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jueves, 13 de octubre de 2011

RELECTURA: Las Palabras: Manipulación Mediática.


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgado, que puede ser útil o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno)
"…Planearon la manera de sorprenderle en alguna PALABRA comprometedora."
1. El Evangelio de Juan comienza: "En el Principio existía la palabra…". Esta expresión hace referencia a los inicios de la Obra de Dios: "En el Principio … la tierra era caos y confusión … y el espíritu (aliento, palabra) de Dios se cernía sobre las aguas. Dios dijo: …"(Génesis 1, 1). 
La palabra pone orden en el Caos y "nace" el Universo (Uni-verso). El Universo, en la visión bíblica, nace por la fuerza de la palabra. Pero esta fuerza también puede destruirlo. 
2. Hemos creado unos medios potentísimos para decir o imponer palabras. Los que disponen de estos medios pueden cambiar el mundo. Pueden construirlo o destruirlo. Quien domina las palabras domina nuestras vidas. Con una sola palabra se puede salvar o hundir a un hombre, o a un pueblo, porque las palabras son el "material" con que construimos nuestros pensamientos. 
3. En los llamados países democráticos existe la libertad de expresión. Esto quiere decir que todos tienen la posibilidad de decir sus palabras. Pero, en el guirigay de la vida real, esto sirve de poco, ya que nadie puede escuchar otras palabras que las que vomitan los altavoces más potentes. Recuerdo que, de joven, durante la Fiesta Mayor había ido a las Ferias. Los potentes altavoces de algunas atracciones hacían imposible hablar con nadie. Igualmente ocurre en nuestro mundo: no sirve de nada el derecho de expresión si no dispones de un potente altavoz, o que alguien quiera escuchar directamente tu palabra. Pero para escuchar una palabra elegida, es necesario liberarse de los altavoces que ensordecen. 
4. Cada día recibimos un diluvio de palabras que convierten en imposible pensar por nosotros mismos. Esto anula la Libertad, aunque nos hablen de libertades. Las palabras nos llegan de fuera y entran por nuestros sentidos; van al cerebro y llegan al corazón. Aquí devoran nuestra mente y nuestra libertad, y se disfrazan con su piel. Cuando salen al exterior, las exhibimos pensando que son cosa nuestra, contentos y engañados, e inconscientemente esclavos. Pensamos que disponemos de palabras para entendernos y para entender la realidad, pero sólo tenemos palabras inyectadas en nuestro cerebro desde fuera. 
5. Si alguien, clarividente, examinara alguna de "nuestras" palabras, quizá también podría preguntar, como en el evangelio del próximo domingo: ¿De quién es la figura y el nombre que está inscrito en ellas? Quizá entonces nos daríamos cuenta con sorpresa de que "nuestras” palabras llevan la imagen y la inscripción del locutor más poderoso. Nos las ha infiltrado como un servicio de información, pero son la "pantalla virtual" que sustituye a la visión objetiva de la realidad. 
6. Es urgente salvarnos las palabras, como diría Salvador Espriu. Para conseguirlo, necesitamos recuperar el silencio interior (y exterior). El silencio interior es el jardín donde se cultivan y florecen aquellas palabras que nos pueden liberar. Pero no nos engañemos: el precio de la Libertad puede ser muy alto. Para Jesús de Nazaret, el precio fue su propia vida, porque los enemigos de la Libertad siempre encontrarán alguna palabra para podernos condenar. 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)