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lunes, 9 de enero de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO II DE ORDINARIO. CICLO B.


II DOMINGO DE ORDINARIO.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
Introducción.
Terminado el CICLO DE NAVIDAD, que incluye el Adviento, comenzamos, hasta llegar a la Cuaresma, la primera parte de domingos llamados "de Tiempo Ordinario" porque no tienen ningún significado añadido.
Durante estos domingos se hace "lectura continua" del Evangelio correspondiente (Este año toca "Marcos"), saltándose, sin embargo, aquellos fragmentos que ya han sido o serán leídos en los domingos de los "tiempos fuertes" (Ciclos de Navidad y de Pascua).
Aparte del evangelista correspondiente, algunos domingos se lee el Evangelio de Juan, que no tiene ciclo propio porque es muy distinto de los otros tres y, por tanto, difícil de acomodarse al esquema litúrgico inspirado en los sinópticos.
Durante las fiestas de Navidad no se ha podido leer el Evangelio de Marcos porque no contiene Relatos de Infancia.
Para hoy, la liturgia nos propone un texto del evangelio de Juan.
Sobre el texto.
El evangelio nos presenta a Juan Bautista haciendo su trabajo: advertir de la llegada de Jesús. Cuando ve que "Jesús pasaba", comunica a sus discípulos que ha llegado la hora de seguir a Jesús; y ellos lo hacen.
"Jesús pasaba". Esta expresión tiene un significado "fuerte". Juan está en el desierto, al otro lado del Jordán. "Pasar (o cruzar) el Jordán" significa "entrar en la Tierra Prometida". La misión del Precursor era señalar al "primer ciudadano y guía" de la nueva "Tierra Prometida".
(Podéis leer lo que escribí en el 3er. Domingo de Adviento, donde se habla más explícitamente de la misión de Juan).
El relato de hoy nos descubre que la TIERRA PROMETIDA, no es un lugar sino una compañía. Cuando los dos discípulos de Juan siguen a Jesús, él les pregunta qué quieren. Ellos le responden con otra pregunta: Maestro: ¿dónde vives?Venid y lo veréis, les dice Jesús. Son invitados a "entrar" en su compañía.
La traducción del Misal (hablamos del Misal Catalán) dice que "se quedaron con él aquel día". Parece que estaría mejor traducido diciendo: "se quedaron con él desde ese día". Así comienza la Nueva Comunidad (El evangelio de Juan casi no utiliza la expresión "Reino de Dios").
Juan Bautista señala a Jesús, diciendo: "Éste es el Cordero de Dios". El cordero era el símbolo de la primera Alianza. Para salir del País de Esclavitud, Moisés ordenó a los Israelitas cenar con un cordero ("el Cordero pascual") para coger fuerzas para emprender el camino hacia el Sinaí, donde recibirían los 10 Mandamientos. Pero aquella 1ª Alianza era provisional y preparatoria de la definitiva, que llega con Jesús. Ahora ya no se trata de ir al Sinaí sino de entrar en la COMUNIDAD donde poder vivir la experiencia del Amor compartido; y el alimento ya no es un cordero sino cada miembro de la COMUNIDAD.
La COMUNIDAD es el "lugar" de la Nueva Alianza. El camino para "entrar" y la forma de mantenerse –en la comunidad– es "hacerse alimento unos para otros". Comienza Jesús, haciendo de su vida una vida entregada, "Cordero de Dios". Con esta expresión Juan a la raíz misma de la realidad de Jesús y nuestra. Diciendo "ved el Cordero de Dios" (el evangelio de Juan dice exactamente lo mismo que el evangelio de Lucas), quería significar la acción de María de "poner al niño en el pesebre".
Para entrar o estar en la Comunidad, también hay que hacer un éxodo: salir del ámbito de Juan, marcado por la LEY.
Los dos discípulos de Juan que siguen a Jesús y se quedan con él, personifican a los "verdaderos discípulos". Quien quiera ser de verdad discípulo de Jesús encontrará en ellos el modelo a seguir.
Pero, ya desde el comienzo, el Evangelio de Juan nos presenta a otro "discípulo" que, por contraste, será un modelo a no seguir. Este "discípulo" aparece tanto ahora, en este primer encuentro con Jesús, como al final del Evangelio en la último encuentro con Jesús-resucitado. Entre estos dos "extremos", el relato evangélico nos va explicando la necesidad de conversión de este "discípulo" que, en el momento culminante de la vida de Jesús, llegará a negarlo del todo ("tres veces").
Este discípulo se llama Simón (que quiere decir: bien acogido). Pero ya en este primer encuentro, Jesús le llama "Simón, el hijo de Juan". Parece que, en este caso, la expresión "el hijo de Juan" quiere significar el discípulo de Juan por antonomasia ". Como los dos discípulos anteriores, Simón es uno de los discípulos de Juan, pero que no ha escuchado (no ha aceptado) las palabras de su maestro sobre Jesús, y no ha seguido a Jesús. No es él quien va a Jesús sino que le lleva su hermano. Ante Jesús, Simón no dice nada ni tiene ninguna reacción (no "sintoniza" con él). Con todo, será un "discípulo incondicional" pero sin dejar de ser "el hijo de Juan". Esto le llevará finalmente a negar a Jesús.
Jesús "se le quedó mirando" (es un signo de su amor por él), y enseguida le da el primer aviso serio: A ti te llamarán "Pedro", que significa "piedra". Será un discípulo "duro". Hasta el final no se dejará "ablandar".
Jesús no le pone el nombre de "Pedro" (como parece insinuarse en el Evangelio de Mateo (16,18) sino que le advierte que será conocido como "piedra". De hecho, nunca, en el evangelio de Juan, Jesús se dirige a él llamándole "Pedro"; siempre le llama "Simón, hijo de Juan". En cambio, cuando el evangelista habla de él, siempre le llama Simón-Pedro y, algunas veces, simplemente Pedro.
Sólo al final de todo, después de preguntarle tres veces si realmente le ama, Jesús podrá decirle "Sígueme", y Pedro le seguirá (Juan 21, 19).
En cierto modo, la figura de Pedro constituye una gran inclusión que abarca todo el Evangelio de Juan. Esto quiere decir que la conversión de Pedro forma parte del telón de fondo de todo este evangelio.
"Pedro" es muy importante en todos los evangelios, y también en el de Juan. Personifica una forma equivocada, pero frecuente, de ser "discípulo". Necesitará avisos constantes de Jesús, hasta que se convierta. Representa a tantos y tantos "discípulos" que siguen a Jesús sin haber "salido" del ámbito de Juan. El "problema" es este: seguir a Jesús, pero continuando "anclados" en el ámbito de Juan. Esto significa seguir a Jesús como cabecilla o líder. En cambio Jesús quiere ser acogido como hermano y amigo, que nos hace hermanos y amigos entre nosotros (Juan 15,15. También 13,6-10).
Seguramente se trata de un problema importante en las primeras comunidades cristianas ya que se encuentra repetidamente reflejado en los evangelios. Por eso los evangelios insisten tanto en que sea Juan mismo quien diga y repita que "él no es el Mesías"; que él no debe sustituir "al que vendrá después de mí" (Juan 3,25-31).

MENSAJE. 
Lo que representa Juan Bautista es provisional y sirve para preparar la novedad de Jesús. Cuando llega Jesús, acaba el "trabajo de Juan, y sus discípulos son invitados a seguir a Jesús. Jesús constituye el estadio definitivo. Pero es posible equivocarse, formando parte de los compañeros de Jesús sin haber abandonado las ideas y sentimientos del tiempo de Juan. Esto imposibilita para entender y aceptar a Jesús, y, a la larga, lleva a negarlo.
Los evangelios nos presentan dos "discípulos duros": Pedro y Judas. Pedro acabará convirtiéndose, Judas, no. 
RESPUESTA. 
Si somos personas religiosas, conviene no instalarnos en la propia religión sino saber descubrir su impulso, más o menos explícito, hacia Jesús, es decir: hacia el Hombre.
Toda religión que no nos lleve al amor, al respeto y a la COMUNIÓN con los demás, acabará siendo una religión alienante.
Si somos personas no religiosas, conviene no instalarnos en el propio humanismo, sino saber descubrir su impulso hacia los hombres reales y concretos.
Todo humanismo que no nos lleve al amor, al respeto y a la HERMANDAD con todos los humanos, acabará convirtiéndose en pura ideología alienante.

PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. No hay CONTRADICCIÓN entre Juan Bautista y Jesús, sino SECUENCIA. Por eso "quedarse en Juan" excluye "seguir realmente a Jesús". ¿Os consideráis más cerca de Juan o de Jesús? 
  2. Juan hizo lo que tenía que hacer, y no sustituyó a Jesús. Tampoco dos de sus discípulos sustituyeron Jesús por Juan. Pero hoy en día, entre nosotros, ¿pensáis que hay personas que, de hecho, sustituyen a Jesús? ¿Sustituimos, nosotros, a Jesús por otras personas? ¿O pretendemos directamente hacer de Jesús un líder? 
  3. ¿Nuestras comunidades cristianas (parroquias, diócesis, etc.), se asemejan más a un ámbito de comunión fraternal o a "grupos de fieles" que siguen a un líder? ¿Creéis que en la Iglesia actual "faltan líderes"?  

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)