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miércoles, 23 de noviembre de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO B.


PROYECTO DE HOMILÍA. 
"Vigilad", nos dice repetidamente el Evangelio.
Estad atentos, que el dueño de casa puede llegar a la hora menos pensada.
¿Qué tenemos que vigilar? ¿A qué debemos estar atentos? ¿Quién es este "dueño de casa" que debe llegar?
Podríamos responder diciendo que quien llega es "el Hijo del Hombre", también podríamos decir que, como se acerca Navidad, quien llega es Jesús. Pero Jesús hace dos mil años que "vino", y "el Hijo del hombre" o el dueño de casa, … ¿qué quiere decir?
El trozo leído es un fragmento del Discurso escatológico tal como nos lo ofrece el Evangelio de Marcos (Recordad que los domingos anteriores hemos leímos varios fragmentos correspondientes al Evangelio de Mateo. Puedéis repasarlos, sobre todo el del Domingo 33 , que nos ofrece el texto paralelo al de hoy).
Para comenzar con el nuevo año litúrgico, la lectura del evangelio nos propone dar un vistazo al Final. Nos habla de la venida del Hijo del Hombre, o sea: la venida del Hombre. Así, ya desde el principio nos indica que los seres humanos no somos una realidad ya hecha y acabada sino que somos una "historia", empezada pero aún no terminada. Ya somos humanos pero todavía no hemos llegado a ser el Hombre. Se nos ofrece la plenitud humana como horizonte, y un camino para acercarnos a ella. El horizonte se va enfocando a medida que caminamos.
Para llegar a cabo hay que estar muy atentos al horizonte y al camino. Para conseguir que se vaya realizando nuestra historia, necesitamos velar para no desviarnos de él.
No se llega a la plenitud humana por simple evolución biológica o sociológica. Dios, que nos ha creado sin nosotros, no nos puede llevar a la plenitud sin nosotros, porque la plenitud a la que nos invita, además de ser un don suyo, conlleva también nuestra libre respuesta.
El camino en el que estamos no nos lleva, por sí solo, a término. Es necesario escoger entre bifurcaciones. Hay también "rutas anti-hombre".
Podríamos pensar: ¿Por qué complicarnos la vida? ¿Por qué considerarnos una historia? ¿Por qué hemos de entender nuestra vida como un camino?
Es verdad: podríamos no ser una historia; podríamos no estar en ningún camino. Los gatos, o los leones, o las hormigas, … todos los animales, no son historia vistos desde sí mismos, ni les es necesario ningún camino para llegar a ser lo que son.
Nosotros podríamos ser como ellos, pero no lo somos. Hemos recibido la capacidad de convertirnos en semejantes a Dios. Es una invitación. Una invitación a participar de la Vida de Dios. Este es el horizonte ofrecido a nuestra vida. Podríamos no haberla recibido, pero afortunadamente la hemos recibido, si bien podemos rechazarla. Es cosa nuestra decidirlo.
El primer domingo del año litúrgico es también el primer domingo de Adviento, que nos prepara para la Navidad. Jesús es el "regalo" que Dios nos da para movernos a aceptar su invitación. Con Jesús, Dios intenta "seducirnos".
Hay personas que viven solas porque "tienen pereza de enamorarse", (sic) hasta que se encuentran con aquella otra persona que les seduce de tal manera que ya no son capaces de entender la propia vida sin la persona que las ha cautivado y les hace felices con una felicidad que nunca habían soñado.
Dios conoce nuestra "pereza para enamorarnos de Él". Por eso nos quiere seducir, ya que conoce la inercia hacia la nada del corazón que él mismo nos ha dado. Y nosotros, en momentos lúcidos, también nos damos cuenta de que vale la pena dejarnos cautivar. St. Agustín lo reconoce explícitamente al comienzo de su famosa autobiografía ("Confesiones"): "Nos has hecho para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en Ti".
Y el profeta Isaías, en la 1ª lectura, suspira: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases.
Quién debe llegar es el propio Dios que, haciéndose uno de nosotros en Jesús, viene a seducirnos.
"Adviento" significa "venida".
¿Qué quiere decir que "Dios viene"? ¿No hemos dicho siempre que Dios está en todas partes? Cierto. También el Sol está permanentemente iluminando la Tierra, y sin embargo a menudo es de noche: no se ha ido el Sol: es nuestra parte de la Tierra que se ha puesto de espaldas.
La "venida de Dios" no es un viaje de Dios sino nuestro. Pero, visto desde nosotros mismos, a menudo nos parece como si Dios nos estuviera ausente, igualmente como, desde la Tierra, tenemos la impresión de que es el Sol el que se va y vuelve.
"Estar atentos y vigilar" significa darnos cuenta de que de mil maneras Dios solicita nuestra respuesta a su amor. Dios, que es invisible para nosotros, nos "habla" a través de las cosas y personas que vemos. Pero tenemos que estar atentos. El "hijo del Hombre" que ha de venir (nuestra Plenitud) no es alguien que nos llega desde fuera sino que se va generando en nosotros mismos cuando respondemos positivamente a la invitación de Dios.
Jesús, "el Hombre", continúa naciendo en cada uno de nosotros en la medida en que respondemos positivamente a la oferta de Dios de participar de su vida, que es amor
MENSAJE. 
"Adviento": Dios se nos acerca. O mejor: Dios se nos hace encontradizo en cada persona que acogemos, en cada evento que se nos hace "palabra" y respondemos. Navidad conlleva "nacimiento", no fuera de nosotros sino en nosotros, hasta llegar a la plenitud a que somos invitados.
Para cada uno de nosotros, la llegada del hijo del Hombre da como resultado ser un poco más hombres, imágenes de Dios.
Para el conjunto de la humanidad, la llegada del Hijo del Hombre será el "fin de la Historia", la Plenitud de Cristo, la consecución del Término, como lo celebrábamos el pasado domingo, final del año litúrgico.
RESPUESTA. 
El evangelio de hoy nos dice bien explícitamente cuál es la "respuesta" que se espera de nosotros: Estad alerta. Velad.
Los hechos y acontecimientos no son sólo hechos y cosas que pasan. Son también signos que nos hablan si estamos atentos. Son los "signos de los tiempos" de que nos hablaba el Concilio.
Para poder interpretar los signos de los tiempos nos hace falta, ante todo, confiar en nuestra capacidad personal de leerlos y entenderlos.
Quizás esta confianza en nuestra capacidad de leer y entender los signos del tiempo sea la primera y más urgente respuesta que se nos pide hoy.
En la iglesia Católica estamos demasiado acostumbrados a pensar que esto es un trabajo de la jerarquía. Como si el evangelio ya previera este error futuro, dice bien explícitamente: "Y esto que os digo a vosotros, se lo digo a todos: Velad".
Si tenemos que velar, es porque podemos descubrir. Y si descubrimos, es porque podemos responder; con respuestas decididas personalmente.
Quizá la "falta de vocaciones actual" sea un "signo de los tiempos": una invitación directa a superar el clericalismo de nuestra iglesia.
Como el clericalismo forma parte de la estructura actual de nuestra iglesia, es posible que tengamos la sensación de que "sin sacerdotes" la iglesia se hunde. También lo pensaban los discípulos cuando Jesús les decía que "tenía que irse". La respuesta de Jesús ante el temor de los discípulos es insistir: "os conviene que me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros" (Juan 16,7).
Nuestro mundo no necesita "ministros sagrados" sino espacios de comunión. En nuestra sociedad, la Iglesia, convertida en "religión", va convirtiéndose en un objeto de consumo. Sin "sacerdotes" le sería mucho más fácil reencontrar su identidad: ser fermento, luz, camino de libertad, celebración de la Vida, alternativa al individualismo, …
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. ¿Consideráis que vuestra comunidad desaparecería si no hubiera cura? ¿No os sentís capaces de sacarla adelante y crecer?
  2. Hoy se habla mucho de crisis. ¿Os parece que podemos ver un signo de los tiempos? Si es así, ¿qué nos quiere decir?
  3. Examinando la vida de las comunidades que formáis (pareja, familia, parroquia, pueblo …), ¿ha ido llegando el hijo del Hombre? Es decir: ¿habéis crecido en humanidad? 

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)