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martes, 27 de diciembre de 2011

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS


1º de Enero.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
La Fiesta de Navidad, al igual que la de Pascua, litúrgicamente dura una semana entera: comienza con el nacimiento de jesús y termina hoy. Fue decisión del concilio Vaticano II que la fiesta de la virgen, que antes se celebraba el 11 de octubre, estuviera en relación directa con el nacimiento de Jesús, formando una sola y única celebración.
Dado que María es la madre de Jesús, y Jesús es Dios, podemos decir que María es "la Madre de Dios".
No obstante, hay que reconocer que, en una sociedad laica y plural como la nuestra, este lenguaje es una expresión dura, y puede quedar, para una gran mayoría de personas, en un simple juego de palabras sin ningún significado, suponiendo que no llegue a ser motivo de escándalo.
Es cierto que para los cristianos esta expresión, que ya viene del siglo IV, está llena de sentido y expresa con fuerza el núcleo central de nuestra fe. Pero también es cierto que, cuando el lenguaje es entre dos partes, no debe servir sólo para expresar los propios pensamientos sino que también debe comunicar con los demás. Si a mí me habláis en chino, por importante y bien expresado que sea lo que me queréis decir, yo no entenderé nada, y las palabras serán para mí sólo ruido.
María es madre de Dios porque es la madre de Jesús, cien por cien hombre y cien por cien Dios. Jesús no es "otro Dios", ni una fotografía o fotocopia de Dios, ni una imagen separada de Dios, ni un hombre que nos sirve de "modelo" para imaginar a Dios. Es la vida misma de Dios que en él toma forma humana. La vida de Jesús es la misma vida de Dios, como la vida de los sarmientos es la misma vida de la vid, como en una linterna, la luz de la bombilla es la misma energía de la pila que la alimenta; como en el agua de las plantas de la orilla es la misma agua que corre por el río que las hace verdear. 
No hay "dos Dioses" sino un solo Dios que se da. Dios ha decidido darse, derramarse en la Humanidad.
Cuando veneramos a María como madre de Dios estamos venerando a toda la Humanidad anterior que, haciéndose permeable a la Vida de Dios, ha llegado a engendrar un "hijo" plenamente hombre y plenamente Dios.
Cada uno de nosotros somos, a la vez, "hijos de la Humanidad que nos ha precedido", y somos también "madres de la Humanidad futura", para engendrar la que hemos recibido, en la medida que nos abrimos, a la fuerza del Espíritu (Vida) de Dios. En la Humanidad, Dios va tomando la forma de "Dios engendrado". Por eso la expresión: "María, Madre de Dios" significa también "Humanidad, madre de Dios-engendrado". En María celebramos la fecundidad de la Humanidad.
Pero este lenguaje teológicamente correcto en un ámbito cristiano, es en sí mismo muy duro y equívoco en una sociedad como la actual. Por eso, cuando se quiere hablar de María, tal vez sería mejor usar la expresión: "María, madre de Jesús". Otra cosa es cuando se habla de lugares, santuarios o fiestas que ya incluyen desde hace tiempo la expresión "Madre de Dios" o “Virgen María”.
Le pusieron el nombre de "Jesús".
En la Biblia, el nombre hace a la cosa. "Poner el nombre" indica autoridad para orientar la vida de quien recibe el nombre. En el relato de Lucas nos dice que María debe poner el nombre, pero un nombre indicado previamente por Dios (Lucas 1,31). De hecho, no era nunca la madre quien ponía el nombre (recordemos que aquella sociedad era machista) sino el padre. También aquí lo hace el "padre" ("Hijo del Altísimo"), pero a través de María.
Nótese que en el relato según el evangelio de Mateo, también se utiliza el simbolismo de la "imposición del nombre", pero con un significado distinto. En el relato de Mateo es José quien debe "ponerle el nombre" que le ha sido indicado en el sueño (Mateo 1,21).
Si en Lucas se quiere resaltar la idea de "Jesús hijo del Hombre e hijo de Dios", en Mateo se quiere resaltar sobre todo la idea de "Jesús descendiente de Abraham, y heredero de las promesas" a él hechas. Por eso en el relato de Mateo se destaca el protagonismo de José.
Quizá os preguntaréis: ¿así pues, quien puso realmente el nombre: José o María?
Esta pregunta no tiene respuesta desde los evangelios. Recordémoslo: los evangelios no son ni quieren ser "biografías". Si la curiosidad nos pica y queremos encontrar alguna respuesta, debemos intentar conocer las costumbres y normas de aquel tiempo, en Palestina. Los evangelios no son "biografías", pero son "documentos de aquella época", y junto con otros documentos, relatos, monumentos, excavaciones, etc., nos pueden ayudar a conocer algunas cosas de aquel tiempo y llegar a algunas conclusiones provisionales. Provisionales, porque, en Historia, cualquier nuevo hallazgo puede cambiarlo todo.
En este sentido hay un excelente libro, actual y bien escrito, "jesús. aproximación histórica ", de José Antonio Pagola.
"Jesús", forma griega del nombre hebreo "Josu o Josué", significa "Dios salva".
Aunque "Jesús" era un nombre muy frecuente, la insistencia de los evangelios en el nombre, nos quiere comunicar que aprovechan el hecho objetivo del nombre de Jesús como expresión de su misión.
Seguramente también quieren hacernos pensar en Josué: Josué fue quien realmente llevó a cabo la obra de Moisés. Moisés no pudo hacer entrar a su pueblo a la Tierra Prometida; lo hizo Josué. Sin embargo, vistos los resultados, el evangelio nos viene a decir que el Pueblo Elegido realmente no había entrado en la Tierra Prometida (Tierra de Libertad) porque continuaba siendo esclavo en la nueva Tierra. Por ello, todo el evangelio de Mateo, nos presenta a Jesús como un nuevo Moisés, o mejor, como el auténtico "Josué", que guiará a su pueblo hacia la auténtica Libertad.
MENSAJE. 
María personifica a la Humanidad, como Jesús personifica a la Nueva Humanidad o Humanidad adulta.
Como "hijos de la Humanidad", nosotros somos herederos también del Espíritu de Dios que la fecunda.
Como "miembros de la Humanidad" estamos invitados a colaborar en la gestación del Hombre Nuevo, el "Dios engendrado", expresión humana de la vida misma de Dios (Padre).
RESPUESTA. 
Ante el mensaje de la fiesta de hoy, y de toda la Navidad, seguramente la reacción más espontánea sea decir: "¡Demasiado grandioso para ser verdad!" O, como dice la canción popular del Rabadà (villancico popular catalán): "¡No hay para tanto!". Pero, este es precisamente el mensaje recibido.
Para acogerlo como es debido, nos puede servir el ejemplo de María, que conservaba estos recuerdos en su corazón y los meditaba.
Por tres veces el relato de infancia de Lucas nos dice esto con relación a María (Lucas 1,29; 2,19; 2,51).
La sociedad actual nos empuja a una vida acelerada. Pero, como leí en algún lugar, "cuando se va a cien por hora no se ven las flores del camino".
Antes de ser madre, María se va enseguida a ayudar a Isabel que estaba de seis meses (Lucas 1,39). Pero cuando ya es madre, María conservaba estas cosas en su corazón y las meditaba. No es una actitud pasiva, todo lo contrario: lo que tiene entre manos es tan importante que requiere de ella estar atenta a cualquier detalle.
Seremos conscientes o no, pero estamos pariendo una Nueva Humanidad. Podemos dejarnos llevar por la inercia acelerada del mundo actual o podemos "hacer el silencio en nuestro interior para escuchar los impulsos del Espíritu". Como siempre (y es propio de personas adultas) estamos al volante de nuestro coche. Cada uno debe decidir. El resultado será una Humanidad más adulta o más alienada.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. En la piedad popular a menudo se contrapone la dulzura de María a la justicia de Dios. ¿Qué opináis? 
  2. María es representada con una gran variedad de imágenes: Madre sentada con el Niño, Madre en pie con el Niño, de pie sin el Niño, la Purísima, la Dolorosa, etc. ¿Todas las imágenes son igualmente coherentes con el mensaje del evangelio? Si no, ¿Cuáles lo son más y cuáles menos? 
  3. La fiesta de hoy coincide con el inicio de un Nuevo Año. ¿Como interpretáis las palabras de la 2ª Lectura: "Cuando los tiempos llegaron a su plenitud"? 

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)