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miércoles, 30 de noviembre de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO B.


SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
Leeremos, este domingo, el comienzo del evangelio de Marcos, que será el evangelio "protagonista” durante todo este AÑO B. 
Es importante el título que el evangelista ha puesto a su escrito: "Evangelio de Jesús, el Mesías, Hijo de Dios". 
Evangelio de Jesús. Notemos, de entrada, que no se trata ni de una "Vida de Jesús", ni de una "Historia de Jesús", ni de una recopilación de "Palabras y hechos de Jesús", ni de una "Crónica de acciones de Jesús", etc.
El "hecho Jesús" es considerado una "buena noticia" (eu-angelion) para los posibles "lectores", o mejor: "oyentes". Hay que tener en cuenta que en aquel tiempo había muy pocos libros, y por eso la gran mayoría de la gente no necesitaba saber leer o escribir. Leer y escribir eran trabajos de profesionales. Los evangelios eran unos escritos destinados a ser leídos por un lector y escuchados por el resto de asistentes al encuentro de la comunidad (como aún hacemos en la actualidad, si bien ahora hay múltiples ediciones, y la mayoría de la gente los puede leer en su casa). 
Dado que los libros eran para ser escuchados, las técnicas para subrayar una idea o resaltar una acción no eran gráficas sino sonoras: por ejemplo, repitiendo una palabra (pensemos en las bienaventuranzas) o repitiendo una expresión al comienzo y al final de un relato (lo que los entendidos llaman una "inclusión"). 
En el evangelio de hoy, más concretamente en el título, aparecen las palabras "Mesías" e "Hijo de Dios", que se repetirán en el final, cuando Jesús estará en la cruz, aunque con una diferencia muy importante. "Mesías" era la palabra que polarizaba toda la esperanza del Pueblo elegido. Para los israelitas, la venida del Mesías era la mejor buena-noticia que podrían recibir. Sin embargo, el evangelista pone en boca de los representantes del pueblo, los sumos sacerdotes, esta burlesca y trágica expresión: "¿Mesías? ¡Que baje de la cruz, y creeremos en Él!”. En cambio el Centurión romano, pagano, cuando vio la forma en que  expiró, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios (Marcos 15, 39). Así pues, las palabras que Marcos pone como título de su evangelio y que repite al final en boca de los sumos sacerdotes y del centurión, constituyen una gran "inclusión" que nos quiere hacer entender el sentido profundo de toda la narración. 
Dicho con nuestro lenguaje, todo el evangelio de Marcos está puesto dentro de la perspectiva de la respuesta de fe, positiva (Centurión) o negativa (Grandes Sacerdotes). Con esta inclusión, Marcos nos dice lo mismo que se afirma explícitamente al final del Evangelio de Juan: Lo que ha sido escrito aquí es para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y, creyendo, tengáis vida en su nombre. (Juan 20, 30). 
Después del título, el evangelio no empieza hablando directamente de Jesús sino de Juan Bautista, presentado como el Precursor de Jesús. El Bautista habla directamente de Jesús como el que viene detrás de mí…
Para preparar la Navidad la liturgia nos presenta las figuras de Juan Bautista y de María, la madre de Jesús. Hoy y el próximo domingo, segundo y tercer domingos de adviento, la figura de Juan. El día de la Purísima y el cuarto Domingo de Adviento, la figura de María. 
Tanto en un caso como en otro conviene que no nos quedemos sólo en las personas concretas. Estas figuras, puestas en los evangelios, son un lenguaje para ayudarnos a entender "el hecho Jesús". 
A través de estas figuras, Jesús, Mesías e Hijo de Dios, nos es presentado no como un personaje extraordinario, excepcional, por encima del común de los humanos, desligado de la Humanidad sino como el fruto de nuestra historia, primogénito de una humanidad que, en Él, llega a su plenitud. Jesús es "hijo de la humanidad" e "hijo de dios". Por eso Jesús marca la llegada de la plenitud de los tiempos. 
El evangelio de Marcos no habla directamente de María porqué no se servirá de "relatos de infancia" para mostrar los vínculos profundos de Jesús con la humanidad precedente (como harán los otros dos evangelios sinópticos, Mateo y Lucas). Para mostrarnos esos vínculos se servirá sólo de la figura de Juan, el cual, cumpliendo lo que ya había enunciado el profeta Isaías 700 años antes, nos presenta a Jesús como el centro de toda la Historia humana: fruto del Pasado y primogénito del Futuro. 
En el lenguaje de Marcos, la "infancia" de Jesús es precisamente el "Pueblo" (Humanidad) de donde él proviene. La profecía de Isaías es casi como si dijera: Se os ha dado un "hijo"; prepararos para su alumbramiento. Signo de la preparación es el "bautismo con agua", como si la "madre-Humanidad" ya hubiera roto aguas anunciando que "ha llegado el momento". 
Pero la "maternidad de la Humanidad" no se agota en el alumbramiento de Jesús. El mismo Juan ya nos anuncia que "el que ha de venir" os bautizará con Espíritu Santo. Y ya sabemos que el Espíritu Santo es la fuerza (pro)creadora de Dios-Creador que, en Jesús, reconocemos como Dios-Padre (Génesis 2, 7). 
Marcos nos presenta a Juan, en la forma de vestir y de comer, como alguien “empotrado en el desierto", del que vive y en donde hace resonar la llamada de Dios. 
¿Por qué en el desierto? Es la situación en la que, de una forma más o menos consciente, vive la Humanidad después de hacerse indigna de vivir en el "jardín de Dios" o paraíso terrenal. El desierto no es el punto de partida de la humanidad sino que es la consecuencia de su rivalidad con Dios ("Seréis como dioses". Génesis 3, 4ss). Los "profetas", representados ahora en Juan, invitan a convertirse y así poder volver al "jardín original" ("Entra en el gozo de tu Señor", leíamos hace tres domingos en Mateo 25, 21). 
Jesús será llevado por el Espíritu al desierto. Aquí se manifestará como "más poderoso que yo" porque irá venciendo las tentaciones que la humanidad no había podido aún superar, e irá haciendo presente el "Reino de Dios" dando a todos la posibilidad de entrar. 
MENSAJE. 
Situadas en este segundo domingo de adviento, las Lecturas de hoy nos presentan el mensaje propio de todo el Adviento, y que podríamos resumir en estas palabras: Preparad el camino del Señor; allanadle el camino. 
RESPUESTA. 
Este año el mensaje de Navidad nos llega de nuevo en forma de crisis. No se trata de vencerla sino de asumirla. 
Seguramente esta crisis nos hará bien, nos hará darnos cuenta de que el 80% de la humanidad vive en crisis crónica sin que sea noticia. Pero, por "buena" que pueda ser esta crisis, en definitiva pagarán sobre todo los más débiles. Esto es injusto, y puede llegar a ser muy injusto. 
Para paliar tanta injusticia cada uno debe ver qué puede hacer. Seguramente es conveniente "recuperar el desierto" desmontando el falso jardín que nos hemos construido a costa de tantos hermanos. Nuestra vida en la abundancia no es justa si es a costa de la pobreza de los demás. A nivel personal, familiar y de país, necesitamos reconsiderar nuestro estilo de vida. Es lo que hace 2700 años ya predicaba el profeta Isaías, y que hemos leído en la 1ª Lectura:
Se levantarán las hondonadas
y descendarán los montes y las colinas,
la cordillera se volverá una llanura,
el terreno escabroso será un valle. 

PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. El evangelio, en las palabras de Juan, nos habla de un Jesús "más poderoso que yo, tan poderoso que no soy digno ni de agacharme a desatarle la correa del calzado". ¿Qué diferencia hay entre el "poder" de Jesús y el "poder" de los poderosos que conocéis? 
  2. ¿Qué diferencias veis entre el bautismo con agua, de Juan, y el bautismo con Espíritu Santo, de Jesús? ¿A cuál de los dos se asemejan más nuestros bautizos? 
  3. Se acerca la Navidad. ¿Qué dificultades podéis preveer para poder vivirla de una forma no contradictoria con el mensaje del Evangelio? 

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)