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lunes, 17 de octubre de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXX DE ORDINARIO. CICLO A.

actualizado 2014

DOMINGO XXX DE ORDINARIO
CICLO A
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA.

La electricidad no se ve. Una forma de saber si hay corriente es ver si una bombilla se enciende. 
El primero de los mandamientos es amar a Dios. Pero a Dios no le vemos. La mejor forma para saber si se ama a Dios es ver si amamos al prójimo, a quienes sí podemos ver. 
A Jesús le preguntan cuál es el mandamiento más importante de la Ley. 
Esta pregunta se la hacen conjuntamente los fariseos y los saduceos "para ponerlo a prueba". Resulta extraño que quieran ponerle a prueba con una pregunta tan fácil, la respuesta a la cual la sabían de memoria todos los judíos. 
El evangelio de Mateo nos describe el clima tenso entre Jesús y los responsables religiosos. Estos ya han decidido eliminarlo, pero, por miedo al pueblo, necesitan que Jesús “meta la pata” en alguna respuesta comprometedora. 
Esta es la tercera pregunta que le hacen, dado que en las dos primeras no le han podido sorprender
Pero, ¿dónde está la trampa de esta pregunta tan sencilla y clara?
Sorprende la solemnidad que Mateo pone en esta escena: reunidos todos juntos fariseos y saduceos, y para hacerle la pregunta buscan un "doctor de la Ley". Es una exhibición de autoridad y pretenden someter a Jesús a un examen. "¿Cuál es el mandamiento más importante?"
Ellos están convencidos de que Jesús responderá correctamente. Así podrán "cogerlo en sus propias palabras", ya que le podrán replicar: si el amor a Dios es el más importante de los Mandamientos, ¿por qué tú rompes este mandamiento no respetando el sábado, día sagrado dedicado a Dios, ni respetas "nuestro" Templo, tocas personas impuras, comes con pecadores, criticas a los sacerdotes, etc.?
Pero esta réplica no la pudieron dar porque Jesús respondió a la pregunta que le hacían, y un poco más. Ellos le preguntaban por el primer y más importante de los Mandamientos; Jesús les responde el primero y el segundo. Añade el segundo porque este "segundo mandamiento" no es secundario, ya que es el reflejo del primero. 
Nadie puede mostrar que "ama a Dios", a quien no ve, si no ama al prójimo, a quien puede ver (1ª carta de Juan 4, 20). Por eso, curar en sábado, es decir: trabajar para el prójimo en el día dedicado a Dios, visualiza el amor a Dios; acoger a los "pecadores", visualiza el amor a Dios; liberar al pueblo de un "templo" que se ha vuelto opresivo, visualiza el amor a Dios;… 
Esta pregunta era realmente comprometedora para un Jesús tan dedicado a hacer el bien al prójimo. Pero Jesús "ha superado la prueba" y ha aprobado "el examen"; y a la vez les ha hecho ver que ellos, a pesar de ser "doctores de la Ley", no interpretaban correctamente la ley.
MENSAJE
El mensaje de este evangelio lo podríamos expresar con unas palabras del mismo Jesús a la gente, escritas un poco más adelante: "Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. Haced y observad todo lo que os digan, pero no hagáis como ellos, porque dicen y no hacen. Preparan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobre los hombros de los demás, pero ellos no quieren ni moverlas con el dedo” (Mateo 23, 1-4). 
El primer y el segundo mandamiento no son dos mandamientos sino las dos caras de un solo y único mandamiento. No se puede hablar de uno sin incluir el otro. Y en todo caso, el cumplimiento del segundo es la prueba del cumplimiento del primero.
RESPUESTA
No hay nunca incompatibilidad entre el amor a Dios y el amor al prójimo. "Cumplir con Dios" no puede ser excusa para no "cumplir con el prójimo". (Podéis leer: Mateo 15, 4-7). 
Los auténticos actos religiosos, de una forma u otra han de ser actos de amor hacia el prójimo
Hay diferentes formas de amar. A Dios lo amamos recibiendo y acogiendo su amor. Al prójimo le amamos ayudándole y dándole lo que necesita. 
Pero también, a veces, la forma de amar a alguna o a algunas personas será acoger su amor, o sea: dejarnos amar por ellas. El verdadero amor es humilde, sabe recibir. De hecho, Dios hace visible su amor por cada uno de nosotros sobre todo a través de las personas que nos aman. Por eso, por ejemplo, el matrimonio es un sacramento. En la pareja, cada uno es para el otro "sacramento del amor de Dios hacia él o ella"
Amar significa entrar en el circuito del amor. Una bombilla no se enciende si está cortado cualquiera de los dos hilos por donde entra y sale la corriente eléctrica. En cualquier dirección en que se corte el circuito del amor, ya no hay amor. 
PREGUNTAS para el diálogo.
  1. En nuestra liturgia, en nuestro culto a Dios, ¿se hace suficientemente explícito el amor al prójimo?
  2. Cuando se dice de una persona que es practicante, ¿qué se quiere decir?: ¿Que asiste a los actos religiosos o que ama al prójimo?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)