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miércoles, 10 de agosto de 2011

RELECTURA - Extranjero en mi tierra

(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno).
"…Y salió de allí una mujer cananea gritando: 'Señor, hijo de David, ten compasión de mí: mi hija está endemoniada’".
La madre de Berta está realmente angustiada. Su hija de once años hace ya tiempo que está enferma, y ningún médico sabe decirle exactamente qué enfermedad tiene. Tras el desgraciado accidente de su marido viven las dos solas. Su intuición de madre la hace pensar que quizá la enfermedad de Berta no venga de un mal que esté en ella sino de algún desajuste en el ambiente en donde vive. Por eso hoy se ha decidido a ir a hablar con el maestro de la escuela.
Al comenzar la entrevista, el maestro se ha dado cuenta que la madre de Berta no expresaba con fluidez lo que le quería decir. Dando por supuesto que había venido de otro país, le ha preguntado:
  • ¿De dónde habéis venido, vosotros?
  • No. Nosotros somos de aquí.
  • ¡¿Ustedes son de aquí?! –Repitió el maestro con sorpresa.
  • Sí, señor. Siempre hemos vivido aquí.
El maestro hizo un pequeño silencio para dejar aterrizar en su cerebro lo que acababa de escuchar. Luego, para romper el “impasse”, exclamó:
  • ¡Esta sí que es buena! Como aquí todos hemos venido de fuera, la única familia que sois de aquí, ¡os debéis sentir como unos forasteros!
  • Sí, señor –respondió la mujer–. Esto es verdad. Cuando se construyó esta barriada, nuestra casita estorbaba y la tiraron al suelo, y nos dieron el piso donde estamos. Mi marido, en gloria esté, se enfadó mucho. Pero no sirvió de nada.
El maestro también era de fuera. Recordó su infancia en el extranjero. Ahora, como un relámpago, han pasado por su mente un gran número de recuerdos y vivencias… Luego se miró con atención a aquella mujer que tenía delante: su cara expresaba una gran bondad, y también mucha pena. Y también mucha inseguridad… El maestro conocía estos sentimientos por propia experiencia. De repente le vino un pensamiento que lo aclaraba todo. Para asegurarse, preguntó a la mujer:
  • ¿Qué dice el médico sobre su hija?
  • No le encuentra nada. La han visitado varios doctores, y no le encuentran nada… Yo he observado que, cuando sabe que no tendrá que ir a la escuela, se tranquiliza y se distrae. Por eso he venido –añadió temerosa–… Perdone, señor: tal vez la escuela…
Ahora el maestro vio muy clara la intuición que había tenido: si ser forastero siempre es duro, ser forastero en mi propia casa debe resultar muy frustrante. Frustrante e injusto…
El maestro se levantó de su silla –de detrás de la mesa– y, pidiendo permiso a la mujer, fue a sentarse a la otra silla que había para las visitas. Después dijo:
  • Quisiera pedirle un favor.
  • Lo que usted diga, señor maestro.
  • Sí, es verdad: yo soy el maestro de aquí. Pero no conozco la lengua de la gente de este país. En cambio usted y su hija la saben y la hablan. Y sabéis el nombre de las montañas de alrededor, y el nombre de las rieras que se forman cuando llueve, y el nombre de los insectos que vuelan por aquí, y el nombre de las hierbas de la orilla de los caminos. Sabéis el nombre y la historia de las antiguas masías y de la gente que las habitaba. Porque vosotros sois de aquí. En cambio los demás hemos venido de fuera. Hemos venido de fuera, pero para vivir aquí, para ser de aquí. ¿Permitiría, señora, que yo y alguien más de la escuela viniéramos en su casa un par de horas a la semana para aprender su lengua?
  • ¡¿Nuestra lengua?! Pero, si aquí no la habla nadie… si no la entiende nadie…
  • Sería para aprender conversación –insistió el maestro–, porque es la mejor forma de aprender una lengua. Sólo por un tiempo, hasta que yo la conozca un poco.
  • ¿Y mi hija?
  • Es muy posible que Berta no haya resistido el choque que supone convertirse en "forastera" en su propia tierra. Seguramente no tiene ninguna enfermedad. Su mal podría ser una reacción inconsciente de su propia dignidad. Sé de qué le hablo… También sé que podrá salir adelante si tratamos el "problema" correctamente.
  • Pero, ¿cómo?
  • Si ella ve que "el señor maestro" va a su casa para aprender la lengua con la que ella piensa y habla a su madre, seguramente cogerá confianza. Después, ya veremos cómo seguimos.
… … … 
Al cabo de un mes Berta volvió a la escuela. El maestro explicó a todos que era una suerte para la escuela que hubiera alguien que les pudiera ayudar a conocer esa barriada, que ahora también era la suya. Y dijo que, una vez a la semana, en la hora de Lengua estudiarían y harían unos Ejercicios que serían muy interesantes y divertidos.
Como actividad extra-escolar se organizó un grupo de conversación de lo que Berta era el alma. Primero fueron cuatro, luego ocho, luego dos grupos… Nació una amistad importante y fuerte. Programaron diversas actividades. Incluso terminaron haciendo una pequeña Revista para quien la quisiera comprar.
El maestro fue acusado por algunos de hacer política, y lo trasladaron.
En su nuevo destino, en Navidad recibió un obsequio con dos dedicatorias:
"Berta está del todo recuperada, y disfruta plenamente de la vida. Gracias por su comprensión". Firmado: La madre de Berta.
"Sr. maestro: Usted a sido un padre para mí. Gracias por ayudarme a nacer de nuevo. Un beso inmenso". Firmado: Berta.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)
http://vilartaguesparroquia.org/