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lunes, 5 de diciembre de 2011

INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA


PROYECTO DE HOMILÍA. 


El evangelio de hoy es el mismo que el del Cuarto Domingo de Adviento. Por eso el proyecto de homilía de hoy tratará sobre todo del lenguaje de la "Fiesta de la Inmaculada", dejando para los "apuntes" del Cuarto Domingo de Adviento un análisis más centrado en el texto de este relato.
Una buena noticia con un lenguaje trasformado en inadecuado.
Hubo un tiempo en que la naturaleza era comprendida como una manifestación de la acción de Dios, y por eso servía de base al lenguaje religioso.
Pero a partir del momento en que nos acercamos a la naturaleza con un lenguaje científico, esta ya no expresa la dimensión religiosa exclusiva del ser humano. El lenguaje científico hace una separación entre el Hombre-conocedor y la Naturaleza-conocida. Es un lenguaje objetivo, material, comprobable y con tendencia a ser exacto. Se podrán poner "ejemplos" sacados de la naturaleza, pero la naturaleza en sí misma ya no sirve como base del lenguaje religioso.
El significado religioso de María dentro del mensaje bíblico está expresado con un lenguaje extraído de la Naturaleza: de la biología y de la genética populares. Pero hoy la biología y la genética se han convertido en ciencias. Continuar usando para expresar contenidos religiosos sería un grave error, que, además, nos privaría de conocer lo que realmente nos quiere comunicar el mensaje bíblico.
Antes se decía que todos los seres humanos nacemos con "pecado original": una especie de "mancha" o "mácula" que teníamos por el simple hecho de ser descendientes de Adán y Eva. Adán y Eva "pecaron" y por eso sus descendientes somos "pecadores". En este contexto, María, por un privilegio especial, no estaría afectada por esta "mancha" o "mácula". Sería, por tanto, "La sin mancha" o "La Inmaculada".
Este lenguaje ("pecado original", "inmaculada") en la actualidad resulta totalmente inadecuado porqué no transmite ningún significado, y cuando nos empujamos a convertirlo en significativo, solemos caer en auténticas aberraciones.
Y sin embargo, el mensaje bíblico es extremadamente significativo e importante.
  1. El "pecado original".
En el modo actual que tenemos de entender la realidad humana, hablar de "pecado" sin existir ninguna responsabilidad personal, es incomprensible e inaceptable. Y en todo caso, no es lo que nos quiere explicar, con lenguaje mítico y de una gran profundidad, la Biblia.
El mensaje bíblico nace de una observación e interpretación profundas de la realidad humana. ¿Cuál es el gran drama de los humanos? Sin duda, las relaciones de dominio que ejercen unos sobre otros.
Y no se trata de la injusticia de unos pocos sino de una tendencia inicial generalizada a tener actitudes de dominio si se presenta la ocasión. Lo vemos tanto en los grandes y crueles dictadores como entre hermanos. Incluso en la pareja o en la familia, que son ámbitos de comunión, suelen darse relaciones de dominio explícitas o camufladas.
Cualquier excusa sirve para pretender ser "dioses" por sobre los demás. El famoso Primer Mandamiento que declara con tanta fuerza la absoluta unicidad de Dios es a favor del ser humano más de lo que podría parecer a primera vista (Éxodo 20,1 ss).
Esta tendencia a ser "dioses" está expresada ya, en los inicios de la Biblia, en un lenguaje mítico de gran realismo. Podéis leerlo en los capítulos segundo y tercero del Génesis. Dios ha creado al Hombre (Adán y Eva) a su imagen y le ha preparado un maravilloso jardín. En el jardín hay todo lo necesario para que pueda disfrutar de la vida. En el centro hay dos árboles míticos: el Árbol de la Vida y el Árbol del conocimiento del Bien y del Mal. Este último, sin embargo, queda "reservado a Dios" porque su fruto es venenoso para el hombre. Por eso se le advierte que, si come, morirá. No se trata de un castigo sino de la consecuencia directa de comer un fruto (conocer el bien y el mal) que el Hombre no puede digerir.
Pero el Hombre cede a la tentación de ser como Dios y conocer y decidir sobre el Bien y el Mal. Por eso come del fruto de aquel árbol. A partir del "Bien y del Mal" decididos por el Hombre, entra la Muerte entre los humanos en forma de peleas, envidias, guerras santas, sentencias justas, revanchas legítimas, limpiezas étnicas, efectos colaterales, etc.  … Muertes físicas, muertes sociales , muertes psicológicas…
El jardín se ha convertido en cementerio.
Utilizando la expresión bíblica, el Hombre se vio "lanzado fuera del jardín" y se encontró en el desierto.
Adán y Eva no son dos personas individuales y concretas sino la personificación de la Humanidad. "Adán" significa hombre, "Eva" significa mujer.
Todo ser humano está llamado a ser semejante a Dios. Pero nacemos pequeños, muy pequeños, porque Dios ha querido que sus dones pudieran ser también un mérito nuestro. "Nacer pequeños" nos permite crecer desde nuestras decisiones. Sólo así nuestra vida adquiere dignidad y podemos ser imagen de Dios. Ser "personas" ("autores de nosotros mismos"), no "robots".
Pero nacer pequeños nos hace sentir débiles e inseguros, y aquí es donde llega la "tentación". Ya de pequeños sentimos la tentación de buscar la seguridad no confiando en los demás (los padres) sino sobre todo en nosotros mismos. Así lo experimentan los padres en relación con sus hijos. Los pediatras hablan de la Edad del "no" en torno a los dos años. Es el surgimiento del propio YO que entra en conflicto con la pacífica dependencia inicial de los padres. En la adolescencia suele haber una reedición de esta rebeldía, más o menos importante según como se haya solucionado la primera.
Actualmente esta "rebeldía" no puede ser denominada "pecado". Es la expresión inicial de un sentimiento de independencia, bueno en sí mismo. Es sólo cuando esta "independencia" se va realizando en confrontación con los padres, cuando el hijo ya es capaz de entender y asumir el gran don de la filiación, es cuando esta rebeldía se vuelve ofensa. Sólo cuando el hijo ha desarrollado suficientemente la vida recibida de los padres, y él, en vez de acogerla con amor y agradecimiento, se sirve de ella para rebelarse contra los propios progenitores, es cuando el deseo de libertad va tomando forma de injusticia.
De forma similar, "querer ser dioses" no es ningún "pecado", dado que estamos llamados a ser a imagen y semejanza de Dios. El "pecado" comienza cuando esto se pretende conseguir en confrontación con Dios, y encontrar remedio a la propia inseguridad imponiéndose a los demás a pesar de las consecuencias de muerte que de ello se puedan derivar. El pecado aparece cuando elegimos, como motor de nuestra vida, la confrontación en vez de la confianza, el dominio en vez de la colaboración.
  1. María, figura de la Humanidad.
Supongamos que en vuestro jardín habéis plantado un melocotonero. Cuando recojáis los frutos os dais cuenta que todos los melocotones están más o menos carcomidos. Esto puede ser debido a dos causas:
  • que el árbol es malo y lleva dentro de sí la carcoma, que luego aparece en los frutos, o 
  • que, en el lugar donde está plantado, hay insectos que "pican" los melocotones aún verdes, dejando las futuras larvas. 
Imaginad, sin embargo, que un buen día encontráis un melocotón que no está carcomido. Este hecho sería extremadamente significativo ya que significaría que el árbol es bueno, y que la carcoma no procede del árbol, sino de la vulnerabilidad de cada fruto.
La Inmaculada es la muestra de que el árbol de la humanidad es bueno. El "privilegio" de María no nos habla de una excelencia exclusiva de ella, sino de la excelencia del árbol. ¡Una buena noticia!
Esta buena noticia no se encuentra explícitamente en los evangelios, pero el Pueblo Cristiano siempre ha creído que formaba parte integrante de la buena nueva de Jesucristo.
MENSAJE. 
A pesar de la gran cantidad de guerras, violencias, injusticias, crueldades, violaciones, etc.,  que existen en la vida de los humanos, sabemos que el árbol de la humanidad es bueno. Por eso, tal y como deseamos y buscamos tanta gente de hoy, podemos creer que otro mundo es posible.
RESPUESTA. 
Es sorprendente que los humanos nos mantengamos tan vulnerables a los virus del "Poder".
Es sorprendente que los discípulos del Condenado y Crucificado hayamos descuidado tan fácilmente los efectos perversos de las relaciones de dominio.
Es sorprendente que en nuestras iglesias se cante con tanta inoperante tranquilidad, en el Magnificado: "(El Señor) derriba a los poderosos de sus tronos y exalta a los humildes".
No hay "dominantes" sin una cierta connivencia de muchos dominados. Por eso es necesario y urgente desacralizar el "Poder", y sobre todo el Poder religioso, y no aceptar nuevas sacralizaciones.
Otro mundo es posible, pero no va a hacerse el solo. Ni podemos confiar en que lo hagan los poderosos. Seguro que los poderosos son capaces de "hacer otro mundo", de una forma parecida a como los ejércitos son capaces de "hacer la paz", pero sólo dejando vencidos.
En la crisis actual es seguro que los poderosos encontrarán la forma de salir de ella. Tienen "poder" para hacerlo. Pero las soluciones del Poder generan víctimas.
La crisis actual es muy curiosa ya que no ha venido porqué llegaran "tiempos de vacas flacas" sino porque las gordas se han vuelto como un agujero de fregadero: necesitan tragar y tragar.
Nuestra sociedad occidental, de por sí, genera consumidores, más que personas. Por ello, una buena respuesta no nos pide tanto "salir de la crisis" como "volver a ser personas".   
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. A menudo se puede oír a políticos y a otra gente que hablan de la Constitución tal y como antes se hablaba de los Dogmas. ¿Qué opináis? 
  2. El evangelio de Lucas pone en boca de una mujer las palabras más desacralizadoras en relación con los poderosos. Esto es muy comprensible si tenemos en cuenta el papel que en la marcha de la Historia hemos tenido mujeres y hombres. ¿Qué creéis que debería cambiar en nuestras iglesias para ser coherentes con el Evangelio en este punto? 
  3. En la Iglesia hemos dedicado mucho títulos a María. ¿Creéis que en la devoción de los cristianos hacia la Madre de Dios falta o sobra algo? ¿Qué? 

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)