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miércoles, 2 de noviembre de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXXII DE ORDINARIO. CICLO A.

Actualizado 2014
DOMINGO XXXII DE ORDINARIO
CICLO A
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA.

NOTA: Este año (2014) la Liturgia se salta este domingo ya que pasa delante la celebración de LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN. Sin embargo aquí lo tenéis, ya que su lectura puede resultar interesante.
Sorprende la dureza del novio en esta parábola. Es cierto que toda ella está pensada para poner de relieve una de las cosas que más nos pide el Evangelio: estar atentos. Pero, no abrir la puerta a aquellas cinco chicas un poco despistadas, parece una actitud demasiado intolerante. Esta intolerancia resulta más sorprendente si tenemos en cuenta que esta boda representa las "bodas de Cristo con su Iglesia".
Aquellas chicas no han hecho ningún mal; simplemente han sido demasiado distraídas. Incluso diríamos que son precisamente las otras cinco las que han sido malas compañeras por no querer compartir su botella de aceite. Sin embargo, estas no son censuradas y pueden entrar tranquilamente en la Fiesta.
Hace cuatro domingos nos encontramos con un caso similar: aquel invitado que fue a la boda del hijo del rey sin el traje de boda, y que el rey le sacó afuera, expulsándole del convite.
También el evangelio del próximo domingo mostrará una gran dureza.
¿Podríamos decir que los evangelios comienzan presentándonos a un Jesús muy buena persona, pero que, al final, se vuelve una persona dura, muy dura? ¿Y esta "dureza" habría que aplicarla también a Dios, ya que Jesús nos hace visible la forma de ser de Dios?
Estamos a finales del año litúrgico. El año litúrgico va recorriendo el camino de Jesús, que es también el camino de sus seguidores.
Los relatos evangélicos nos dejan clara una cosa: el camino de Jesús lleva a participar de la vida–fiesta–felicidad de Dios mismo.
Esta participación en la vida–felicidad de Dios es un don gratuito. Podemos aceptarlo o no. Pero, ¿qué ocurre si no lo aceptamos?
Seguramente esta es la gran pregunta que nos ayudará a entender la "dureza" de este Dios bueno que nos invita a participar de su propia Vida.
¿Qué ocurre si no aceptamos la invitación de Dios?
La respuesta es que no ocurre nada, porque al margen de la obra de Dios no hay nada (o solo está la nada).
Solemos pensar que nosotros somos o tenemos alguna clase de realidad al margen de Dios. Pero, como dice el evangelio de Juan: "Por él todo ha venido a la existencia, y nada ha existido sin él" (Juan 1,3).
¿Qué sucedería si el arroyo rechazara el agua que le ofrece la fuente? –No sucedería nada, porque no habría arroyo.
¿Qué pasaría si una bombilla se negara a conectarse a la fuente de electricidad? –No pasaría nada, porque no habría bombilla.
¿Qué ocurriría si un pájaro no se dejara sostener por el aire? –No ocurriría nada, porque no habría pájaro.
Nuestra relación con Dios no es una cuestión de trato sino de existencia. No es una relación bilateral sino una secuencia de Vida.
Hablo de aquella experiencia directa y profunda que nos hace sentir que somos unas "realidades" que no tenemos en nosotros mismos la base de nuestra existencia. Podríamos no existir. Si existimos es porque "alguien nos sostiene en la existencia". Y el mensaje del Evangelio es: dejaros sostener, para poder vivir; dejaros amar, para poder ser, …
Dejarse sostener significa estar abiertos a aquel que nos sostiene. "Sostenernos" es un acto de amor. Quién nos sostiene, nos aguanta por amor y con amor. Y nosotros nos dejamos aguantar aceptando ser amados y haciéndonos amadores. Si no, no ocurre nada: simplemente quedamos "afuera", en la "oscuridad", en la "nada".
La acción de Dios es como un tira y afloja entre Vida y no vida; entre Ser y no–ser; entre Luz y tinieblas (Juan 1,5).
Dios no concede su "don" a alguien que ya existe. La existencia es el don. Y sólo desde una existencia ya regalada y recibida podemos negarnos a continuar aceptándola, e irnos marchitando como la rama que se desprende del árbol.
En la "dureza de Dios" los Evangelios nos muestran el peligro de nuestra propia "dureza de corazón" o de nuestro orgullo: no aceptar ser sostenidos por el Amor.
En los Evangelios, Jesús (el Hombre–muestra, porque ha dado un sí total al quien le sostiene, al Padre) nos lo dice sirviéndose de diferentes lenguajes. Cuatro domingos atrás, con el símbolo del traje de bodas; en el evangelio de hoy, con el símbolo del aceite para las antorchas; el próximo domingo, con el símbolo de un talento desaprovechado. En el último domingo del año litúrgico, ya no habrá símbolos. Será el momento de los resultados.
¿Qué sucedería si una antorcha no se impregnara de aceite? No ocurriría nada: simplemente, no habría antorcha, porque es el aceite el que convierte en "antorcha" al palo que la sostiene.
¿Qué pasaría si unas chicas no se hubieran preparado para entrar en la Sala de Fiestas? Nada: simplemente quedarían "fuera".
¿Y si cambian? ¿Y si se convierten y corrigen su "distracción"?
Todo el mensaje de Jesús es una llamada a la conversión. Todos estamos invitados a la conversión, incluso aquellos que lo han dejado para "la última hora" (Mateo 20,5).
Pero en la parábola que hemos leído hoy, el novio ha esperado hasta el último momento para llegar; ha esperado hasta la "medianoche". Antes, ha habido todo el tiempo para preparar las antorchas. Había tiempo para esperar e, incluso, para dormirse. En los evangelios "dormirse" significa la muerte. "Todas se durmieron".
Da la impresión de que aquellas chicas realmente no esperaban a nadie. Ni siquiera se habían dado cuenta de que había una fiesta ("vida") en la que se las esperaba para ser luz. Las demás no les pueden dar de su aceite porque cada "antorcha" necesita su "aceite", aquel en que la propia vida se ha ido convirtiendo.
MENSAJE
Nuestra vida es el tiempo que se nos ofrece para decir "sí" a la Vida. También podemos decir "no", y quedarnos "fuera", porque, llegado el novio a la medianoche (o sea: al final de los tiempos), la "puerta queda cerrada".
RESPUESTA
Estad alerta.
Estar alerta no es encender las antorchas en el momento en que llega el novio sino haberse provisto de aceite antes de que él llegue.
"Proveerse de aceite" no significa dedicar unos minutos de la vida para ir a comprarlo, y ya está. No. Proveerse de aceite es entender y vivir la vida tensionada por la espera del novio. La Fiesta con el Novio es el horizonte, el sentido, el móvil, la meta de la vida. Proveerse de aceite significa “convertirse en aceite", hacerse aroma, perfume, luz, obsequio, don. "Recibimos la vida como un don, y la merecemos dándola" (R. Tagore).
Proveerse de aceite es hacerse aceite e ir con la botella destapada, de modo que una herida se pueda suavizar; un aliento reseco se pueda perfumar; o un esqueleto que chirría se pueda untar … Y es este "aceite" que el novio toma para convertirlo en "antorcha".
PREGUNTAS para el diálogo.
  1. La parábola termina con estas palabras "Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora". ¿A qué "día y hora" se refieren? ¿Al momento de la muerte? ¿A algún momento muy especial de nuestra vida? ¿Se trata de "momentos imprevistos" que sólo descubriremos si velamos continuamente?
  2. Esto del "día y la hora”, ¿va sólo para las personas individuales o conviene entenderlo también para las comunidades, para la Iglesia y, incluso, para la Humanidad? En este caso, ¿cómo interpretáis el momento actual de la Humanidad y de la Iglesia?
  3. ¿Sentís vuestra vida "marcada" por la invitación a entrar a la Fiesta?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)