia vida como una realidad helada, dura, pesada, casi muerta. 
Era necesario vivir. Era necesario agarrarse a aquel hilo de conciencia que todavía tenía, e intentar vivir, seguir viva. Amontonada, transportada, manoseada por todos… ¡Cuántas humillaciones! Por eso esperaba poder ser fuerte algún día, y defender su dignidad. 
Un día una mano la tomó, la metió en un vaso para que se tuviera en pie, y la encendió. 
- Pero, ¡¿qué hace esta imbécil?! ¡Esta llama sobre mi cabeza me está destruyendo! 
Crepitaba y hacía chiribitas de protesta,… Nadie le hacía caso. Lloraba con lágrimas de rabia y de impotencia que resbalaban hacia abajo por todo su cuerpo. 
… … …
Ahora se ha dado cuenta que a su lado, muy cerca, un niño la mira embobado. Se mira su llama, cálida y temblorosa, y ella ilumina y da movimiento a un rostro enamorado. Se da cuenta que los ojos del niño, como ventanas abiertas de par en par, parecen suplicar que esa luz  penetre en su interior, bien adentro, hasta el corazón. 
La vela experimentó por primera vez la alegría de convertirse en llama, de convertirse en luz. Se volvió juguetona y coqueta, moviéndose, como en una danza festiva, ante aquellos ojos que no se cansaban de llenarse de su luz. 
El niño sonrió y, lleno de felicidad, se agregó a la danza soplando suavemente sobre la llama. El pequeño lago de cera fundida se estremeció de tanta felicidad y se vació parcialmente, como un don, como un obsequio. 
Esa vela descubrió que convertirse en luz la hacía feliz. Ahora quería mantenerse encendida. – ¡Una vela apagada… fría, opaca, dura, muerta! ¡Qué asco!– Se decía. 
Fue entonces cuando decidió convertirse en luz hasta la última de sus gotas, para aquellos ojos, para aquel rostro que ella iluminaba, para aquel niño enamorante y enamorado, que era feliz contemplándola. 

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de
Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
http://vilartaguesparroquia.org/