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miércoles, 7 de septiembre de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXIV DE ORDINARIO. CICLO A.

DOMINGO XXIV DE ORDINARIO.
CICLO A
Por Cerezo Barredo

http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA.

El evangelio de hoy comienza con una pregunta de Pedro: "Señor, ¿cuántas veces tendré que personar a mi hermano el daño que me habrá hecho? ¿Siete veces?".
(Recordemos: parece que en los evangelios, y sobre todo en el de Mateo, "Pedro" personifica a aquellos discípulos que, habiendo decidido en firme seguir a Jesús, a pesar de que no le entienden ni han asumido aún su mensaje. Diríamos que son discípulos que ven en Jesús al líder (Mesías) que puede guiarles para alcanzar sus objetivos: los suyos, no los de Jesús. Pero finalmente acabarán convirtiéndose. )
Pedro, con la pregunta, ofrece también una respuesta que él supone correcta. Hay que reconocer que la respuesta de Pedro es generosa: perdonar "siete veces" significa perdonar muchas veces, ya que el número "siete" implica una cierta plenitud. Siete son los días de la semana. Perdonar "siete veces" es como decir "perdonar cada día".
Sin embargo, Jesús no acepta la (generosa) respuesta propuesta por Pedro. En realidad, lo que no acepta Jesús es la propia pregunta: "¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano el daño que me habrá hecho?". En esta pregunta se manifiesta una actitud muy pretenciosa. "Perdonar" es una acción de "benévola" superioridad. El rico puede perdonar al pobre, no al revés, el superior perdona el inferior, no al revés, el maestro al alumno, el padre al hijo; el adulto al niño pequeño;…
¿No habíamos quedado en que, para entrar en el Reino de los cielos, hay que hacerse como niños?… ¿A qué viene ahora esta pretensión de "perdonar" a un hermano?
La parábola con la que Jesús explica la actitud correcta del auténtico discípulo es de una gran claridad. Cambiando "ofensa" por "deuda", deja claro que entre compañeros no se puede hablar realmente de deudas a reclamar, porque ninguna deuda merece ese nombre si lo comparamos con el don de la vida, que todos hemos recibido gratuitamente.
Los auténticos discípulos son conscientes de cuán grande es el don de la vida, y la herencia maravillosa que lleva adjunta. En comparación con este don gratuito, hablar de las posibles deudas que puedan haber entre nosotros, es pura ridiculez. 
Suponiendo que alguien se sintiera "ofendido", lo mínimo que puede hacer es "compadecerse de su colega, como Dios se ha compadecido de él". Pero entonces lo tenemos mal, porque, puestos a hablar de deudas, tendremos que empezar por hablar de nuestra deuda con Dios, y ¿quién será capaz de devolvérsela?
Por eso, la única actitud realmente coherente es no "ofenderse". 
Si nos ofendemos, hay que perdonar sin límite, pero el auténtico discípulo no se ofende. Como Jesús no "perdona" a quienes lo han crucificado sino que los excusa "porque no saben lo que hacen". Para ellos, Jesús implora el perdón del Padre, que es el único que tiene "derecho a reclamar", y siempre acaba perdonando. 
Aquí hay que notar el doble significado que, en los evangelios, tiene la palabra "perdonar":
  • Una cosa es "perdonar los pecados" o "perdón de los pecados", entendiendo por "pecado" aquella situación que impide recibir la acción bondadosa y amorosa de Dios. En este sentido, Jesús dedicó toda su vida a quitar el pecado del mundo, y esta es también la misión que confía a sus discípulos. 
  • Otra cosa bien distinta es (la pretensión de) "perdonar la ofensa que me ha hecho un hermano". Esto debería evitarse porque, entre compañeros, la única relación correcta es el servicio mutuo, y una actitud de servicio excluye enfadarse con los demás o pensar que realmente nos deben algo. 
La 1ª lectura, con un lenguaje concreto y sapiencial, ya nos introduce en esta forma de entender las relaciones entre nosotros, como consecuencia de haber acogido el don de Dios. Termina diciendo: "¿Piensa en la alianza del Altísimo, y no tendrás en cuenta la ofensa recibida". 
MENSAJE
Cuando nos enfadamos contra los compañeros porque "nos han ofendido o nos han hecho daño", lo que realmente se pone de manifiesto es que nos hemos vuelto unos "mírame no me toques". Si nos hacen daño es porque somos de vidrio demasiado fino y no de carne.
RESPUESTA
Entre compañeros (y ¡todos somos compañeros!), perdonar siempre. O mejor: no ofenderse nunca
Pero, ¡cuidado! Esto no quiere decir "pasar del compañero" sino llevar los amortiguadores bien calibrados para que el encuentro con los compañeros no nos rompa por demasiado frágiles. 
Parece que en nuestra sociedad se ha puesto de moda "ir de duro" por la vida. A menudo parece como si lleváramos una carga eléctrica que nos hace saltar, a la más mínima, la chispa de nuestro orgullo herido. Forma parte del espectáculo actual, pero todos sabemos que "no es para tanto". Comportarse ante los demás como una "persona buena" no está de moda, pero esto sería lo más práctico y saludable. 
PREGUNTAS para el diálogo.
  1. No deberíamos "ser de cristal", pero la verdad es que a menudo lo somos, y nuestros compañeros también. Cuando hay alguna situación tensa entre compañeros, ¿visto desde fuera, como nos comportamos? ¿Sabemos encontrar la palabra que suaviza la situación o echamos más leña al fuego? 
  2. Se dice: Una palabra inoportuna hace más daño que un golpe de espada. ¿Podéis comentar algún ejemplo de esto? 
  3. Según algunos comentaristas políticos, guerras muy crueles, tuvieron sus inicios en palabras provocadoras de diferentes emisoras de radio. Si escucháis la radio o veis la televisión ¿sois críticos con las noticias e informaciones que se dan, se sugieren o se vomitan?
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)