Traductor

martes, 20 de septiembre de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXVI DE ORDINARIO. CICLO A.


DOMINGO XXVI DE ORDINARIO.
CICLO A
Por Cerezo Barredo

http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

Los evangelios presentan el mensaje de Jesús no sólo con palabras sino también con acciones que concretan el sentido de las palabras. Así, por ejemplo, los tres evangelios sinópticos presentan el mensaje de Jesús como un caminar de Galilea a Jerusalén. De aquí que "acoger el mensaje de Jesús" significa hacer el camino que él hizo.
Además, el evangelio de Mateo nos presenta a Jesús como Nuevo Moisés. Moisés tuvo que hacer un camino: ir al centro del Poder (ir a encontrarse con el faraón) para liberar a su Pueblo y guiarlo hacia la Tierra Prometida.
Igualmente Jesús debe ir al centro del Poder, que en este caso está representado por el Templo de Jerusalén, para liberar al Pueblo.
El templo, secuestrado y ocupado por los Poderosos, se había convertido en la principal fuente de esclavitud.
Cuando Jesús, siguiendo su camino, llega a Jerusalén, deja claro que entra en la capital como mesías, y lo primero que hace es ir a "purificar el Templo" y expulsar a todos los que estaban comprando y vendiendo, y que lo habían convertido en una cueva de ladrones (Mateo 21,12ss).
Evidentemente, los que se habían hecho los amos del templo le piden explicaciones, y le preguntan: "¿Con qué autoridad haces esto?".
Jesús no responde a esta pregunta porque sabe que sólo es una pregunta retórica. Ellos se habían hecho los amos del templo, y se consideraban los únicos que tenían "autoridad". Sin embargo, Jesús les recuerda cuál es la situación real, y lo hace con tres parábolas, la primera de las cuales es esta que hemos leído.
El propio Jesús hace la aplicación: ellos – los sacerdotes y ancianos del pueblo– están representados por el hijo que responde al padre diciendo que irá enseguida a trabajar en la viña, pero que no va. En cambio los "pecadores y pecadoras", vienen representados por el hijo que dijo que no quería ir, pero que al final se arrepintió y fue.
De la parábola se deduce una lección evidente, pero extraña: "Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios".
La liberación liderada por Moisés terminó en fracaso porque el "pueblo elegido" no fue capaz de asumir la libertad. Los antiguos esclavos en Egipto, llegados a la Tierra Prometida, continuaron esclavos de sus propios jerarcas. Y la causa principal estaba precisamente en el Templo y su entorno de sacerdotes y notables, los cuales utilizaban su posición para enriquecerse y para crear marginaciones, condenas y esclavitudes.
¡Había que purificar el templo! Esta era una de las tareas del Mesías esperado.
Y Jesús, como Mesías, hace limpieza (Mateo 21,12).
Pero Jesús no se instala en el templo ni lo rehabilita.
El templo, tal como se entendía entonces, necesitaba de sacerdotes que estaban por encima del pueblo.
Jesús no "recupera" el templo sino que predica otra cosa mucho más interesante y nueva: el Reino de Dios. En el reino de Dios todos son iguales. Queda excluida cualquier forma de Poder. Ya ha quedado suficientemente claro que el Poder siempre es usado contra del Pueblo y contra los más débiles del pueblo. Ha llegado el momento de prescindir de los grandes y solemnes templos como "lugares de la presencia de Dios" (Juan 4,20–24). Dios ha decidido hacerse presente en cada persona, sobre todo en aquellas en que no hay ni rastro de Poder.
Dios se ha instalado en el hombre.
Desde ahora, el hombre es el centro del reino de Dios.
Si Dios nos esperara en el Templo, los sacerdotes no necesitarían convertirse. Al contrario: los demás deberían convertirse a ellos. Ellos irían delante y serían "los primeros". Pero el "Templo" ha resultado un camino pervertido. Así pues, todo el mundo debe convertirse; y los que lo tienen más fácil son aquellos que la sociedad tiene por "pecadores". De ahí la sorpresa: "Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios".
Jesús, nuevo Moisés, tiene por misión liberar al Pueblo, pero lo hará de una forma muy distinta y mucho más radical de como lo hizo Moisés. Moisés hizo salir al Pueblo del país en donde era esclavo; pero el Pueblo portaba su esclavitud empotrada en el corazón.
Jesús busca liberar a la persona liberando su "corazón". Por ende es indispensable convertirse.
Jesús no pretende un Éxodo físico (salir del país de esclavitud) sino un Éxodo espiritual: superar las ideas y los sentimientos que nos impiden tener el corazón abierto, los brazos abiertos, los ojos abiertos; abandonar las ideas y sentimientos que nos impiden ver el mundo y amarlo.
Jesús, para conseguir la liberación del corazón, no anuncia "plagas" contra nadie (como hizo Moisés contra el faraón), pero es muy consciente de que el enfrentamiento con el poder central del Templo es inevitable.
En este "enfrentamiento", su misión no es derrotar al adversario. Para Jesús, no hay "adversarios" sino seres humanos llamados a convertirse y ser salvados.
MENSAJE
El Templo se ha corrompido y se ha vuelto una cueva de ladrones, y se ha convertido en la herramienta que permite a los poderosos dominar la conciencia del pueblo.
Más aún: las situaciones de poder religioso son peligrosas incluso para los propios interesados: incapacitan para entender lo que sucede y dar correcta respuesta. Así, a la hora de convertirse, lo tienen más fácil los "pecadores y pecadoras". Estos, convirtiéndose, acaban pasando delante hacia el Reino de Dios.
RESPUESTA
Parece que en la iglesia ha copiado aquella situación que Jesús denunció con tanta fuerza. El clericalismo y las diferencias de poder religioso no son sólo una grave equivocación sino también un auténtico peligro.
La Iglesia globalmente, y cada uno en lo que le corresponda, debemos convertirnos. Con urgencia. Y son necesarios gestos: gestos sinceros y significativos.
PREGUNTAS para el diálogo.
  1. De alguna manera, Jesús contrapone "sacerdotes y ancianos del pueblo" a "publicanos y prostitutas". ¿Sigue siendo válida esta contraposición en nuestras comunidades?
  2. Una sociedad laica ayuda a las Religiones a superar el peligro de caer en el Poder religioso y sacralizar otras formas de Poder. Es una situación nueva, y esto obliga a las comunidades cristianas a inventar nuevas formas de presencia y nuevas formas de servicio a la sociedad. ¿Tenéis alguna intuición sobre este punto? ¿Cómo lo vivís en vuestra comunidad?
  3. Hoy se habla de "laicos en la iglesia", de "sociedad laica" y, incluso, de "laicismo". ¿Tiene el mismo significado de esta palabra en sus diferentes usos? ¿Cuáles son las diferencias?
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)