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jueves, 8 de diciembre de 2011

REFLEXIONES DOMINICALES. TERCER DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO B.


TERCER DOMINGO DE ADVIENTO.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
Para preparar la Navidad la liturgia nos presenta dos figuras: María, la madre de Jesús, y Juan Bautista, el precursor.
El pasado domingo Juan Bautista nos era presentado según el evangelio de Marcos. Hoy nos es presentado según el evangelio de Juan (Nótese la diferencia entre Juan "Bautista" y Juan "Evangelista").
En este evangelio, escrito en tiempos de persecución, el lenguaje tiene un doble sentido: un sentido superficial, casi anecdótico, pero que esconde un sentido profundo, existencial, revelador de Jesús: cien por cien Hombre y cien por cien Dios. Así, por ejemplo, los "momentos" y los "lugares" están usados no tanto para indicar tiempos y espacios sino sobre todo como lenguaje para reflejar experiencias liberadoras y de crecimiento.
Si Marcos nos presentaba la figura del Bautista como la síntesis de todos los profetas anteriores a él, el evangelio de Juan nos lo presenta todo como testigo: testigo del "proyecto de Dios", testimonio de "la Luz", testimonio de "la Vida". Concretando aún más, testimonio de Jesús, el cual es Vida, Luz y Proyecto de Dios hecho visible.
Es significativo el "detalle" del lugar donde Juan bautizaba: "en Betania, al otro lado del Jordán".
La Biblia nos presenta la historia humana, y la historia de cada uno de nosotros a través de la "historia del Pueblo elegido". En esta "historia" hay tres espacios o estadios sucesivos: el "lugar" en donde somos esclavos, el "desierto" como camino, y la "Tierra Prometida" como meta.
Para salir del "lugar de esclavitud", necesitamos cruzar el Mar Rojo, así entramos en el desierto por donde caminamos durante un cierto tiempo hacia la Tierra Prometida.
Para entrar a la Tierra Prometida (la Libertad, la Vida, etc.) hay que cruzar el Jordán.
Moisés, el principal guía del Pueblo Elegido, no cruzó el Jordán. Juan Bautista, el testimonio de la Tierra Prometida, está y se mantiene también "al otro lado del Jordán"… Él, el testigo, verá a Jesús que "cruza", y dirá: "Este es el Cordero de Dios". (Juan 1,36). Sus discípulos (los de Juan Bautista) al oír esto siguieron a Jesús (cruzaron el Jordán). Esta era la misión de Juan Bautista: ser testigo.
El evangelio de hoy nos quiere ayudar a no confundir al "testigo" con la "persona testimoniada".
A Juan Bautista le preguntan:
  • ¿Quién eres tú? 
  • Yo no soy el Mesías. 
  • ¿Quién eres, pues? ¿Elías? 
  • No lo soy. 
  • ¿Eres el Profeta que esperamos? 
  • No. 
Aquí habría podido responder que sí que era el "profeta", pero habría sido malinterpretado. Además, la pregunta no venía producida por las ganas de conocer a Juan sino del papel de controladores de la situación. No interesaba "saber quién era" sino pedirle explicaciones en relación con lo que estaba haciendo sin su permiso.
  • "Pues, ¿quién eres?" 
La respuesta de Juan es extremadamente sugerente: 
  • Soy una voz que clama en el desierto: "Allanad el camino al Señor".
El "camino del Señor" es lo que lleva a la Tierra Prometida. Y aquí está la novedad de Juan. Ellos, sacerdotes y levitas, dan por supuesto que ya están en la Tierra Prometida: la tierra donde está el templo que ellos administran. En cambio Juan les habla de Otro, de Otro que está entre vosotros y que no conocéis. Alguien que, allí donde está, el desierto deja de ser desierto y se convierte en Jardín (la auténtica "Tierra Prometida"), porque Él es precisamente Agua, Alimento, Vida
  • "¿Por qué bautizas, entonces, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?" 
  • Yo sólo bautizo con agua… (Yo sólo doy testimonio que, cruzando el Jordán, se puede encontrar el Jardín. Esta es mi trabajo…) 
Juan es fiel a su misión de dar testimonio del que ha de venir, y desea evitar que alguien se instale donde está él; que se quede al otro lado del Jordán en lugar de atravesarlo y descubrir a aquel que viene después de mí, y que él, Juan, no debe suplantar ("desatar la correa de las sandalias" era un rito de sustitución en el ámbito de la alianza matrimonial).
MENSAJE. 
El mensaje es el mismo del domingo pasado y de todo el Adviento: allanad el camino al Señor.
Pero, además, el evangelio de hoy nos advierte de nuestra tendencia a quedarnos "al otro lado del Jordán", en el desierto. Por eso se nos dice que ya hay quien no conocemos ni conoceremos nunca si no cruzamos el Jordán, y que hace presente el Jardín ("huerto". Juan 18.1 y 19.41).
"Betania" significa "casa" o "centro": lugar de la comunidad.
Según el evangelio de Juan, hay dos "Betanias":
  • la Betania de Juan, en el desierto, y la 
  • Betania de Jesús, en el Monte de los Olivos, la monte alternativo al monte del "Templo" (Juan 12,1). 
El mensaje de hoy nos invita a pasar de la Betania de Juan en la Betania de Jesús.
RESPUESTA. 
En la historia humana y en la historia de cada uno de nosotros es posible que ya hayamos salido del ámbito de la esclavitud cruzando el Mar Rojo, y ahora estemos en el desierto. El desierto es camino, es el lugar de la religión en forma de Ley, con sacrificios, sacerdotes, ritos y el "Templo", del que se han apoderado los "sumos sacerdotes" convirtiéndolo en una cueva de ladrones.
En el desierto, no obstante, también se encuentran los "profetas" que dan testimonio de la Tierra Prometida, porque el desierto no es el último estadio de nuestra historia.
Y no hemos de entender la Tierra Prometida como un estadio para después de la muerte. La Tierra Prometida (o si se quiere, el "Reino de Dios", el "Jardín", la "Vida de comunión con Dios y los hermanos", la "Betania de Jesús", …) ya está aquí: "Ya tenéis entre vosotros el que viene después de mí".
Preparar el camino del Señor significa abrir el corazón. Pasar de ser "fieles de una religión" a ser "amigos de Dios", ya que nos llama a compartir su vida (Juan 15,15).
Al parecer, muchas personas, aunque se consideran seguidoras de Jesús, no lo conocen todavía realmente, no han cruzado el Jordán. Se quedan "con Juan", sin darse cuenta de que él es precisamente el testigo de Otro que viene después de él.
Así continúan fieles a la religión-Ley, en el desierto, privados del gozo de haber encontrado el Jardín donde Jesús les ofrece como fruto del nuevo árbol de la vida.
La respuesta que nos pide la Navidad no es una vida moral y religiosa correcta (¡Esto ya se supone!). Sino abrir el corazón a su oferta de amor.
En la literatura popular, la actitud cerrada al Amor viene representada por la "respuesta realista" de los rabadanes que dicen o piensan: "¡No será tanto!" (Puede leer el sorprendente fragmento del Poema de Navidad de JM de Sagarra , en Archivo de Textos).
“No sofoquéis al Espíritu”, hemos leído en la 2ª Lectura de hoy. El mismo Espíritu que hace exclamar al profeta Isaías (1ª Lectura): "Me ha cubierto con un manto de felicidad, como el novio coronado con una diadema, como la novia que se engalana con joyas."
  
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. La 2ª Lectura de hoy comienza con esta recomendación: "Estad siempre alegres". Pero muchos consideran que los cristianos somos gente triste. ¿Qué opinas? 
  2. Juan predica en el desierto, al otro lado del Jordán, para que la gente "cruce el río" y descubra a Jesús. ¿Consideráis que ya habéis "cruzado el Jordán", o todavía no? 
  3. Seguramente la "crisis" hará que mucha gente ponga más confianza en la suerte, y este año se venderán más números de la lotería de Navidad. ¿Qué incompatibilidades encuentráis entra la fiesta del día 22 de diciembre y la del 25? 

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)