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martes, 4 de octubre de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXVIII DE ORDINARIO. CICLO A.


DOMINGO XXVIII DE ORDINARIO
CICLO A
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA.

En el evangelio de hoy existen diferentes matices que demuestran que se trata de un texto muy elaborado.
El banquete de boda.
El lenguaje de las "bodas" ha servido a menudo a los profetas para designar la Alianza de Dios con el Pueblo elegido. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, en aquel tiempo, el matrimonio no tenía el mismo significado que ahora. Actualmente, entre nosotros, es un pacto entre dos personas iguales en libertad, derechos, autonomía … En cambio, en aquel tiempo, en Israel, de alguna manera el hombre "salvaba a la mujer" al aceptarla como esposa y madre de sus hijos. La mujer llamaba "señor" al marido, y tenía que guardarle fidelidad y obediencia. Evidentemente esto no excluía el amor y ni la intimidad entre los dos.
Así como la esposa era la mujer que había sido escogida para ser amada, honrada y defendida (dado que sola, era muy débil) por un hombre, así Dios había escogido a Israel de entre todos los pueblos para amarlo, honrarlo y defenderlo (dado que solo, era sólo un pequeño pueblo, muy débil).
No podemos descuidar que la parábola de hoy va dirigida a los grandes sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Su renuncia a participar en el banquete de bodas es un desprecio hacia la elección y el amor de Dios al pueblo de Israel. La esposa no podía abandonar a su marido, y, en caso de hacerlo, se quedaba sola, débil, indefensa, abandonada y a merced de los aprovechados. Si Israel, por obra de sus representantes, abandona la alianza de Dios (no acepta la invitación al banquete de bodas), queda solo, abandonado y a merced de sus enemigos.
El evangelio de Mateo fue escrito después de la destrucción de Jerusalén, y de su templo, en el año 70. Es posible que aquí se haga alusión a esta ruina total, sugiriendo, en la línea de los profetas, que es la consecuencia directa de haber abandonado la alianza con Dios. No se trata de un "castigo divino" sino del resultado de haber abandonado voluntariamente a aquel que era su escudo y su fuerza (2 Samuel 22, 3).
La boda del hijo.
Es un matiz propio de Mateo. Es una alusión clara al mismo Jesús.
Jesús, hijo de Dios e hijo de Israel (Mateo 1, 1), personifica en sí mismo la alianza entre Dios y el Pueblo elegido. Sin embargo, el rechazo de los "invitados" a participar en esta "boda", será la ocasión de extender a toda la humanidad la alianza de Dios. Jesús no es sólo el "hijo de Israel" sino también el "hijo del Hombre", y como tal, personifica una nueva alianza. "Invitad a la fiesta a todos los que encontréis".
El traje de boda.
El evangelio de hoy tiene una segunda parte, de lectura optativa, también exclusiva de Mateo, que resulta sorprendente: el hombre que no llevaba el vestido de boda.
Sorprende la dureza del rey con este "invitado". ¿Por qué tanta dureza?
Seguramente Mateo quiere hacer alusión a alguna "situación provocadora" que debería darse en algunas comunidades. También la 1ª carta de San Pablo a las comunidades de Corinto (1ª Corintios 11, 17 ss) nos habla de abusos que era necesario corregir.
Todo el mundo es invitado a la fiesta. Pero para ir a una fiesta hay que estar dispuesto a disfrutar de la alegría común; pensar en los demás. El "vestido de boda" no es una "cuestión de etiqueta" sino de solidaridad. No se puede ir a un banquete de boda sólo para comer y hartarse individualmente. Debe haber una actitud de sintonía con el ambiente festivo. No se puede aceptar una invitación y no participar en la fiesta como si no fuera también cosa nuestra. Para ir así, es mejor no ir; "quedarse fuera".
"Arrojadlo fuera: allí será el llanto y el rechinar de dientes".
Es una expresión repetida en el evangelio de Mateo. Seguramente manifiesta la situación de quien se da cuenta de lo que ha perdido estúpidamente. Es una mezcla de rabia, envidia y frustración que nos invade cuando se comprueba que otros disfrutan de unos bienes destinados también a nosotros, y que hemos perdido por haberlos despreciado.
MENSAJE
La Vida es una fiesta, a la que estamos invitados. Rechazar la fiesta es rechazar la vida. La "fiesta" no es un añadido. No son dos ofertas, como si fuera posible "vivir" sin aceptar participar en la Vida. No hay alternativa. Sólo Dios es "fuente de Vida", de una vida que nos es ofrecida como un don festivo. Rechazarlo significa quedarse fuera, en las tinieblas, en la nada.
RESPUESTA
Usando el lenguaje de la misma parábola, la respuesta que se nos pide es doble: aceptar la invitación e ir con traje de boda.
En realidad, las dos cosas son exactamente la misma: aceptar la invitación es aceptar ir a la fiesta de todos con todos. Aceptar la invitación de Dios es aceptar la compañía de los otros invitados (ir con el vestido de boda). Ir allí sin el traje de boda es no aceptar la fiesta. Es un engaño.
Quizás convendría aplicar esto al "banquete de boda" de cada domingo (misa). Ir con traje de boda significa ir pensando en los demás. No podemos ir sólo para "alimentar" individualmente nuestra alma. Participamos haciendo fiesta entre todos. Si no, mejor quedarse en casa. Ir a misa significa aceptar la invitación de Dios a sentirnos hermanos con los demás. Por eso se hace (se debería hacer) "en torno a una mesa" (y no "ante un altar").
PREGUNTAS para el diálogo.
  1. ¿Cómo se concreta, en nuestro caso, esto de ir a misa "con traje de boda"?
  2. El espacio físico y material, la disposición de los bancos, las luces, … ¿son los más adecuados para que la misa sea realmente el "banquete de boda"? ¿Se podría mejorar?
  3. El lenguaje habitual es importante porque pensamos con palabras. Comentad qué mentalidad se esconde en frases tan habituales como estas (u otras): "Oír misa". "¿A qué hora hace la misa, padre?" "He llegado tarde a misa; ¿me sirve? "" ¿Vale, la misa, si no hay cura?"

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)