Traductor

jueves, 15 de septiembre de 2011

RELECTURA


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno). 
"Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros". 
La parábola que hemos leído nos explica la forma de hacer de Dios, y también la manera de reaccionar de los humanos. Me atrevo a hacer una relectura para explicitar un poco más los efectos perversos de algunos comportamientos actuales. 
Había una vez un propietario que salió a contratar jornaleros para su viña. A unos, los contrató ya de buena mañana, a otros al comienzo de la tarde, a otros apenas una hora antes de terminar la jornada. 
A la hora de pagarles, dijo a su administrador que pagara a todos el jornal entero. Esto provocó la protesta de los que habían trabajado más tiempo. 
Al día siguiente, el propietario hizo lo mismo. Pero de madrugada y al comienzo de la tarde encontró pocos trabajadores. En cambio, una hora antes de terminar la jornada, encontró muchos. Y a todos les pagó el jornal entero. Nuevas protestas de los primeros. 
Dos días después, el propietario hizo lo mismo. Pero de madrugada y al comienzo de la tarde no encontró a ningún trabajador para su viña. En cambio halló muchísimos una hora antes del fin del día. Esta vez dijo a su administrador: La jornada de trabajo son ocho horas, así pues, paga a cada trabajador la octava parte del salario. 
Al ver esto, todos aquellos trabajadores se sintieron engañados y estafados. Acusaron al propietario de ser un aprovechado y un incompetente, y le denunciaron. Después de organizarse convenientemente, consiguieron que se les reconociera la propiedad de aquella viña que ellos habían trabajado. 
El antiguo propietario se enfadó, y se marchó del país. 
Un tiempo después volvió de incógnito para ver qué había pasado con la viña. En un cruce de caminos reconoció a un antiguo trabajador suyo que pedía caridad. 
  • ¿Qué ha pasado con la viña que había aquí? -Preguntó. 
  • Fue declarada propiedad de los trabajadores –respondió aquel hombre–. Pero los elegidos como dirigentes convirtieron la viña en esta urbanización que se ve ahora. Dicen que así rinde mucho más. Los nuevos dueños ahora viven en la capital. 
  • ¿Las casas son para los trabajadores? –Preguntó. 
  • No, no, son de segunda residencia. 
  • Y, ¿los antiguos trabajadores dónde viven? –Insistió el forastero. 
  • Algunos en la calle, como es mi caso, pidiendo caridad. –Y añadió con pena–: Otros trabajan de vigilantes para que no entre nadie a molestar a los nuevos residentes. 
  • Mira –le dijo el antiguo propietario–, yo vengo de fuera, y busco trabajadores. Pero les pago sólo la mitad del sueldo. ¿Te interesaría? 
  • Por supuesto –respondió el mendigo. Y después de un rato, preguntó–: Me interesa el trabajo. Pero, ¿porqué decís que pagáis sólo la "mitad" del sueldo, y no decís simplemente que es un sueldo menor? 
  • La otra "mitad" es para haceros un "seguro", para que, si algún día me quitáis la propiedad, no os encontréis en la calle. 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)