Traductor

jueves, 22 de septiembre de 2011

RELECTURA - Don’t be water my friend.


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno). 
"Hijo mío, vete a trabajar a la viña, hoy". 
En una excursión de jubilados se hicieron amigos Miguel y Rosa. 
Un día que comieron juntos en una mesa de dos, su conversación derivó hacia esta reflexión:
Rosa   A mí me parece que entiendo esta enfermedad. Incluso me extraña que no la sufra más gente. Quizás muchos la padecen de otra manera. 
Miguel  Mi doctor dice que sólo la entendemos quienes la sufrimos o la han sufrido. ¿También has tenido depresión, tú, alguna vez? 
Rosa    No, pero estuve cerca. Quizá por eso lo entiendo, o así lo creo… 
Miguel  ¿Cómo la evitaste? Porque es una enfermedad muy mala… 
Rosa    Hace mucho tiempo, cuando mi hija pequeña terminaba la escuela, les dieron una charla sobre Orientación profesional. Los padres también fuimos como invitados. Sin buscarlo, me encontré discutiendo con el conferenciante. Mi hija tenía entonces diecisiete años. ¡Diecisiete años!, Y aquel hombre les contaba ¡"como ganarse la vida"! Y yo pensaba: ¿no se da cuenta este sesudo de que estos muchachos y muchachas que tiene delante, ya están llenos de vida, más que él mismo? La verdad es que esa discusión me sorprendió a mí misma. Después pensé que me había liado: imagino que quería defender en mi hija algo que no había sabido defender en mí misma. Lo que los psicólogos llaman un mecanismo de proyección… 
Miguel  Pero antes has hablado de que estuviste a las puertas de una depresión… 
Rosa    En cierto modo, sí. Es que, mirando a mis hijas, y perdona que sea tan madre madraza, las encuentro tan llenas de vida, tan exuberantes, tan maravillosas…, que su problema no puede ser de ninguna forma como ganarse la vida sino como derramar hacia afuera tanta riqueza de vida como llevan dentro. A mí también siempre me habían hablado de ganarme la vida. Y lo encontraba deprimente, porque ¡nunca terminas de "ganarte la vida"! Y es que la vida no se gana. La vida es un don. Siempre la recibimos como un don. Mis hijas la han recibido de mí. Y, ¡que nadie me prive de este honor! Mirando a mis hijas y a sus compañeros, vi que era urgente cambiar de pregunta. La auténtica pregunta no es "¿como ganarse la vida?", sino, "¿como dar tanta vida?". 
Miguel  Pero… nadie puede dar lo que no tiene. ¿Si primero no te ganas la vida, qué puedes dar? 
Rosa   ¡Esta es la gran equivocación! Son dos cosas que se excluyen. Puede parecer que una viene tras la otra. Pero no es así. Si te dedicas a una, no te dedicas a la otra. Recuerdo que a menudo me preguntaba a mí misma: ¿Qué sentido tiene, mi vida? Y la encontraba absurda, aburrida,… Vivir para vivir… Es deprimente. 
Miguel  Pero esta es la realidad. 
Rosa    No. Esta no es la realidad. El Sol no deja ver las Estrellas. Es por la noche cuando te das cuenta de que la realidad va mucho más allá. 
Miguel  ¿Qué quieres decir? 
Rosa    Nos ofrecen un trabajo que hacer. Se nos propone una misión a cumplir. Nuestra tarea no es "vivir la vida" sino esparcir la vida. O mejor: vivirla esparciendo vida. La Vida es como un campo (o como una viña, en el lenguaje del Evangelio). Somos, a la vez, cultivo y cultivadores. Somos fruto y semilla. ¿Qué sentido tiene, la vida? Respuesta: Estás invitado a vivirla haciendo (más) Vida. ¡Así de sencillo y de estimulante! No es ninguna "obligación", sino una propuesta que recibimos; aunque desatenderla, conlleve consumirse de asco. 
Miguel  Creo que comienzo a entender. Un día nos llevaron a visitar la presa de un pantano. Impresionante: a un lado, el gran vacío, con el río seco, al otro lado, la masa grandiosa de agua embalsada. Contemplando aquella agua, me sentí terriblemente deprimido. Esa inmensidad de agua, parada por una simple pared en forma de concha de huevo. Agua muerta, turbia, prisionera, programada para un trabajo que no es el suyo: pasar por un tubo invisible de cuatro kilómetros y hacer rodar una gran turbina cien metros más abajo. Mirando esa agua, la veía triste, vencida, deprimida. Sentí una gran rabia por los pantanos… Pero en realidad era rabia por la vida, porque aquella agua derrotada era un reflejo de mí mismo. 
Rosa   Podemos pensar que el agua no está hecha para mover una turbina… Pero ella no es consciente de ello, y se recupera tan pronto vuelve a hacerse río, y esparce vida. Podemos sufrir momentos similares cuando nos preguntamos qué sentido tiene mi vida. 
Miguel  ¿Qué piensas de mi enfermedad? 
Rosa    Lo que yo pueda pensar no te serviría de nada. Lo importante es lo que pienses tú. Pero cuidado: no te equivoques de pregunta. No te preguntes como saldrás de la depresión, sino cómo y a quién vas dando tu vida. Por extraño que parezca, la vida no es para "vivirla" sino para "darla" y sólo dándola, la vivimos. 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)