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martes, 13 de septiembre de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXV DE ORDINARIO. CICLO A.


DOMINGO XXV DE ORDINARIO.
CICLO A
Por Cerezo Barredo

http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

Siempre que hemos comentado esta parábola en las homilías dialogadas o en los grupos de estudio de la Biblia, bastantes participantes se han decantado a favor de los trabajadores que se quejan de este propietario, pretendidamente generoso, que no cumple con las exigencias mínimas de la convivencia humana. Porque, dado que quiere ser generoso, debería serlo sobretodo con los que más lo merecen, que, en este caso, son precisamente los que han estado trabajando todo el día para él.
Como mínimo, ya que "en su casa puede hacer lo que quiera", a la hora de pagar el sueldo, habría tenido que empezar por los trabajadores de primera hora, y, cuando éstos ya se hubieran ido, pagar el jornal entero al resto, si es que quería ser generoso con ellos. Así, su "generosidad" no habría causado “mal de ojos” a los que más se la merecían. Pero, empezar por los últimos y pagar lo mismo a todos, son ganas de provocar con la exhibición de un agravio comparativo.
Un agravio comparativo.
Quizás aquí está la clave para entender qué nos quiere decir Jesús con esta parábola extraña.
Todo el problema viene de comparar el trabajo de unos con el trabajo de otros.
Imaginemos por un momento que los contratados a última hora fueran hijos de algunos de los trabajadores de primera hora. ¿Creéis que los padres se habrían quejado del propietario?
Evidentemente que no se habrían quejado, es más, seguro que le estarían agradecidos. Seguramente tampoco los demás compañeros se hubieran quejado, sino que más bien, con sorna e ironía, hubieran dicho a los últimos llegados: “¡Hala, venga! ¡A ver si otra vez os merecéis lo que os dan!
Y es que un padre, cuando se trata del propio hijo, utiliza otros criterios. Y los compañeros del padre, también.
Esta parábola la contó Jesús como respuesta a una pregunta que le había hecho Pedro. Pedro (que personifica a aquellos discípulos que todavía no han asumido el mensaje de Jesús) había dicho a Jesús: "Mira: nosotros lo hemos dejado todo para ir contigo. ¿Qué nos tocará?"
Jesús, después de contestarle que la paga será generosa, añade unas palabras misteriosas, que se repiten también al final de la lectura de hoy: "Los últimos serán los primeros, y los primeros los serán los últimos".
Situando esta parábola como respuesta a una pregunta de Pedro, Mateo nos indica que había un problema importante en las comunidades (cristianas).
Una comunidad está formada por personas muy diferentes. Pasa como en una familia: entre sus miembros hay unos que trabajan y otros que no; los hay que ayudan y otros que son ayudados; unos que ganan dinero y otros que lo hacen todo gratuito; los hay pequeños que sólo juegan, y viejos que parece que no hacen nada; … Y, en todo caso, los últimos (como el niño recién nacido) son los primeros (en las atenciones de todos).
El vínculo de una comunidad no es la justicia sino la generosidad.
La justicia hace comparaciones; la generosidad, no.
En las auténticas comunidades, el mayor peligro es hacer comparaciones entre lo que "hacen", "aportan" o "gastan" unos y otros.
Los padres que tienen más de un hijo lo saben perfectamente. ¡Cuántas discusiones familiares debido a las comparaciones que hacen los hermanos entre ellos!
También el evangelio de Lucas recoge este problema cuando explica la reacción del hijo mayor ante el hijo menor que regresa a casa (Parábola del Hijo pródigo. Lucas 15,25–32).
Trabajar en la viña …
La viña no era una campo cualquiera. Era el trozo de tierra preferido; el más cuidado y mimado. "Ir a trabajar en la viña de alguien" era como invitarle a participar de la vida familiar.
Por eso los profetas a veces se refieren al pueblo elegido como a la Viña del Señor (por ejemplo Isaías 5,7)
MENSAJE
La parábola de hoy nos advierte que para "construir comunidad" es necesario excluir las comparaciones entre nosotros. Devenir comunidad es imposible sin una actitud de generosidad inspirada en el amor.
Construir comunidad es bonito y gratificante, pero requiere una generosidad creciente. No se improvisa.
RESPUESTA
No sé si en nuestra Iglesia conseguiremos superar el clericalismo y vivir el mensaje de Jesús en forma de comunidades, nacidas de una actitud de comunión. En todo caso debemos ser conscientes de que vivir la comunión pide una auténtica conversión; un cambio radical en la forma de relacionarse con los demás, sin comparar los servicios ni pasar factura por los comportamientos generosos.
Es posible que parroquias, entendidas desde hace muchos siglos como las comunidades básicas, ya no sean en nuestra sociedad los principales ámbitos de comunión, sobretodo en las ciudades. La comunión es permanente, pero las comunidades son ocasionales.
También es posible que vayan apareciendo nuevas y muy diversas formas de constituir comunidad no basadas en la estructura territorial clásica sino en otras cosas como un espacio compartido, un carisma inspirador, una persona aglutinadora, unos servicios a compartir, un problema a solucionar, una oportunidad, un ideal …
En todo caso parece conveniente que la diversidad de comunidades no nazca de la diversidad de gustos, sino de circunstancias objetivas, y siempre como servicio mutuo y en la sociedad donde se vive. Hay muchas formas de comunidad. La comunidad de comunión que nos propone el Evangelio conlleva siempre compartir algún aspecto de la propia vida y apertura a la vida del entorno.
En la viña del Señor todo el mundo está invitado a trabajar sin que ello genere "derechos de unos sobre los otros".
Si no es así, podría ocurrir que algunos "trabajadores" de la Viña se convirtieran en "propietarios". (Es el problema que denuncia la parábola que sigue, y que leeremos el próximo domingo). 
PREGUNTAS para el diálogo.
  1. En vuestra comunidad, ¿habéis conseguido no hacer comparaciones entre las diferentes maneras que cada uno tiene de "hacer comunión"?
  2. A menudo se ha considerado que el cura es el alma de la parroquia. De aquí que, para muchos, colaborar en la parroquia signifique ayudar al cura. ¿Que pensáis de esta situación?
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)