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viernes, 2 de septiembre de 2011

Relectura - La abeja y la Araña.


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno). 
"… dos o tres reunidos en mi nombre…"
Una abeja despistada rondaba un agujero que tenía una cierta apariencia de flor, pero era el nido de una araña. 
  • ¿Por qué me vienes a molestar? –Refunfuñó la araña desde dentro. 
  • ¡Oh, perdona! No sabía que hubiera nadie –respondió, sorprendida, la abeja–. ¿Por qué no sales, y hablamos un rato?
  • Y, ¿quién me asegura que no me clavarás tu maldito aguijón?
  • ¿Por qué debería hacerlo? Yo no hago daño a nadie. El aguijón es sólo para defender la colmena en caso de urgente necesidad. 
  • Yo tampoco hago daño a nadie. En cambio, todo el mundo se aparta de mí. 
  • ¡¿Dices que no haces daño a nadie?! ¡Pero si nos pones trampas a todos!
  • ¡Yo no pongo trampas! Yo amo a los insectos. Cuando veo un compañero, le envío un hilo suave para conectar con él. Es como un beso dado desde lejos. Y mis telarañas muestran mi deseo de amistad con todos. Me gusta crear vínculos, sacar lazos que nos unan unos a otros. 
  • "Hay amores que matan"–respondió la abeja–. Tus vínculos son cadenas. El amor de verdad sólo crea vínculos que liberan. Los vínculos del amor son un don, una mano abierta que nunca se cierra, una puerta sin cerradura, para dejar entrar y salir libremente. 
  • ¿Quieres decir que es equivocada mi forma de amar? –Replicó la araña–. Cuando amas a alguien, ¿no es correcto cubrirle de cuidados, protección, abrazarlo, envolverlo con lo mejor de ti mismo? ¿No son los más suaves, los vínculos del amor?
  • Ningún vínculo es suave si te mantiene atado, dependiente, cerrado –sentenció la abeja–. Todos necesitamos amar y ser amados, pero amamos mal cuando creamos dependencias. 
  • ¿Y la fidelidad? –Preguntó la araña–. ¿Cómo puede ser duradero un amor que no está comprometido? ¿Cómo podría ser auténtica una amistad que "libera" de compromiso?
  • Los vínculos del amor nos unen a la Vida, y es sólo a través de la Vida que nos unimos a los demás vivientes. Los vínculos de la Vida no nos atan sino que nos conectan. Son caminos. Fíjate en nosotras, las abejas: los vínculos del enjambre nos llevan a vivir las unas por las otras, y a ofrecer a todos el néctar de las flores. 
  • Yo, en cambio, siempre estoy sola –se lamentó la araña–, aunque mis hilos suaves lleguen a miles de compañeros. Nadie acepta mi oferta de amor. 
  • Tampoco es necesario que estés tan triste –la consoló la abeja–. La Vida es muy grande, y son infinitas las formas de servirla. Yo no sé cómo podrías hacerlo tú, porque yo soy una abeja y no una araña. Pero seguro que, si lo intentas, lo descubrirás por ti misma. Siempre hay una manera de servir a la Vida desde la propia forma de ser. 
La araña salió de su agujero y agradeció a la abeja el rato que habían estado hablando. Con un hilo de seda le envió un beso. Por primera vez aquel beso no era pegajoso. Con el mismo hilo, la abeja le devolvió otro beso, y luego se fue volando, en busca del néctar de las flores. 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)