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miércoles, 5 de octubre de 2011

RELECTURA: El Estado del bienestar.


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgada, que puede servir o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno)
"… ¿Cómo has entrado sin traje de fiesta?"
1. La sala de fiestas y el banquete para todos, del evangelio de hoy, nos pueden sugerir lo que, en el lenguaje actual, llamamos el Estado del Bienestar. Todo el mundo está invitado. Y también: todo el mundo tiene derecho a él. 
2. Pero la parábola tiene dos partes, ambas sorprendentes. Los primeros invitados no quieren ir porque… tenían otras ocupaciones. Los segundos invitados –"invitad a todos… buenos y malos"–, llenan la sala, pero hay que llevar "traje de fiesta", y alguien no lo lleva. 
3. Aplicando esto al Estado del Bienestar, podríamos también decir: es para todos, pero hay que llevar traje de fiesta. 
Es realmente digno de admiración que hayamos sido capaces de crear una sociedad en la que la enseñanza sea gratuita, y lo sea también la atención médica y los hospitales públicos; que, si perdemos el trabajo, podamos cobrar el paro; que podamos vivir dignamente trabajando 40 horas de las 168 que tiene la semana, y con un mes de vacaciones. Y sobre todo es admirable tener una pensión de jubilación que permita una vejez despreocupada. Y abrir el grifo, y que salga agua, o que pulsamos un botón y se enciendan las luces… El Estado del bienestar es sencillamente una maravillosa maravilla. 
4. Pero es necesario el traje de fiesta. El "traje de fiesta" significa "pensar en los demás", y pensar en ellos con generosidad. El Estado del Bienestar sólo es posible si nace de una mayoría generosa. Generosidad no sólo a la hora de pagar el coste del bienestar sino también a la hora de beneficiarse, evitando los abusos. Es cierto que, una vez instaurado, el Estado del bienestar se convierte en un derecho para todos, pero sigue siendo fruto de una generosidad consensuada. Si se pierde la generosidad, desaparece el derecho y se agota el bienestar. 
Y este es su punto más delicado, que puede convertirse en un problema insoluble. Un problema que lo va carcomiendo por dentro, como las termitas de las vigas de madera, hasta provocar su colapso. 
5. El Estado del bienestar es para todos, pero no llega igualmente a todos. De una forma u otra, va apareciendo una línea de separación entre quienes disfrutan más y los que no lo disfrutan tanto. Debido a esta línea, cada vez más personas piensan que a ellos no les llega suficiente bienestar. Todos tenemos derecho a la sanidad pública, pero si voy a Urgencias a las dos de la madrugada, y me encuentro que no abren hasta las ocho, siento mi derecho no respetado. Hay un servicio de basura, pero si el camión hace ruido frente a nuestra casa a las cuatro de la madrugada, no respeta mi derecho al descanso. Hay escuela gratuita, pero si no puedo llevar a mi hijo a la escuela concreta que yo quiero, siento conculcado mi derecho. Existe el derecho de huelga, pero si me toca hacer servicios mínimos, no es respetado mi derecho
6. Son tantos los derechos que nos corresponden en un Estado del bienestar, que muchos, por un motivo u otro, se sitúan al otro lado de la línea divisoria considerando que, en comparación con los demás, no reciben suficiente "dosis" de bienestar. Y eso se convierte fácilmente en una "buena excusa" para descuidar la generosidad… hasta que el Estado del bienestar se colapsa. 
7. Dada la forma de ser de los Humanos, el Estado del bienestar también genera malestar. Como dice un compañero mío que se ha marchado a otro país: "No me gustan los Estados del bienestar, porque es donde hay más gente que se queja". ¿Tendrá razón?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)